Lista de Cuadernos Patagónicos Editados


Sugerencias

15. Volcanes Australes

Misterios y confusiones
El contexto geológico de los misterios
Volcanes de la araycanía
Los volcanes de los andinistas
Cordillera de aisén
La legendaria ciudad de los césares
Yates, 2134 metros, o quizás 2411 metros
Hornopiren, 1572 metros
Michinmáuida, 2470 metros
La selva
Entre Chaitén y Aisén
También bajo el mar
Volcán Hudson, 1905 metros
Cordillera Magallanes
Volcán Lautaro
Mano del Diablo
Volcán Burney, 1913 metros


foto
Volcanes Australes

 

 

 

 


foto
Capas de cenizas y pómez son los testigos de las erupciones volcánicas del pasado (Carretera Austral, Laguna Cofré).

 

 

 


foto
Esta cartografía es ilustrativa, y no presenta una perfecta señalización de límites fronterizos.
Los que realmente corresponden son los que figuran en el Mapa Físico-Político oficial del Instituto Geográfico Militar de la Argentina.

 

 


foto
Los cazadores prehistóricos de la Patagonia buscaban rocas volcánicas para tallar las puntas de sus flechas. Se las pueden encontrar perdidas desde entonces en muchos lugares, a veces sepultadas entre las cenizas.

 

 

 


foto
El Cerro Negro cerca del Lago Cardiel está formado por basaltos de antiguos complejos volcánicos. Las características columnas prismáticas son hermosas pero muy inestables y peligrosas para los escaladores.

 

 

 

 


foto
En la cumbre del Volcán Villarrica se abre un cráter profundo siempre humeando. El volcán ahora se queda tan solo dormido y nunca se sabe cuando tendrá ganas de despertar otra vez.

 

 

 


foto
Como un símbolo de esta ciudad marinera, el Volcán Osorno se levanta majestuoso al Este de Puerto Montt.

 

 

 


foto
Activo todavía, el Volcán Villarrica es uno de los mas conocidos y visitados por los montañistas. Con mucho cuidado se puede hasta caminar sobre el borde del cráter.

 

 

 


foto
A pesar de su perfil atractivo para los andinistas, el Volcán Puntiagudo tiene roca muy rota y peligrosa. Se encuentra cerca del Lago Todos los Santos y su primer ascenso en 1937 se acabó con una tragedia.

 

 


foto
El Volcán Lanín es el más alto de este sector cordillerano de la Patagonia y está apagado. Su ladera Este se levanta arriba de los bosques de Paso Tromen y por ella pasa el camino más fácil para llegara su cumbre. De todos modos por su altura y glaciares, quienes suben necesitan equipo adecuado.

 

 


foto
Desde Reñihue, en el sector Palena, el Volcán Michinmáhuida sobresale la selva tupida. No se excluye que fuera ascendido ya por indígenas antes del primer ascenso en 1953 relatado por unos montañistas de Valparaíso.

 

 

 


foto
El Volcán Michinmáhuida desde el Parque Pumalín, instituido por Doug Tompkins para la conservación del bosque nativo.

 

 

 


foto
Cerca de Puerto Aisén, el Volcán Macá tiene todo el año su casquete de nieve y hielo. Aquí en la primavera, desde el Sur-Este.

 

 

 


foto
"hermosa araucaria de los australes montes, torre de Chile, punta del territorio verde..." Pablo Neruda. En Chile la Araucaria fue declarada Monumento Nacional el 19 de marzo de 1990, prohibiéndose su corta en todo el territorio. Aquí en el invierno de su lugar nativo, cerca del Volcán Lanín.

 

 

 


foto
Desde la playa encantadora del puerto Raúl Marín Balmaceda aparece a lo lejos el Volcán Melimoyu. A pesar de unas tentativas de ascenso, la última por Doug Tompkins y Peter Cacho Adenalis, este volcán va a llegar al año 2000 sin pie del hombre pisando sus picachos cumbreros.

 

 

 

Cuaderno 15
Volcanes Australes

PRESENTACIÓN

Con el correr de los siglos la Patagonia fue desvelando sus aspectos a menudo misteriosos sin perder sus atractivos, Y aún hoy continúa prodigando emociones. Se reserva todavía algunas incógnitas para el siglo XXI, no solamente aquellas vinculadas con la dinámica de la ecología y con los asen tamientos humanos: algún blanco en el conocimiento concreto de la tierra persiste aún en la época de las imágenes satelitales.
Pero los aspectos que continuarán siendo siempre un misterio son los vinculados a la naturaleza más íntima, escondida e imprevisible. Son los elementos de una región cuyas vísceras se encuentran en continuo tormento geológico y que dan origen a un evasivo vulcanismo que nos revela su pasado pero del cual no podemos prever el futuro.
Aún cuando llegue el día en que la Patagonia no tenga ya ningún rincón inexplorado y todas sus montañas hayan sido conocidas y escaladas, sus volcanes seguirán ofreciendo un estimulo para las investigaciones y seguirán recordándole al hombre su propia fragilidad y pequeñez.

Silvia Metzeltin y Gino Buscaini


MISTERIOS Y CONFUSIONES

La Patagonia es rica en formas naturales, lagos y relieves que llevan el nombre de "volcán". Paradójicamente muchas de estas formas no son ni siquiera de origen volcánico, mientras que recientes edificios de verdaderos volcanes son denominados genéricamente "cerros", o tal vez "mount", en inglés.
Existen entonces volcanes verdaderos y volcanes falsos. Entre los falsos figuran incluso el Fitz Roy, el antiguo Chaltén de los Tehuelches, y el San Valentín, la montaña más elevada de la Patagonia Austral, los que durante mucho tiempo fueron considerados volcanes, quizás a raíz de los penachos de nubes que muy a menudo traen consigo y que parecen ser humo. Además no todos los volcanes se encuentran señalados en los mapas. Existen algunos casual y recientemente identificados y cada tanto se sabe de algún andinista que descubre un chorro de vapor fundiéndole el hielo bajo los crampones. Esto sucede especialmente en la Patagonia Austral, al Sur de la latitud de Bariloche y Puerto Montt.

EL CONTEXTO GEOLÓGICO DE LOS MISTERIOS

El volcanismo de los Andes está vinculado con el alzamiento de la Cordillera. Ha sido intenso desde hace aproximadamente 180 millones de años atrás (Jurásico) y perdura aún hoy. A lo largo de la costa del océano Pacífico se extiende una profunda fosa donde la corteza oceánica constituida por rocas más pesadas se ensarta por debajo de la corteza del continente, de por sí más liviana. A lo largo de su plano de inmersión (plano de Benioff) se encuentran dispuestos los epicentros de los terremotos y la cadena de los Andes halla su origen en la unión de masas magmáticas derivadas de la fusión de las cortezas en la profundidad.
Las rocas magmáticas consolidadas bajo la superficie terrestre dieron origen a los grandes batolitos graníticos en los cuales, luego del alzamiento, la erosión esculpió obeliscos como el Fitz Roy, el Cerro Torre y las Torres del Paine. Cuando en cambio las rocas fusionadas encontraron vías de salida sobre la superficie dieron lugar a los volcanes, a menudo a lo largo de fracturas o fallas, y por esta razón los encontramos generalmente alineados.
Naturalmente este cuadro general posee muchas variantes. La corteza oceánica del Pacífico no es una sola placa sino que está subdividida en varias placas que se mueven a diversas velocidades y por ello el choque de las mismas con el continente y la inmersión de ellas por debajo del mismo se registran con modalidades diferentes. Especialmente en las cercanías de la península de Taitao existe un cambio en la estructura de los abismos oceánicos: aquí la placa oceánica de Nazca, al Norte, está separada de la Antártica, al Sur, por una línea divisoria expansiva que segmenta oblicuamente la fosa oceánica. Se creó de esta manera un encuentro entre tres placas (dos oceánicas y una continental) al cual se lo conoce como "punto triple de Taitao". Al Norte de este punto la inmersión de la placa bajo el continente es más veloz que la inmersión que se registra al Sur; 5-10 cm al año contra 0,3 cm al año. Se llega así a un cambio en los caracteres petroquímicos del vulcanismo y al Sur se registran menores erupciones y menor sismicidad. Así es que a fin de estudiar los volcanes de la Cordillera la Patagonia se subdivide en tres regiones: la clásica, que desde los 39º Sur llega a la latitud de Puerto Montt-Bariloche, la Cordillera de Aisén, que llega al "punto triple de Taitao" y por ende más o menos hasta el Hielo Patagónico Norte, y la Cordillera de Magallanes, que desde el "punto triple" llega hasta el estrecho homónimo.
Todo esto se sabe desde hace pocos años. Pero fueron los habitantes de la Patagonia quienes tuvieron que contar con las erupciones volcánicas y los terremotos a ellas asociados desde el primer asentamiento en estas tierras.
Algunos períodos culturales prehistóricos fueron correlacionados por los paleoetnólogos según la posición de los hallazgos con relación a los niveles de las cenizas volcánicas ("tefra") que cubrieron al menos cuatro veces gran parte de la Patagonia y se encuentran bien conservadas en las turberas y en la estratigrafia de las excavaciones.
Entre las dotaciones de referencia más importantes se encuentran las de las cenizas del Volcán Reclus (12480 a.C. en Tierra del Fuego y 10300 en las cercanías de Puerto Natales) y las más antiguas del Volcán Burney (7920 a.C.). En las cercanías de los lagos Fontana, Buenos Aires, San Martín y Argentino, niveles de cenizas importantes para la paleoetnologia datan de 9000, 6600, 4500 y 2000 a 3000 años atrás.
Los habitantes de la Patagonia prehistórica habían ocupado también el campo volcánico de Pali Aike, entre Río Gallegos y Punta Arenas, situado bien al Sur de las grandes expansiones basálticas que forman los sombreros de las mesetas sobre el lado oriental de la Cordillera. En esta zona, que hoy invita a los turistas a admirar su característica morfología de conitos, lenguas de lava y cráteres de explosión, vivía entre una y otra manifestación volcánica "el hombre de Pali Aike", cuya presencia se remonta a 6.700 años atrás.
Trabajando las rocas volcánicas -andesitas, basálticas y sobre todo obsidianas- los habitantes prehistóricos habían creado los utensilios cuyas esquirlas de elaboración se pueden reconocer aún hoy en el lugar: elegantes puntas de flecha, rasquetas, azuelas.

