El Paine

La cadena andina, antes de morir con su extrema estribación meridional, la Cordillera Sarmiento, a la altura del grado 51 de latitud Sur, eleva su último macizo granítico de excepcional importancia y belleza. Este grupo orográfico, constituido por algunas imponentes montañas de roca y hielo y por una cadena de torres y obeliscos graníticos, está situado en territorio chileno, en el margen oriental de las grandes extensiones del Hielo Continental Sur. Se lo conoce como Grupo del Paine.

Increíble es el cuadro que se presenta ante quien penetre entre estos montes: surgen ellos casi como un espejismo lejano, dominando un encantado ambiente natural. Grandes lagos, a menudo unidos por un laberinto de torrentes y ríos, prados verdegueantes y floridos, dilatados bosques que otrora, antes de la llegada del hombre, cubrían todo el territorio y que después fueron en gran parte quemados para dar lugar al pastoreo, imponentes y blancas lenguas glaciales que nacen del Hielo Continental. Sobre todo esto dominan las montañas del Paine y, entre ellas, se destacan por su belleza y osadía tres inmensos obeliscos graníticos, que son los principales atractivos montañísticos de la región y que, desde siempre, hacen que sobre sus paredes se concentre la mayor parte de la actividad de los escaladores. La exploración de esta área montañosa remonta a la segunda mitad del siglo pasado. Para mayor exactitud, las primeras noticias escritas son de 1879, por obra del teniente J. T. Rogers, quien llevó a cabo un amplio reconocimiento en el territorio de Última Esperanza y pudo ver desde lejos las graníticas Torres del Paine. Es interesante señalar que el nombre Paine sólo entró tardíamente en la nomenclatura oficial, y que, al comienzo, todas esas montañas eran denominadas "Cordillera de los Baguales" o "Sierra de los Baguales".

Rogers escribe, en efecto: "La Cordillera de los Baguales, que es solamente una parte o sección de los Andes, es de formas muy caprichosas y sus cimas son nevadas. Aparece truncada en su parte meridional, dejando un monte cortado a pique y tres puntas notables, que se divisan en lontananza y que las gentes de la región llaman Paine por su semejanza con otra montaña del mismo nombre que se halla en la República Argentina". Cinco años más tarde la región fue visitada por el capitán Carlos M. Moyano, quien ha dejado este otro testimonio: "La Cordillera de los Baguales, que he citado como límite oriental de Chile, comienza a distinguirse hacia el noroeste pocas millas después de haber alcanzado el altiplano meridional, destacándose en primera fila un curioso pico, que los indígenas llaman con los nombres de Paine, Carron y otros, mostrando cierta confusión al denominarlo, por lo que he aprovechado esta circunstancia para imponerle el nombre de una de nuestras glorias patrias, el de Andrade".

Según De Agostini, el primer colono que buscó establecerse en estas regiones fue un cierto Don Orsimbo Santos, chileno, emprendedor y muy laborioso que llegó allá el 8 de julio de 1908, encontrando un verdadero paraíso terrenal. Dada la suavidad del clima y la gran riqueza de la región, Don Orsimbo decidió radicarse allí, llevando también unos cincuenta bovinos. Tres años más tarde, habiendo prendido fuego a buena parte de los bosques, le fue posible introducir ovinos, y el millar de cabezas iniciales se multiplicó muy pronto prodigiosamente. Fue el mismo Orsimbo quien hospedó a De Agostini en el curso de las exploraciones de éste en la región, iniciadas en 1917 y proseguidas en 1929 y 1943. En el curso de la primera campaña de exploración, el salesiano, acompañado por un guía local, recorrió todo el sector meridional de la región de Última Esperanza, siguiendo en buena parte el curso del Río Serrano que, con lentos y perezosos recodos, se desliza por la pampa hasta desembocar en el fiordo de Ultima Esperanza. Durante este viaje, él pudo admirar de cerca las desconocidas vertientes septentrionales del Monte Balmaceda. La exploración llevada a cabo en 1929 tenía como objetivo determinar la verdadera naturaleza del sector central del macizo, sobre la cual circulaban extraños relatos. En efecto, hasta el capitán Moyano había dejado, de esta cuenca montañosa vista desde lejos, una relación en la cual, si bien prudentemente, adelantaba la hipótesis de que podía tratarse del cráter de un antiguo volcán. De Agostini cuenta así la llegada a la cuenca terminal: "Cuando, a la una de la tarde, llegamos a la cima del cerro a 1.250 metros, se presenta a nuestras miradas el circuito total en el que termina el valle: el misterio que encerraba este rincón remoto del Paine ha sido develado completamente. Nos hallamos encerrados en un amplio anfiteatro, constituido por formidables paredes de montañas que, similares a ciclópeos bastiones y a torres de una terrible fortaleza, defienden esta cuenca contra toda invasión externa... no existe aquí traza alguna de vulcanismo, como lo demuestran las rocas granodioríticas, de las que está formada la cadena".

La última exploración de De Agostini es de 1943, y se dirige al sector septentrional del grupo con un reconocimiento a lo largo del Río Paine hasta las orillas del Lago Dickson. Con ella concluye también virtualmente para el Grupo del Paine la etapa de las grandes exploraciones de reconocimiento geográfico y cognoscitivo y se inicia el periodo dedicado más específicamente a escalar todas aquellas magnificas y grandiosas cimas.

Paine. La exploración de los montañistas

Las primeras noticias acerca de ascensiones andinistas en la región surgen también de la lectura de De Agostini, quien recuerda que en 1931 y en 1937 estuvo en el macizo del Paine el doctor Gustavo Fester, alemán, a quien en la expedición de 1937 acompañaron algunos montañistas. En esa ocasión, Hans Teufel y Stefan Zuck, del Club Alpino de Bavaria, lograron alcanzar la cima occidental del Paine Chico, recorriendo la cresta nornordeste, que fue bautizada Cerro Almirante Nieto. A 1955 corresponde la conquista de la cumbre central del Paine Grande por los montañistas chilenos Luis Kranl, Sergio Kunstermann, Ernesto Payá y Ricardo Vivanco, quienes, recorriendo la vertiente occidental, alcanzaron la silla entre la cima central y la cima sur, que, por lo demás, fue escalada por los chilenos ese mismo día, 11 de febrero, y bautizada Punta Bariloche en recuerdo de los dos montañistas de esa ciudad, Schmoll y Pangerc, que perdieron la vida en las laderas de esa montaña. Pero el Paine Grande, con sus 3.050 metros, era la cima más elevada de toda la región, y constituía el objetivo principal de las expediciones de los montañistas. Ya en los años 1953-54 los escaladores argentinos habían iniciado la exploración de sus laderas, que, con todo, interrumpieron a causa de un desprendimiento de hielo que les hizo perder a dos de sus hombres de punta: Heriberto Schmoll y Toncek Pangerc. En el verano austral de 1957-58 llegó al pie del Paine Grande la formidable expedición organizada y financiada por el italiano Guido Monzino. El denso grupo de montañistas estaba formado principalmente por guías alpinos del Valle de Aosta, de Valtournanche, y se constituía así: Guido Monzino, jefe de la expedición; Tullio Monzino, primo de Guido; Pietro Nava, fotógrafo; Luigi Barmasse, Jean Bich, Marcello Carrel, Toni Gobbi, Camillo Pellissier, Pacifico Pession, Leonardo Carrel y Pierino Pession, guías alpinos. Coayudaban con el grupo cinco chilenos (cuatro militares y un civil: el médico Emilio Covacevich). La expedición parte de Punta Arenas el 1º de diciembre de 1957 y llega esa misma tarde a Puesto Pudeto, al pie del macizo del Paine.

