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Volcanes Australes

Capas de cenizas y pómez son los testigos de las erupciones volcánicas
del pasado (Carretera Austral, Laguna Cofré).

Esta cartografía es ilustrativa, y no presenta una perfecta señalización
de límites fronterizos.
Los que realmente corresponden son los que figuran en el Mapa Físico-Político
oficial del Instituto Geográfico Militar de la Argentina.

Los cazadores prehistóricos de la Patagonia buscaban rocas volcánicas
para tallar las puntas de sus flechas. Se las pueden encontrar perdidas
desde entonces en muchos lugares, a veces sepultadas entre las cenizas.

El Cerro Negro cerca del Lago Cardiel está formado por basaltos
de antiguos complejos volcánicos. Las características columnas prismáticas
son hermosas pero muy inestables y peligrosas para los escaladores.

En la cumbre del Volcán Villarrica se abre un cráter profundo siempre
humeando. El volcán ahora se queda tan solo dormido y nunca se sabe
cuando tendrá ganas de despertar otra vez.

Como un símbolo de esta ciudad marinera, el Volcán Osorno se levanta
majestuoso al Este de Puerto Montt.

Activo todavía, el Volcán Villarrica es uno de los mas conocidos
y visitados por los montañistas. Con mucho cuidado se puede hasta
caminar sobre el borde del cráter.

A pesar de su perfil atractivo para los andinistas, el Volcán Puntiagudo
tiene roca muy rota y peligrosa. Se encuentra cerca del Lago Todos
los Santos y su primer ascenso en 1937 se acabó con una tragedia.

El Volcán Lanín es el más alto de este sector cordillerano de la
Patagonia y está apagado. Su ladera Este se levanta arriba de los
bosques de Paso Tromen y por ella pasa el camino más fácil para
llegara su cumbre. De todos modos por su altura y glaciares, quienes
suben necesitan equipo adecuado.

Desde Reñihue, en el sector Palena, el Volcán Michinmáhuida sobresale
la selva tupida. No se excluye que fuera ascendido ya por indígenas
antes del primer ascenso en 1953 relatado por unos montañistas de
Valparaíso.

El Volcán Michinmáhuida desde el Parque Pumalín, instituido por
Doug Tompkins para la conservación del bosque nativo.

Cerca de Puerto Aisén, el Volcán Macá tiene todo el año su casquete
de nieve y hielo. Aquí en la primavera, desde el Sur-Este.

"hermosa araucaria de los australes montes, torre de Chile,
punta del territorio verde..." Pablo Neruda. En Chile la Araucaria
fue declarada Monumento Nacional el 19 de marzo de 1990, prohibiéndose
su corta en todo el territorio. Aquí en el invierno de su lugar
nativo, cerca del Volcán Lanín.

Desde la playa encantadora del puerto Raúl Marín Balmaceda aparece
a lo lejos el Volcán Melimoyu. A pesar de unas tentativas de ascenso,
la última por Doug Tompkins y Peter Cacho Adenalis, este volcán
va a llegar al año 2000 sin pie del hombre pisando sus picachos
cumbreros.
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Cuaderno 15
Volcanes Australes
PRESENTACIÓN
Con el correr de los siglos la Patagonia fue desvelando sus aspectos
a menudo misteriosos sin perder sus atractivos, Y aún hoy continúa
prodigando emociones. Se reserva todavía algunas incógnitas para
el siglo XXI, no solamente aquellas vinculadas con la dinámica de
la ecología y con los asen tamientos humanos: algún blanco en el
conocimiento concreto de la tierra persiste aún en la época de las
imágenes satelitales.
Pero los aspectos que continuarán siendo siempre un misterio son
los vinculados a la naturaleza más íntima, escondida e imprevisible.
Son los elementos de una región cuyas vísceras se encuentran en
continuo tormento geológico y que dan origen a un evasivo vulcanismo
que nos revela su pasado pero del cual no podemos prever el futuro.
Aún cuando llegue el día en que la Patagonia no tenga ya ningún
rincón inexplorado y todas sus montañas hayan sido conocidas y escaladas,
sus volcanes seguirán ofreciendo un estimulo para las investigaciones
y seguirán recordándole al hombre su propia fragilidad y pequeñez.
Silvia Metzeltin y Gino Buscaini
MISTERIOS Y CONFUSIONES
La Patagonia es rica en formas naturales, lagos y relieves que
llevan el nombre de "volcán". Paradójicamente muchas de
estas formas no son ni siquiera de origen volcánico, mientras que
recientes edificios de verdaderos volcanes son denominados genéricamente
"cerros", o tal vez "mount", en inglés.
Existen entonces volcanes verdaderos y volcanes falsos. Entre los
falsos figuran incluso el Fitz Roy, el antiguo Chaltén de los Tehuelches,
y el San Valentín, la montaña más elevada de la Patagonia Austral,
los que durante mucho tiempo fueron considerados volcanes, quizás
a raíz de los penachos de nubes que muy a menudo traen consigo y
que parecen ser humo. Además no todos los volcanes se encuentran
señalados en los mapas. Existen algunos casual y recientemente identificados
y cada tanto se sabe de algún andinista que descubre un chorro de
vapor fundiéndole el hielo bajo los crampones. Esto sucede especialmente
en la Patagonia Austral, al Sur de la latitud de Bariloche y Puerto
Montt.
