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Kölliker, (izq.) y Witte, en 1916, de vuelta después de la primera
travesía del Hielo Patagónico desde el Paso del Viento hasta las
cercanías del Paso Moreno.

Durante la travesía, Kölliker y Witte, utilizaron el trineo desmontable
sobre esquíes ideado en Buenos Aires, llevando encima el conjunto
de los 150 kg. de equipo. Al fondo, las estribaciones del cordón
que bautizaron "Mariano Moreno", en homenaje al estadista
argentino (1778-1811). Estas imágenes aparecen en el interesante
libro "In den Einsamkeiten Patagoniens" ("En las
soledades de la Patagonia") escrito por el suizo-argentino
Alfredo Kölliker y publicado en Alemania en 1926.

Al fondo se perfila el Cerro Grande. El Glaciar agrietado que baja
hacia el Sur al Río Túnel recibió el nombre del destacado glaciólogo
suizo A. De Quervain, profesor de Kölliker; pero el bautismo fue
olvidado y en el mapa IGM sale como Glaciar Túnel Superior. Sin
embargo, otros bautismos de la expedición 1915/16 quedaron: así
"Paso del Viento", "Cordón Mariano Moreno" y
"Cordón Adela", donde con el nombre Adela Kölliker quiso
eternizar el recuerdo de su madre.

Al centro, arriba del Glaciar Ameghino, se destaca oscuro el cerro
que en el mapa IGM recibe el nombre de Fantasma. A su izquierda,
se perfila el "Bastión Blanco"; a su derecha, el Cerro
Inmaculado.

A orillas del Lago Roca, donde se puede llegar con un buen camino
desde Calafate, los turistas no tienen ni siquiera la sospecha que
no muy lejos del lago quedan todavía intrigantes problemas de andinismo
y exploración.

La navegación es el medio más idóneo para las aproximaciones a la
Cordillera, sea en los fiordos del Pacífico, sea en los brazos del
Lago Argentino. Por todos lados la navegación puede tornarse difícil
y peligrosa, necesitando capacidad y conocimiento de los lugares.
Aún cuando como aquí, frente al Cerro Castillo, el lago aparece
tranquilo, no hay que olvidar que dentro de pocas horas olas terribles
pueden sacudir también las lanchas más fuertes.

El detallado informe con las fotografías de J.C. Tamayo, que la
expedición hispanoargentina dejó para documentación de su hazaña
en la guardería de Parques Nacionales en El Chaltén.

El detallado informe con las fotografías de J.C. Tamayo, que la
expedición hispanoargentina dejó para documentación de su hazaña
en la guardería de Parques Nacionales en El Chaltén.

El detallado informe con las fotografías de J.C. Tamayo, que la
expedición hispanoargentina dejó para documentación de su hazaña
en la guardería de Parques Nacionales en El Chaltén.

Un saludo a la amable tripulación de Prefectura Naval, que también
en el Brazo de Mayo puede conectar a los andinistas con la civilización.

En la inmensidad de los glaciares patagónicos, buscando el camino
entre las grietas, los andinistas se encuentran en la soledad absoluta
y sin amparo.

Caminando otra vez hacia nuevas aventuras, los andinistas patagónicos
quedan atrapados por la hermosura salvaje de los lugares y la tentación
de los últimos desafíos.
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MAS AL SUR, ENTRE LOS GLACIARES
MORENO Y DICKSON
Hauthal le dio el nombre del glaciólogo austríaco
Edoardo Richter al cordón que más tarde se encontró con el nombre
"Adriana" y últimamente también con el de "Comandante
Piedrabuena" (mientras "Adriana" se vuelve a encontrar
pero atribuido a una estribación menor que antes se llamaba "Cristales").
Originariamente fue llamado "Richter" también el glaciar
que luego se denominó Frías, confundido a veces con el Glaciar Dickson
(así llamado por la expedición Nordenskjöld en 1895) que baja al
lago homónimo y que sirve de límite, al Norte y al Este, al grupo
del Paine.
Si bien descuidados, los cerros de este grupo
fueron sin embargo visitados por andinistas argentinos como Luciano
Pera, Juan Pablo Nicola, Jorge Lemos, Jorge Méndez y otros, quienes
se establecieron incluso, más tarde, en Calafate. En 1978, luego
de un intento en el año precedente, J. P. Nicola, Guido Iglesias
y Mario González hicieron cumbre en la característica aguja llamada
"Dedo del César", que despunta desde una loma de la vertiente
Este y que corresponde al Cerro Torre Dedo de Dios (1480 metros)
del mapa IGM edición 1990. Durante 1985 Mario González y Toncek
Arko repitieron la ascensión al Cerro Cubo (de unos 2000 metros)
ascendido algunos años antes por una expedición japonesa. Este Cerro
Cubo de los andinistas no corresponde sin embargo al indicado en
el mapa IGM con una altitud de 2240 metros ya que se encuentra a
unos 6 km más al este aproximadamente. Es todavía un misterio cuál
es el "Cerro Cubo" que otra expedición japonesa intentó
escalar en 1969 y que fue declarado aún mucho más difícil. Al Norte
del Cerro Cubo, González y Arko subieron también el cerro que llamaron
"Carlos Sonntag" y bautizaron a otro como "José María
Iglesias" en recuerdo de los válidos exponentes del Club Andino
Bariloche.
A través de los glaciares Frías y Dickson es posible llegar sobre
un altiplano del Hielo que fue llamado "Altiplano Polonia"
(hoy también "Altiplano Argentina") por una expedición
del Club Andino Buenos Aires guiada por Jorge Peterek en 1958/59,
en referencia al origen de sus participantes.
En 1982 se detiene por mucho tiempo sobre el Glaciar
Dickson la expedición francesa guiada por J. L. Hourcadette al término
de una travesía hacia el Norte del Hielo Patagónico Sur iniciada
en el Seno Ultima Esperanza. Los franceses subieron por el canal
Oeste hasta el punto culminante del islote rocoso entre los glaciares
Dickson y Frías, al Sur del Cerro Cubo, llamándolo "Punta Arielle"
(de unos 1100 metros). Correspondería al "Mocho Desastre",
así llamado por la expedición Peterek a raíz de un incidente ocurrido
en aquel punto, y al Cerro Gemelos del mapa IGM. Otra exploración
fue también llevada a cabo en febrero de 1990 por José Luis Fonrouge,
Alfredo Rosasco y otros dos compañeros, que dotados de esquíes y
trineos se habían propuesto una travesía más larga hacia el Norte,
pero que fueron obligados a regresar a raíz de las malas condiciones
del glaciar.
Mientras esta parte del grupo vuelve a la soledad, a partir de 1990
se pone de moda el Cerro Cervantes (2383 metros) notable por sus
bellísimas crestas de hielo. Fue escalado por L. Pera y J. P. Nicola
con otros compañeros, y más tarde por Jorge Lemos y José Guerrido.
Otros también lo lograron: Silas Wild y Sam Grubenhofer (llegados
desde los Estados Unidos), Iain Gill y Patricia Kerr de Gran Bretaña,
Ina y Eduard Koch, Christine Wieloch, Ferdinand Hujer y Kunibert
Ochsenfeld de Alemania, y en 1992 los catorce participantes del
curso de guías argentinos de alta montaña. También el Cerro Moreno
(1640 metros), pico panorámico de perfil intrépido que da sobre
la frente del Glaciar Moreno, ha sido escalado en reiteradas oportunidades,
probablemente siempre por el lado norte. Sobre la cumbre, en 1990,
Gino Buscaini y Silvia Metzeltin encontraron el papelito que había
dejado Vicente Corradini de Ushuaia, que tuvo que haber llevado
consigo el precedente testimonio de Jorge Lemos. Otros cerros de
las estribaciones cercanas al Cerro Moreno fueron escalados por
Luciano Pera. El paso que se abre entre el Cerro Cervantes y el
Cordón Moreno fue bautizado "Paso Irene" por Günther Jüllich,
quien llegó a ese lugar en 1991 (los autores y Angelo Todisco lo
habían ya alcanzado con esquíes en 1990, y Pablo Kunzle en 1991).