Dos días después, durante un primer reconocimiento, se establece un campo avanzado a cerca de 2.500 metros, en el corte de la cresta entre la Punta Bariloche y la Punta Central. El 5 de diciembre Jean Bich y Leonardo Carrel llegan al pie de la pirámide cimera y buscan una ruta a lo largo de su cresta oeste-sudoeste, la cual con todo se presenta bien pronto demasiado difícil y obliga a los dos a regresar al campo avanzado. El día 6 parece que las pruebas pueden terminar prontamente, dado que un avance a lo largo de la pared oriental permite a los escaladores ascender unos 250 metros, si bien con muy grandes dificultades, sobre roca y hielo. Lamentablemente, con todo, el imprevisible clima patagónico se les interpone, y al día siguiente comienza el mal tiempo que, con fases alternadas, perdura durante veinte jornadas. Sólo el día 27 la cordada de Bich y Carrel, seguida por otra de apoyo formada por Gobbi, Pellissier y Pierino Pession, puede intentar el asalto final. Aunque la montaña se presenta en pésimas condiciones, los escaladores logran ascender la pared oriental y alcanzar la cresta este-nordeste por encima de su primer trecho vertical de hielo. A lo largo de la cresta, aun con muchas dificultades, es alcanzada finalmente la cima. Pero la expedición de Monzino tenía también otro ambicioso objetivo: el de lograr la escalada de una de las tres monolíticas Torres del Paine. Así, el 5 de enero de 1958, dejando atrás las orillas del Lago Grey, donde se elevaba el campamento de base para el Cerro Paine, los italianos se lanzan hacia la nueva meta. Para presidir las operaciones sobre el terreno está Jean Bich, infatigable como siempre y tal vez aún más motivado por el reciente éxito en el Paine. Algunos campamentos avanzados se alzan en el pequeño valle que conduce a la vertiente oriental de las Torres, pero desde allí ellas se presentan casi inabordables. Se intenta escalar la Torre Sud, pero llegados al pequeño collado que la separa de la Torre Central, se torna evidente que se trata de una empresa muy ardua. Al comprobarse la inutilidad de la idea de intentar la pared occidental de la Torre Sur, las miras de Bich y sus compañeros se dirigen hacia la Torre Norte, que parece bastante abordable a lo largo de su arista meridional. Entre tanto, los días transcurren en exploraciones, tentativas, esperas enervantes en las carpas, atormentados por la humedad, el frío y la nieve. Por suerte está allí el buen Guido Monzino, quien, tomando a su cargo uno o dos días de marcha, logra con gran abnegación - pero también con la intuición del organizador - mantener elevada la moral de los hombres. ¿Cómo lo logra? Es fácil: llevando cada vez sobre sus hombros una damajuana de diez litros de excelente vino tinto, que, como se sabe, es uno de los mejores propulsores para los hombres de montaña.

El 16 de enero llega finalmente el momento del asalto definitivo. Se forman tres cordadas: la de avanzada, compuesta por Bich y Pierino Pession, seguida de Pellissier y Leonardo Carrel, Gobbi y Barmasse. A las siete de la mañana, todos los escaladores están en el pequeño collado que separa la Torre Norte de la Central, mientras el tiempo, que ya se mostraba inseguro, empeora. Sin dejarse intimidar por nada, comienzan a desafiar las rocas lisas de la primera saliente de la cresta sud, que presentan serias dificultades. Al respecto escribe Bich: "Afrontamos un primer trecho de 80 metros verticales con diversos pasajes en extraplomo, superados con todos los recursos de la mas refinada técnica de escalamiento: considero este trecho seguramente de una dificultad de sexto grado. La pared es muy lisa, sin puntos de apoyo, casi sin fisuras, hasta el punto de que debemos seguir aquellas pocas que se presentan, y este solo trecho requiere cuatro horas de esfuerzos, con el empleo de 200 clavos y un número no precisado de estribos. Después de este primer trecho las dificultades disminuyen: con todo, la nieve nos causa muchas molestias y torna todo muy resbaladizo. Encontramos todavía dificultades muy grandes, y dejamos nuevamente diversos clavos en pasajes muy expuestos, difíciles, pero por fortuna, breves y, por lo tanto menos fatigosos. Alrededor de las doce y media, seguido de Pierino Pession, alcanzo la cima. Nos abrazamos conmovidos... Hacia las dieciocho llegamos al Campamento IV, donde hallamos a los compañeros que nos esperan para festejar la hermosa victoria. Todos unánimemente hemos decidido bautizar esta torre con el nombre de Torre Guido Monzino..."

Es, empero, el año 1963 el que aportará las mayores novedades para el montañismo: en la zona de las Torres del Paine se han dado cita algunos entre los mejores escaladores del momento, que llevan la intención de conquistar la Torre Central y de llevar a cabo otras hazañas. Por una parte están los ingleses, guiados por la terrible y celebérrima pareja de montañistas formada por Christian Bonington y Donald Williams, el "Príncipe Negro". Por la otra, están los italianos de la expedición organizada por la Sección de Monza del Club Alpino Italiano y encabezada por Giancarlo Frigen. Del grupo forman parte algunos de los mejores escaladores de la época, como Armando Aste de Rovereto, Vasco Taldo, Nando Nusdeo, Josue Aiazzi y Carlo Casati de Monza, célebres por las dificilísimas rutas abiertas en las Dolomitas y en los Alpes Centrales. El desafío se concentra en torno a la Torre Central, la más imponente y difícil, meta obvia y necesaria para hombres de probada capacidad técnica y de excepcional temple. El encuentro entre los dos grupos no fue por cierto de los más serenos: había clima de competencia y de excitado nacionalismo, sobre todo por parte del equipo inglés, que operaba en la zona a pesar de que los italianos habían obtenido antes de ellos el permiso. Por lo demás, los ingleses utilizaban la falsa cobertura de "expedición científico-geológica". La expedición inglesa estaba guiada por Bern Page, quien, de regreso de una exploración llevada a cabo en 1961, había visto las Torres del Paine y las había considerado un formidable problema andinístico. Junto con Page, Bonington y sus respectivas consortes, estaban Williams, Jan Clough, John Streetly, Derek Walker y Vic Bray. El objetivo del grupo era escalar la pared este de la Torre Central, pero de pronto se tomó conciencia de su gran dificultad. Se pensó entonces tornar la atención hacia la arista norte, más fácil, que se eleva desde el Collado Bich, atravesado por los guías de Monzino en la expedición de 1958. Si bien el viento había reducido a jirones sus carpas, los ingleses no desfallecieron y, gracias a la inventiva de Williams, construyeron una suerte de pequeña cabaña de hule y madera al reparo del viento, algo debajo del collado. Esta especie de confortable vivaque fijo les permitió acceder rápidamente a la pared en los intervalos de buen tiempo, aparejando cada vez nuevos trechos. Fue esta la verdadera carta de triunfo de los británicos sobre los italianos y éstos, cuando llegaron al Cerro Bich para llevar por su parte el asalto a la pared, encontraron allí, ya bien arriba, a los ingleses. En este punto, la historia se enriquece con algunos detalles que tal vez poco tienen que ver con el espíritu de debería animar a la gente de montaña, pero que resultan bien comprensibles dado el clima de competencia que se había creado entre los dos equipos. Tal vez temiendo que los italianos, mejor preparados técnicamente los superaran los ingleses deciden actuar no del todo correctamente. Bonington y Williams se hallaban ya en la mitad del "diedro rojo", punto clave de la ascensión, y los seguían Streetly y Bray. Allí, teniendo en cuenta la rapidez con la cual los italianos subían, y temiendo ser superados, la cordada de cola comenzó a descender quitando todos los clavos que habían dejado, para no dar facilidades a los rivales. Lo mismo hará, a partir de ese momento, el segundo en la cordada de avanzada, constituida por Bonington y Williams, quienes llegan a la cima a la caída del sol del 16 de diciembre de 1963.