EL CONTEXTO GEOLÓGICO DE LOS MISTERIOS
El volcanismo de los Andes está vinculado con el alzamiento de
la Cordillera. Ha sido intenso desde hace aproximadamente 180 millones
de años atrás (Jurásico) y perdura aún hoy. A lo largo de la costa
del océano Pacífico se extiende una profunda fosa donde la corteza
oceánica constituida por rocas más pesadas se ensarta por debajo
de la corteza del continente, de por sí más liviana. A lo largo
de su plano de inmersión (plano de Benioff) se encuentran dispuestos
los epicentros de los terremotos y la cadena de los Andes halla
su origen en la unión de masas magmáticas derivadas de la fusión
de las cortezas en la profundidad.
Las rocas magmáticas consolidadas bajo la superficie terrestre dieron
origen a los grandes batolitos graníticos en los cuales, luego del
alzamiento, la erosión esculpió obeliscos como el Fitz Roy, el Cerro
Torre y las Torres del Paine. Cuando en cambio las rocas fusionadas
encontraron vías de salida sobre la superficie dieron lugar a los
volcanes, a menudo a lo largo de fracturas o fallas, y por esta
razón los encontramos generalmente alineados.
Naturalmente este cuadro general posee muchas variantes. La corteza
oceánica del Pacífico no es una sola placa sino que está subdividida
en varias placas que se mueven a diversas velocidades y por ello
el choque de las mismas con el continente y la inmersión de ellas
por debajo del mismo se registran con modalidades diferentes. Especialmente
en las cercanías de la península de Taitao existe un cambio en la
estructura de los abismos oceánicos: aquí la placa oceánica de Nazca,
al Norte, está separada de la Antártica, al Sur, por una línea divisoria
expansiva que segmenta oblicuamente la fosa oceánica. Se creó de
esta manera un encuentro entre tres placas (dos oceánicas y una
continental) al cual se lo conoce como "punto triple de Taitao".
Al Norte de este punto la inmersión de la placa bajo el continente
es más veloz que la inmersión que se registra al Sur; 5-10 cm al
año contra 0,3 cm al año. Se llega así a un cambio en los caracteres
petroquímicos del vulcanismo y al Sur se registran menores erupciones
y menor sismicidad. Así es que a fin de estudiar los volcanes de
la Cordillera la Patagonia se subdivide en tres regiones: la clásica,
que desde los 39º Sur llega a la latitud de Puerto Montt-Bariloche,
la Cordillera de Aisén, que llega al "punto triple de
Taitao" y por ende más o menos hasta el Hielo Patagónico Norte,
y la Cordillera de Magallanes, que desde el "punto triple"
llega hasta el estrecho homónimo.
Todo esto se sabe desde hace pocos años. Pero fueron los habitantes
de la Patagonia quienes tuvieron que contar con las erupciones volcánicas
y los terremotos a ellas asociados desde el primer asentamiento
en estas tierras.
Algunos períodos culturales prehistóricos fueron correlacionados
por los paleoetnólogos según la posición de los hallazgos con relación
a los niveles de las cenizas volcánicas ("tefra") que
cubrieron al menos cuatro veces gran parte de la Patagonia y se
encuentran bien conservadas en las turberas y en la estratigrafia
de las excavaciones.
Entre las dotaciones de referencia más importantes se encuentran
las de las cenizas del Volcán Reclus (12480 a.C. en Tierra del Fuego
y 10300 en las cercanías de Puerto Natales) y las más antiguas del
Volcán Burney (7920 a.C.). En las cercanías de los lagos Fontana,
Buenos Aires, San Martín y Argentino, niveles de cenizas importantes
para la paleoetnologia datan de 9000, 6600, 4500 y 2000 a 3000 años
atrás.
Los habitantes de la Patagonia prehistórica habían ocupado también
el campo volcánico de Pali Aike, entre Río Gallegos y Punta Arenas,
situado bien al Sur de las grandes expansiones basálticas que forman
los sombreros de las mesetas sobre el lado oriental de la Cordillera.
En esta zona, que hoy invita a los turistas a admirar su característica
morfología de conitos, lenguas de lava y cráteres de explosión,
vivía entre una y otra manifestación volcánica "el hombre de
Pali Aike", cuya presencia se remonta a 6.700 años atrás.
Trabajando las rocas volcánicas -andesitas, basálticas y sobre todo
obsidianas- los habitantes prehistóricos habían creado los utensilios
cuyas esquirlas de elaboración se pueden reconocer aún hoy en el
lugar: elegantes puntas de flecha, rasquetas, azuelas.
VOLCANES DE LA ARAUCANÍA
Si bien en la Cordillera existen testimonios de volcanes de edades
geológicas más antiguas nosotros queremos considerar aquí los fenómenos
más recientes, aquellos que justamente acompañaron la historia del
hombre y los volcanes que, apagados o en reposo, están presentes
como tales en el paisaje o en las manifestaciones.