En 1993, Pablo Kunzle y Jorge Méndez descendieron desde este paso
hasta el río Camiseta, donde además de algún paso escabroso sobre
roca encontraron un toro furioso de cuyos cuernos se salvaron permaneciendo
durante muchas horas trepados a un providencial árbol. Aquí debemos
destacar que todavía hoy se reproducen vacunos, ya vueltos salvajes,
en varias partes de las zonas boscosas abandonadas por los pobladores
luego de la creación del Parque Nacional. Los montañistas los deben
prudentemente agregar a la lista de los peligros que deben ser evitados.
CERRO DE MAYO (2380 metros)
Visible desde Punta Bandera este esbelto pico
oscuro bautizado por el perito Francisco P. Moreno se erige con
lados escarpados y complejos sobre el Brazo de Mayo del Lago Argentino.
Su primera ascensión es uno de los bellos resultados andinísticos
de las expediciones sistemáticas del Padre De Agostini. Durante
su campaña de los años 1930/31 alcanzo su cumbre con el geólogo
Egidio Feruglio y los guías Evaristo Croux y Leone Bron el 5 de
enero de 1931. La ascensión se llevó a cabo por la pendiente Norte
y la angosta cresta Noroeste partiendo desde el Fiordo Spegazzini
y atravesando los bosques de la estribación montañosa con la que
se inicia la Península Avellaneda. Llegaron al glaciar que cubre
el Cerro de Mayo al Norte (Glaciar Mayo Norte), alcanzando una altitud
de 1200 metros y lo remontaron unos 5 km; seguidamente la ascensión
continuó sobre los esquistos y pizarras del mismo cerro. Las fotografías
panorámicas tomadas por De Agostini a tantos cerros hasta entonces
desconocidos y la atribución de nombres como Aguilera, Malaspina
y Pietrobelli fueron durante decenios la única documentación sobre
el interior de esta parte de la Cordillera.
El relato del Padre De Agostini estimuló a Piero Nava, oriundo de
Bérgamo y quien tenía ya en su activo dos expediciones al grupo
del Paine, a organizar una expedición al Brazo de Mayo en 1984.
De aquel lado el acceso a la cumbre del Cerro de Mayo se presenta
aún mucho más problemático. Antes de abordarlo, Mario Curnis, Carlo
Ferrari, Sergio Dalla Longa y Antonio Manganoni quisieron sin embargo
dirigirse hacia otro cerro: atravesaron el Glaciar de Mayo y se
adentraron hacia su cabecera. Llegaron hasta los pies del salto
terminal de una torre, bautizada por ellos mismos Torre Rossa, pero
descubrieron que los últimos 400 metros eran de roca podrida y revestida
de hielo que hace finalmente que renuncien a alcanzar su cumbre.
Luego de haber escapado milagrosamente de una
avalancha durante la bajada y de haber llegado al campamento base,
los cuatro bergamascos pudieron cumplir la segunda ascensión al
Cerro de Mayo abriendo una nueva vía sobre la vertiente Sur hasta
1460 metros y sobre la arista Noroeste, de mediana dificultad técnica
pero muy larga y en parte peligrosa.
La tercera ascensión al Cerro de Mayo la lograron Mark Houston,
Kathy Cosley, Robert Parker y John Shutt, de los Estados Unidos,
el 10 de abril de 1994 al término de una travesía desde el Río Túnel
hasta la Laguna Escondida, remontando el cerro desde ésta laguna
por la vertiente Sur y la cresta Noroeste y descendiendo al Fiordo
Spegazzíni. Durante la travesía ascendieron también un cerro del
Cordón Malaspina de unos 2400 metros de altura, ubicado sobre la
divisoria de aguas, al que llamaron "Cerro Julie", y otro
cerro que llamaron "Cerro Pio", situado en las inmediaciones
del Cerro Inmaculado y que podría ser en realidad el mismo Cerro
Inmaculado. El paso del Cerro Pío a la Laguna Escondida fue definido
por ellos como "una travesía muy difícil y peligrosa".
Y no se trata de personas sin experiencia patagónica: Houston y
Cosley ya en 1988 habían escalado el Cerro Torre y habían sido los
primeros en alcanzar la Torre de la Media Luna.
BAHÍA ONELLI
"En memoria de Clemente Onelli, apasionado estudioso de
la Cordillera patagónica, que visitó y estudió en muchos y difíciles
viajes incorporado a la Comisión de Límites, se le dio su nombre
tanto al laguito como al glaciar y al monte"
Alberto M. De Agostini
Al Norte del Glaciar Spegazzini, una corona de cerros imponentes
y cubiertos de hielos se abre menguando en dirección Este hacia
una pequeña ensenada del Lago Argentino denominada Bahía Onelli.
Actualmente hay allí una estructura de acogimiento de Parques Nacionales
y atracan también las lanchas turísticas. Para el turismo común
son transitables sin embargo sólo algunos senderos de los alrededores
que, atravesando una rica vegetación con numerosas especies características
de la floresta pluvial, conducen a admirar una laguna gris un tanto
melancólica y obstruida por témpanos: se trata del Lago Onelli.
Los grandes cerros de hielo cierran majestuosamente el horizonte
del Oeste para quien mira desde Calafate más allá del Lago Argentino,
y con todo eso son casi desconocidos en el mundo montañés. El primero
en explorar los alrededores de la Bahía Onelli y en atribuir algunos
topónimos fue el Padre De Agostini cuando moró en el lugar durante
su campaña de exploración en 1931. Lo acompañaban el geólogo Egidio
Feruglio y el guía alpino Evaristo Croux, quienes remontaron un
buen trecho a lo largo el borde Norte del Lago y del Glaciar Onelli.
El Lago Onelli alcanzó una cierta notoriedad cuando
en 1963 se lo pudo admirar sobre la tapa de "Land of Tempest",
libro en el cual Eric Shipton (1907-1977) cuenta sus viajes a la
Patagonia.
En 1951 Shipton había guiado en el Himalaya una expedición ligera
de cuatro montañistas para estudiar el acceso al Everest desde el
collado Sur, pero a pesar de ello no le fue luego confiada la expedición
victoriosa que conquistó esta cima, la más alta del mundo, en 1953.
A partir de dicha fecha cambiaron también los lugares ideales para
los montañistas amantes de las exploraciones aventureras y es significativo
que tanto Tilman como especialmente Shipton se hayan entonces dirigido
a la Patagonia. Durante el verano de 1958/59 Eric Shipton organizó
una expedición al Brazo de Mayo de la cual hablaremos más adelante.
Pero antes, con sus compañeros Miles, Bratt y Mercer, entró a la
Bahía Onelli. Para desplazarse sobre el Lago Onelli se valieron
de un gomón "dinghy" con el que sufrieron varias peripecias,
ya sea por haber chocado contra los témpanos perdiendo enseguida
la hélice y el motor como por las ondas causadas por la caída de
seracs en el lago.
Tuvieron también un peligroso encuentro con un toro furioso que
permaneció en aquel bosque luego de un intento llevado a cabo por
un pariente de Masters, dueño de La Cristina, de establecerse allí
para la cría de ganado.
Una vez alcanzado el extremo Sudoeste del Lago
Onelli, Shipton subió con Bratt y Mercer a lo largo del glaciar
flanqueado por bosques llenos de colibríes y papagayos, abandonándolo
un poco más abajo de la cuenca superior para alcanzar una cima arriba
del ángulo Noroeste del anfiteatro. En la base del primer salto
de cresta el glaciólogo Mercer renunció a continuar mientras Shipton
y Bratt subieron en cordada unos 650 metros aproximadamente de la
cresta estrecha y escarpada, de roca podrida pero sin grandes dificultades.
A una altitud de 1980 metros aproximadamente, la cresta termina
sobre una pendiente de nieve muy inestable, bajo la cresta extrema
de la montaña. Superado un difícil muro de hielo de 7 metros, la
cresta larga y fácil los condujo en otras dos horas hasta la cima
de unos 2470 metros, el 2 de enero de 1959. Creyeron encontrarse
sobre la divisoria y mirando más allá de un paso que llamaron Onelli
vieron oscuras florestas y un fiordo que según ellos podía ser el
Penguin. Es muy probable que este importante cerro por ellos ascendido
corresponda al Cerro Masters, situado sobre la divisoria pero sin
nombre ni altura sobre el mapa IGM, o eventualmente al Cerro Bolado
(Cerro Onelli Norte, de 2420 metros sobre el mapa IGM).