Por su parte, los italianos hacen lo posible para recuperar el tiempo perdido: la cordada de punta, formada por Aste y Alazzi, después de haber emprendido el camino a mediodía del 16, a las quince está ya pisándoles los talones a los británicos. Pero la competencia queda invalidada por el obstruccionismo que practican Streetly y Bray y a los italianos sólo les queda la satisfacción de llevar a cabo la segunda ascensión a la Torre Central. La noche del 16, mientras Bonington y Williams vivaquean cerca de la cima, Aiazzi y Aste hallan un pequeño rellano para pasar la noche. Nusdeo será obligado a un vivaque sostenido por las cuerdas, mientras más abajo se detienen Casati y Taldo. Al día siguiente, mientras están alcanzando la cima, se produce el encuentro con los británicos, que ya inician el descenso. Sin duda, con todo, la derrota sufrida y también el modo con el cual había sido infligida no permitían a los hombres de Monza dormir sueños tranquilos. Habían afrontado un largo viaje, peligros y fatigas, para ver que les arrebataban la prioridad de la ascensión sólo por unas pocas horas. No obstante, en la zona quedaba sin resolver otro problema, el de la subida a la Torre Sur, la más alta de todas. Con tiempo aceptable, los montañistas alcanzan la cima el 9 de febrero, después de haber escalado la arista norte. Se trata de una magnífica ruta, sobre granito perfecto, con serias dificultades que alcanzan al grado VIº, con algunos breves trechos en subida artificial.

Nuevamente Aste

Sin duda Aste había quedado muy impresionado por la belleza de las paredes graníticas del Paine, y, tres años después de la expedición del Club Alpino Italiano de Monza, regresa al Paine en compañía de su amigo Franco Solina, de Brescia. Trátase de una expedición ultraliviana, netamente anticipada a los tiempos, pues por entonces sólo se veían grandes conjuntos, pesados y superequipados. A la miniexpedición, bautizada "Victoria alada", se agregan los montañistas italoargentinos Cesare Fava, Fausto Barozzi, Mario Castellazzo, Filippo Frasson, Ignacio Sáen y Alberto Aristarain. El objetivo primario de la expedición es la conquista de la así llamada "Torre Innominada" o "Torre de Plata", que no es otra que la Fortaleza, imponente estructura granítica situada en la cabecera sud-occidental del Valle del Río Asencio, al oeste de las Torres del Paine. Por desgracia, las dificultades técnicas eran demasiadas, y era necesario contar con tiempo bello y estable para poder tener alguna probabilidad de éxito. La atención de todos se volcó así hacia las bellas torres que forman la cresta que separa las aguas entre el valle del Río Paine y el del Río Asencio. El 24 de enero de 1966, Solina, Fava, Frasson, Castellazzo, Sáenz y Aste llegan a la cima de la más esbelta de las torres, similar a un Cervino visto desde oriente. Se trata de una muy dificultosa ascensión sobre hielo, con una inclinación media de alrededor de 55° y con un trecho terminal todavía más empinado, que lleva a la muy grácil cumbre, bautizada Cima Andrea Oggioni.

Después de dicha cima, Frasson y Aristarain escalan, el 12 de febrero, asimismo las cimas Rovereto, Brescia y Barozzi. Esta última cumbre ha sido dedicada al padre de Fausto Barozzi, Ferruccio. La cadena montañosa sobre la cual se hallan las torres escaladas por la expedición será bautizada Cordón Victoria Alada, en recuerdo del nombre de la misma expedición. Dos años después, numerosas expediciones operan en la región, y los éxitos conseguidos son muchos. Por otra parte, de nuevo parece plantearse una vez más el desafío entre italianos e ingleses; por una parte, los alpinistas de Bérgamo, guiados por Piero Nava; por la otra, los ingleses, conducidos por el célebre Ian Clough. Esta vez, empero, los objetivos de los dos grupos son diferentes, si bien muy vecinos: los bergamascos quieren escalar el Escudo del Paine, y los ingleses, la Fortaleza. Además de Piero Nava, formaban parte de la expedición italiana Piero Bergamelli, Andrea Cattaneo, Mario Curnis y Mario Dotti, muy buenos escaladores todos, con numerosas y difíciles ascensiones en los Alpes en su activo. La ruta de subida elegida para alcanzar la no hollada cima del Escudo había sido localizada en la larga rampa oblicua de roca que surca de diestra a siniestra la pared sur, la cual lleva a la cresta cimera, que se extiende por más de un kilómetro. El mal tiempo concede pocas treguas a los escaladores, quienes, no obstante, en tenaz trabajo de equipo, aparejan metro a metro la pared, que presenta también trechos friables, con dificultades hasta de IVº grado superior y otros compactos de VIº grado. Al término de la rampa, azotados por un viento violentísimo que casi arranca a Curnis de las muescas, los escaladores llegan a una serie de pendientes heladas, con una inclinación de 60°, que permiten alcanzar la ladera y la cresta cimera. Al retornar al campamento de base después de este último esfuerzo, en la pared hay 1.000 metros de cuerdas fijas y 200 clavos: todo está listo para el asalto final. El 31 de enero de 1968, Curnis y Dotti parten en procura de la cima. El tiempo es inseguro, pero es necesario aprovechar también toda mínima oportunidad. Velocísimos, los dos suben por las cuerdas fijas e inician el recorrido por la larga cresta cimera. Nava escribe: "Curnis y Dotti atacan la cresta terminal: no volverán atrás sin haber alcanzado la cima. Hacia las diez y media se levanta un viento violentísimo. Las dificultades del hielo y del terreno mixto -hielo y piedra- son excepcionales: Curtis jamás vio algo similar en toda su carrera. Al mediodía, superando enormes dificultades, alcanzan una cima. No es la más alta, y descienden abandonando un cordel de 50 metros. A través de canales diversos, helados y muy escarpados, y también por una canaleta de 30 metros en extraplomo llegan a un pequeño collado entre dos puntas: alcanzan una al azar y se encuentran medio metro más abajo de la otra... Finalmente, a las quince, están sobre la cúspide más alta..." Poco días antes de la victoria italiana también los ingleses habían conseguido el prestigioso éxito de la primera ascensión a la Fortaleza. La ruta seguida corre a lo largo de la gran cresta sur-oeste y presenta grandes dificultades tanto sobre la roca como sobre el hielo. A una canaleta de hielo con inclinación de hasta 70° sigue un primer trecho de placas compactas con dificultades de grado Vº plus, seguidas por un grand diedro de VIº grado y A2. El tiempo fue inclemente aun para los ingleses, pero, al término de la dura lucha, llegaron a la cima Dave Nicol, John Gregory y Gordon Hibberd: era el 6 de enero.