En la Araucanía, la región que en Chile se sitúa al Sur del curso
del Bío-Bío (desde el año 1640 frontera entre el hispano y el mapuche)
la Cordillera alinea grandes conos cubiertos de nieve y de hielo.
La región se llama oficialmente "de los Lagos", pero son
los volcanes los que caracterizan su ambiente. Por sus erupciones
y los terremotos vinculados al vulcanismo ellos influyeron sobre
la vida de los habitantes, y más aún dado que son vecinos de grandes
ciudades como Temuco, Valdivia, Osorno y Puerto Montt.
Cuando resulta difícil explicar los fenómenos naturales aparecen
las leyendas para interpretarlos. Simple es aquella de hacer habitar
a los espíritus del mal en el interior de los volcanes, ya que el
bien que pueden ocasionar, por ejemplo aportando fertilidad a los
terrenos, no se manifiesta con tanta evidencia.
Más original es la leyenda según la cual las mujeres araucanas,
cuando se les faltaba el respeto, tapaban el conducto del volcán
Anticuó, cerrándole así la válvula de escape y causando la erupción
de volcanes vecinos.
¿Por qué no relacionar la leyenda con un episodio desconcertante
pero real? En el año 1960 la notable cantautora Violeta Parra, quien
paradójicamente es recordada en todas partes por su comprometida
canción "Gracias a la Vida" habiéndose quitado ella misma
más tarde la propia, se encontraba de gira en Puerto Montt. Quizás
para desahogar la desilusión ocasionada por un recibimiento demasiado
indiferente, se presentó en la Oficina de Correos y Telégrafos para
despachar un telegrama con el siguiente texto: "Oye Dios: ¿por
qué no me mandas un terremoto?". El director, muy embarazado,
terminó aceptándolo aunque sin solicitarle dinero y diciéndole que
lo pagaría el destinatario. Eran las 13 horas del 22 de mayo de
1960 y dos horas después comenzaron los sacudones, con epicentro
al Noroeste del Lago Llanquihue, que con las erupciones y los maremotos
asociados causaron daños tremendos y más de 10.000 víctimas.
LOS VOLCANES DE LOS ANDINISTAS
Sobre los grandes volcanes tuvo inicio la exploración andinística
de la Cordillera patagónica. Algunos figuran actualmente entre los
más visitados por turistas, esquiadores y andinistas. Centros de
esquí fueron equipados en las laderas de los volcanes Antuco, Lonquimay,
Llaima, Villarrica y Osorno. Llaima y Villarrica figuran entre los
más activos de todo Chile.
Sus ascensos se consideran hoy técnicamente modestos pero requieren
experiencia y voluntad de esfuerzo, cosas que se compensan con la
excepcional estética del ambiente. Su significado histórico es sin
embargo importante.
Podemos recordar aquí que en el año 1829 Eduard Poeppig (1798-1868),
considerado un maestro de las descripciones naturalistas de los
Andes, llegó a la cima del cono casi geométricamente perfecto del
Volcán Antuco (2879 m). A Poeppig le fue dedicada la roja
"Flor de la cascada" (Ourisia poeppigli) difundida
en toda la Patagonia.
Más hacia el Sur se levanta el Llaima (3124 m) que para su
ascenso requiere piqueta y crampones y que luego de haber dormido
durante 37 años se volvió a despertar con una tremenda erupción
en el año 1994. El Villarrica, de 2840 m, activo con fumarolas,
se puede ascender sin dificultades, muy a menudo con nieve aún al
inicio del verano. Vinculado al Villarrica pero apagado se encuentra
el Volcán Lanín, de 3374 m, sobre la frontera entre Chile
y Argentina, ascendido ya por Rodolfo Hauthal en el año 1897, pero
aún notable meta andinística que puede resultar muy severa según
las estaciones y a raíz de los residuos de glaciares que alberga.
Aún el ascenso al bellísimo Volcán Osorno, llamado "Fuji-Yama
de Puerto Montt", no debe ser subestimado a pesar de su aparente
simplicidad. Ascendido por primera vez en el año 1848 por Jean Renous,
oriundo de Osorno, resultó fatal para más de un andinista moderno,
y entre ellos, en el año 1981, también para el conocido alemán Günther
Hauser, quien con Hans Tiere fue encontrado muerto congelado cerca
de una grieta.
El esquí-andinismo fue introducido en estos volcanes particularmente
por Otto Meiling de Bariloche, quien entre los años 1936 y 1939
ascendió con los esquíes el Llaima, el Villarrica, el Lanín y el
Osorno. Hoy estos volcanes se transformaron en codiciadas metas
esquí-andinistas.