Desde el borde Sur del Lago Onelli se puede acceder
a los cerros del Cordón Heim. La cumbre del Cerro Heim Norte, de
2180 metros, llamado también "Heimito", separado de la
cumbre principal por un profundo valle, fue alcanzada en 1981 por
Verónica Thoroughgood, Oscar Grizzi, Alec Scheuer y Tulio Calderón,
como así también un collado al Sudoeste del mismo.
Mientras tanto Mario Gutiérrez Burzaco subió al
Cerro Jani de 1565 metros que había sido ya ascendido en 1978 por
la expedición de Pedro y Jorge Skvarca. Ellos encontraron sin embargo
más dificultad para desplazarse a lo largo de la orilla del lago,
dado que encontraron todavía ganado bagual de los antiguos pobladores,
que para subir a los cerros. El año siguiente, Luciano Pera y Jorge
Skvarca descubrieron un pasaje mejor para superar las inaccesibles
riberas, confiándose a restos de alambre que pendían de las rocas.
Luego superaron la ladera norte del Cerro Heimito por acarreos y
canaletas y finalmente, a través de un glaciar, llegaron a la cumbre.
Fue una expedición relámpago: partieron desde Calafate el 20 de
febrero y regresaron el 24.
LA "DAILY EXPRESS EXPEDITION"
Francisco P. Moreno gozaba de estima y notoriedad
no solamente en la Argentina sino también en Europa. Se le atribuyó
incluso uno de los máximos reconocimientos del mundo montañés de
la época porque fue elegido, junto a grandes exploradores como Sven
Hedin y Fritjof Nansen, socio honorario del Alpine Club Británico.
En Gran Bretaña Moreno era muy bien considerado también en los ambientes
científicos. Fue invitado a Londres por la Royal Geographical Society
donde con gran éxito dictó una conferencia sobre los resultados
de las expediciones en la Patagonia. El informe de la conferencia
fue publicado con elogiosos comentarios en el tomo XIV del prestigioso
"Geographical Journal" en 1899.
Este artículo suscitó la curiosidad de un joven naturalista británico
que había quedado ya fascinado con la hipótesis que un animal prehistórico,
el llamado Mylodon, del cual hablaba su profesor de zoología, pudiera
aún vivir en la floresta de las montañas patagónicas. Sin embargo
este joven, H. Hesketh Prichard, no tenía los medios necesarios
que entonces requería un viaje de exploración.
En la búsqueda de un posible mecenas que lo apoyara,
Prichard encontró a Mr. Pearson, el propietario de un gran diario
de la época, el "Daily Express", quien generosamente financió
su expedición en nombre de la ciencia. Así Prichard llamó "Daily
Express" a su expedición de una sola persona y en 1900 partió
hacia la Argentina.
En Buenos Aires fue recibido por Moreno quien le brindó apoyo y
útiles indicaciones. Así Prichard recorrió durante dos años, casi
siempre a caballo, los vastos territorios entre Trelew, Río Gallegos
y Punta Arenas, haciendo observaciones naturalísticas de todo género
sin descuidar por ello las antropológicas.
En 1901 se dirigió a la zona del Lago Argentino para verificar una
indicación de Moreno quien suponía que un gran río que desembocaba
en el Brazo Norte podría a su vez tener origen en otro gran lago
aún desconocido. Moreno basaba su suposición en el hecho que las
aguas de este río eran claras y no acarreaban el limo de los glaciares
que las torna por el contrario turbias.
Prichard encontró el río de las aguas claras, lo llamó Katarina
y remontó su curso encontrando también el lago de modestas dimensiones
en el que se origina, y le atribuyó el nombre de su mecenas llamándolo
Pearson. Regresó luego a caballo hasta Río Gallegos siguiendo los
toldos de los Tehuelches a lo largo de los cursos de los ríos Bote
y Coyle. Río Gallegos no era ciertamente la gran ciudad que es hoy
en día si bien tenía ya un banco y hacían escala allí los vapores
que la conectaban con Punta Arenas, óptima alternativa al caballo
que Prichard no despreció.
Entre sus muchas observaciones naturales sobre todo zoológicas,
impresiona con la identificación del lobo cordillerano (Canis magellanicus).
Recordó a su mecenas también en la clasificación de una nueva subespecie
de pumas que llamó "Felis concolor Pearsoni".
Una vez que hubo regresado a Gran Bretaña Prichard se dedicó a la
publicación de sus investigaciones con la misma determinación y
capacidad de trabajo que había demostrado sobre el terreno. En 1902
se publicó en Londres su libro "Through the Heart of Patagonia"
con el editor William Heinemann. Este tomo de 346 páginas es hoy
un libro raro, de anticuariado, no sólo por los informes de viaje
y de investigación sino también por las ilustraciones que lo acompañan.
Estas preciosas ilustraciones se le deben al conocido pintor inglés
John Everett Millais (1829-1896) y contribuyen al alto valor actual
del tomo. Ya antes de la partida de Prichard él le había preparado
dibujos de animales como huemules y guanacos para que Prichard los
mostrara a los Tehuelches y pudiera así entenderse con ellos a falta
de nociones del idioma. Como reconocimiento Prichard quiso recordarlo
también sobre el Lago Argentino y atribuyó su nombre a un cerro
que se podría identificar con el Cerro Peineta.
La escasa difusión de su bellísimo libro no permitió sin embargo
la afirmación de los muchos topónimos por él atribuidos. También
su "Giant's Glaciers" (Glaciar de los Gigantes) fue rebautizado
Upsala (más correcto sería Uppsala) por la expedición sueca que
lo ascendió y estudió en 1908, divulgando luego en forma mucho más
extendida el conocimiento del mismo en el mundo científico.
GLACIAR UPSALA
El Glaciar Upsala se puede considerar de unos
60 km de largo según la posición de la divisoria desde la cual desciende
(y que es difícil de establecer con precisión sobre el Hielo Patagónico).
Cerca de su frente tiene 4 km de ancho y se encuentra recorrido
longitudinalmente por dos grandes morenas mediales. Las partes Oeste
y Este de estas morenas mediales son alimentadas por diversas cuencas
y avanzan de modo diferente.
Este glaciar se mueve más rápidamente que el Glaciar Moreno y su
avance diario llega a 3,7 metros y hasta 5 metros por día cerca
de la frente, la cual se eleva unos 50 metros sobre las aguas del
Brazo Norte del Lago Argentino. En su conjunto el glaciar se encuentra
sin embargo en marcada retracción y de las últimas investigaciones
efectuadas resulta que desde 1984 retrocede alrededor de 200 metros
al año. El límite de las nieves perennes se sitúa actualmente en
alrededor de 1150 metros, limite por debajo del cual la superficie
del glaciar se encuentra en gran parte torturada y cortada por profundas
y complicadas grietas, que tornan difícil y peligroso su tránsito.
El Glaciar Upsala ha llamado reiteradamente la
atención de glaciólogos y geólogos que a menudo eran también montañistas:
el sueco Quensel en 1908, Egidio Feruglio en los años '30 y '40
(quien publicó en 1949/50 en Buenos Aires por cuenta de YPF el primer
tratado completo sobre la geología de la Patagonia); John Mercer
en 1963; el glaciólogo argentino Pedro Skvarca, quien como andinista
destacado fue el primero en cumplir numerosas ascensiones y travesías
en esta zona y que colabora con glaciólogos japoneses cuyas investigaciones
guió durante los años '90 sobre estos glaciares; los geólogos argentinos
Eduardo Malagnino y Jorge Strelin, quienes completaron en 1990 los
estudios sobre los sistemas de las morenas del glaciar reconociendo
tres etapas principales y pudiendo entonces individualizar las lagunas
que tenía antes la complicada historia de esta gran lengua de hielo
que puede ser considerada la mayor de América del Sur.