Corresponde también a 1968 la primera ascensión absoluta del Cuerno Central del Paine, por obra de los escaladores chilenos Raúl Aguilera, Eduardo García, Osvaldo Latorre y Gastón Oyarzún. La ascensión presentó particulares dificultades en los últimos 400 metros, poco antes de la torre cimera, en el trecho en el cual la ruta se vuelca hacia la pendiente occidental (IVº y Vº grado y A1). En 1969 es también escalado el Tronio Blanco o Mellizo Este por los checoslovacos Leos Horka y Pavel K'imza, con el chileno Gastón Oyarzún. Siempre en el mismo año, los japoneses de la expedición dirigida por Yoshimasa Takeuchi logran forzar una difícil ruta sobre la cima norte del Paine Grande. Se trata de un itinerario glacial en su mayor parte, que ya anteriormente había sido intentado dos veces por los chilenos, en 1954 y 1955. En 1971 se realiza la ascensión del Cerro Cota 2000 por parte de un grupo de andinistas de la Universidad de Chile, Jorge Quinteros, Gastón Oyarzún, Bernard Paul y José Troncoso, que tenían como meta principal el Cerro Catedral, pero que fueron obligados a más reducidas ambiciones por el persistente mal tiempo.

El Catedral, empero, estaba en las miras de los andinistas, y el mismo año fue finalmente escalado por una expedición británica compuesta por Bob Smith, Guy Lee, Bob Show, Chris Jackson, Roger Whemell y Dave Nicol. La ruta seguida recorre la afilada arista noroeste con dificultades de Vº grado y A2 distribuidas en 21 largos de cuerda. También en este caso las condiciones meteorológicas no favorecieron a los escaladores, quienes no obstante, tocaron todos la cima. El descenso fue favorecido por algunas cuerdas fijas dejadas para facilitar una rápida retirada y, en efecto, ellas se revelaron providenciales. Como escribe el mismo Nicol: "... Mirando hacia abajo resultaba evidente que si no hubiésemos dejado las cuerdas fijas a lo largo de toda la ascensión ahora estaríamos todavía allá colgando de los flancos de la arista como otros tantos trozos de carnero congelado". Siempre en el verano austral de 1971-72, opera en la región una expedición sudafricana compuesta por Paul y Carl Fatti, Tony Dick, Paul Andersen, Roger Fuggle, Richard Hoare y Michael Scott. Objetivo principal del grupo es escalar la Espada, difícil cima del circulo del Valle del Francés, que aún quedaba por ascender. Bordeando un peligroso glaciar suspendido, los andinistas logran fijar una carpa avanzada sobre la base de la parte vertical de la pared oeste, donde una línea de diedros parece indicar una buena ruta de ascenso. Usando cuerdas fijas, y en diversas tentativas, finalmente Paul Fatti y Scott alcanzan a tocar la cima el 19 de diciembre de 1971, seguidos tres días después por los otros, con excepción de Andersen. Dificultad de la ruta, VIº grado y A2. La segunda meta de los sudafricanos es la hasta entonces no hollada cima del Cuerno Norte del Paine. También en este caso, después de una serie de tentativas frustradas, Dick y Hoare logran alcanzar el collado entre el Cuerno Norte y el Central, de donde pueden ver que la torre cimera, compacta en apariencia, presenta, por el contrario, muchas fáciles líneas de fisuras. El 30 de diciembre, todos los montañistas, con excepción de Carl Fatti, se hallan en la cima del Cuerno, con lo que obtienen otra prestigiosa victoria. He aquí de nuevo a los sudafricanos en la temporada de 1973-74, decididos a solucionar lo que constituía el mayor problema andinístico de la región, sobre una de las paredes graníticas más grandes del mundo.

Junto con Fatti y su mujer están: Roger Fuggle"... que, habiendo tomado parte en la segunda ascensión 'Hammer-less' (1) de la ruta de Nose en el Capitán (2), fue una constante fuente de sapiencia acerca de las más avanzadas técnicas de ascensión sobre un 'big wall' (3), Arthur Mc Garr, Mervyn Prior, Michael Scott y Richard Smithers, estos últimos dos con sus respectivas consortes. Dada la altura de la pared - más de 1.200 metros de granito vertical - y el tiempo a menudo inclemente de la zona, los sudafricanos deciden equipar toda la ruta con cuerdas fijas para facilitar tanto la retirada como el regreso a la pared. La línea de ascenso elegida recorre toda la magnifica pared oriental en su sector derecho, a lo largo de una patente continuidad de grandes diedros. Los montañistas, por parejas, dedican dos días a la escalada, para después retornar al campamento de base y ser sustituidos por compañeros descansados. De este modo, los progresos son pequeños, pero seguros e ininterrumpidos, gracias también a la capacidad de Fuggle y de Prior. A este último le toca hallar la solución para superar el trecho que es la clave de la ascensión, después que Fatti se ha exhibido en un espectacular péndulo de 10 metros para asir, 400 metros sobre la base, la línea ideal de los diedros: "... Cuando ya Richard se halla muy distante de Paul, éste le informa que algunos clavos colocados por él se habían salido a causa de la apertura de las hojas..." En este punto, con los nervios a flor de piel y para nada estimulado por las noticias que provienen del compañero, Prior decide concederse un poco de seguridad plantando aquel que será el único clavo a presión de toda la ruta. Los pasajes difíciles se suceden cada día, y ya las cuerdas fijas llegan tan alto sobre la pared que se tarda más en volver a subirlas que a escalar el nuevo trecho.

Afortunadamente, justo en la mitad de ese mar vertical de granito y a medio camino en la ruta, los escaladores hallan un rellano tan amplio que - ... pueden aterrizar los Boeing...-. Así, el rellano Boeing llegará a ser un óptimo campamento de base avanzado donde poder apoyar un poco las posaderas y no estar siempre obligados a dormir en hamacas. El 9 de enero, Fatti y Prior se hallan bajo el cono terminal de la Torre, y el 10, mientras están todavía desayunando, ven llegar a Fuggle y a Mc. Garr, que han iniciado el ascenso por las cuerdas fijas desde la base a las 2:30 de la madrugada. Los cuatro avanzan sobre terreno más fácil, pero siempre dificultoso, y a las siete de la tarde alcanzan una punta. Con gran desánimo de Fatti, se dan cuenta de que se hallan unos veinte metros más abajo que otra cumbre vecina. El tiempo, con todo, está cambiando, y a las ocho están obligados a iniciar el descenso, dejando, no obstante, las cuerdas fijas. La larga retirada se realiza de noche, con el riesgo de que el cansancio y la obscuridad provoquen algún error fatal, error que se concreta en un vuelo de Prior: 15 metros, y otros tantos a menor velocidad con el descensor que corre libremente sobre la cuerda, hasta que se detiene a pocos metros de Fatti, habiendo perdido el conocimiento. Por fortuna, no obstante, el daño no es grave, y el escalador logra recuperarse de modo de poder ser bajado bastante fácilmente por sus compañeros. La retirada continúa de la misma manera durante toda la noche, y luego de una interminable serie de rapeles, finalmente todos están sobre el glaciar, en la base de la pared oriental: el 20 de enero, Scott y Prior alcanzan el rellano Boeing y, al día siguiente, con un tiempo espléndido, llegan finalmente a la punta máxima. La ascensión, extremadamente audaz y en avance sobre su época, ha requerido 32 días de escalada y ha opuesto dificultades de VIº grado y A4, con el uso de un solo clavo a presión.