El "padre del andinismo argentino", Federico Reichert
(1878-1953), ascendió el Osorno cuatro veces entre los años 1911
y 1916, y luego una vez más en el año 1938. Además de las intenciones
andinísticas tenía también intenciones científicas: recogía muestras
de rocas y de agua, medía la radioactividad de los manantiales y,
para considerar al menos someramente la presencia de gas en los
vapores, llevaba consigo muchas veces papelitos tornasolados. Ascendió
también el Volcán Calbuco, "cono pérfido" a pesar
del nombre que en mapuche significa "agua azul", precedido
en el año 1848 por Jean Renous y en el año 1896 por Seemann, pastor
evangélico de Puerto Montt. Las erupciones del Calbuco fueron diversas:
Reichert lo definió "siempre en un estado algo agitado"
y ya el explorador más importante de la Patagonia Occidental, Hans
Steffen (1865-1936) lo vio "en llamas" en su viaje del
año 1893 al Río Palena.
El más comprometedor en sentido andinístico entre los volcanes de
este sector de la Patagonia es el Puntiagudo, de 2220 m.
Es llamado "El Cervino Chileno" aún cuando Reichert lo
definió como "modelo de volcán en ruinas". Reichert intentó
ascenderlo tres veces. La primera vez, en el año 1912, renunció
luego de haber llegado a la base de las rocas muy rotas del elegante
pero engañoso obelisco somital. Intentó luego otras dos veces por
otras laderas, una con Erckert y una con Ilse Von Rentzell. El primer
ascenso fue llevado a cabo recién en el año 1937 por Hermann Hess
y Rodolfo Roth, de tan sólo dieciséis años. Lo escalaron por el
lado Sur, pero luego resbalaron cuesta abajo, se les rompió la cuerda
y se salvó sólo Hess; el cuerpo de Roth fue encontrado recién un
año después.
En el año 1945 se verificó un segundo ascenso a lo largo de la cresta
Norte, llevado a cabo por Ernst Hoffmann con dos compañeros; a partir
de esa fecha se registran solamente otros tres ascensos hasta el
año 1964.
CORDILLERA DE AISÉN
"Nunca con tanto estorbo a los humanos
quiso impedir el paso la Natura
y que así de los cielos soberanos
los árboles midiesen la altura;
ni entre tantos peñascos y pantanos
mezcló tanta maleza y espesura
como en este camino defendido
de zarzas, breñas y árboles tejido ".
Estos versos pertenecen al canto XXXV del poema "La Araucana",
obra del poeta madrileño Alonso de Ercilla (1533-1594), que acompañaba
a la expedición de García Hurtado de Mendoza que había partido desde
Villarrica en el año 1558 para conquistar Chiloé.
Pasaron casi cinco siglos y la naturaleza no cambió mucho. Ni siquiera
la construcción de la Carretera Austral, que originó la apertura
del tránsito para los vehículos hacia el Sur de Puerto Montt y conectó
por tierra los principales asentamientos, provocó hasta este momento
cambios en el ambiente. Las exploraciones históricas fueron conducidas
a lo largo de los cursos de los ríos y la mayor parte de las montañas
es innominada y desconocida. Así también los volcanes, aunque algunos
parezcan soberbios y emerjan con sus casquetes de nieve y de hielo
desde los verdes e impenetrables bosques pluviales ante la vista
de quienes navegan a lo largo de los canales del Pacifico.
Los españoles habían llamado "Trapananda" a esta región
situada entre Puerto Montt y Puerto Aisén, que por otra parte, y
dadas las dificultades adversas del mismo ambiente natural, conocían
esencialmente desde el océano; y es este nombre el que figura en
muchos documentos de la época. Pero ya durante las exploraciones
tierra adentro conducidas por el Almirante Simpson en el año 1870
el nombre había caído casi en el olvido y era recordado sólo por
los ancianos. Luego fue introducido el apelativo de "Chiloé
Continental" dado que desde la isla de Chiloé venían quienes
llegaban hasta el litoral. Y esta denominación si que perduró.
LA LEGENDARIA CIUDAD DE LOS CÉSARES
Los conquistadores españoles no estaban interesados en los volcanes
pero sí en sus posibles riquezas. Tenían desde el principio la ilusión
de un "País Dorado", un reino oculto a los pies de la
Cordillera, pero el curioso mito de la Ciudad de los Césares se
propagó recién muchos años después de la conquista.
En el kilómetro 175 la Carretera Austral, más allá de Chaitén hacia
el Sur, atraviesa el "Río Césares". Y es lo que queda
del mito que intrigó durante siglos a aventureros y gobernantes.
No se conoce el lugar preciso en el cual buscar a la fantasmal ciudad,
pero las pocas indicaciones y el hecho de tener que encontrarse
en un lugar difícilmente accesible la colocó en la Trapananda.
Como para todos los mitos hay un punto de partida. Se dice que en
uno de los encuentros entre indígenas y españoles aparecieron improvistamente
de la selva hombres blancos que hablaban español, armados como en
los tiempos de la conquista. Ayudaron a los españoles y luego desaparecieron
nuevamente en la selva sin dejar huellas. Fueron los indígenas quienes
dijeron que tierra adentro había una ciudad mitad indígena mitad
española llamada "Ciudad de los Césares".
Existe también una narración según la cual dos soldados españoles
contaron en el año 1563 que los sobrevivientes de un naufragio de
las naves del Obispo de Plasencia se habrían refugiado y más tarde
establecido tierra adentro. Durante los siglos XVII y XVIII llegaron
expediciones españolas con la intención de dar con la mítica ciudad
e incluso el jesuita José García Alsué se trasladó hacia el Sur
del Río Palena para encontrarla pero no descubrió la ciudad sino
el fiordo Aisén.