UNA PRIMICIA POR MUY POCO NO CONCRETADA
El interior del Brazo Norte fue colonizado con
muchos esfuerzos por la familia Masters desde 1913 y su estancia
"La Cristina" dio durante años hospitalidad y apoyo a
quienes llegaban al lugar con fines andinísticos y de investigación.
Aprovechó tal apoyo también la expedición del Padre De Agostini
durante los años 1930/31. Acompañado por los guías alpinos italianos
del Valle de Aosta, Evaristo Croux, Leone Bron, y por el geólogo
Feruglio, el Padre De Agostini apuntaba a ser el primero en cumplir
una travesía completa del Hielo Patagónico Sur de Este a Oeste,
y había estudiado tal posibilidad partiendo justamente desde "La
Cristina" para alcanzar el Fiordo Falcón.
La travesía del agrietadísimo Glaciar Upsala fue laboriosa junto
al habitual mal tiempo, hizo muy lenta la expedición. Pero De Agostini
había planeado hábilmente la logística y desde un campamento sobre
las laderas del Cerro Cono, una especie de oasis verde entre los
hielos donde permanecieron bloqueados durante muchos días, remontaron
un gran glaciar tributario del Upsala que llamaron Bertacchi (en
honor al poeta italiano de los Alpes Giovanni Bertacchi). Al mismo
poeta le dedicaron también un cerro cerca del cual franquearon la
divisoria oceánica. Atravesaron la gran planicie que denominaron
Altiplano Italia el 6 de febrero de 1931 y llegaron todos juntos
a la cumbre de un cerro aislado sobre la margen Oeste al que llamaron
Monte Tormo.
Desde la cumbre se ve claramente el Fiordo Falcón pero De Agostini
no bajó a tocarlo y consideró cumplida su travesía en el Monte Torino.
Si esto le quitó la primicia en sentido deportivo, dado que el cumplimiento
concreto tendría que haber terminado en el Fiordo Falcón y los recorridos
que conducen desde el Hielo al océano no son simples aún cuando
parecen breves, esta valiente iniciativa de la expedición de De
Agostini tuvo de todos modos un gran valor exploratorio. Vimos ya
que la primera y verdadera travesía Oeste-Este, incluso de ida y
vuelta, será cumplida recién en 1955/56 por la expedición de Tilman.
En esa expedición de 1930/31 De Agostini bautizó
probablemente más cerros y glaciares que personas. Por su importancia
recordamos aquí, además de los ya citados, al Cerro Don Bosco, al
Cordón Roma, al Cordón Malaspina. Es de destacar que en la cartografía
argentina más reciente, el Monte Torino resulta corrido 10 km al
Sud-Este de su real posición y está ubicado en cambio claramente
sobre el borde occidental del Altiplano Italia en vista de aquel
Pacífico que De Agostini tendría que haber alcanzado para dar total
credibilidad al titulo del capitulo IX de su fascinante libro "Andes
Patagónicos".
NUEVAS EXPLORACIONES
Entre el Glaciar Upsala y el Altiplano Italia
se erige sobre los hielos una alineación Norte-Sur de majestuosos
cerros aislados. El nombre de Cordón Darwin que le fuera otorgado
en los primeros mapas cayó ya en desuso. Estos cerros fueron meta
de diferentes expediciones espaciadas entre los años '50 y '80.
Los mayores éxitos de tinte clásico, por así llamarlos, son aquéllos
de las expediciones de los hermanos Skvarca, mientras el éxito moderno
es el de la expedición de Casimiro Ferrari al Cerro Murallón (2656
metros). El esbelto pilar de roca que separa las paredes del Este
y del Norte de este cerro, bien reconocible en las vistas panorámicas,
ha sido ascendido por Casimiro Ferrari, Paolo Vitali y Carlo Aldé
en 1984 con una escalada al límite de las dificultades técnicas
de aquel período. De esta empresa se habla difusamente en el Cuaderno
Patagónico Número 1.
Se puede de todos modos recordar que para el mismo Ferrari el éxito
había sido precedido por sus tres intentos anteriores: en 1979,
en 1980 y en 1982. Años antes, en 1964, José Luis Fonrouge, que
había individualizado los grandes problemas modernos del andinismo
patagónico, había llevado a cabo un intento por la pared Este. Su
compañero de entonces, Rafael Juárez, desaparecería en 1974 entre
los hielos del Cordón Adela, y a él le será dedicada por los primeros
escaladores la bella aguja hasta ese entonces llamada Innominata
entre la Poincenot y la Saint-Exupéry (Grupo del Fitz Roy).
NUEVAS EXPLORACIONES
Al Sur del Cordón Roma, en el mapa orográfico
de De Agostini se encontraba una mancha blanca y la indicación "montes
y glaciares inexplorados". Una mejora sustancial en la cartografía
se verificó recién a fines de los años '40 luego de un relevamiento
aerofotogramétrico que la Fuerza Aérea de los Estados Unidos llevó
a cabo por encargue del gobierno chileno durante 1944/45. El afamado
glaciólogo y montañista Luis Lliboutry supo deducirme el primer
mapa completo de los Hielos Patagónicos Norte y Sur, no asignando
nuevos topónimos pero indicando claramente las muchas lenguas glaciales
con las siglas HPN (Hielo Patagónico Norte) y HPS (Hielo Patagónico
Sur) y una numeración progresiva de allí en más adoptada en general
por los investigadores.
Recordamos aquí algunas de las ascensiones efectuadas al Oeste del
Glaciar Upsala y del Brazo Norte hasta la Bahía Onelli. Ya se habló
del pilar Nordeste del Cerro Murallón; una elevación cumbre del
cerro había sido ya ascendida por la expedición de Eric Shipton
en 1963 a la que pertenecían también Ewer, García y Marangunic.
El Cerro Don Bosco, de 2420 metros, fue escalado por su cresta Este
en 1957 por la expedición del Club Andino de Buenos Aires guiada
por Jorge Peterek; luego en 1961 durante la travesía del Hielo Patagónico
Sur conducida por Shipton con los mismos compañeros del Murallón;
en 1973 por una expedición estadounidense que perdería a dos de
sus integrantes, Carrol y Mac Andrews, quienes murieron algunos
meses más tarde en la Supercanaleta del Fitz Roy; en 1990 por Benigno
Balatti, Giuseppe Alippi y Luciano Spadaccini de Lecco por la pared
Sur; por Tony Valeruz que también abrió una vía en la pared Sur
y luego la recorrió nuevamente durante la bajada en gran parte con
los esquíes puestos.
El Cerro Cono (2440 metros), situado en la desembocadura del Glaciar
Bertacchi, ha sido escalado en 1967 por Luciano Pera y Jorge Skvarca;
en 1970 los hermanos Skvarca con Nicolic y Serrano escalaron los
Cerros Bertacchi (2612 metros), 29 de Octubre (más al Norte) y Santa
Cruz (más al Oeste).
En 1966 la expedición de Pedro y Jorge Skvarca escaló los grandes
cerros Masters (dedicado a los dueños de "La Cristina"),
Bolado (indicado erróneamente como Onelli Norte en el mapa IGM)
y Kennedy. Conquistó también el Cerro Agassiz (de unos 2800 metros
y ubicado en el mapa IGM en el lugar del Cerro Roma pero situado
en realidad a casi 9 km más al Sur) dedicado al original estudioso
suizo de glaciares y peces fósiles Louis Agassiz (1807-1883), quien
se opuso tenazmente a las teorías de Darwin sobre la evolución de
los organismos. Así también alcanzó a cumbre del Cerro Bertrand
(3064 metros) situada entre el Cerro Roma y el Cerro Mac Andrews,
sin nombre en el mapa IGM.
En 1969, Jorge Skvarca y Mario Serrano subieron la cima de hielos
del Cerro Roma (3180 metros): querían bautizarla Cerro Vivod en
recuerdo del amigo desaparecido poco tiempo antes en el Tronador
pero el topónimo dado por De Agostini había sido ya adoptado y renunciaron
entonces a ello para no crear confusiones.