VOLCANES DE LA ARAUCANÍA

Si bien en la Cordillera existen testimonios de volcanes de edades geológicas más antiguas nosotros queremos considerar aquí los fenómenos más recientes, aquellos que justamente acompañaron la historia del hombre y los volcanes que, apagados o en reposo, están presentes como tales en el paisaje o en las manifestaciones.
En la Araucanía, la región que en Chile se sitúa al Sur del curso del Bío-Bío (desde el año 1640 frontera entre el hispano y el mapuche) la Cordillera alinea grandes conos cubiertos de nieve y de hielo. La región se llama oficialmente "de los Lagos", pero son los volcanes los que caracterizan su ambiente. Por sus erupciones y los terremotos vinculados al vulcanismo ellos influyeron sobre la vida de los habitantes, y más aún dado que son vecinos de grandes ciudades como Temuco, Valdivia, Osorno y Puerto Montt.
Cuando resulta difícil explicar los fenómenos naturales aparecen las leyendas para interpretarlos. Simple es aquella de hacer habitar a los espíritus del mal en el interior de los volcanes, ya que el bien que pueden ocasionar, por ejemplo aportando fertilidad a los terrenos, no se manifiesta con tanta evidencia.
Más original es la leyenda según la cual las mujeres araucanas, cuando se les faltaba el respeto, tapaban el conducto del volcán Anticuó, cerrándole así la válvula de escape y causando la erupción de volcanes vecinos.
¿Por qué no relacionar la leyenda con un episodio desconcertante pero real? En el año 1960 la notable cantautora Violeta Parra, quien paradójicamente es recordada en todas partes por su comprometida canción "Gracias a la Vida" habiéndose quitado ella misma más tarde la propia, se encontraba de gira en Puerto Montt. Quizás para desahogar la desilusión ocasionada por un recibimiento demasiado indiferente, se presentó en la Oficina de Correos y Telégrafos para despachar un telegrama con el siguiente texto: "Oye Dios: ¿por qué no me mandas un terremoto?". El director, muy embarazado, terminó aceptándolo aunque sin solicitarle dinero y diciéndole que lo pagaría el destinatario. Eran las 13 horas del 22 de mayo de 1960 y dos horas después comenzaron los sacudones, con epicentro al Noroeste del Lago Llanquihue, que con las erupciones y los maremotos asociados causaron daños tremendos y más de 10.000 víctimas.

LOS VOLCANES DE LOS ANDINISTAS

Sobre los grandes volcanes tuvo inicio la exploración andinística de la Cordillera patagónica. Algunos figuran actualmente entre los más visitados por turistas, esquiadores y andinistas. Centros de esquí fueron equipados en las laderas de los volcanes Antuco, Lonquimay, Llaima, Villarrica y Osorno. Llaima y Villarrica figuran entre los más activos de todo Chile.
Sus ascensos se consideran hoy técnicamente modestos pero requieren experiencia y voluntad de esfuerzo, cosas que se compensan con la excepcional estética del ambiente. Su significado histórico es sin embargo importante.
Podemos recordar aquí que en el año 1829 Eduard Poeppig (1798-1868), considerado un maestro de las descripciones naturalistas de los Andes, llegó a la cima del cono casi geométricamente perfecto del Volcán Antuco (2879 m). A Poeppig le fue dedicada la roja "Flor de la cascada" (Ourisia poeppigli) difundida en toda la Patagonia.
Más hacia el Sur se levanta el Llaima (3124 m) que para su ascenso requiere piqueta y crampones y que luego de haber dormido durante 37 años se volvió a despertar con una tremenda erupción en el año 1994. El Villarrica, de 2840 m, activo con fumarolas, se puede ascender sin dificultades, muy a menudo con nieve aún al inicio del verano. Vinculado al Villarrica pero apagado se encuentra el Volcán Lanín, de 3374 m, sobre la frontera entre Chile y Argentina, ascendido ya por Rodolfo Hauthal en el año 1897, pero aún notable meta andinística que puede resultar muy severa según las estaciones y a raíz de los residuos de glaciares que alberga.
Aún el ascenso al bellísimo Volcán Osorno, llamado "Fuji-Yama de Puerto Montt", no debe ser subestimado a pesar de su aparente simplicidad. Ascendido por primera vez en el año 1848 por Jean Renous, oriundo de Osorno, resultó fatal para más de un andinista moderno, y entre ellos, en el año 1981, también para el conocido alemán Günther Hauser, quien con Hans Tiere fue encontrado muerto congelado cerca de una grieta.
El esquí-andinismo fue introducido en estos volcanes particularmente por Otto Meiling de Bariloche, quien entre los años 1936 y 1939 ascendió con los esquíes el Llaima, el Villarrica, el Lanín y el Osorno. Hoy estos volcanes se transformaron en codiciadas metas esquí-andinistas.
El "padre del andinismo argentino", Federico Reichert (1878-1953), ascendió el Osorno cuatro veces entre los años 1911 y 1916, y luego una vez más en el año 1938. Además de las intenciones andinísticas tenía también intenciones científicas: recogía muestras de rocas y de agua, medía la radioactividad de los manantiales y, para considerar al menos someramente la presencia de gas en los vapores, llevaba consigo muchas veces papelitos tornasolados. Ascendió también el Volcán Calbuco, "cono pérfido" a pesar del nombre que en mapuche significa "agua azul", precedido en el año 1848 por Jean Renous y en el año 1896 por Seemann, pastor evangélico de Puerto Montt. Las erupciones del Calbuco fueron diversas: Reichert lo definió "siempre en un estado algo agitado" y ya el explorador más importante de la Patagonia Occidental, Hans Steffen (1865-1936) lo vio "en llamas" en su viaje del año 1893 al Río Palena.
El más comprometedor en sentido andinístico entre los volcanes de este sector de la Patagonia es el Puntiagudo, de 2220 m. Es llamado "El Cervino Chileno" aún cuando Reichert lo definió como "modelo de volcán en ruinas". Reichert intentó ascenderlo tres veces. La primera vez, en el año 1912, renunció luego de haber llegado a la base de las rocas muy rotas del elegante pero engañoso obelisco somital. Intentó luego otras dos veces por otras laderas, una con Erckert y una con Ilse Von Rentzell. El primer ascenso fue llevado a cabo recién en el año 1937 por Hermann Hess y Rodolfo Roth, de tan sólo dieciséis años. Lo escalaron por el lado Sur, pero luego resbalaron cuesta abajo, se les rompió la cuerda y se salvó sólo Hess; el cuerpo de Roth fue encontrado recién un año después.
En el año 1945 se verificó un segundo ascenso a lo largo de la cresta Norte, llevado a cabo por Ernst Hoffmann con dos compañeros; a partir de esa fecha se registran solamente otros tres ascensos hasta el año 1964.