Amén de todo esto la "Ciudad de los Césares" no fue jamás
encontrada pero continúa alimentando la fantasía de los escritores.
YATES, 2134 METROS, O QUIZÁS 2411 METROS
El bello perfil de este volcán apagado se destaca sobre el golfo
de Reloncaví y su nombre recuerda a un hábil marinero, verdadero
lobo de mar, quien ya se había encontrado con Fitz Roy en el año
1835 y que luego ayudaría al Almirante Simpson en la exploración
de los canales. Pero poco se sabía de él antes de que en el año
1915 arribara a estos lugares Federico Reichert, acompañado por
Guillermo Wagner. Habían partido desde la bahía de Cayutué, trasladándose
a caballo a Cochamó. Para llegar a los pies del volcán es necesario
desde aquí seguir el curso del río unos 50 kilómetros y para esto
ellos se hicieron llevar con una lancha conducida por dos fuertes
remeros hasta las "Llanuras del Yates". Un joven del lugar,
un tal José Guerrero, se ofreció a acompañarlos y así partieron
los tres. La montaña presenta dos cimas distantes entre ellas un
kilómetro aproximadamente. La cima Norte, 20 metros más elevada
pero más fácil de lograr, había sido alcanzada en el año 1845 por
un habitante de la isla de Huar, Basilio Alvarado, junto a algunos
compañeros. No conocía por cierto la piqueta y se dice que para
llegar a la cumbre tuvo que tallar peldaños en el hielo con un hacha
pequeña. En el año 1871 Manuel Telles de Puerto Montt, quien acompañaba
al botánico Carlos Julliet en la travesía hacia estos volcanes,
intentó repetir el ascenso pero se detuvo bajo la cumbre.
Reichert considera justamente al Yates como "el pilar septentrional
de la cordillera patagónica occidental". En su expedición se
dirigió hacia la cima Sur, más cubierta de hielo y difícil, coronada
de torres de roca rota. Con sus dos compañeros remontaron el rápido
curso del Río Blanco que desciende por el glaciar superando barrancas
de basalto con cascadas y luego una rípida pared de granito donde
fue necesario el auxilio de sogas. Circundaron las montañas y llegaron
al glaciar casi llano que desciende hacia el Sur. Para alcanzar
la cumbre, luego de que Wagner se detuvo, Reichert debió escalar
con el valiente Guerrero una cresta final de rocas extremadamente
podridas y peligrosas: llegaron a la cumbre el 3 de febrero de 1915.
El descenso fue efectuado a lo largo de la "cresta perversamente
frágil y empinada, a la que llamé Cresta del Diablo", con un
"viaje azaroso y acrobático". También el resto del descenso
fue laborioso, dado que Guerrero, víctima de una fuerte conjuntivitis
debida a la reverberación de la nieve, tuvo que ser acompañado nuevamente
a su choza, atado a la soga y con los ojos vendados.
El ascenso fue repetido en el año 1939 por F. Kostner y sus compañeros
y más tarde en el año 1952 por E. Vicens y sus compañeros.
La Cresta del Diablo hoy ya no existe porque se derrumbó durante
el desastroso terremoto del año 1960. Lo constató un sobrino nieto
de Reichert, Eric Meinardus, quien en febrero de 1994 repitió el
itinerario abierto por su tío abuelo. El alcance de la cumbre presentó
sin embargo un trecho comprometedor y fue necesario circundarla
hacia el Oeste para encontrar un pasaje entre el laberinto de grietas.
Las dos cimas, Norte y Sur, se encuentran comunicadas por una cresta
aguzada con cornisas y hacia el Este precipita un glaciar. Meinardus
considera que el cráter principal tendría que estar situado sobre
el lado Este y que la estrecha y rípida cresta existente entre las
dos cimas representa los restos de su borde.
Actualmente el acceso más cómodo al Yates se encuentra al Sur, partiendo
desde la Carretera Austral, desde donde en 6 ó7 horas de camino
por un sendero difícil de encontrar en la selva, pasando cerca del
lago Pinta Concha, se llega al Parque Nacional Hornopirén, que comprende
además del volcán homónimo también al Yates, al Volcán Hualique,
1670 metros, más hacia el Oeste, y al Apagado, 1210 metros, más
hacia el Este.
HORNOPIREN, 1572 METROS
Desde la cumbre Sur del Yates, Reichert gozó de un panorama espectacular
que abarcaba desde el Volcán Lanín al Norte hasta el Michinmáhuida
al Sur. En su narración cita a "dos lagos glaciales nada pequeños,
aparentemente carentes de desagüe. Uno de ellos se pliega muy cerca
del pie de la cumbre boscosa que muestra en su cúspide una depresión
en forma de cráter que en nuestro mapa hemos señalado como Volcán
Hornopirén".
Hornopirén es una palabra mapuche que significa "horno que
tiene nieve"; según E.W. Moesbach, sin embargo, el nombre genuinamente
mapuche de este volcán es Quechucavi, que significa cinco distritos.
