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El espejo del Lago Argentino llega al Este hasta una árida estepa
donde viven los avestruces. A lo lejos en la Cordillera se perfila
el Cerro de Mayo; más cercano a la derecha el Cerro Castillo.

Mapa de la zona del Lago Argentino y el Lago Viedma.

En una plazoleta acogedora, Calafate honra a Francisco Pascasio
Moreno con un hermoso bronce.

Hacia el Norte, el Canal de los Témpanos confluye en el Brazo de
Mayo. Enfrente, los Cordones de la Península Avellaneda, donde todavía
se ocultan en los bosques muchos vacunos baguales.

Los cerros de la Península Magallanes ya no tienen más glaciares,
si bien franjas de bosques con hayas australes y especies botánicas
preciosas. Hasta la fecha no hay caminos que crucen la hermosa naturaleza
de las riberas Oeste y Norte.

Así sale en el famoso libro "Andes Patagónicos" del Padre
Alberto De Agostini, la imagen histórica del piloto Franco Bianco
y del mismo Padre (a la izquierda), en la oportunidad de su vuelo
sobre la Cordillera.

La frente del Glaciar Moreno, cuya altura llega hasta 70 metros,
tiene una superficie muy agrietada. De la pared se destacan los
trozos de hielo que luego navegan como témpanos en el canal, llegando
a veces hasta la estepa al borde Este del Lago Argentino.

Cuando por el cierre del Glaciar Moreno crecen las aguas del Brazo
Rico, las tierras quedan inundadas, sumergiendo las praderas y hasta
los árboles. Este fenómeno causó el abandono de su campo por parte
de varios colonos ya en la década del '30.

Desde el Cerro Moreno se puede mirar, como si fuese el vuelo de
los cóndores, la lengua del Glaciar Mores. Aquí se nota como en
1990 la lengua quedaba muy cerca de la Península Magallanes.

Donde la superficie del Glaciar Moreno se halla tan quebrada es
difícil y peligroso desplazarse sobre ella. Los andinistas prefieren
buscar el Paso sobre las morenas laterales, aun cuando son empinadas
y muy sueltas.

Rodolfo Hauthal (Hamburg 1854-Hildesheim 1928) "después de
una fecunda vida de naturalista y deportista que lo llevó en muchas
ocasiones a riesgos extraordinarios, en pleno vigor físico y mental,
por un extraño contraste del destino, muere accidentalmente en una
caída ..." (Mario Hünicken, Córdoba)

Hoy día resulta más correcto nombrar como en este croquis los cerros
que se divisan hacia el Norte desde la depresión donde llegó Reichert
en 1914 (croquis tomado de la foto de Reichert).

Un cerro sobresaliente del Cordón Reichert fue bautizado con referencia
al viejo puesto en la Bahía Ameghino, al que el antiguo poblador
quiso poner el nombre "Canario Negro". Unos álamos y manzanos
quedan todavía cerca de la casucha en ruinas. Otro cerro menor cerca
del puesto lleva desde hace tiempo el nombre de Asunción Fraile,
la esposa del poblador.

Esta foto de Tilman salió en el Alpine Journal de Inglaterra. Se
puede considerar hoy a Tilman como a un testigo significativo de
la forma más sencilla y espartana de la aventura montañesca, tal
vez la que más merezca este nombre y un futuro en el sentido deportista
y ecológico.

Al Sur del Glaciar Moreno, arriba de donde paso Tilman bajando al
Lago Argentino, se destaca el Cerro Cervantes. Detrás emerge a su
izquierda el cerro que recién fue dedicado a la memoria del gran
explorador. A la derecha de la ancha depresión que lleva al Altiplano
Polonia, sobre la "divisoria de las aguas" se halla el
Cerro Gardiner con su casquete de hielo.

El Cerro Moreno es un cuerno rocoso audaz que se divisa desde lejos.
Se halla arriba de la margen derecha del Glaciar Moreno en su parte
cerca del lago, y también debido al encanto de su posición panorámica
merece una ascensión que por lo demás se puede cumplir en el día.

El Cerro de Mayo en su severo traje de invierno, mirado desde la
cumbre del "Cerro Serrucho" 1448 metros del Cordón Ameghino,
donde Gino Buscaini, Lucía Castelli y Silvia Metzeltin hicieron
cumbre primeros el 13 de agosto de 1997.

Eric Shipton mostró predilección por los lugares más salvajes y
remotos. Además de lo que aquí se relata, en la Patagonia cruzó
parcialmente el HPS en 1960/61, después viajó dos años por Tierra
del Fuego; en 1963/64 cruzó el HPN, en 1973 en su tercer tentativa
hizo cumbre al Monte Burney.

El salvaje ramal del Glaciar Spegazzini cae en el Lago Argentino
con una cascada de seracs, bajo las torres y agujas del cerro llamado
Peineta. A este cerro, Prichard en 1901 le dio el nombre de Millais,
en recuerdo del pintor inglés que ilustró su precioso libro sobre
la Patagonia, pero el bautismo no tuvo suerte.

Témpanos azules espectaculares se desprenden del Glaciar Upsala,
navegando luego cerca de los recorridos de las lanchas que llevan
a los turistas.