CORDILLERA DE AISÉN

"Nunca con tanto estorbo a los humanos
quiso impedir el paso la Natura
y que así de los cielos soberanos
los árboles midiesen la altura;
ni entre tantos peñascos y pantanos
mezcló tanta maleza y espesura
como en este camino defendido
de zarzas, breñas y árboles tejido ".

Estos versos pertenecen al canto XXXV del poema "La Araucana", obra del poeta madrileño Alonso de Ercilla (1533-1594), que acompañaba a la expedición de García Hurtado de Mendoza que había partido desde Villarrica en el año 1558 para conquistar Chiloé.
Pasaron casi cinco siglos y la naturaleza no cambió mucho. Ni siquiera la construcción de la Carretera Austral, que originó la apertura del tránsito para los vehículos hacia el Sur de Puerto Montt y conectó por tierra los principales asentamientos, provocó hasta este momento cambios en el ambiente. Las exploraciones históricas fueron conducidas a lo largo de los cursos de los ríos y la mayor parte de las montañas es innominada y desconocida. Así también los volcanes, aunque algunos parezcan soberbios y emerjan con sus casquetes de nieve y de hielo desde los verdes e impenetrables bosques pluviales ante la vista de quienes navegan a lo largo de los canales del Pacifico.
Los españoles habían llamado "Trapananda" a esta región situada entre Puerto Montt y Puerto Aisén, que por otra parte, y dadas las dificultades adversas del mismo ambiente natural, conocían esencialmente desde el océano; y es este nombre el que figura en muchos documentos de la época. Pero ya durante las exploraciones tierra adentro conducidas por el Almirante Simpson en el año 1870 el nombre había caído casi en el olvido y era recordado sólo por los ancianos. Luego fue introducido el apelativo de "Chiloé Continental" dado que desde la isla de Chiloé venían quienes llegaban hasta el litoral. Y esta denominación si que perduró.

LA LEGENDARIA CIUDAD DE LOS CÉSARES

Los conquistadores españoles no estaban interesados en los volcanes pero sí en sus posibles riquezas. Tenían desde el principio la ilusión de un "País Dorado", un reino oculto a los pies de la Cordillera, pero el curioso mito de la Ciudad de los Césares se propagó recién muchos años después de la conquista.
En el kilómetro 175 la Carretera Austral, más allá de Chaitén hacia el Sur, atraviesa el "Río Césares". Y es lo que queda del mito que intrigó durante siglos a aventureros y gobernantes. No se conoce el lugar preciso en el cual buscar a la fantasmal ciudad, pero las pocas indicaciones y el hecho de tener que encontrarse en un lugar difícilmente accesible la colocó en la Trapananda.
Como para todos los mitos hay un punto de partida. Se dice que en uno de los encuentros entre indígenas y españoles aparecieron improvistamente de la selva hombres blancos que hablaban español, armados como en los tiempos de la conquista. Ayudaron a los españoles y luego desaparecieron nuevamente en la selva sin dejar huellas. Fueron los indígenas quienes dijeron que tierra adentro había una ciudad mitad indígena mitad española llamada "Ciudad de los Césares".
Existe también una narración según la cual dos soldados españoles contaron en el año 1563 que los sobrevivientes de un naufragio de las naves del Obispo de Plasencia se habrían refugiado y más tarde establecido tierra adentro. Durante los siglos XVII y XVIII llegaron expediciones españolas con la intención de dar con la mítica ciudad e incluso el jesuita José García Alsué se trasladó hacia el Sur del Río Palena para encontrarla pero no descubrió la ciudad sino el fiordo Aisén.
Amén de todo esto la "Ciudad de los Césares" no fue jamás encontrada pero continúa alimentando la fantasía de los escritores.

YATES, 2134 METROS, O QUIZÁS 2411 METROS

El bello perfil de este volcán apagado se destaca sobre el golfo de Reloncaví y su nombre recuerda a un hábil marinero, verdadero lobo de mar, quien ya se había encontrado con Fitz Roy en el año 1835 y que luego ayudaría al Almirante Simpson en la exploración de los canales. Pero poco se sabía de él antes de que en el año 1915 arribara a estos lugares Federico Reichert, acompañado por Guillermo Wagner. Habían partido desde la bahía de Cayutué, trasladándose a caballo a Cochamó. Para llegar a los pies del volcán es necesario desde aquí seguir el curso del río unos 50 kilómetros y para esto ellos se hicieron llevar con una lancha conducida por dos fuertes remeros hasta las "Llanuras del Yates". Un joven del lugar, un tal José Guerrero, se ofreció a acompañarlos y así partieron los tres. La montaña presenta dos cimas distantes entre ellas un kilómetro aproximadamente. La cima Norte, 20 metros más elevada pero más fácil de lograr, había sido alcanzada en el año 1845 por un habitante de la isla de Huar, Basilio Alvarado, junto a algunos compañeros. No conocía por cierto la piqueta y se dice que para llegar a la cumbre tuvo que tallar peldaños en el hielo con un hacha pequeña. En el año 1871 Manuel Telles de Puerto Montt, quien acompañaba al botánico Carlos Julliet en la travesía hacia estos volcanes, intentó repetir el ascenso pero se detuvo bajo la cumbre.
Reichert considera justamente al Yates como "el pilar septentrional de la cordillera patagónica occidental". En su expedición se dirigió hacia la cima Sur, más cubierta de hielo y difícil, coronada de torres de roca rota. Con sus dos compañeros remontaron el rápido curso del Río Blanco que desciende por el glaciar superando barrancas de basalto con cascadas y luego una rípida pared de granito donde fue necesario el auxilio de sogas. Circundaron las montañas y llegaron al glaciar casi llano que desciende hacia el Sur. Para alcanzar la cumbre, luego de que Wagner se detuvo, Reichert debió escalar con el valiente Guerrero una cresta final de rocas extremadamente podridas y peligrosas: llegaron a la cumbre el 3 de febrero de 1915. El descenso fue efectuado a lo largo de la "cresta perversamente frágil y empinada, a la que llamé Cresta del Diablo", con un "viaje azaroso y acrobático". También el resto del descenso fue laborioso, dado que Guerrero, víctima de una fuerte conjuntivitis debida a la reverberación de la nieve, tuvo que ser acompañado nuevamente a su choza, atado a la soga y con los ojos vendados.
El ascenso fue repetido en el año 1939 por F. Kostner y sus compañeros y más tarde en el año 1952 por E. Vicens y sus compañeros.
La Cresta del Diablo hoy ya no existe porque se derrumbó durante el desastroso terremoto del año 1960. Lo constató un sobrino nieto de Reichert, Eric Meinardus, quien en febrero de 1994 repitió el itinerario abierto por su tío abuelo. El alcance de la cumbre presentó sin embargo un trecho comprometedor y fue necesario circundarla hacia el Oeste para encontrar un pasaje entre el laberinto de grietas.
Las dos cimas, Norte y Sur, se encuentran comunicadas por una cresta aguzada con cornisas y hacia el Este precipita un glaciar. Meinardus considera que el cráter principal tendría que estar situado sobre el lado Este y que la estrecha y rípida cresta existente entre las dos cimas representa los restos de su borde.
Actualmente el acceso más cómodo al Yates se encuentra al Sur, partiendo desde la Carretera Austral, desde donde en 6 ó7 horas de camino por un sendero difícil de encontrar en la selva, pasando cerca del lago Pinta Concha, se llega al Parque Nacional Hornopirén, que comprende además del volcán homónimo también al Yates, al Volcán Hualique, 1670 metros, más hacia el Oeste, y al Apagado, 1210 metros, más hacia el Este.