En los años 1976 y 1977 se realizan otras hermosas ascensiones sobre las torres del Valle del Francés, y en particular, en 1976 son nuevamente los sudafricanos Philio Stuart Dawson y David Malcom Cheesmond quienes logran escalar la pared sudoeste de la Máscara, en un recorrido intentado el año anterior por los ingleses guiados por Dave Nicol. Los dos escaladores resuelven el problema en sólo dos días, después de haber fijado algunas cuerdas en el trecho de base de la pared. El 6 de diciembre parten para la cima, pero son obligados a vivaquear a sólo ocho largos de cuerda de la meta, por causa del mal tiempo. No obstante, al día siguiente, la cima es alcanzada. La ruta se extiende cerca de veinte largos de cuerda, dos de los cuales de VIº grado y A4. En 1977 cabe señalar que los chilenos Gino Casassa, Claude Cognian, Juan Pardo y Gonzalo Salamanca escalan la bella pared granítica de la Aleta del Tiburón a lo largo de la pared oeste, caracterizada por compactas placas graníticas. Este primer capítulo de la historia del andinismo del Paine concluye finalmente con la escalada de la cresta sudeste de la Fortaleza, por parte de un fuertísimo equipo inglés compuesto por Phil Burke, Keith Myhill y Mick Horlov. Al dar noticia de ello los ingleses, con su habitual espíritu nacionalista, enfatizan la empresa como la "... primera escalada tipo 'big wall' en una región llena de similares posibilidades, pero que a menudo presenta rocas cubiertas de hielo y tiempo inclemente". ¡Tal vez se han olvidado de los sudafricanos, de Paul Fatti! No obstante, la hazaña es sin duda de enorme importancia, ya que esa vertiente de la Fortaleza era meta ambicionada por los mejores escaladores del mundo. La ascensión fue dificultada por el mal tiempo, hasta el punto de que Burke sufrió un serio congelamiento en las manos; no obstante, con tenacidad y coraje los tres se abrieron camino a lo largo de los 1.800 metros de la arista, superando muy grandes dificultades sobre roca y hielo, distribuidas en 40 largos de cuerda. Llegados a un largo de cuerda apenas de la terraza cimera, fueron obligados a la retirada a causa del congelamiento de Burke y del mal tiempo persistente. El grueso de las dificultades estaba, empero, bajo sus pies, y sólo les quedaban unos centenares de metros más fáciles.

(1) "Hammerless",: ascensión cumplida sin el empleo de martillo, y, por lo tanto, asegurandose unicamente con engastes, tipo Nuts, Excentncs, etc. Requiere mucha pericia y experiencia. (2) El Capitán: una de las más grandes paredes de la tierra. Se halla en el Yosemite Valley, en California. Sobre sus paredes, altas de cerca de 1000 m, y gracias al clima favorable, han sido trazadas las más audaces y difíciles rutas técnicas del mundo, algunas de las cuales, como la Early Morning Light Wall han requerido 26 días de permanencia en la pared, sin contacto con la base. La ruta del Nose jue la primera escalada, en 1958, y hoy es una de las grandes rutas clásicas del Capitán. (3) "Big wall": término que indica ya sea una gran pared, de altura superior a los 500 m, ya las complejas técnicas de escalamiento y de vivaqueo que requiere una ascensión de varios días sobre estas murallas.

Paine 1980-1992

El año 1982 se inicia con la importante empresa de Alan Kearney y Bobby Knight, dos norteamericanos que se mostrarán activos en los años siguientes también en el grupo del Fitz Roy, con la reiteración del Cerro Torre y del pilastro Casarotto en el Fitz Roy. Esa expedición de dos personas sobre la no hollada pared sur de la Torre Central fue una realización en el más puro estilo alpino. Después de tres días de difícil escalada hasta el VIº grado y A3, ambos alcanzan la cima el 2 de enero. Se trataba de su tercera tentativa sobre la pared, de más de 800 metros de altura. En ocasiones anteriores fueron siempre rechazados por el mal tiempo, verdadero denominador común de todo rincón patagónico. Los primeros diez días de 1982 se señalan, a parte de la citada hazaña, por otras realizaciones. Una expedición franco-chilena explora las paredes graníticas que forman el anfiteatro del Valle del Francés. En ese orden, los franceses efectúan la escalada de muchas cimas interesantes y poco exploradas, como la Aleta del Tiburón, la Punta Catalina, la Hoja (primera ascensión de la pared oeste, TD +), la Punta Quirquincho, el Cuerno Principal y la Máscara, a lo largo de la pared Sur. Esta última puede ser considerada la ascensión más importante y difícil realizada por la expedición, organizada por las universidades de Grenoble y Santiago de Chile. Después de cuatro días de escalada, con utilización de cuerdas fijas, el grupo, formado por D. Boyrie, D. Charron, J. Comparat, J. Pilon y A. Rebreyend alcanza la cumbre luego de haber superado los 700 metros de pared valorados ED, prevalentemente en escalada artificial. Al año siguiente no corresponde ninguna ascensión de importancia, aparte de algunas reiteraciones o tentativas; por el contrario, en 1984 sobre la Torre Sur del Paine se abre una segunda ruta además de la de Aste. En el mes de diciembre, los sudafricanos D. Davies, J. Gordon y el norteamericano C. Peer escalan, en primera ascensión, la lisa e impresionante pared este de la Torre, de 900 metros de altura. La ascensión comporta numerosos trechos en escalada artificial también muy delicada, A4, con amplia utilización de rurp, knifeblades, hooks y dos clavos de expansión. La ruta, lamentablemente, no es completada hasta la cumbre de la torre a causa de un incidente ocurrido el noveno día de escalada, a pocos largos de cuerda de la cima, sobre terreno ya más fácil. Una descarga de piedras se abate sobre la cordada, hiriendo a un integrante, pero, por suerte, puede efectuarse el descenso con rapeles.