En 1977 Jeff Salz subió solo la cresta Nordeste del cerro 2.581
metros, que dedicará a Steven Mac Andrew, compañero en la expedición
al Cerro Don Bosco que cayó en el Fitz Roy en el mismo año.
ENTRE LOS LAGOS ARGENTINO Y VIEDMA
Al Este del Glaciar Upsala, comprendidos entre
el Brazo Norte del Lago Argentino, el Lago Viedma y el Gran Glaciar
Viedma que desemboca en el lago del mismo nombre, hay algunos grupos
de cerros de formas atrevidas y atrayentes, pero muy poco visitados
hasta ahora a pesar de su avanzada posición hacia el oriente.
Los relieves próximos al Lago Argentino son los mas modestos aunque
también los más característicos del paisaje.
Ya los había individualizado el mismo comandante Fitz Roy quien
en aquella primera exploración de 1834 les había dado algunos topónimos
como el de Cerro Castillo ("Castle Hill") y Cerro Hobler.
Pero las cimas más bellas se encuentran al Norte, en dirección al
Lago Viedma. También éstas fueron exploradas por personalidades
a las que ya nos hemos referido merced a haberse adentrado más que
otras en los misterios andinísticos de la Patagonia. En su expedición
del verano 1931/32, el infalible Padre De Agostini subió hasta cota,
1984 metros, entre los cerros Cristal y Moyano, asomándose sobre
el Glaciar Upsala. Lo encontramos también sobre el lado Este del
Cordón Mascarello, al que bautizó así en recuerdo del oficial de
la marina argentina José Mascarello y que más tarde fue ascendido
por el lado Oeste por Jorge Skvarca y Mario Serrano en 1971. Ellos
mismos alcanzaron las cumbres de los Cerros Campana (2459 metros)
y Cristal (2l05 metros) en 1968, y el Cerro Boj 1969; nuevamente
en 1965 Jorge Skvarca subió el vecino Cerro Mesa Chico (2458 metros).
En 1970 Jorge y Pedro Skvarca lograron la primera ascensión al cerro
más elevado del grupo, el Cerro Norte (2730 metros), que expone
altas y escarpadas paredes de hielo, interrumpidas por barreras
rocosas. Subieron por la pared Oeste después de haber intentado
la escalada ya varias veces en los años precedentes. En 1986 hicieron
cumbre por la aún más difícil pared Este Casimiro Ferrari y Giuliano
Maresi.
La primera ascensión más batallada fue la del Cerro Moyano (2615
metros), cerro imponente que domina, desde el fondo de una enorme
y salvaje quebrada, el Seno Moyano del Lago Viedma. La primera exploración
fue llevada a cabo por el Padre De Agostini quien le atribuyó el
nombre de Cerro Moyano en recuerdo del oficial de la marina argentina
Carlos Moyano quien en 1877 había acompañado al perito Francisco
P. Moreno en el descubrimiento del Lago Argentino. No se les podía
escapar a los andinistas la descripción apasionada del Padre en
"Andes patagónicos", y sobre las escarpadas paredes de
roca y de hielo se alternaron dos grupos, rivales finalmente en
esta conquista. El primero en aceptar el desafío fue Cesarino Fava
quien hizo intentos en 1962, 1974 y 1975 pero que egresó siempre
sin haber alcanzado la cumbre. Mientras tanto también los andinistas
amigos de los hermanos Skvarca habían puesto los ojos en esta montaña
pero sus expediciones de 1967, 1973 y 1975 tampoco tuvieron éxito.
La competencia fue intensa entonces y fue vencida en 1976 por Jorge
Skvarca, Héctor Cuiñas y Guillermo Viero quienes conquistaron la
cumbre después de haber subido por una difícil y repulsiva canaleta
de roca y hielo en la pared Norte. Desde entonces, terminado el
largo desafío que significaba la primera ascensión, el Cerro Moyano
retornó a la austera soledad de todas las cimas patagónicas que
no se hicieron famosas y de las que no se tuvo noticias de posteriores
escaladas.
LAGO VIEDMA
Este lago lleva el nombre de quien lo descubrió
en l786. Antonio Viedma había sido encargado por el virrey español
para explorar las costas patagónicas y crear así nuevos asentamientos.
Quiso explorar desde San Julián el curso del Río Santa Cruz pero
siguió el curso del río que los Tehuelches llamaban Chalia y, pasando
por el lugar que luego se llamó Piedra Clavada y más tarde aún Tres
Lagos, llegó al gran lago.
El Lago Viedma se comunica con el Lago Argentino a través de su
emisario, el Río La Leona, que fue llamado así porque en su ribera
una hembra de león puma le saltó encima al perito Francisco Moreno
causándole algunas heridas aunque no de gravedad. Durante muchos
años, antes de la construcción de un puente, la hostería "La
Leona" no era solamente como hoy el punto de escala principal
a lo largo del camino entre Calafate y El Chaltén, sino también
lugar en el cual se podían transportar sobre una balsa accionada
por la misma corriente del río hombres, animales y vehículos de
una orilla a la otra.
A diferencia del Lago Argentino, el Viedma no está ramificado y
se adentra poco en el interior de la Cordillera; sólo Seno Moyano,
al Sur, muestra una conformación a fiordos mientras al Norte se
adentra la Bahía Túnel. En el Viedma desemboca el glaciar del mismo
nombre que a raíz de su muy agrietada superficie no es casi nunca
recorrido, aún cuando constituye un cruce importante en las cadenas
que delimitan por el Este al Hielo Patagónico Sur. La estancia más
próxima a la Cordillera, llamada Helsingfors por su fundador -el
finlandés Alfred Ramström- quien se estableció en el lugar a comienzos
del siglo XX, está situada al ingreso del Seno Moyano; ha sido transformada
recientemente en hostería para turistas y goza de una pista de acceso
terrestre.
Cerca de la orilla Norte pasa en cambio el camino para El Chaltén,
más cuidado y frecuentado. En los alrededores de la estancia "Punta
del Lago", y por iniciativa de Casimiro Ferrari, ha sido inaugurado
en 1996 un refugio llamado Carlo Mauri (1930-1982), destacado montañista
de Lecco quien en 1958 intentó subir el Cerro Torre con Walter Bonatti
y nuevamente en 1970 con Casimiro Ferrari. Ferrari inicia así con
Mauri su excepcional carrera patagónica subiendo luego el Cerro
Torre en 1974 y paso a paso muchos otros cerros.
Hacia la Cordillera, la orilla Norte termina con una bahía en cuyo
fondo fue levantada la estancia Río Túnel. El Río Túnel nace de
ramificaciones en la cabecera del valle que desde el Lago Viedma
se adentra hacia el Oeste hasta el Paso del Viento, en los alrededores
del cual hoy existe un pequeño refugio para emergencias. Entre el
Río Túnel y el Glaciar Viedma se eleva un cordón de escasa glaciación
pero de complicada orografía llamado Huemules en referencia al pequeño
ciervo andino, en un tiempo habitual poblador de sus faldas.
OTRO ACCESO AL HIELO PATAGÓNICO
Remontémonos a 1914. Al regreso de su exploración
al Glaciar Moreno, Federico Reichert estaba colmado de entusiasmo
y hubiera querido volver enseguida a la Patagonia para seguir con
este tipo de investigaciones. Dado que sus ocupaciones profesionales
no se lo permitieron enseguida le encargó tal misión al químico
Alfredo Kölliker, al geólogo Lutz Witte y al geógrafo Franz Kühn,
quienes partieron en 1915 bajo los auspicios de la Sociedad Científica
Alemana de Buenos Aires.
Varias naciones estaban entonces entrando en la primera guerra mundial.
La nave en la cual se habían embarcado era de propiedad alemana
y fue enseguida capturada por un buque de guerra inglés. Sólo luego
de varias peripecias pudieron seguir con otra nave y desembarcar
en Santa Cruz.