En sus alrededores se encuentran espléndidos bosques de alerces.
La denominación de alerce fue introducida por los europeos dado
que de la leña del árbol cuyo nombre científico es "Fitzroya
cupressoides", los indígenas extraían tejuelas símiles
a las que se obtenían de los alerces en Europa.
El cráter de este original volcán, carente de cobertura nevada permanente,
fue alcanzado en el año 1872 por el botánico inglés Jorge Downtown,
quien iba de un lado para otro en búsqueda de helechos y orquídeas.
Poco se sabe de otro volcán situado más hacia el Sur y más cerca
del litoral cuya altura se estima de unos 1050 m y que es denominado
Huegui o Huequén, que en mapuche significa guanaco.
Se señala sin embargo su reiterada actividad eruptiva entre los
años 1890 y 1920.
MICHINMAHUIDA, 2.470 METROS
"... Tú has visto todo eso Gabriel Ibáñez
y eran sólo las rocas desnudas
la soledad de los acantilados abriéndose
ante tus remos, el granizo, las nieves del Michinmáhuida
azulándose"
(Raúl Zurita)
Cerca de Chaltén, al Norte del Río Palena y del Lago Yelcho, se
perfila imponente la ancha cumbre del Volcán Michinmáhuida.
Quien costea la Cordillera por el lado oriental, transitando desde
Esquel en vista de las esteparias y monótonas mesetas, difícilmente
puede imaginar cómo hacia el Oeste el ambiente natural pueda cambiar
casi de golpe y que detrás del horizonte de montañas exista una
de las regiones más difíciles de penetrar, con selva tupida y ríos
correntosos que excavan su camino hacia el océano a través de las
montañas selváticas.
Cuando llueve, en este ambiente se respira una melancolía que no
perdona. Y llueve mucho. Caen 4 ó 5 metros de lluvia al año, distribuidos
a lo largo de muchos días. Y esta circunstancia beneficia a la selva,
frondosa y en gran parte aún intacta. Pero cuando hay sol, cl Michinmáhuida
es grandioso. Ya su nombre ilustra su emergencia de la selva dado
que "minche" quiere decir "debajo de los cerros"
y "mahuida" "bosque, monte". Entonces Michinmáhuida
quiere decir revestido abajo de árboles. Según el explorador regional
Augusto Grosse, lleva también el nombre de Challapirén, que significaría
"olla con nieve". Se deduce que para hablar de "olla"
de una cima que por su perfil parece plana, los araucanos tendrían
que haber visto el cráter desde arriba y entonces haber llegado
a la cumbre.
Pero amén de esta deducción toponímica no se conocen ascensos al
Michinmáhuida antes del de los andinistas de Valparaíso Heinz Koch,
Richard Corssen y Hans Meinardus el 23 de enero de 1953. Luego llegó
solo al lugar, en el año 1989, Carlos Alvarado de Chaitén, explorador
de la selva de la Provincia de Palena y en 1997 Doug Tompkins también.
Como volcán, el Michinmáhuida dio nuevamente signos de vida durante
los años 1834 y 1835 y se vinculan a su actividad también diversas
fuentes termales de los alrededores.
El Michinmáhuida es el elemento principal de la vista que se goza
desde el rancho situado en el interior de Caleta Gonzalo, en la
cual pasa parte del año Doug Tompkins. El afamado andinista californiano
escaló también el Fitz Roy en el año 1968 y es desde hace tiempo
un enamorado de la Patagonia. Apasionado ecologista, millonario
gracias a su industria textil, compró 274.000 hectáreas de selva
e instituyó el "Parque Pumalín" que tiene intenciones
de regalar, con fines ecológicos, al Estado chileno pero con vinculación
ecológica. La operación proteccionista encontró también algunos
adversarios entre quienes aprovechan la leña y crían salmón a gran
escala, como así también en el ámbito político. Más o menos a la
misma latitud se encuentra en la parte argentina de la cordillera
el "Parque Nacional Los Alerces".
LA SELVA
El ambiente de la Cordillera de Aisén y de sus volcanes es el
de la selva pluvial templada. A menudo es tupida e impenetrable
hasta los 1.000 m de altura, con árboles caídos, suelo húmedo y
pantanoso. Se puede uno mover en su interior sólo siguiendo ríos
y quebradas, o bien cincelando una picada que se vuelve a cerrar
sola en uno o dos años.
Esta selva luce siempre verde y está constituida por diversas especies
de árboles. Al ya mencionado alerce (Fitzroya cupressoides) no
se lo encuentra más al Sur del Michinmáhuida, pero en toda esta
cordillera prosperan difusos árboles nativos como el mañio (Podocarpus
nubigena), el coigüe (Nothofagus dombeyi), el tinco (Weinmannia
trichosperma). El ciprés (Pugerodendron uviferum) abunda
sólo en las zonas pantanosas de baja altura, mientras la lenga (Nothofagus
pumilio) y el ñire (Nothofagus antartica) crecen sólo
en los lugares elevados y más luminosos.