Siempre en el mes de diciembre, otro grupo de sudafricanos, J. y H. Davies, C. Lomax, realizan la ascensión de la compleja y peligrosa pared este del Paine Grande. La pared se presenta como un complicado laberinto de hielo, roca y terreno mixto, surcado en el centro por un visible espolón. La ruta recorre el espolón y presenta constantes dificultades en roca y hielo: la llegada a la cima se produce el 9 de diciembre, después de cuatro días de escalada. Otros tantos días fueron después necesarios para el difícil descenso a lo largo de la pendiente oeste. Los tres años siguientes se caracterizan por la espléndida actividad de los montañistas italianos sobre las tres Torres del Paine, como herencia de una tradición iniciada por Bich, Aste, Taldo y sus compañeros. En 1985 se registra la primera ascensión solitaria de la Torre Norte, por obra de Elio Orlandi. El fuerte alpinista trentino es un veterano de la región patagónica y conoce las asechanzas y las condiciones climáticas terribles que la zona puede ofrecer, después de haber escalado cimas como el Fitz Roy, el Cerro Torre y otros menores.

Orlandi es acompañado solamente por su compañera Nora Rigotti, y llega a la base de las Torres el 28 de diciembre. Al día siguiente, saluda a Nora y se dirige al canal de ataque, que lleva a la brecha entre la Torre Norte y la Torre Central. Alcanzada velozmente la "Brecha Bich", Elio se halla en el punto de deber decidir cuál de las dos torres escalar: "En la duda de afrontar ésta o aquélla, me hallo bien pronto con las manos en la fisura en extraplomo que poco más arriba supera lateralmente el primer techo sobre la Torre Norte. Algún viejo clavo y jirones de cordeles consumidos por el viento indican de vez en cuando el trazado que se desenvuelve entre placas, fisuras, travesías y extraplomos. Infaltablemente, alguna hoja oxidada me procura un susto, pero también esto forma parte del juego y pronto lo remedio con la rabia del martillo..." A las 19:30 el montañista alcanza la larga cresta que lo llevará a la cima, después de haber superado el trecho más difícil de la ruta: "Solamente cuando alcanzo la primera terraza cómoda, me doy cuenta de que puedo lograrlo. Las dificultades han disminuido, y una escalada agradable y veloz parece el preludio de la satisfacción. Un aire sutil se desprende de las morenas, mientras que la transparencia del crepúsculo proyecta sus colores sobre las mismas cadenas de montañas nevadas del hielo continental. Son las 21:30 y tal vez solamente ahora estoy convencido de haber iniciado esta aventura bajo una buena estrella... Conservada y al reparo de las tormentas, en el interior de una fisura en la cima, hallo la banderita de la última expedición ítalochilena..." Al sobrevenir la oscuridad, Orlandi logra no obstante descender durante algunas horas hasta llegar a una estrecha terraza en plena pared, donde prepara un incómodo vivaque sin los equipos que dejó en su bolso en la base de esa misma pared. El día 30 concluye el descenso; llega a la pequeña carpa sobre la morena y, finalmente, a la zona de los bosques.

No ha pasado siquiera un año cuando Orlandi regresa en el grupo del Paine, esta vuelta en compañía de Ermanno Salvaterra y Maurizio Giarolli, dos muy fuertes escaladores trentinos ya conocidos por la primera ascensión invernal del Cerro Torre. Su meta, esta vez, es la imponente pared oriental de la Torre Central, escalada sólo marginalmente por los sudafricanos. Durante el primer período de permanencia, el tiempo se mantiene siempre inestable, y el avance sobre la pared se lleva a cabo muy lentamente a causa de la abundante nieve que recubre las primeras placas. Solamente el 25 de octubre los tres acometen definitivamente la pared, a pesar de que las condiciones no son todavía óptimas. La cordada debe a menudo recurrir a la escalada artificial (A3) donde las condiciones de la pared no permiten la subida libre que, de cualquier modo, llega a dificultades de VIIº grado. A las 18:45 del 31 de octubre, Orlandi, Giarolli y Salvaterra tocan el punto más alto de la Torre Central, después de siete días de escalada y 87 horas de efectivo trepar. La ruta es llamada "Magico Est" y resuelve directamente el problema de la pared más alta e impresionante de las Torre del Paine. Algunos días después, el 20 de noviembre, el tiempo se torna hermoso y los tres, en compañía de Ginella Paganini, una fuerte escaladora de Pinzolo, parten para intentar la primera reiteración de la ruta de Aste sobre la Torre Sur. La ruta, abierta 23 años antes, recorre la arista norte y no ha sido jamás repetida. El ascenso, favorecido por el buen tiempo, se desarrolla velozmente, y en menos de un día y medio la cordada alcanza la cima. El fuerte viento crea algún problema durante el descenso, en razón también de la forma particular en que se halla expuesta esa arista. Al concluir la expedición, Ginella Paganini es la primera mujer que ha alcanzada la cima de una de las tres torres, y ello corona el éxito de este empeño trentino.

En los mismos días, pero del otro lado de la Torre Central, entra en acción otra expedición italiana, siempre formada por montañistas trentinos: Fabrizio Defrancesco, Mario Manica y Fabil Stedile. Esta vez, la meta prefijada por los tres es la vertiente occidental de la Torre Central, a lo largo de la visible y no hollada fisura que la surca de manera rectilínea en toda su longitud. La Patagonia no se entrega jamás al primer golpe, y las primeras tentativas en esa pared son dificultadas por el mal tiempo. Hacia fines de octubre, el grupo parte para el asalto decisivo y asciende por tercera vez en pared, utilizando las cuerdas fijas dejadas en las tentativas precedentes. La ascensión prosigue siempre a lo largo de la fisura-diedro y presenta trechos sumamente difíciles, ya sea en escalada libre o artificial (VIIIº grado y A3). Narra Defrancesco: "Después de siete días de trepar en pared estamos exhaustos: nos arden las ingles a fuerza de descansar todo nuestro peso sobre el arnés, y tenemos las manos desolladas por el trepar en la fisura. Hace ya dos días que no podemos beber y estamos agotando nuestras reservas físicas... Los largos de cuerda finales son aún muy duros y los escalamos con un clima muy frío y ventoso..." Terminada la fisura y el grueso de las dificultades, los tres suben velozmente hacia la cima de la torre, a la que llegan a las 18:30 del 2 de noviembre, exactamente dos días después de la llegada a la cumbre de la otra expedición trentina sobre la pared oriental. La noche inminente obliga a efectuar otro vivaque cerca de la cima, y el descenso se efectúa al día siguiente a lo largo de 800 metros de pared recién escalada. Al mes siguiente, como coronamiento de ese año enteramente italiano, tenemos la expedición de los lequeses, siempre a la Torre Central. Marco Ballerini, Carlo Besana, Renato Da Pozzo, Norberto Riva y Dario Spreafico ascienden a lo largo de la pared sudoeste por una nueva ruta vecina a la Kearney-Knight. El nuevo itinerario cruza la ruta de 1982 al comienzo y es completado en la tercera tentativa después de cinco vivaques. Las dificultades de los 850 metros de pared son valuadas ED con pasajes de VIº grado y A3. Y llegamos a 1987, otro año que se inicia con empeños de italianos. Esta vez la estación se anticipa y en el invierno austral hallamos una pequeña expedición de dos montañistas dispuestos a escalar las torres en la época más desfavorable. Mario Manica, que apenas ha retornado de la ruta nueva sobre la Torre Central, cuenta esta vez con la compañía de Luca Leonardi. Los dos montañistas llegan al campamento de base el 20 de junio y deciden afrontar la Torre Norte a lo largo de la arista Sud (ruta Bich). Después del transporte de los víveres hasta la base de la pared, la cordada ataca la arista con condiciones inciertas de tiempo, a la espera de una mejora.