Meta de la exploración era la región del Lago Viedma, con el intento
de atravesar la Cordillera de Este a Oeste y confirmar la supuesta
presencia de una continua colcha de hielos entre el Lago San Martin-O'Higgins
y el Lago Argentino. Para atravesar los hielos llevaron cinco pares
de esquíes, uno de ellos provisto de un trineo desmontable. Luego
de haber comprobado que no era posible adentrarse a lo largo del
agrietadisimo Glaciar Viedma decidieron explorar el acceso al Hielo
por el valle del Río Túnel. Ayudados a lo largo de todo el viaje
por los estancieros que también los apoyaron para entrar en este
valle, establecieron un buen campamento, hicieron muchas observaciones
en el campo de las ciencias naturales y relevamientos topográficos,
tuvieron aventuras con los caballos y con los animales salvajes
y escalaron el Cerro Huemul (2677 metros) que resultó más comprometedor
de lo previsto.
Habían intentado también alcanzar alguna cima del cordón situado
al Noroeste del valle al que habían bautizado Adela, pero debieron
conformarse con menores relieves en los alrededores del paso al
que dieron el nombre de Paso del Viento. Estas ascensiones fueron
efectuadas sobre todo con el fin de mirar hacia el Oeste para descubrir
un posible paso hacia el Océano Pacífico.
Más allá de una extensión de hielos que llamaron
"Hielo continental", a pesar de considerar impropia la
definición, vieron alzarse con estupor un largo cordón de majestuosos
cerros cubiertos de hielos que llamaron "Mariano Moreno".
Y valientemente se lanzaron a través del hielo, establecieron campamentos,
tomaron fotografías e hicieron relevamientos con vistas al Paso
de los Cuatro Glaciares y alcanzaron las estribaciones septentrionales
del Cordón Moreno, pasando el "divortium aquarum". Pero
aquí los sorprendió la tempestad y tuvieron que iniciar el retorno
que los dejó exhaustos.
Consumidos todos los víveres debieron apelar a todas sus fuerzas
para lograr regresar al Paso del Viento y descender el Río Túnel.
La empresa de Kölliker y Witte, y de Silbermann y Diener que los
acompañaron haciendo de peones, merece ser considerada no solamente
con gran respeto sino también con gran simpatía. Y no sólo por el
resultado exploratorio en si mismo, conseguido con el equipamiento
precario de la época, sino considerando también la genuina pasión
por aquellas tierras y aquel tipo de vida, por su comprensión para
los colonos con los que tuvieron excelentes relaciones. Los informes
de su extensa investigación científica, publicados en Buenos Aires
por la Sociedad Científica Alemana en el año 1917 en dos tomos,
son muy ricos en descripciones emocionantes. A ellos una nostalgia
patagónica los acompañó por el resto de sus vidas.
El Cordón Mariano Moreno, al que se acercaron y relevaron en calidad
de precursores, limita al Sur con el Cerro Gemelos Blancos del cual
se ramifican dos pequeñas crestas. En el mapa IGM argentino el cerro
de 2042 metros en la cresta hacia el Sudoeste se llama actualmente
Kölliker, y el cerro de 2095 metros sobre la cresta Sudeste se llama
Witte; otro cerro que ya antes figuraba en los mapas con el nombre
de Kölliker está situado al Norte del Cordón Mariano Moreno. Ellos
son de esta manera recordados entre las solitarias extensiones del
Hielo, extensiones que ellos mismos recorrieron y estudiaron por
vez primera. Pero aquí los recordamos también con sus palabras de
despedida luego de la empresa de 1915.
Lutz Witte: "Con gran sentimiento abandonamos
todos este valle tan hermoso y tranquilo donde habíamos pasado un
mes inolvidable tanto por las penurias que habíamos sufrido, y que
ahora en el recuerdo nos parecen menos malas, cuanto por la belleza
singular e indescriptible que siempre nos encantaba; y no había
ninguno entre nosotros que no exteriorizara en alguna forma el deseo
de prolongar su permanencia otro mes más".
Alfredo Kölliker: "¡Adiós Patagonia! También yo soy de aquellos
que probaron el calafate, de los que pudieron contemplar tus incomparables
hermosuras. He logrado penetrar en tu vida. Si una fuerza mayor
no interpone su veto volveré a contemplar de nuevo tus riquezas
y bellezas. Gozaré de nuevo de todo lo que tu tierra y tus pobladores
saben dar en tanta abundancia. Eres el ídolo de libertad y magnitud
aún lejos de ser doblegado por el yugo de una civilización degenerada
¡Eres la tierra del hombre fuerte y del alma libre!".
LA GRAN INCÓGNITA DEL HIELO PATAGÓNICO
SUR
Parece casi imposible que en nuestro planeta,
y en los umbrales del siglo XXI, existan aún pequeños misterios
de tipo geográfico y verdaderos desafíos en torno a las montañas,
a su escalada y a su exploración. Sin embargo existen. Y fue justamente
uno de estos misterios, el que yace en el medio del Hielo Patagónico
Sur, lo que cautivó ya la atención de algunas generaciones de andinistas.
Justo aquí, a 50° 20' Sur, la gran extensión de altiplanos de hielos
se interrumpe y sus lenguas se enhebran con escarpadas pendientes
cubiertas de seracs entre altos cerros dispuestos sin regularidad.
La misma cordillera se presenta aquí en su punto más estrecho: entre
el Fiordo Peel y el Brazo de Mayo hay en línea de aire alrededor
de 9 km. Este es aún hoy el punto clave para efectuar la travesía
verdaderamente completa de Norte-Sur, o viceversa, del Hielo Patagónico
Sur.
Lo había ya advertido el Padre De Agostini en 1931 y también Lliboutry
se había referido a una "depresión Fiordo Andrew-Fiordo Mayo"
(y aquí es necesario observar que, para evitar confusiones con el
vecino Fiordo Andrés, desde 1981 se hace referencia solamente al
Fiordo Peel, del cual el Andrew era el seno más adentrado en la
Cordillera).
Entre la altitud de 2261 metros del Cerro Inmaculado al Norte y
la altitud de 2238 metros de un cerro innominado sobre los mapas
(para el cual ha sido propuesto el nombre "Bastión Blanco")
al Sur, la divisoria desciende para formar un ancho collado que
en el mapa de Lliboutry figuraba con la cota de 1300 metros. De
este collado desciende hacia el Oeste el atormentado Glaciar García
que llega hasta el Fiordo Peel, mientras hacia el Este una lengua
más breve desciende hasta la Laguna Escondida. Al Sur del Altiplano
Japón un paso a 1900 metros aproximadamente sobre el lado Oeste
del Cerro Inmaculado permite el acceso a la extensa zona de seracs
que lleva al collado a 1300 metros y se conecta más abajo con el
Glaciar García. Desde el Lago Argentino la continuación del Brazo
de Mayo hacia el Oeste se encuentra obstruida por el Glaciar Mayo
que, fluyendo en cambio desde el Sur hacia el Norte, termina contra
las paredes rocosas del Cerro de Mayo y crea una barrera de hielo.
Dicha barrera en el Brazo constituye el origen de aquel lago interno,
llamado justamente "Laguna Escondida" o "Lago Mayo",
que varía de nivel y que se encuentra subdividido en varios espejos
según los años y las estaciones y en el cual desembocan diversos
y escarpados glaciares.
Hemos citado ya las exploraciones de Eric Shipton que partieron
desde el Lago Onelli. También durante el verano de 1958/59 el mismo
Shipton quiso penetrar al interior de la Cordillera y considerar
la factibilidad de atravesarla justo por el collado a 1300 metros
entre el Brazo de Mayo y el Fiordo Peel.
Shipton y Geoff Bratt, a los que se había unido el argentino Barney
Dickinson, desembarcaron con víveres para un mes en la orilla Norte
del Brazo de Mayo. Dos veces intentaron superar la barrera de hielo
constituida por el Glaciar Mayo y sólo en el tercer intento, valiéndose
de angostas sendas a lo largo del borde rocoso y adentrándose con
sumo riesgo en un largo túnel del glaciar, lograron atravesarlo
y llegar a una ensenada de la Laguna Escondida llena de témpanos.
Al darse cuenta de que el único medio para continuar era el gomón,
regresaron a buscarlo al campamento base donde tuvieron la mala
suerte de constatar que los zorros habían comido buena parte de
sus víveres. El transporte del gomón a través del túnel en el glaciar
fue una prueba de coraje pero gracias a este pudieron atravesar,
si bien con mucha fatiga, una primera sinuosidad de la laguna y
acampar entre las empinadas florestas de la ribera opuesta.