HORNOPIREN, 1572 METROS

Desde la cumbre Sur del Yates, Reichert gozó de un panorama espectacular que abarcaba desde el Volcán Lanín al Norte hasta el Michinmáhuida al Sur. En su narración cita a "dos lagos glaciales nada pequeños, aparentemente carentes de desagüe. Uno de ellos se pliega muy cerca del pie de la cumbre boscosa que muestra en su cúspide una depresión en forma de cráter que en nuestro mapa hemos señalado como Volcán Hornopirén".
Hornopirén es una palabra mapuche que significa "horno que tiene nieve"; según E.W. Moesbach, sin embargo, el nombre genuinamente mapuche de este volcán es Quechucavi, que significa cinco distritos.
En sus alrededores se encuentran espléndidos bosques de alerces. La denominación de alerce fue introducida por los europeos dado que de la leña del árbol cuyo nombre científico es "Fitzroya cupressoides", los indígenas extraían tejuelas símiles a las que se obtenían de los alerces en Europa.
El cráter de este original volcán, carente de cobertura nevada permanente, fue alcanzado en el año 1872 por el botánico inglés Jorge Downtown, quien iba de un lado para otro en búsqueda de helechos y orquídeas.
Poco se sabe de otro volcán situado más hacia el Sur y más cerca del litoral cuya altura se estima de unos 1050 m y que es denominado Huegui o Huequén, que en mapuche significa guanaco. Se señala sin embargo su reiterada actividad eruptiva entre los años 1890 y 1920.

MICHINMAHUIDA, 2.470 METROS

"... Tú has visto todo eso Gabriel Ibáñez
y eran sólo las rocas desnudas
la soledad de los acantilados abriéndose
ante tus remos, el granizo, las nieves del Michinmáhuida
azulándose"
(Raúl Zurita)

Cerca de Chaltén, al Norte del Río Palena y del Lago Yelcho, se perfila imponente la ancha cumbre del Volcán Michinmáhuida.
Quien costea la Cordillera por el lado oriental, transitando desde Esquel en vista de las esteparias y monótonas mesetas, difícilmente puede imaginar cómo hacia el Oeste el ambiente natural pueda cambiar casi de golpe y que detrás del horizonte de montañas exista una de las regiones más difíciles de penetrar, con selva tupida y ríos correntosos que excavan su camino hacia el océano a través de las montañas selváticas.
Cuando llueve, en este ambiente se respira una melancolía que no perdona. Y llueve mucho. Caen 4 ó 5 metros de lluvia al año, distribuidos a lo largo de muchos días. Y esta circunstancia beneficia a la selva, frondosa y en gran parte aún intacta. Pero cuando hay sol, cl Michinmáhuida es grandioso. Ya su nombre ilustra su emergencia de la selva dado que "minche" quiere decir "debajo de los cerros" y "mahuida" "bosque, monte". Entonces Michinmáhuida quiere decir revestido abajo de árboles. Según el explorador regional Augusto Grosse, lleva también el nombre de Challapirén, que significaría "olla con nieve". Se deduce que para hablar de "olla" de una cima que por su perfil parece plana, los araucanos tendrían que haber visto el cráter desde arriba y entonces haber llegado a la cumbre.
Pero amén de esta deducción toponímica no se conocen ascensos al Michinmáhuida antes del de los andinistas de Valparaíso Heinz Koch, Richard Corssen y Hans Meinardus el 23 de enero de 1953. Luego llegó solo al lugar, en el año 1989, Carlos Alvarado de Chaitén, explorador de la selva de la Provincia de Palena y en 1997 Doug Tompkins también.
Como volcán, el Michinmáhuida dio nuevamente signos de vida durante los años 1834 y 1835 y se vinculan a su actividad también diversas fuentes termales de los alrededores.
El Michinmáhuida es el elemento principal de la vista que se goza desde el rancho situado en el interior de Caleta Gonzalo, en la cual pasa parte del año Doug Tompkins. El afamado andinista californiano escaló también el Fitz Roy en el año 1968 y es desde hace tiempo un enamorado de la Patagonia. Apasionado ecologista, millonario gracias a su industria textil, compró 274.000 hectáreas de selva e instituyó el "Parque Pumalín" que tiene intenciones de regalar, con fines ecológicos, al Estado chileno pero con vinculación ecológica. La operación proteccionista encontró también algunos adversarios entre quienes aprovechan la leña y crían salmón a gran escala, como así también en el ámbito político. Más o menos a la misma latitud se encuentra en la parte argentina de la cordillera el "Parque Nacional Los Alerces".

LA SELVA

El ambiente de la Cordillera de Aisén y de sus volcanes es el de la selva pluvial templada. A menudo es tupida e impenetrable hasta los 1.000 m de altura, con árboles caídos, suelo húmedo y pantanoso. Se puede uno mover en su interior sólo siguiendo ríos y quebradas, o bien cincelando una picada que se vuelve a cerrar sola en uno o dos años.
Esta selva luce siempre verde y está constituida por diversas especies de árboles. Al ya mencionado alerce (Fitzroya cupressoides) no se lo encuentra más al Sur del Michinmáhuida, pero en toda esta cordillera prosperan difusos árboles nativos como el mañio (Podocarpus nubigena), el coigüe (Nothofagus dombeyi), el tinco (Weinmannia trichosperma). El ciprés (Pugerodendron uviferum) abunda sólo en las zonas pantanosas de baja altura, mientras la lenga (Nothofagus pumilio) y el ñire (Nothofagus antartica) crecen sólo en los lugares elevados y más luminosos.
Interesante es el canelo (Drimys winteri), una magnoliácea que lleva el nombre del capitán Winter quien en el año 1578 llevó a Europa su corteza (cortex winteranum) como remedio contra el escorbuto. Efectivamente la corteza del canelo es rica en vitamina C, taninos y anti-bactéricos; se aplicaba sobre las heridas y se usaba contra los reumatismos y el dolor de garganta, recientemente también contra los tumores.
Entre la maleza crecen mirtáceas, lauráceas, el punzante taique (Desfontania espinosa) y muchas especies de helechos, musgos y lianas. Pero el obstáculo más serio para el tránsito lo constituyen los cañares de quila (Chusquea quita) y de caña colihue (Chusquea culeou). La quila es una caña ramificada que tiene hojas largas y angostas, muy resistente, que los araucanos usaban para fabricar sus lanzas, y es más difundida en el sector Norte.
La caña colihue no tiene ramas sino penachos y se expande hacia el Sur, hasta el Lago General Carrera-Buenos Aires. En mapuche se la denomina rengi o reñi y, al encontrar topónimos como Reñihue, que quiere decir coligual, y Reñipullí, que quiere decir cerro de colihues, el andinista debe saber que lo espera un lugar que puede resultar intransitable para él.
Cabe destacar "para él", porque en la selva viven el puma, el pudú, el zorro, varias especies de gatos y de roedores, numerosísimas especies de pájaros. Se encuentran también bichos poco simpáticos como sanguijuelas, mosquitos y zancudos: el recorrido hacia las cumbres pasa a través del territorio de ellos.
Hay sin embargo un volcán menor al que se puede llegar por una huella de sendero que parte desde la Carretera Austral: el Volcán Chaitén, de 962 m, a 25 kilómetros al Noreste de esta localidad. Se encuentra situado sobre una baja cresta que sale desde el Volcán Michinmáhuida, su caldera tiene un diámetro de dos kilómetros y en su centro expone una aguja de expulsión reciente que se eleva 400 m sobre el cráter. El vallado del cráter tiene aproximadamente 150 m de altura y está cortado por un río afluente del río Chaitén. En su interior hay dos lagos y manantiales de agua efervescente.