Cuentan los dos: "En la Patagonia no es posible esperar condiciones óptimas, como en los Alpes. El tiempo es caprichoso e inestable, imprevisible; no respeta regla alguna. Toda previsión puede ser justa o equivocada; todo es posible. El buen tiempo sigue al malo con frecuencia y velocidad increíbles. Si se quiere llevar a término un proyecto, es necesario trepar con decisión..." Bajo la furia del viento, Manica y Leonardi logran, con todo, subir velozmente, y a las 15:30 están en la cima de la Torre Norte. Un veloz descenso hasta el campamento de base, y en la cabeza otros proyectos. Le toca el turno a la Torre Sur, a lo largo de la ruta abierta por el amigo Aste. Acercarse a ella sólo es posible con esquíes. Los dos excavan un cobijo de nieve en la base de la pared y, al día siguiente, ascienden rápidos en su tentativa de colocar por lo menos alguna cuerda fija. El barómetro señala un descenso de presión, y la cordada debe retornar al campamento de base. Dos días después se presenta el momento justo y, no obstante el intenso frío, indicio de buen tiempo, los dos andinistas tienen éxito en la ascensión, llevada a cabo en dos días, con un vivaque en la base de la cima. Cuentan: "Los últimos 150 metros son muy fáciles y los recorremos aún en la obscuridad: a las 18:15 del 11 de julio llegamos a la cima... pero no hemos terminado. No tenemos elementos para vivaquear y debemos a la fuerza descender a la base de la cima. En nuestra ayuda se alza una espléndida luna llena: tres horas de descenso en compañía de un viento incesante, y alcanzamos finalmente el vivaque de la noche precedente..." Al día siguiente, Manica y

Leonardi concluyen el descenso y terminan su aventura invernal. Con la llegada del verano austral arriban en el Paine numerosas expediciones con objetivos siempre diversos. Interesante desde el punto de vista explorativo es la primera ascensión de la arista sudoeste de la Torre Sur, llevada a cabo por G. Bagattoli, M. Cagol, J. Espen y F. Leoni. La ruta supera la secuencia de tres pilastros que forman la arista y presenta dificultades de VI° grado y A1, en roca, con pasajes en pendiente de 65° en el hielo, sobre un trayecto de 1450 metros. El itinerario, denominado "Largo Sueño", ha sido llevado a término el 1º de noviembre, después de cuatro vivaques en pared. En el mismo periodo son de señalar otras dos primeras ascensiones femeninas sobre las Torres, la de Paula Fanton sobre la Torre Norte, escalada con Leoni y Fruet, y, el mismo día, la ascensión de Ginella Paganini a lo largo de la ruta Bonington-Williams (primera reiteración) sobre la Torre Central, en compañía del experto Ermanno Salvaterra. Para coronar otro año enteramente italiano tenemos la ruta nueva de Gianni Caronti y Antonio Prestini, que han superado el pilastro noroeste de la cresta sudoeste sin, con todo, alcanzar la cima. La nueva ruta, terminada el 27 de diciembre, tiene una longitud de 700 metros y ha sido clasificada ED, con pasajes de VIº grado y A2.

En 1988 no se señalan primeras ascensiones de importancia en el Grupo del Paine, pues casi todas las paredes han sido exploradas y las torres rocosas han revelado todos sus secretos. En diciembre de 1989 la Fortaleza es escalada a lo largo de su no hollada arista norte. Autora de la hazaña es una expedición del Véneto guiada por un veterano del lugar, Bruno De Doná. La ascensión ha sido efectuada en dos días entre subida y descenso, a lo largo de la nueva ruta que tiene 1500 metros de desarrollo, con dificultades de VIº grado y escalada artificial. Pero la verdadera dificultad de la ascensión ha sido el viento, especialmente fuerte en este punto, tal vez en razón de la particular posición de la Fortaleza, que se halla detrás de las Torres del Paine y que casi las protege de las ráfagas. En la cima se reunieron, además de De Doná, Roberto Cazan y Fabio Dristot, ambos de Belluno. Pero el gran problema de la Fortaleza continuaba siendo la imponente pared oriental, a la derecha de la ruta inglesa del 79. El objetivo era muy codiciado y había sido intentado sin éxito por siete expediciones anteriores. Superaron el problema los eslovenos Marko Lukic y Miha Praprotnik. Ayudados por las cuerdas fijas dejadas por una expedición precedente, en la segunda tentativa, los dos ascendieron, durante 23 horas ininterrumpidas de escalamiento, con dificultades de VIIIº grado y A4, pero el mal tiempo los obligó a la retirada. Dos semanas de espera y, después, el asalto decisivo, que duró dos días, hasta la llegada a la cima a las 21:00 del 28 de diciembre de 1990. La nueva ruta, de una longitud de 1200 metros, resuelve uno de los últimos grandes problemas patagónicos y ha sido bautizada "Minuta Modrosti" (Un minuto de cordura). En la parte explorativa, cabe señalar la experiencia de los jóvenes de la FFME francesa, que han trazado una nueva ruta sobre la pared oriental del desconocido Cerro Paineta ("Blue Note Memories", 800 metros, VIIIº grado y A3). Al comienzo del mismo año se llevó a cabo una subida a la Torre Central a lo largo de la arista noroeste, apenas a la izquierda de la ruta italiana del 86. Autores de esta ascensión han sido los norteamericanos Jay Smith y Scott Cosgrove, quienes procuraron subir, en lo posible, en escalada libre. La Patagonia, con todo, poco concede a refinamientos, y a lo largo de la nueva ruta la cordada debe recurrir a difícil escalada artificial. El itinerario es denominado "Wild, Wild West" y queda completado el 7 de enero de 1990, con dificultades de VIIIº grado y A3. Por otra parte, en el mes de enero de 1991 se cumplió la actuación de otras dos expediciones sobre la Torre Central del Paine. Los españoles J. Lazcano y K. de Pablos han trazado un nuevo itinerario a lo largo de la pared oeste, después de dos meses de preparación y equipamiento. La cima ha sido alcanzada el 27 de enero, después de haber superado 900 metros con dificultades de hasta VIIIº grado y A3. En el mismo mes entra en acción, esta vez sobre la pared oriental, un fuertísimo equipo alemán que incluye nombres de gran predicamento, como Wolfgang Gullich, Kurt Albert, Bernd Arnold, Peter Dittrich y Norbert Baetz. El grupo subdivide sus tareas, y la primera cordada - Arnold y Albert - alcanza la cima el 23 de enero siguiendo una espléndida línea a la derecha de la ruta de Giarolli, Orlandiy Salvaterra. El 27 de enero también el segundo grupo alcanza la cima después de haber superado la ruta casi enteramente en escalada libre. Gullich cuenta: "... se inicia de pronto el rotpunkt. Las paredes fueron secadas por el viento caliente de la noche. Los pasajes que en los días y en las semanas anteriores demandaban horas y horas, ahora los superamos, jugando, en poco minutos. Me encuentro en un verdadero éxtasis de escalamiento. Conseguimos superar el enorme techo en la tercera tentativa...". Es la primera vez que en la Patagonia -y no sólo allí - han sido superados pasajes de hasta 7c (IXº grado, y la nueva ruta, "Riders on the storm", constituye una evolución, lograda ya sea por la capacidad de Gullich (uno de los mejores escaladores del mundo), ya por las favorables condiciones climáticas de aquel día.