Durante los días sucesivos el viento y las ondas ya no permitieron
más el uso del gomón para continuar sobre el lago y tuvieron que
proseguir caminando penosamente a lo largo de las orillas escarpadas
y desmoronadizas. Se dieron cuenta luego de que no hubieran podido
atravesar a pie los agrietados glaciares que entran en el lago desde
el Norte y a este punto renunciaron al intento de una travesía completa.
Una vez que dejaron las cargas y a Barney para que las cuidara,
Shipton y Bratt siguieron aún hacia una nueva exploración dirigiéndose
livianos con el gomón hasta el final de la laguna en un momento
de viento calmo. Se encontraron con estupor en medio de una rozagante
floresta de altísimos árboles y, luego de haber reconocido un posible
pasaje hacia el paso ubicado más arriba, a 1300 metros, regresaron
con muchas peripecias en medio de la tormenta que se había levantado
de repente y que empujaba el gomón contra los témpanos entre remolinos
y ondas que amenazaban continuamente con tumbarlos en la laguna.
¿HASTA DÓNDE?
El desafío de recorrer espacios aún desconocidos
fue recogido por los jóvenes japoneses Takeuchi, Tsuzuki y Yoshizawa
en 1971/72. Iniciaron una travesía al Fiordo Falcón, con trineos
pero sin esquíes, y la terminaron antes de lo programado en el Fiordo
Europa, cerca del cual por suerte habían preparado antes un depósito
de víveres. La empresa necesitó acampar veintinueve veces y quedó
entrampada más por el mal tiempo y los problemas logísticos que
por los obstáculos andinísticos; las aproximaciones desde el océano
fueron especialmente complicadas y peligrosas. Ellos llamaron Altiplano
Japón al que habían recorrido y que constituye la continuación hacia
el Sur del Altiplano Italia del Padre De Agostini.
Pero los desafíos existen para poder desquitarse. Giuliano Giongo
había escalado ya el Fitz Roy en 1978, la Torre Egger en 1980 por
una nueva ruta sobre la pared Este y la Punta Herron. En 1983 fracasó
en el intento de cumplir la primera ascensión invernal al Cerro
Torre (cosa que lograron luego en 1985 Salvaterra con Giarolli,
Sarchi y Caruso), pero la Patagonia lo había ya embrujado. En 1985,
buscando la más completa autonomía, se propuso hacer una travesía
invernal del Hielo Patagónico Sur. Entró por el Paso Marconi, y
luego de una ida y vuelta hacia el Norte hasta el Glaciar Rivera,
se dirigió hacia el Sur. Sin radio ni cartografía confiable comenzó
a perder referencias sobre el terreno en medio del mal tiempo que
lo atrapó decididamente en el tramo Sur del Altiplano Japón. Es
difícil reconstruir con precisión el itinerario que siguió en la
tempestad, individualizar el lugar en el cual cayó a una grieta
salvándose sólo porque había quedado colgado del trineo encajado
en el hielo sobre su cabeza, dónde logró cruzar las estribaciones
orientales alimentándose sólo de hojas y raíces para regresar al
Glaciar Upsala y llegar exhausto, luego de cuarenta y dos días,
a "La Cristina". Tendría que haber sido el primero en
encontrar un paso para llegar al Glaciar Moreno.
De todos modos ni esta experiencia extrema ni las polémicas surgidas
a su regreso le impidieron embarcarse en otra aventura solitaria:
durante el invierno austral de 1988 navegó solo durante setenta
días con una canoa los tempestuosos mares entre el Cabo de Hornos
y la isla Navarino. Lo cuenta entre otras cosas en su cautivador
"Tekenika", uno de los más bellos libros de aventura publicados
en estos últimos años.
EL PASAJE DE LA LAGUNA
ESCONDIDA
El descenso desde el Norte a la Laguna Escondida
se presenta en todo caso problemático y es de todos modos difícil
y peligroso. Pudo con él, en el año 1992, la expedición de Paolo
Cavagnetto quien junto a Joel Blumenerg, Paolo Falco y Alberto Guelpa
había partido desde el Fiordo Calén y había iniciado la travesía
del Hielo por el glaciar Jorge Montt. Ellos recorrieron el Altiplano
Japón, intentaron una salida hacia el Oeste, luego doblaron hacia
el Sur alcanzando, a través del paso a unos 1900 metros aproximadamente,
el borde de los peligrosos seracs amenazantes sobre el collado a
1300 metros. Regresaron sobre sus pasos, doblaron hacia el Este
y descendieron por el ramal Sur del Glaciar Spegazzini hasta donde
un canal de hielo les permitió llegar a la parte superior del Glaciar
Mayo Norte. Allí descendieron evitando sobre las líneas divisorias
de las vertientes los agrietadísimos glaciares y bajando los trineos
mediante sogas a la Laguna Escondida. Emplearon cuatro días sólo
para este descenso. Habían vislumbrado una posibilidad para continuar
la travesía hacia el Sur pero dado que los víveres ya se habían
acabado, luego de treinta y cinco días y con la incertidumbre general
también sobre el uso de los esquíes (era ya diciembre), optaron
por hacerse rescatar por un helicóptero argentino en el Brazo de
Mayo.
En 1993 estuvo en cambio muy cerca de convertirse en tragedia la
aventura de los dos suizos Franco Della Torre y Arturo Giovanoli.
Venían de cumplir la travesía Norte-Sur del Hielo Patagónico Norte
y se habían comunicado a través del Río Baker con el Hielo Sur.
El 2 de diciembre, intentando bajar a lo largo de los seracs hacia
el collado a 1300 metros, una caída en la grieta más el trineo que
se le cayó encima hiere seriamente a Giovanoli. Luego de emitir
vía radio pedidos de auxilio y de haber sido recibida por casualidad
una de las señales por un avión de línea, los dos lograron llevar
a cabo la proeza de un durísimo regreso con sus propias fuerzas,
habiéndoseles acabado también los víveres, hasta el Glaciar Upsala.
Allí los encontraron el 20 de diciembre los socorristas que los
buscaban mucho más al Sur, durante un último vuelo de reconocimiento
con el helicóptero efectuado por Oscar Almirón. De la expedición
estadounidense, que partió desde Paso del Viento y que en 1994 bajó
a La Laguna Escondida para luego remontarse para salir al Glaciar
Spegazzini, hicimos alusión ya en el capítulo Cerro Mayo.
El recorrido de ellos coincide en parte con el de la expedición
del verano de 1994/95 llevada a cabo por Ermanno Salvaterra con
tres compañeros pero que en cambio desde el Paso Marconi se dirigió
primero al Glaciar Jorge Montt y bajó casi hasta el Océano, luego
regresó sobre sus pasos y se dirigió hacia el Sur. Pero no quisieron
aceptar los riesgos de un descenso hacia el collado a 1300 metros,
doblaron hacia el Sudeste y luego de un peligroso cruce del Glaciar
Spegazzini se dirigieron a la Península Avellaneda donde permanecieron
aún varios días más a la espera de un medio que los llevara hasta
Calafate.
CUMPLIDA INCUMPLIDA
"La idea de la travesía surgió en una
cumbre, se esbozó en los bares, se aumentó en el alma y se hizo
con el espíritu".
Sebastián de la Cruz
Claro: no tan sólo con el espíritu. Sebastián de la Cruz es considerado
el mejor andinista argentino de estos años que además cumplió relevantes
actividades en el extranjero. La cumbre a la cual hace referencia
en la cita es la del Cerro Torre que alcanzó en 1988; la cumbre
que lo encantó por la vista que de ella tenía del Hielo Sur era
la del Fitz Roy, cumbre a la cual él mismo realizó la primera ascensión
invernal en el año 1986. No sólo fuerza mental entonces, sino también
gran capacidad técnica y sobre todo una gran pasión.