Interesante es el canelo (Drimys winteri), una magnoliácea
que lleva el nombre del capitán Winter quien en el año 1578 llevó
a Europa su corteza (cortex winteranum) como remedio contra
el escorbuto. Efectivamente la corteza del canelo es rica en vitamina
C, taninos y anti-bactéricos; se aplicaba sobre las heridas y se
usaba contra los reumatismos y el dolor de garganta, recientemente
también contra los tumores.
Entre la maleza crecen mirtáceas, lauráceas, el punzante taique
(Desfontania espinosa) y muchas especies de helechos, musgos
y lianas. Pero el obstáculo más serio para el tránsito lo constituyen
los cañares de quila (Chusquea quita) y de caña colihue (Chusquea
culeou). La quila es una caña ramificada que tiene hojas largas
y angostas, muy resistente, que los araucanos usaban para fabricar
sus lanzas, y es más difundida en el sector Norte.
La caña colihue no tiene ramas sino penachos y se expande hacia
el Sur, hasta el Lago General Carrera-Buenos Aires. En mapuche se
la denomina rengi o reñi y, al encontrar topónimos como Reñihue,
que quiere decir coligual, y Reñipullí, que quiere decir cerro de
colihues, el andinista debe saber que lo espera un lugar que puede
resultar intransitable para él.
Cabe destacar "para él", porque en la selva viven el puma,
el pudú, el zorro, varias especies de gatos y de roedores, numerosísimas
especies de pájaros. Se encuentran también bichos poco simpáticos
como sanguijuelas, mosquitos y zancudos: el recorrido hacia las
cumbres pasa a través del territorio de ellos.
Hay sin embargo un volcán menor al que se puede llegar por una huella
de sendero que parte desde la Carretera Austral: el Volcán Chaitén,
de 962 m, a 25 kilómetros al Noreste de esta localidad. Se encuentra
situado sobre una baja cresta que sale desde el Volcán Michinmáhuida,
su caldera tiene un diámetro de dos kilómetros y en su centro expone
una aguja de expulsión reciente que se eleva 400 m sobre el cráter.
El vallado del cráter tiene aproximadamente 150 m de altura y está
cortado por un río afluente del río Chaitén. En su interior hay
dos lagos y manantiales de agua efervescente.
ENTRE CHAITEN Y AISÉN
Justo frente a Quellón, pequeña ciudad del extremo Sur de la isla
de Chiloé, se alza sobre el continente, desde el mar y desde la
selva, la pirámide nevada del Volcán Corcovado, de 2300 m. No es
cierto que su nombre se tenga que asociar a corcova", palabra
con la que se indica el día siguiente a una fiesta. Habitualmente
su cima se encuentra escondida por las nubes, pero cuando aparece
se muestra erguido y elegante como el Puntiagudo. Es recordada una
fuerte erupción de este volcán durante el año 1834.
Luego de que E. Huber intentó su exploración y ascenso en el año
1944, fue escalado por Gerhard Kress, Alfredo Gash y Hans Engels
el 12 de enero de 1945. Una posterior expedición chilena se perdió
en la selva y no se conocen otros ascensos anteriores a aquel solitario
de Doug Tompkins en el año 1993. Al Sur del Corcovado los mapas
indican al ''Volcán Nevado'' de 2042 m, que localmente es llamado
Yantenes o Yanteles. Peter Hartmann y compañeros ascendieron
el contiguo Cerro Yeli, que sin embargo no es un volcán. A la cumbre
del Yanteles llegaron en noviembre de 1997 Doug Tompkins y compañeros.
Admirando el panorama desde el mar, a la entrada del canal Moraleda,
casi frente a la isla de Melinka (patria de leñadores de cipreses
y también de piratas) se destaca la mole nevada del Volcán Melimoyu,
de 2400 m de altura, considerado activo aún en el siglo XX.
Se erige al fondo de un valle plano colmado de aluviones abiertos
hacia el mar, circundado de valles suspendidos con grandes cascadas.
Su nombre de origen mapuche deriva de melí, que quiere decir cuatro,
y moyu, que quiere decir teta, es decir, cerro con cuatro picachos.
Hasta la base de estos picachos, de aproximadamente 150 m de altura,
uno con forma de mano y uno con forma de pirámide vacía, considerados
demasiado peligrosos como para continuar el ascenso, llegaron en
el año 1983 Claudio Hopperdietzel y José Torres, siguiendo los ríos
Palena y Correntoso y luego abriéndose desde el Este una picada
en la selva.
Pareciera que ninguno haya considerado hasta ahora al Mentolat,
de 1660 m, que se eleva en el centro de la Isla Magdalena, enteramente
Parque Nacional, situada frente a Puerto Cisnes. Subsisten dudas
sobre el tipo de su naturaleza volcánica. En todos los casos estos
volcanes se levantan sobre afloramientos de rocas más antiguas que
atravesaron, en gran parte granitos pertenecientes al batolito patagónico.
A Claudio Hopperdietzel de Puyuhuapi le corresponden sin embargo
muchas otras exploraciones. Es hijo de alemanes emigrados de Bohemia,
que había sido incorporada a Checoslovaquia después del año 1918,
quienes luego de haber leído el libro "West Patagonien",
de Steffen, decidieron encontrar en Aisén una nueva patria. Llevaron
hasta allí su tradición textil y crearon una fábrica de alfombras,
ya afamada cuando aún no existía la Carretera Austral y a Puyuhuapi
se llegaba solamente vía marítima.