La temporada siguiente en el Grupo del Paine es una de las más importantes por el número de expediciones que allí se da cita y por las ascensiones efectuadas. Siempre sobre la pared este de la Torre Central se abren dos rutas nuevas. La primera, a la derecha del pilastro sud, se llama "La ballena de los vientos", y ha sido abierta por Sebastián de la Cruz (argentino), Erik Brand, Steve Hayward (norteamericanos), José Carlos Tamayo y J. Lazcano (españoles). La ruta, completada el 24 de noviembre de 1991, tiene 1.000 metros de longitud, con dificultades máximas de VIIº grado y A3 + (ED +). Sobre el pilastro a la derecha de la ruta "Riders on the storm" tenemos otra ruta nueva, que retoma una tentativa precedente (¿española?), emprendida por los ingleses Noel Craine, Paul Pritchard, Sean Smith y Simon Yates. Las cordadas han establecido 1.000 metros de cuerdas fijas antes de vencer la pared, el 16 de enero de 1992, después de 25 días de escalamiento. "El regalo del Mowana" - 1.200 metros es evaluada ABO - (VIIºgrado, A4 y terreno mixto difícil). También el famoso escalador suizo Michel Piola ha visitado estas torres graníticas y ha dejado su marca sobre dos nuevos itinerarios. En compañía de Vincent Sprungli ha ascendido la pared oriental de la Torre Sud, ya precedentemente escalada en 1985, pero sin llegar a la cima. La nueva ruta, "Dans l'oeil du cyclone" pasa a la derecha del viejo itinerario y recorre enteramente la pared muy compacta, que ha requerido cinco días de escalada. El 28 de enero los dos están en la cima (ED + , VIIº grado y A4). Un último logro de Piola y Sprungli es el espolón occidental de la Torre Norte, ascensión relativamente breve, realizada en un día bajo una tempestad de viento particularmente fuerte ("La última esperanza", 500 metros, TD + , VIIº grado y A2). Pero no se ha concluido. La pared oriental, no hollada y desconocida, del Cerro Catedral, es tomada por asalto por dos expediciones, una italiana (Fabio Leoni, Paola Fanton, Mario Manica y Danny Zampiccoli) y una norteamericana (John Catto, Charles Flower, Peter Gallagher y Messagre Kewdel). Los norteamericanos eligen la línea central de la pared, de 850 metros de altura, y abren allí "La escoba de Dios", VIIº grado y A4, para llegar a la cima el 26 de enero. Los italianos, por su parte, subirán más a la izquierda, a lo largo de un pilastro más compacto. El 2 de febrero, después de nueve días, en total, de escalada, llevan a término "El vuelo del cóndor", ED, VIIº grado y A3. Las rutas de la estación 1991-1992 cierran por ahora la historia del Paine, grupo montañoso que ha puesto a prueba a numerosos y avezados andinistas dispuestos a medirse con las terribles condiciones patagónicas. Pero esa historia, por cierto, no ha terminado aquí, porque los problemas existen siempre, y nuevas paredes y aristas pueden ser descubiertas por montañistas de buen ojo e intuición.

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Panorama de las Torres del Paine. La primera descripción de este grupo montañoso remonta a 1879. En ella, obra del teniente Rogers, el Paine es denominado "Sierra de los Baguales".

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Mapa de la zona en la cual se halla el Paine.

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Ubicación de la zona del Paine dentro de América de Sur.

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Los miembros de la expedición Monzino, de 1957-58. Desde la izquierda, de pie: Tullio Monzino, Pierino Pession, Jean Bich, Guido Monzino, Arturo Aranda, Marcello Carrel, Toni Gobbi Piero Nava. Sentados: Camillotto Pellisier, Gino Barmasse, Emilio Covacevich, Miguel Saavedra, Augelo Gaez, Belisario Cabeza, Pacifico Pession, Leonardo Carrel.

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Foto proveniente del archivo Monzino, documenta la expedición de 1957. Jean Bich poco antes de la ascensión definitiva de la cima.

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Foto proveniente del archivo Monzino, documenta la expedición de 1957. Vista del macizo central.

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Foto proveniente del archivo Monzino, documenta la expedición de 1957. Los aparejos para la escalada en el interior de una cueva de nieve.

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Foto proveniente del archivo Monzino, documenta la expedición de 1957. El momento de la conquista de la cima principal del Paine, el 27 de diciembre de 1957.

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Guido Monzino durante una pausa en el campamento base.

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Un componente de la expedición extraído de una grieta en el glaciar al pie de las Torres del Paine.

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La cima de la Torre Norte del Paine, que fue conquistada el 16 de enero de 1958.

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El regreso al campamento de base después de la conquista de la Torre Norte.

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Christian Bonington aún bajo los efectos de la caída que lo arrastró durante la escalada en el sector más dificil y compacto.

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Christian Bonington.

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John Streetly en funciones de jefe de cordada en el sector inferior de la pared.

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Los italianos tratan de alcanzar la cordada británica sobre la Torre Central.

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El depósito de los elementos de los italianos en la base de la Torre Central.

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La expedición italiana sobre un puente colgante, durante la fase de acercamiento.

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Las cuerdas fijas marcan el trazado de subida a la Torre Central.

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Vista de la Torre Central y de la Torre Nord, desde el Oeste.

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Vasco Taldo muestra la bandera italiana después de la escalada, en prioridad absoluta, de la Torre Sud.

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Descenso en rapel después de la victoria sobre la Torre Sud.

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Un momento de la subida de la Torre Sud.

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Las rutas de subida a las Torres del Paine vistas del lado Oeste.

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Las rutas de subida a las Torres del Paine vistas del lado Este.

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Una vista desde el Este de las Torres del Paine. Desde la izquierda, Torre Sud, Torre Central y Torre Norte.

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Un galpón para la preparación del pescado, en Puerto Natales, a unas 200 millas al noroeste de Punta Arenas.

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Uno de los grandes lagos que son caracteristicos de las llanuras al pie del macizo del Paine.

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Una raíz desecada, en el interior del parque del Paine.

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Una vista poco conocida del trecho final de la Torre Sur, tomada desde la Torre Central. La ruta de los italianos recorre la visible arista.

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Vista de la pared Oeste de la Torre Central sobre la que, en los últimos años, italianos y norteamericanos abrieron vías de escalada bellas y dificiles.

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Vista aérea de la vertiente Nordeste del Paine principal.

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Una vista aérea de las Torres del Paine, desde el lado oriental.

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Una espléndida vista de las laderas orientales de las Torre del Paine y del ambiente salvaje que las circunda.

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Un momento de la escalada por la ruta de las "Arañas de Lecco"; abierta en 1986 sobre la Torre Central.

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En la ruta de las "Arañas de Lecco"; abierta en 1986 sobre la Torre Central, remontando los diedros perfectos.

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La impresionante muralla rocosa de la Fortaleza, uno de los últimos problemas que presenta el macizo a los montañistas.

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Las Torres del Paine, vistas desde el Oeste, surgen entre los rebordes de los Cuernos del Paine, en primer plano.

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