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Un camino de tres ciudades

A poco de recibirse de ingeniero en petróleo, Marco Aurelio Hernández dejó su Colombia natal para mudarse a Argentina, empezando una trayectoria de más de dos décadas que encaró con entusiasmo y proactividad.

Desde joven, Marco Aurelio Hernández mostró curiosidad y energía que lo impulsaron a buscar nuevos caminos. Nació en Cartagena, pero a los 17 años eligió realizar sus estudios universitarios en Bucaramanga. Al recibirse, su ingreso a Tecpetrol lo llevó aún más lejos: Buenos Aires, Comodoro Rivadavia y finalmente de regreso a Bogotá, donde enfrentó el enorme desafío de acompañar el inicio y crecimiento de las operaciones en su país, actualmente como Operations Sr. Manager.

Marco (segundo desde la derecha) aprovechó su paso por El Tordillo para practicar esquí por primera vez, algo imposible en las playas de su Cartagena natal.-

Con más de dos décadas en la empresa, recuerda con orgullo y humor los desafíos, las oportunidades y colegas que lo acompañaron en las situaciones cotidianas y no tan cotidianas que son parte de este sector.

¿Cómo llegaste a Tecpetrol?

En el año 2001, estudiaba en la Universidad de Santander y me ofrecieron hacer una pasantía de verano de tres meses en el yacimiento El Tordillo, en Comodoro Rivadavia. Fue una experiencia excelente. Cuando volví a Bucaramanga, tras recibirme, empecé a trabajar en otra compañía, pero en 2004 Tecpetrol me convocó para un rol de perforación en Ecuador. Acepté. Durante el proceso de ingreso, surgió una oportunidad en Tartagal, Argentina, y también dije que sí. Y al llegar a Buenos Aires, me propusieron quedarme a trabajar ahí. Otra vez, dije que sí porque la tercera es la vencida (risas). Estuve en ese cargo en el área de perforación durante dos años, yendo y viniendo a Neuquén, y viajando de vez en cuando a Ecuador, México y Tartagal. A principios de 2006 llegó la oportunidad de radicarme en Comodoro Rivadavia y claramente acepté.

En Comodoro Rivadavia, Marco (primero a la izquierda) y su equipo celebran un cumpleaños.-

¿Cómo fueron tus inicios?

Durante cuatro años cumplí diferentes funciones en el área de perforación, hasta que un día mi jefe me llama y me dice: “A partir del lunes te sientas en esa silla”. ¡Era la jefatura de Workover! Yo pensé que era un chiste, pero era verdad. Así de particular fue ese ascenso. Como era un sector nuevo para mí, designaron a José Luis Mellado, un colega histórico de Tecpetrol, para que me acompañara. Él dejó Tartagal para viajar a Comodoro Rivadavia, así que ese mismo lunes llegamos juntos al yacimiento a las 6:30 de la mañana. A las 7 se acercó a la oficina el gerente del yacimiento y nos saludó muy amablemente. Seguido de esa cordialidad, le contamos que teníamos cuatro equipos en pesca, es decir recuperando material que no debería estar en el pozo, y él empezó a los gritos. Nos retó por 10 minutos sin parar y se fue. Le pregunté a José Luis qué hacer y su respuesta fue: “Tomemos mate. Igual estamos jodidos” (Risas). Lo que sucedió después es una de las cosas que más me gustan de Tecpetrol. Pasé de casualidad por la puerta del gerente que tan enojado estaba, ¡y él también me invitó a tomar mate! A las 7 nos quería matar y al rato tenía ganas de conversar. En nuestra cultura logramos diferenciar muy bien lo que es trabajo de las relaciones interpersonales. Esta industria es difícil. El trabajo es técnicamente complejo y, además, nos atraviesan múltiples factores como la política, los gremios, las comunidades, los temas sociales. Todos los días tenemos desafíos, por lo cual es fundamental mantener buenos vínculos.

¿Cuán importante es el trabajo en equipo para que todo salga bien?