ENTRE CHAITEN Y AISÉN

Justo frente a Quellón, pequeña ciudad del extremo Sur de la isla de Chiloé, se alza sobre el continente, desde el mar y desde la selva, la pirámide nevada del Volcán Corcovado, de 2300 m. No es cierto que su nombre se tenga que asociar a corcova", palabra con la que se indica el día siguiente a una fiesta. Habitualmente su cima se encuentra escondida por las nubes, pero cuando aparece se muestra erguido y elegante como el Puntiagudo. Es recordada una fuerte erupción de este volcán durante el año 1834.
Luego de que E. Huber intentó su exploración y ascenso en el año 1944, fue escalado por Gerhard Kress, Alfredo Gash y Hans Engels el 12 de enero de 1945. Una posterior expedición chilena se perdió en la selva y no se conocen otros ascensos anteriores a aquel solitario de Doug Tompkins en el año 1993. Al Sur del Corcovado los mapas indican al ''Volcán Nevado'' de 2042 m, que localmente es llamado Yantenes o Yanteles. Peter Hartmann y compañeros ascendieron el contiguo Cerro Yeli, que sin embargo no es un volcán. A la cumbre del Yanteles llegaron en noviembre de 1997 Doug Tompkins y compañeros.
Admirando el panorama desde el mar, a la entrada del canal Moraleda, casi frente a la isla de Melinka (patria de leñadores de cipreses y también de piratas) se destaca la mole nevada del Volcán Melimoyu, de 2400 m de altura, considerado activo aún en el siglo XX.
Se erige al fondo de un valle plano colmado de aluviones abiertos hacia el mar, circundado de valles suspendidos con grandes cascadas.
Su nombre de origen mapuche deriva de melí, que quiere decir cuatro, y moyu, que quiere decir teta, es decir, cerro con cuatro picachos. Hasta la base de estos picachos, de aproximadamente 150 m de altura, uno con forma de mano y uno con forma de pirámide vacía, considerados demasiado peligrosos como para continuar el ascenso, llegaron en el año 1983 Claudio Hopperdietzel y José Torres, siguiendo los ríos Palena y Correntoso y luego abriéndose desde el Este una picada en la selva.
Pareciera que ninguno haya considerado hasta ahora al Mentolat, de 1660 m, que se eleva en el centro de la Isla Magdalena, enteramente Parque Nacional, situada frente a Puerto Cisnes. Subsisten dudas sobre el tipo de su naturaleza volcánica. En todos los casos estos volcanes se levantan sobre afloramientos de rocas más antiguas que atravesaron, en gran parte granitos pertenecientes al batolito patagónico.
A Claudio Hopperdietzel de Puyuhuapi le corresponden sin embargo muchas otras exploraciones. Es hijo de alemanes emigrados de Bohemia, que había sido incorporada a Checoslovaquia después del año 1918, quienes luego de haber leído el libro "West Patagonien", de Steffen, decidieron encontrar en Aisén una nueva patria. Llevaron hasta allí su tradición textil y crearon una fábrica de alfombras, ya afamada cuando aún no existía la Carretera Austral y a Puyuhuapi se llegaba solamente vía marítima.
En los alrededores de Puyuhuapi hay termas con aguas de 50º C equipadas también para el turismo. Existe también un centro volcánico con conos piroclásticos y capas de lavas basálticas recientes, aunque de modestas dimensiones, con las cuales las termas pueden estar relacionadas.
Según Ricardo Fuenzalida, geólogo que estudió en varias ocasiones la región, existen evidencias de interacción entre los sistemas de fallas y las manifestaciones volcánicas recientes, con una migración a través del tiempo del volcanismo hacia el Este.
Claudio Hopperdietzel llegó con Eliseo Yana en el año 1986 a 8 metros de la cumbre del Cay, volcán de 2090 m todavía activo en el siglo XX, cuyo ascenso había sido ya intentado por Augusto Grosse y que Reichert llama "Mac Cay".
El Cay pertenece a un complejo volcánico situado al Norte de Puerto Aisén, cuya cima más bella e importante es el Volcán Macá que se levanta admirablemente sobre la selva y sobre las oscuras aguas de los fiordos. Si bien no se registran erupciones en períodos históricos, manifestaciones termales a sus pies indican que no está del todo apagado.
El Macá tiene en los mapas una altura de 2.916 m, pero los primeros y los segundos en escalarlos consideran que no supera los 2.400-2.500 m. En mapuche macá significa "lugar maldito" mientras que en tehuelehe macá significa luz encendida. Neumeyer cuenta que en el año 1944 los habitantes lo llamaban "Cerro rayado".
Con José Torres y Darío García, Claudio Hopperdietzel llegó a la cumbre del Macá en diciembre del año 1982. Habian partido desde el Seno Vera subiendo por las laderas Noroeste y Oeste, para luego proseguir a lo largo de la arista hasta los pequeños hongos de hielo de la cumbre, evitando las zonas agrietadas de la ladera Sudeste. Se trató del segundo ascenso a la cima.
El Macá había ya precedentemente llamado la atención de los andinistas, pero su conquista no fue inmediata. Jubilado en 1936 de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires que lo había nombrado profesor honorario, Federico Reichert se dirigió a aquella montaña intrigante que había observado en sus aproximaciones al San Valentin. Se preguntaba:
"¿Cómo será posible llegar hasta esta montaña que se encuentra en una selva de las más tupidas y completamente despoblada, y en un territorio costero al que no se acerca barco alguno?".
Acompañado por dos jóvenes de Reloncaví, hábiles en el manejo del machete y el hacha, Reichert se hizo depositar cerca del litoral pantanoso del Estero Pérez por el vapor que estaba al servicio de Puerto Aisén y los tres alcanzaron la ribera con una lancha. Pero durante 25 días de aquel febrero de 1937 no hubo otra cosa que lluvia y nieve. Si bien alcanzaron a cruzar los pantanos y a abrirse paso en la selva, se vieron obligados a renunciar. Algunos barcos pesqueros vieron las señales de humo y los auxiliaron para llevarlos a Puerto Aisén.
La aproximación elegida por Reichert era poco feliz aún estando situada en los alrededores de las fuentes termales a 450C que hoy son propuestas al turismo y llamadas "Termas del Chilconal" (chilco = fucsia). De hecho en el año 1944 Hermann Hess, René Eggmann y Juan Javier Neumeyer se hicieron llevar por pescadores al primer arroyito que baja del filo de la cresta Oeste-Sur-Oeste del Macá.
Superaron en el día el bosque, que en esta zona no es muy espeso, individualizando la cresta que conduce a la cumbre con leves ondulaciones. Levantaron un campamento en las alturas y luego de dos días de lluvia partieron aprovechando que aclaraba siguiendo el filo de la cresta. Bajaron unos centenares de metros hasta el paso situado a aproximadamente 1.000 m que precede el cono del Macá, y desde allí prosiguieron hacia el filo Sudoeste y Sur, donde aproximadamente a 2.000 m se ataron y calzaron los crampones. El único obstáculo fueron los relieves de una pared de hielo final expuesta al Sur y la cordada llegó a la cumbre el 21 de noviembre. El descenso fue rápido y el primer ascenso concluyó sin problemas.
El tercer ascenso conocido fue el de una expedición femenina chilena que permaneció en la zona desde el 19 de enero hasta el 12 de febrero de 1985 y que eligió una aproximación desde el Este a lo largo del río Macá para proseguir luego a lo largo de la cresta. A la cumbre llegaron Julia Meza, Magaly Campos y Rita Monsalves. Se habían hecho ayudar en la superación de una parte de la selva por un helicóptero de la Policía.
Parece que desde entonces el Macá estuviera durmiendo tanto como volcán o como meta andinística reinando en las alturas sobre las oscuras aguas de los fiordos de Aisén

 



foto
El Volcán Melimoyu resalta mirándolo desde Melinka, pero los leñadores y piratas de la isla no tenían interés en los volcanes del continente.

 

 

 


foto
Es más fácil llegar al hotel llevando su nombre que a pisar sus picachos.

 

 

 


foto
Termas de Puyuhuapi.

 

 

 

 


foto
Claudio Hopperdietzel, explorador de los volcanes de Aisén.

 

 

 


foto
Desde el Cerro Yelcho hacia el Volcán Corcovado.

 

 

 


foto
Aproximándose desde el Sur a la izquierda se levanta el Volcán Macá, a la derecha el Volcán Cay

 

 

 


foto
En su erupción de 1991, el Volcán Hudson levantó el material piroclástico hasta parecer un hongo de bomba atómica. Aquí la documentación de esta erupción explosiva, tomada por un fotógrafo de Coyhaique.

 

 

 


foto
Caracteristicas bolas de ceniza se encontraron pegadas sobre el hielo de los glaciares también 200 km más al Sur del Volcán Hudson, meses después de la erupción de 1991.

 

 

 


foto
Caldera en la cumbre del Volcán Hudson (sobrevuelo septiembre de 1997).

 

 

 


foto
La piedra pómez es livianísima y flota en el agua. Puede llegar muy lejos transportada por vientos y ríos, quedándose en el medio de otras piedras, como aquí en el valle del Rio Eléctrico.

 

 

 


foto
Unos días después de la erupción de 1991, en el valle del Río Ibáñez quedaron tan solo las gallinas entre piedras pómez y cenizas.