En los alrededores de Puyuhuapi hay termas con aguas de 50º C equipadas
también para el turismo. Existe también un centro volcánico con
conos piroclásticos y capas de lavas basálticas recientes, aunque
de modestas dimensiones, con las cuales las termas pueden estar
relacionadas.
Según Ricardo Fuenzalida, geólogo que estudió en varias ocasiones
la región, existen evidencias de interacción entre los sistemas
de fallas y las manifestaciones volcánicas recientes, con una migración
a través del tiempo del volcanismo hacia el Este.
Claudio Hopperdietzel llegó con Eliseo Yana en el año 1986 a 8 metros
de la cumbre del Cay, volcán de 2090 m todavía activo en
el siglo XX, cuyo ascenso había sido ya intentado por Augusto Grosse
y que Reichert llama "Mac Cay".
El Cay pertenece a un complejo volcánico situado al Norte de Puerto
Aisén, cuya cima más bella e importante es el Volcán Macá
que se levanta admirablemente sobre la selva y sobre las oscuras
aguas de los fiordos. Si bien no se registran erupciones en períodos
históricos, manifestaciones termales a sus pies indican que no está
del todo apagado.
El Macá tiene en los mapas una altura de 2.916 m, pero los primeros
y los segundos en escalarlos consideran que no supera los 2.400-2.500
m. En mapuche macá significa "lugar maldito" mientras
que en tehuelehe macá significa luz encendida. Neumeyer cuenta que
en el año 1944 los habitantes lo llamaban "Cerro rayado".
Con José Torres y Darío García, Claudio Hopperdietzel llegó a la
cumbre del Macá en diciembre del año 1982. Habian partido desde
el Seno Vera subiendo por las laderas Noroeste y Oeste, para luego
proseguir a lo largo de la arista hasta los pequeños hongos de hielo
de la cumbre, evitando las zonas agrietadas de la ladera Sudeste.
Se trató del segundo ascenso a la cima.
El Macá había ya precedentemente llamado la atención de los andinistas,
pero su conquista no fue inmediata. Jubilado en 1936 de la Facultad
de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires que lo había nombrado
profesor honorario, Federico Reichert se dirigió a aquella montaña
intrigante que había observado en sus aproximaciones al San Valentin.
Se preguntaba:
"¿Cómo será posible llegar hasta esta montaña que se encuentra
en una selva de las más tupidas y completamente despoblada, y en
un territorio costero al que no se acerca barco alguno?".
Acompañado por dos jóvenes de Reloncaví, hábiles en el manejo del
machete y el hacha, Reichert se hizo depositar cerca del litoral
pantanoso del Estero Pérez por el vapor que estaba al servicio de
Puerto Aisén y los tres alcanzaron la ribera con una lancha. Pero
durante 25 días de aquel febrero de 1937 no hubo otra cosa que lluvia
y nieve. Si bien alcanzaron a cruzar los pantanos y a abrirse paso
en la selva, se vieron obligados a renunciar. Algunos barcos pesqueros
vieron las señales de humo y los auxiliaron para llevarlos a Puerto
Aisén.
La aproximación elegida por Reichert era poco feliz aún estando
situada en los alrededores de las fuentes termales a 450C que hoy
son propuestas al turismo y llamadas "Termas del Chilconal"
(chilco = fucsia). De hecho en el año 1944 Hermann Hess, René Eggmann
y Juan Javier Neumeyer se hicieron llevar por pescadores al primer
arroyito que baja del filo de la cresta Oeste-Sur-Oeste del Macá.
Superaron en el día el bosque, que en esta zona no es muy espeso,
individualizando la cresta que conduce a la cumbre con leves ondulaciones.
Levantaron un campamento en las alturas y luego de dos días de lluvia
partieron aprovechando que aclaraba siguiendo el filo de la cresta.
Bajaron unos centenares de metros hasta el paso situado a aproximadamente
1.000 m que precede el cono del Macá, y desde allí prosiguieron
hacia el filo Sudoeste y Sur, donde aproximadamente a 2.000 m se
ataron y calzaron los crampones. El único obstáculo fueron los relieves
de una pared de hielo final expuesta al Sur y la cordada llegó a
la cumbre el 21 de noviembre. El descenso fue rápido y el primer
ascenso concluyó sin problemas.
El tercer ascenso conocido fue el de una expedición femenina chilena
que permaneció en la zona desde el 19 de enero hasta el 12 de febrero
de 1985 y que eligió una aproximación desde el Este a lo largo del
río Macá para proseguir luego a lo largo de la cresta. A la cumbre
llegaron Julia Meza, Magaly Campos y Rita Monsalves. Se habían hecho
ayudar en la superación de una parte de la selva por un helicóptero
de la Policía.
Parece que desde entonces el Macá estuviera durmiendo tanto como
volcán o como meta andinística reinando en las alturas sobre las
oscuras aguas de los fiordos de Aisén
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