Más que importante, es clave. No es necesario hacer amistad con cada persona, pero sí llevarse bien. Es parte de ser un buen profesional. Hay cuestiones que yo decido con mi equipo y otras en las que intervienen varios sectores y colegas. Si no logramos un buen vínculo, eso impacta en los proyectos. Cuando hay un problema, tenemos que encontrar la solución y, a veces, eso requiere horas de intercambiar ideas en un ambiente de tensión. Frente a las discusiones fuertes, lo importante es entender que es una cuestión de trabajo, que en el centro del conflicto está el problema y no la gente.

Visita de los directores a Colombia antes de la construcción de la CFP (Central Processing Facility) actual.-

¿Cómo fue la vuelta a Colombia?

Mi regreso a Colombia estuvo marcado por un nuevo reto profesional: Tecpetrol abrió su oficina en Colombia y, después de realizar estudios sísmicos, se proyectó la perforación de los primeros pozos exploratorios. Me propusieron volver para trabajar allí, así que me mudé definitivamente a Bogotá a finales de 2010. Aunque regresábamos a nuestro país, mi esposa no conocía la ciudad, así que fue como mudarnos a un lugar nuevo y volver a empezar, al igual que cuando llegamos a Comodoro. Estuve en la jefatura de Perforación y Workover hasta que en 2015, en respuesta a una crisis generalizada de la industria, se dejó temporalmente de perforar y yo pasé a estar a cargo de Operaciones, un rol que era completamente nuevo para mí. Si bien siempre me gustó Perforación, y aún me gusta, el cambio me interesó por dos motivos principalmente. Primero, porque implicaba aprender sobre un área que hasta entonces desconocía. Segundo, estar en Operaciones ofrece una visión más integral del negocio. Que esto sucediera en un momento de crisis y baja actividad, me dio la oportunidad de ir a campo con más frecuencia y dedicar mucho tiempo a aprender. En Campo Pendare, me llevaban de un lado a otro y así pude conocer a fondo el proceso. Cuando vino la reactivación ya estaba listo. Desde entonces, mis funciones fueron más estables. Enfrenté el gran desafío de acompañar el crecimiento del negocio en Colombia y eso es un orgullo para mí.

El equipo de fútbol de Tecpetrol en Colombia se reúne para una foto grupal antes de un partido.-

¿Cuán importante es aprender temas nuevos en tu trabajo?

En Tecpetrol, es necesario. Llevo 21 años en la misma empresa, pero estuve en tres ciudades, trabajé en sectores distintos y siempre cumplí labores que me motivaron y estimularon. En el sector del petróleo y del gas hay un enorme abanico de actividades y la única forma de aprenderlas es en el puesto de trabajo. Eso nos forma y nos entrena. Tecpetrol tiene una política muy fuerte de capacitar a su gente y cuenta con programas de formación específicos, pero la experiencia adquirida en los proyectos o cargos también es vital. Yo siempre tomé los cambios como retos. Formarse, aprender y ver temas nuevos es apasionante.

¿Es difícil encontrar el equilibrio entre la vida personal y laboral?

Cuando estaba en Comodoro Rivadavia, en una reunión de colegas con sus parejas, surgió en la conversación un tema de laburo y la que respondió fue mi esposa. Nos quedamos viéndola porque ella es abogada y no conoce la industria, pero estuvo muy cerca de ser la solución que hubiera dado un profesional con experiencia en petróleo. Y ella misma nos dijo: “¿Cómo no voy a saber, si siempre escucho a mi marido en casa hablar de esos temas por teléfono?” (Risas). A veces, en campo se dan situaciones que hay que atender en el momento. Entonces, hay un impacto en la familia. Uno tiene que aprender a resolver esa cuestión laboral y volver a disfrutar del descanso y conectarse con su pareja e hijos. Al principio, me costó mucho lograrlo, pero es algo que se va aprendiendo.

¿Qué consejo les darías a profesionales que dan sus primeros pasos en Tecpetrol?

Que no tengan miedo a los retos. Es decir, que no pierdan una oportunidad por temor. También es importante saber pedir ayuda porque siempre la necesitamos. Tenemos que ser personas inquietas, curiosas y querer contribuir al crecimiento de todos. Yo llevo trabajando mucho tiempo en Tecpetrol y sigo viviendo situaciones nuevas. Eso a mí me gusta y por eso la sigo eligiendo. Van a tener sus propios desafíos, como la transición energética, pero pueden tener la tranquilidad de que cuentan con el apoyo de la empresa y colegas para superarlos.

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