 

 

 

 


foto
En el macizo del San Lorenzo, 200 km más al Sur del Volcán Hudson, un nivel negro de ceniza y piedra pámez aparece en la estratigrafia del glaciar. Marca una fecha en la historia de estos hielos: 1991.

 

 


foto
El Volcán Lautaro se levanta en el corazán del Hielo Patagánico Sur y por muchos años su ubicación quedó equivocada y misteriosa. Una expedición argentina al Hielo, dirigida por Emiliano Huerta, quiso dedicar el cerro al héroe araucano Lautaro (1535-1557).

 

 


foto
Elisée Reclus (1830-1905). Este afamado francés creá la Geografía Social yfue un precursor de la ecología. Tenía una visión cooperativa entre la naturaleza y la vida del hombre. Veía los bosques como los pulmones de la Tierra. A pesar de haber sido exiliado por su pensamiento anarquista y pacifista, se lo considera hoy día como el geógrafo más importante del siglo XIX.

 

 

 


foto
Gino Buscaini trajo este dibujo del Cerro Mano del Diablo de una fotografía tomada por Hourcadette, que con su expedición francesa logró subir al dedo "Anular" del cerro en 1987 y pudo comprobar que no se trataba de un volcán. En 1982 otra expedición de Hourcadette había encontrado más al Noreste un cerro con emanaciones de calor, que bautizó Ecrins: este cerro corresponde a la cota 2240 del mapa argentino IGM, donde sin embargo lleva equivocado el nombre de Cerro Cubo (el verdadero Cerro Cubo se halla 6 km más al Este y no lleva nombre ni cota en este mapa). Todavía no está comprobada la geología de este cerro y quién sabe cuantos misterios quedan todavía bajo los Hielos.

 

 

 


foto
El Volcán Burney se levanta sobre la neblina de los canales. Así C. P. Vereker quiso ilustrarlo en los tiempos de goletas y bergantines. El cuadro se publicó en el libro de Shipton "Tierra del Fuego" (1974) y aquí fue dibujado otra vez por Gino Buscaini.

TAMBIEN BAJO EL MAR

Tanto Reichert en el año 1937 como anteriormente Max Junge en el año 1928 habían registrado hundimientos gigantescos sobre los flancos del Macá. Y he aquí lo que reíató a Max Junge, encargado por el gobierno de explorar vías de comunicación en el interior de Chiloé continental, el capitán del "Inca", vapor en el cual se había embarcado.
En el mes de agosto del año 1928 el vapor "Inca", que estaba navegando en el fiordo Aisén, sufrió de repente una fuerte sacudida. El capitán temía encontrarse encallado sobre una de las peligrosas rocas situadas a baja profundidad y mientras los marineros inspeccionaban el fondo de la nave para encontrar rápidamente la eventual avería, sobrevino otra sacudida más potente que hizo añicos casi todo cuanto había a bordo y sembró el terror entre los pasajeros.
En aquel momento uno de los marineros gritó: "¡El mar se está abriendo!" e inmediatamente una enorme oleada, de una altura cercana a los 12 m, se dirigió hacia el vapor. El capitán hizo poner nuevamente en marcha los motores y enfrentó de proa a la terrible oleada. Pasando como una flecha milagrosamente sobre la cresta de la oleada vio que el mar se había abierto y que de él salía una columna de agua y vapor con tremendas explosiones.
Las montañas de los alrededores comenzaron a oscilar y se veían caer en el mar desprendimientos de tierra. Algunas islas se partieron por la mitad y se crearon nuevos canales. Sobre el agua y por doquier flotaban piedras pómez y escorias.
Sobrevinieron otras dos olas del maremoto. El capitán circundó el lugar de la explosión, que aún bullía, pero no le fue posible salvar a los leñadores de una isla que sorprendidos por el maremoto habían buscado refugio sobre los árboles; algunos habían sido ya barridos al mar por las olas y habían desaparecido entre los remolinos.
En Puerto Aisén, lugar al que el vapor llegó incólume con sus pasajeros, por suerte no había habido víctimas. Las casas de troncos estacados habían resistido a los movimientos, pero techos y paredes se habían inclinado y los enseres se habían destruido. Los movimientos se sintieron hasta en Comodoro Rivadavia y las ondas del maremoto llegaron hasta Chiloé.

VOLCÁN HUDSON, 1905 METROS

Al Sur de Puerto Aisén, a lo largo de las fallas en dirección Norte-Sur y sus ramificaciones escalonadas, se registran otras manifestaciones volcánicas menores, entre las cuales se encuentran las pequeñas Termas de Quitralco, nombre que en mapuche significa "agua de fuego".
Al término de la Cordillera de Aisén se levanta aquí el volcán actualmente más activo de toda la Patagonia: el Volcán Hudson. Es hoy una especie de meseta cubierta de hielos desde la cual se ramifican diversos valles, algunos con lenguas glaciales. La gran depresión de la cumbre, de un diámetro de alrededor de 9 km, es interpretada como hundimiento de tipo caldera. El cuerpo del volcán está constituido por rocas basálticas y andesitas que atravesaron las rocas granitoideas subyacentes. Con su nombre este volcán recuerda a Francisco Hudson, teniente de la Marina Chilena que en el año 1857 buscó el paso a través del istmo de Ofqui y publicó el primer mapa de la península de Taitao. No regresó de su segundo viaje de exploración y no se supo más nada ni de él ni de la tripulación de su nave que seguramente naufragó.
Durante el verano de 1988-89, dos australianos oriundos de Sidney entraron desde el valle del Rio Murta, pasaron por la Laguna Ranquehue, sobrepasaron el Cerro Hudson, de 1798 m, y alcanzaron el Volcán Hudson bajando luego a lo largo del Río Frío hasta el Río Ibáñez.
El volcán fue considerado prácticamente apagado dado que no se le conocían erupciones desde por los menos 200 años. Pero entre el 12 y cl 18 de agosto de 1971 el Volcán Hudson entró violentamente en erupción.
Los colonos no hicieron caso a los signos premonitorios: pequeños terremotos en el valle del Rio Huemules y emanaciones particularmente tóxicas del Rio Hediondo, cuyo nombre ya dice bastante, se sucedieron algunos días antes.
Así fueron alcanzados sorpresivamente por la explosión que levantó un hongo de cenizas y fragmentos de materia volcánica hasta 14 km de altura y que en un radio de 150 kilómetros depositó aproximadamente 1 km3 de material piroclástico. El fenómeno se manifestó más impresionantemente a raíz de los estruendos y las descargas eléctricas en el hongo y el viento transportó las cenizas hasta Comodoro Rivadavia sobre la costa atlántica.
El volcán no lanzó lenguas de lava. Lo que costó la vida de 5 colonos y de al menos 500 cabezas de ganado y que destruyó varios asentamientos, fue una desastrosa colada de limo, hielo, piedras y árboles descuajados ("lahar") que descendió a lo largo del surco del ventisquero Huemules, expandiéndose en el valle con una altura de 6 a 8 metros sobre 2 km de ancho, barriéndola a lo largo de 45 km hasta la desembocadura en el Canal Elefantes.
En un sobrevuelo efectuado poco después de la erupción se identificaron centenares de fumarolas al Norte del volcán. En el año 1973 sobrevino otra colada del tipo "lahar" pero sin erupción explosiva. Posteriormente el volcán pareció regresar al sueño eterno y hasta los andinistas que encontraban piedras pómez desparramadas y cenizas aglutinadas sobre los glaciares oscurecidos pensaban que ya jamás volverían a ver otra cosa parecida.
No faltaban señales inquietantes pero en relación incierta con el volcán, como aquella de Antonio Horvath, quien durante el año 1979 contaba acerca de un poblador que se enfermó gravemente sacando muestras de mineral radioactivo en un cañadón frente al Rio Cajón y que otros que usaron el valle de veranada también fallecieron.
Pero ciertamente ninguno esperaba que durante la semana del 18 al 25 de agosto de 1991 se tuviera lugar una erupción gigantesca, comparable a aquellas terribles erupciones de Japón y Filipinas. No causó víctimas humanas sólo por circunstancias fortuitas y por la escasa densidad de la población, pero fue un verdadero desastre para los habitantes de amplia parte de la Patagonia chilena y sobretodo argentina.
Se estima que el material piroclástíco levantado por la erupción hasta 17 ó 18 km de altura haya sido de 8,8 km3, transportado por el viento sobre toda la provincia de Santa Cruz hasta el Atlántico. Villa Cerro Castillo, Los Antiguos y Chile Chico se encontraron cubiertos por varios decimetros de material. Aire enturbiado por las cenizas volcánicas hizo insalubre durante muchos meses la vida en Perito Moreno, ComodoroRivadavia, Puerto Deseado y San Julián. En el valle del Rio Ibáñez fueron sepultados algunos fundos y otros fueron abandonados. Gran cantidad de ovinos murieron por la falta de agua y alimento.
¿Dormirá ahora por mucho tiempo el Volcán Hudson? Observado durante un sobrevuelo el 11 de septiembre de 1997, el centro de la caldera presentaba una zona subcircular con grietas y rayas negras; en el valle del Río Huemules el ventisquero estaba señalado en las alturas por grietas y por otras zonas con rayas negras.
Sólo la pequeña zona de seracs que desborda hacia el Este mostraba la ausencia de rayas de probable material piroclástico. Seguramente el volcán no está todavía apagado pero no sabemos ciertamente cuáles son sus intenciones.
Los investigadores de volcanologia Hernán Escobar, Philippe Gitton y Pierre Leasy llegaron a la caldera por el cauce del Río Cajón y Rio Frío el 15 de febrero de 1998. Encontraron rocas granitoideas hasta unos 150 m bajo el borde de la caldera y de los dos cráteres había uno con vapores todavia.