Los ingredientes para el desafío de una travesía sobre el hielo
estaban todos. Lo que faltaba era el dinero para organizar una travesía
de ese tipo. El y sus compañeros españoles entre los que se encontraba
Antonio Trabado, con quien había subido el Cerro Torre, encontraron
una solución en 1993 proponiendo realizar durante la travesía un
film para la transmisión "Al filo de lo imposible" de
la televisión española. De este modo se aseguraron un cierto apoyo
logístico y, apenas recibido el consenso, por miedo que en la televisión
repensaran la idea, se lanzaron a la aventura.
No nos detendremos sobre la larga travesía iniciada el 28 febrero
de 1993 en el Fiordo Calén y que luego de una salida restauradora
en el Paso del Viento terminó cincuenta y cuatro días más tarde
en el frente del Glaciar Tyndall en el grupo del Paine. Los detalles,
muy interesantes también en cuanto al aspecto organizativo, fueron
publicados en revistas argentinas, españolas e italianas y se trata
de la más completa entre todas las travesías del Hielo Sur efectuada
hasta 1997.
PEDAZO QUE FALTA
El 4 de abril Sebastián de la Cruz, Antonio Trabado,
José Carlos Tamayo y José Luis Bedía llegaron al paso de unos 1900
metros "de acceso al glaciar colgante al Oeste de la montaña
escarpada que divide las cuencas" del Brazo de Mayo y del Fiordo
Peel (es decir del Cerro Inmaculado). El día anterior Tamayo había
sobrevolado el gas lugar con el helicóptero de Almirón para "echar
un vistazo en la zona problemática". ¿Y qué vio?.
Vio un posible itinerario a lo largo de "un glaciar bastante
agrietado hasta un collado a unos 1300 metros, luego una ladera
glaciar poco peligrosa hasta la cumbre de un cerro de 1800 metros
y finalmente haciendo un rapel de unos 500 metros en pendientes
entre 45( y 80( hasta un amplio collado".
Pero desde el 5 hasta el 11 de abril permanecieron bloqueados en
las carpas a raíz de la tempestad. Aprovechando un momento de calma
bajaron por el glaciar para investigar el paso. "Llegamos al
último punto posible, debajo de una barrera de seracs y por encima
de otra. Estamos de acuerdo que es francamente imposible y arriesgadísimo:
en cualquier momento alguna ráfaga desequilibra un serac tipo naipe
gigante y nos fuimos!"
La solución llegó el 13 de abril con el helicóptero de Almirón que
trasladó hombres y materiales a 12 km más al Sur aproximadamente,
"justo al Sur del cerro de los rapeles", es decir de aquél
al que otros llamarán "Bastión Blanco". Y mientras Almirón
llevaba a Calafate los deshechos y los materiales sobrantes, ellos
continuaron la travesía sin otros contratiempos, pasando por el
collado del Cerro Dos Codos y por el Paso Reichert para llegar hasta
el Altiplano Polonia y continuar hacia el Paine.
ENTRE LOS NAIPES GIGANTES
Los naipes son una doble metáfora para la extensa
zona de seracs que desciende desde el collado a 1900 metros hacia
el Glaciar García y el Fiordo Peel: los seracs se asemejan a naipes
y recorrer la zona de seracs es un arriesgado juego de azar.
A pesar de ello llega quien la recorre en serio, más que nada porque
entonces ya se encontraba dentro de ella y tenía que bajar al Fiordo
Peel. Para realizar entre 1994 y 1996 aquél que había sido el sueño
del gran Amundsen, es decir una circunnavegación completa de las
dos Américas, el alemán Arved Fuchs (1953) armó el cutter ballenero
"Dagmar Aaen" construido en 1931. Fuchs, luego de varias
experiencias en las montañas y muchos viajes de aventura, había
también alcanzado los polos Norte y Sur en 1989 y quería completar
su circunnavegación de las Américas, en la que participaron diferentes
compañeros, también con aventuras sobre tierra firme.
Así es que incluyó en sus planes también una travesía desde el Norte
hasta el Sur del Hielo Patagónico Sur. La inició desde el Glaciar
Jorge Montt con Till Gottbrath y Roger Schmidt mientras el "Dagmar
Aaen" iba hacia el Fiordo Peel a desembarcar a otros compañeros.
El programa preveía el encuentro de los dos grupos en el punto Sur
del Altiplano Japón.
En el Fiordo Peel desembarcaron con un gomón Pablo Besser, uno de
los mejores jóvenes andinistas chilenos, la joven skipper y montañista
islandesa Sigridur Sverrisdottir y el chileno-alemán Günther Jüllich
como conexión al campamento base entre el cutter y los andinistas.
Mientras Fuchs, Gottbrath y Schmidt se desplazaban sobre el Hielo,
Besser y Sverrisdottir, habiendo constatado la intransitable condición
del Glaciar García, encontraron más hacia el Oeste un acceso al
Hielo por un glaciar que llamaron Margarita. Luego de idas y venidas
para transportar cargas, el 9 de noviembre de 1995 levantaron una
pequeña carpa sobre el Hielo a unos 1800 metros y desde allí cumplieron
algunas bellas primeras ascensiones sobre cerros cubiertos por hielos.
Subieron al cerro "Dagmar Aaen", de 2200 metros, desde
el que divisaron la Laguna Escondida; luego el difícil "Cerro
Centinela" situado justo sobre el campamento. Fue entonces
que corrieron la carpa cerca del paso a 1900 metros, desde donde
subieron a una delgada aguja de hielo que llamaron "Cerro Ilusión";
al fácil "Cerro Mirador"; al difícil "Cerro Aparición"
con tramos sobre hielo de 70(-80(, y para concluir, a una cumbre
del Cerro Inmaculado el 17 de noviembre.
Cuando los dos grupos se encontraron felizmente, el tiempo que hasta
ese momento había sido incierto, aunque matizado con alguna buena
jornada, se tornó decididamente malo. Subieron una vez más todos
juntos a un cerro que bautizaron "Cuatro Vientos" pero
a partir del 21 de noviembre permanecieron bloqueados, sumergidos
por las nevadas, con una carpa completamente destruida.
El 30 de noviembre decidieron dejar esa situación ya muy precaria
y afrontaron, inmersos en el mal tiempo, el descenso a través de
la extensa zona de seracs. Llegaron al nivel del collado a 1300
metros luego de numerosos incidentes, bajando los trineos y ellos
mismos con rapeles; más tarde se dirigieron hasta el Fiordo Peel
a lo largo de la ribera Norte del Glaciar García y, luego de penosas
idas y venidas entre florestas y pantanos, se reunieron finalmente
con los compañeros de la "Dagmar Aaen".
Pablo Besser reintentará la aventura en 1996 con dos jóvenes compañeros
chilenos, Fica y Crossley, apoyado por la Marina Chilena y partiendo
a su vez desde el Glaciar Jorge Montt, pero tendrá que interrumpir
la travesía nuevamente en el Fiordo Peel.
UN PEDACITO Y ALGO MÁS
Para que hayan sido tocados todos los pasos de
una travesía completa por tierra del Hielo Patagónico Sur, posiblemente
en las cercanías de la divisoria de aguas, alguno debe aún poner
los pies sobre el collado a 1300 metros y sobrepasar el "Bastión
Blanco". Es sólo un pedacito en esa inmensidad de cerros y
hielos y el desafío de la superación técnica se ha reducido hoy
en día a ese fragmento.
Pero podemos igualmente imaginar que, cuando un día también estas
últimas metas sean alcanzadas, permanezca aún intacto por mucho
tiempo el sueño de un desafío no tan técnico, sino de aventura silenciosa,
autónoma, carente de apoyos externos. Un desafío del cual no importe
quién lo haya cumplido en primer lugar, que sólo concierna a quienes
lo cumplan, quizás sin radio ni GPS, quizás sin alimento para astronautas
y regresando al tocino que aconsejaba Witte o a la manteca en lata
que amaba Shipton.
No está prohibido soñar ni referirse a la ejemplar
pasión de aventura de quienes nos han precedido y han encontrado
en las soledades patagónicas las satisfacciones más profundas de
los propios anhelos existenciales. Quien desde las orillas del Lago
Argentino dirija su mirada a la Cordillera puede perseguir el sueño
más bello de su vida.
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