CORDILLERA MAGALLANES

En la región ocupada por el Hielo Patagónico Norte no se con stataron fenómenos volcánicos, a excepción de una pequeña formación en forma de cono indicada sobre fotografias aéreas por el glaciólogo Luis Lliboutry.
Más allá del curso del gran Rio Baker se extiende el Hielo Patagónico Sur cuyas lenguas australes llegan casi hasta Puerto Natales. El vulcanismo reciente en relación al Hielo Sur fue durante mucho tiempo un misterio y puede aún presentarnos sorpresas.
Los centros volcánicos aún activos hipotetizados por quienes habían percibido erupciones en tiempos históricos fueron descubiertos sobre el terreno sólo después de decenios. Las investigaciones sobre este vulcanismo se vinculan a la exploración andinistica de los lugares. Se ocuparon de este tema muy especialmente Federico Reichert y Eric Shipton, mientras que Luis Lliboutry le dio impulso a una investigación sistemática y Mateo Martinic cuidó la reconstrucción histórica de las investigaciones.

VOLCÁN LAUTARO

Las primeras observaciones concretas de erupciones de las cuales se tuvo noticias históricas provienen de los navegantes que recorrían los canales del Pacífico. En el año 1876, en el Canal Messier, Lord Thomas Brassey vio una nube de cenizas que salía de la cordillera, próxima a los 48º50' Sur. En el año 1878 oficiales de una nave norteamericana hicieron la misma observación: quisieron llamar "Humboldt" al desconocido volcán.
En el año 1933, Federico Reichert, Arturo Donat, Juan Neumeyer e Ilse Von Rentzell habían alcanzado el Hielo Sur remontando el Glaciar O'Higgins desde el Brazo Sur del Lago San Martin-O'Higgins. En un desgarro de nubes, Reichert observó una montaña con forma de cono, de una altura aproximada de 3000 m, de la cual salían chorros de vapor. Químico y naturalista, Reichert estaba convencido de estar ante la presencia de un volcán, pero la noticia no fue difundida más allá de los círculos andinísticos.
Sin indagar acerca de su naturaleza y sin siquiera imaginar que podría tratarse del ya bautizado por los navegantes "Volcán Humboldt", la montaña fue llamada por la expedición argentina que se encaminó sobre el Hielo a través del Paso Marconi en el año 1952 "Cerro Lautaro".
Lliboutry, examinando fotografías aéreas, creyó reconocer un cráter sobre un gran afloramiento rocoso en la alta cuenca del glaciar Viedma y lo denominó "Volcán Viedma", pensando haber resuelto el misterio de aquellas erupciones observadas no solamente por los navegantes sino también por los colonos de la región del lago San Martín. El Volcán Viedma fue entonces acogido en el registro de los volcanes del mundo sin que ninguno lo hubiera tocado.
En el año 1959, con Jeoff Bratt y John Mercer, Eric Shipton decidió llegar al Volcán Viedma a través del valle del Rio Túnel y del Paso del Viento. Cuando llegó al afloramiento señalado descubrió que se trataba de rocas sedimentarias y metamórficas que dispuestas en forma de anfiteatro en una profunda depresión habían engañado a Lliboutry.
Pero las piedras pómez desparramadas abundantemente en los alrededores indicaban la presencia de un volcán. Shipton organizó una segunda expedición en el verano de 1959-1960 con J. Ewer, P. Miles y P. Bruchhausen. Ewer, un británico que enseñaba en Santiago, observando las fotografias aéreas notó que sobre las imágenes de la cadena montañosa llamada por De Agostiní "Cordón Pío XI" se veían claramente huellas de actividad volcánica cerca de la cima más elevada. La posición correspondía a aquella del "cono volcánico" señalado por Reíchert y a la del Cerro Lautaro.
Shipton no supo sin embargo que el 28 de diciembre de 1959 el comandante de un avión de línea en vuelo hacia Punta Arenas había descubierto maravillado un volcán en erupción a 490 Sur. Pero también él, que había llegado al Brazo Sur del Lago San Martin-O'Higgins, vio una gigantesca columna de vapores que se elevaba sobre las montañas. Después de una aproximación que duró una semana notó que la ladera de la montaña más alta del "Cordón Pío XI", el Cerro Lautaro, estaba marcada sobre su cumbre por una fisura negra de la cual salía un chorro constante de vapor.
El día siguiente asistió a la erupción de cenizas que ennegrecieron una vasta extensión de glaciares. Posteriormente una serie de contratiempos, entre los cuales el no funcionamiento de todos los calentadores, lo obligaron a retornar.
El primer ascenso al Volcán Lautaro lo hicieron en el año 1964 Pedro Skvarca y Luciano Pera quienes confirmaron las emisiones volcánicas. Durante el año 1973 llevó a cabo el segundo ascenso la expedición británica de Leo Dickinson que detectó cinco fisuras esculpidas en la cumbre que emanaban gas sulfuroso mientras el hielo que se encontraba bajo sus pies se convertía en fango caliente. Luego de dos días los mismos subieron una montaña situada a 10 millas más al Norte que para asombro de ellos emanaba también chorros de vapor y que bautizaron Cerro Mimosa. El nombre no se relaciona con la naturaleza volcánica del monte pero es el de la nave que llevó a la Patagonia a los colonos galeses.
Nosotros mismos hemos observado, en el año 1995, vapores que salían de la cresta Sudoeste del Lautaro un poco por debajo de la cumbre. Andinistas franceses relatan lo mismo en 1998. El volcán no está apagado y no se puede desechar que se deban a él no solamente las piedras pómez dispersas sino también los inesperados avances de glaciar que se verificaron en el pasado. Fenómenos de "surge" por efecto de su calor podrían haber causado en varias ocasiones el avance anómalo del Glaciar Pío XI que provocó el anegamiento del valle del Río Greve que se encuentra hoy ocupado por un gran lago. Ya en el año 1925 un inesperado avance de este glaciar causó la precipitada fuga del colono que se había asentado en el Seno Eyre el año anterior.

MANO DEL DIABLO

Al Sur del Volcán Lautaro, sobre la costa Noroeste del fiordoPeel, existe otro gran volcán. Se llama "Aguilera ", tiene una altura de 2.545 m y fue bautizado por el Padre De Agostini quien lo divisó desde el Cerro Mayo, en memoria de Abraham Aguilera, primer vicario apostólico de Punta Arenas, muerto en Ancud en el año 1933.
De Agostini sin embargo no sabía que se trataba de un estrato-volcán. La verdadera naturaleza del Cerro Aguilera fue reconocida recién por la expedición científica chileno-británica que intentó ascenderlo en el año 1985.
Todavía más hacia el Sur, cerca del 510 paralelo y en el año 1879, los marineros de la corbeta británica "Alert" registraron una erupción proveniente de un monte vecino a la costa. Quisieron dedicar el volcán al geógrafo francés Elisée Reclus (1830-1905). Reclus se estaba convirtiendo en una celebridad por su gran obra, "Géographie Universelle", escrita entre los años 1875 y 1894, pero era ya conocido también por su compromiso político en campo anárquico y finalmente escribió la obra durante el exilio.
El volcán dedicado a Reclus quedó indicado en los mapas náuticos. El geólogo Perry Quensel, de la expedición sueca a la Patagonia y a Tierra del Fuego llevada a cabo entre los años 1907 y 1909, luego de haber encontrado huellas de actividad volcánica sobre las morenas del Glaciar Amalia, consideró sin embargo que el volcán correspondía al Cerro Mano del Diablo. El Cerro Mano del Diablo, con sus cinco puntas negras alineadas y su aspecto amenazante, fue bautizado de esta forma por los navegantes que se valían de él como referencia en los canales. Lo había advertido en el año 1908 también el botánico Skottsberg de la expedición sueca, y al haberlo definido como "cerro de andesitas" la relación entre Reclus y Mano del Diablo pareció ser geográficamente correcta y no solamente una particular coincidencia de una trasposición de las ideas de Reclus sobre un cerro diabólico.
Reclus sin embargo no era el Diablo. Cuando en el año 1987 el Cerro Mano del Diablo fue escalado por la expedición francesa de Jean-Louis Hourcadette que logró llegar a su "Anular", el cerro reveló no ser un volcán.
Sus negros dedos están constituidos por rocas sedimentarias enderezadas, con intrusiones solapadas da granitoideos probablemente del terciario.
Así el Volcán Reclus se recluyó nuevamente en el misterio. Pero por poco tiempo. Durante el mismo año 1987, el geólogo chileno Salvador Harambour descubrió el verdadero Reclus al Sur del Glaciar Amalia, 10 kilómetros al Noreste del Cerro Mano del Diablo. Su cono piroclástico se levanta aproximadamente 600 m sobre el glaciar pero permanece por debajo de las cimas que encierran al mismo y se torna entonces poco evidente. Sus lavas son de composición dacitica (calco-alcalina) y las capas de lava solidificada, casi horizontales a su base, testimonian también una actividad más antigua del volcán, quizás desarrollada antes o durante los períodos glaciales.
Harambour quiso dejarle al volcán el nombre atribuido otrora. Después de todo Elisée Reclus fomentaba una integración entre la geografia, la naturaleza, la cultura y la historia de los pueblos: en este sentido no perdió vigencia y su recuerdo puede ser autóctono también en estas tierras.
Desde un punto de vista estrictamente científico será aún necesaria una última confirmación que establezca las fechas aptas para confirmar que el origen de la erupción observada durante el año 1879 haya sido justamente el Volcán Reclus, pero hoy el misterio se puede considerar revelado.
A la expedición de Hourcadette se le había escapado por poco la clarificación de este misterio y los andinistas franceses se disgustaron por ello. Pero en ocasión de una travesía sobre el Hielo Patagónico Sur durante el año 1982, Hourcadette se había enfrentado ya con otro misterio: subiendo una montaña situada un poco más al Noreste pero en el interior del Hielo, de una altura de 2330 m y por él bautizada con el nombre de "Ecrins", un compañero había notado, un poco más abajo de la cumbre, una cavidad libre de hielo de la cual salía un flujo de calor.

VOLCÁN BURNEY, 1913 METROS

En los mapas se encuentra indicado como "Monte Burney" ~si bien la naturaleza volcánica de esta montaña sea conocida desde hace tiempo y su última erupción date del año 1910. Se trata de un estrato-volcán situado en la parte Sudoeste de la gran península Muñoz Gamero cuyas rocas predominantes son andesiticas y dacíticas a anfibolitas.
Con él termina el alineamiento hoy conocido de los volcanes de la Cordillera de Magallanes, y sus eventuales relaciones con otro volcán misterioso ubicado sobre las islas de Tierra del Fuego quedan todavía por indagar.
El Burney es el volcán menos evasivo de la Cordillera Austral. Se encuentra reportado sobre los borradores que el teniente Skyring efectuó durante la exploración del Canal Smith y según Shipton fue él quien le atribuyó el nombre del Almirante Burney. No fue sin embargo digno de ulterior atención por parte de los muchos que navegaron posteriormente a lo largo del trayecto desde Puerto Natales a Punta Arenas amén de la atención del capitán que señaló su erupción en el año 1910.
Fue Eric Shipton quien lo tomó en cuenta con ojos de andinista. Partió en el año 1962, para una primera exploración, con el joven geólogo chileno Cedomir Marangunic, quien a pesar de haber vivido su adolescencia en Punta Arenas no sabía nada del volcán. Llegaron por la orilla norte del Seno Skyring valiéndose de un gomón "Zodiac" hasta el legendario "Paso del Indio", istmo que conecta la península Muñoz Gamero. En este "paso", donde se decía que los Alacaluf transitaban cargando en sus espaldas las canoas, ellos encontraron justamente huellas indígenas recientes.
A causa de un dificultoso terreno no llegaron ni siquiera a los pies del volcán y disponiendo de poco tiempo regresaron luego de apenas 8 días. Por otra parte, en vez del cono volcánico regular que esperaban, vieron un macizo articulado con crestas y agujas, cubierto por glaciares, dominado por un aguzado diente blanco. Además esta larga aproximación desde el Sudoeste, si bien atraviesa singulares cuencas casi idílicas, se encuentra luego cortada por un profundo fiordo.
Marangunic interpretó la gran llanura como resultado de antiguos depósitos volcánicos y sobre las terrazas se encontraron piedras pómez desparramadas que parecían bastante recientes. Ya que ninguno de los otros relieves parecía de origen volcánico, el Burney tenía que haber desarrollado en el pasado una actividad notable y esta suposición parece hoy acorde también con las investigaciones paleoetnológicas recientes que se refieren a los depósitos volcánicos transportados por el viento sobre el continente y sobre Tierra del Fuego.
Shipton regresó en el año 1963 con John Earle y Jack Ewer. Si bien era consciente de las dificultades de aproximación por el lado Sudoeste, había quedado fascinado por los lugares de la península Muñoz Gamero y decidió atravesarla nuevamente para explorarla mejor.
Partiendo desde la estancia Skyring con un gomón "Zodiac" y un buen motor fuera de borda "Evinrude" llegaron al "Paso del Indio".
No encontraron ya las huellas de los Alacaluf del año precedente; el acarreo del gomón fue penoso y el trayecto a través de los lagos y pantanos hasta las boscosas pendientes al Sudeste del Burney resultó muy largo y cansador. Durante el mal tiempo exploraron la región colindante y finalmente llegaron al circo glacial Sudeste del Burney, bajo una gran pared de hielo.
Fascinado por los lugares pero también decidido a no dejarse escapar la conquista deportiva, Shipton intentó nuevamente años después. Con Peter Radcliffe y Roger Perry, con la mira puesta en la cumbre más que en la exploración y ayudado para la aproximación por la Marina Chilena, estableció un primer campamento a una altura de 600 m sobre la cresta Oeste del volcán, y luego en una gruta de hielo a una altura de 900 m. Sobre la cresta del volcán se erguían numerosas agujas cubiertas de hielo derretido por la lluvia. Llegaron a la cumbre el 10 de marzo de 1973. Era un día de buen tiempo, con vista espléndida sobre los cerros de la Cordillera Sarmiento y sobre las Torres del Paine. En el descenso exploraron también el glaciar Norte que mostraba signos de avance reciente en los bosques, y llegaron hasta el litoral en el histórico punto que Sarmiento de Gamboa había bautizado "Ancón sin Salida" durante su búsqueda de un paso alternativo al Estrecho de Magallanes.
Una vez de regreso al campamento se encontraron con que faltaban gran parte de los víveres que habían sido la alegría de los zorros. Una breve señal de humo advirtió a la Marina Chilena que había terminado la expedición y durante un claro un helicóptero los transportó nuevamente a la nave.
Eric Shipton (1907-1977) concluyó de esta forma con la conquista del Volcán Burney el ciclo de sus exploraciones patagónicas en las cuales los volcanes habían tenido gran protagonismo. Fue también la última gran cima de su vida ya que moriría poco tiempo después en aquel mismo año 1977 cuando desapareció para siempre en los tempestuosos mares del sur Harold William Tilman, su amigo y que tan apasionado como él era por las Tierras Australes.

 
© Tecpetrol 2000
Carlos M. Della Paolera 299 piso 20 (C1001ADA) Buenos Aires - Argentina
Teléfono (54-11) 4018-5900 - Fax (54-11) 4018-5939