La lengua principal del Glaciar Upsala, el glaciar más largo de
América del Sur, llega con su ancha frente al fondo del Brazo Norte
del Lago Argentino.

En el Hielo Patagónico, para desplazarse a lo largo de los altiplanos
Italia y Japón, los andinistas utilizan esquíes y trineos. En los
días de sol, protegerse la cara con máscaras o pañuelos es casi
una obligación para evitar peligrosas quemaduras.

Al centro el Cerro Heim, con su casquete de hielo, así bautizado
por el Padre De Agostini en recuerdo del afamado geólogo suizo Albert
Heim (1849-1937), padre de Arnold Heim, que intentó varias veces
la primera ascensión del Cerro San Valentín. Al fondo, se divisan
otros cerros imponentes que se hallan en la soledad de los hielos:
Gemelos Blancos, Roma y Bertrand.
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Cuaderno 13
Lago Argentino
Presentación
Ninguna otra región de los Andes Patagónicos como ésta, en los alrededores
de los lagos Argentino y Viedma, ofrece una contigüidad tan fuerte
entre cada una de las áreas asiduamente visitadas por el turismo
internacional merced a la belleza del paisaje y a sus zonas desconocidas
hasta por los andinistas.
El límite entre las dos está dado por la misma predisposición del
territorio, donde se encuentran las mesetas y la cordillera, las
estepas y la floresta pluvial, donde los lagos y los glaciares son
al mismo tiempo obstáculo y posible vía de penetración.
Este cuaderno fue pensado como un puente entre las dos realidades:
la de la Naturaleza y la de la Penetración del Hombre. A través
de una visión global de la relación entre la naturaleza de los lugares
y la historia de la exploración y del andinismo, pretende ofrecer
una contribución a la comprensión total que enriquece tanto los
sueños como las experiencias de los viajes patagónicos.
Silvia Metzeltin y Gino Buscaini
LAGO ARGENTINO
El Lago Argentino es el más sureño entre los grandes lagos que yacen
a los pies de los cerros de la Patagonia Argentina. Su superficie
se encuentra a sólo 185 metros sobre el nivel del mar. Sus brazos
occidentales se adentran profundamente en la Cordillera y en ellos
desaguan numerosos glaciares provenientes de los casquetes del Hielo
Patagónico Sur. Los glaciares Moreno y Upsala sumergen en él de
modo espectacular sus frentes de los que se desprenden continuamente
los témpanos que, empujados por el viento, navegan hacia la parte
oriental y más abierta del lago y pueden llegar hasta la orilla
donde el clima es ya el clima árido de las estepas de las mesetas.
Su emisario es el Río Santa Cruz, río que desagua
en el estuario de Santa Cruz del Océano Atlántico.
Hoy se lo puede visitar fácilmente gracias a las buenas comunicaciones
entre Río Gallegos y Calafate, pueblo oficialmente fundado en 1927
y devenido en la localidad turística más importante de la provincia,
con buenos servicios y principal punto de partida para excursiones
y ascensiones en la región.
Desde el punto de vista de la exploración y de la práctica del andinismo,
los relieves de mayor interés se alzan en los alrededores de los
largos brazos occidentales, que constituyen también las vías de
acceso a los respectivos sectores del Hielo Patagónico Sur. Por
ello los agrupamos en esta descripción a pesar de que se trate de
cordones diversos desde el punto de vista geográfico. Tenemos incluso
al Lago Viedma y a las montañas que se extienden entre este lago,
el Lago Argentino y el Hielo, de manera de cubrir con el Cuaderno
Número 13, también un área muy vasta y poco conocida que se extiende
hasta el Río Túnel.
Esto porque las exploraciones y realizaciones montañísticas tienen
características similares, y también porque continuaremos así, sin
demasiadas lagunas, los Cuadernos Patagónicos Números 1, 3 y 4 que
hablan de los andinistas de Lecco en la Patagonia, del Cerro Torre
y del Fitz Roy, y el Cuaderno Numero 8 que trata sobre el "Hielo
Continental" (Hielo Patagónico Sur).
Los límites de la presente descripción fueron fijados según el criterio
del común acceso general poniendo como tal, al Sur, al Glaciar Dickson.
Además, por contigüidad, consideramos hacia el Oeste también los
cordones principales hasta la Meseta (Altiplano) Japón y hasta los
Fiordos Peel y Calvo del Océano Pacífico, ya que en esta zona los
fiordos del océano y los brazos de los lagos se encuentran particularmente
cerca.
Muchos cerros son grandiosos. En algunos casos sus rocas son de
tipo granítico, pero muy a menudo son esquistosas y casi siempre
se encuentran revestidas por hielos. No es simple escalarlos: por
lo general largos glaciares, agrietados, entrecortados por cascadas
de seracs, tornan problemática la aproximación. También por esta
razón han sido poco visitados y mayormente la ascensión a los mismos
ni siquiera fue intentada por los andinistas. Todavía hoy existen
dudas sobre las posibilidades de algunos pasajes y conexiones. Algunos
andinistas que en ellos se adentraron vivieron momentos difíciles
e incluso, a veces, dramáticos.
Las estribaciones más cercanas al lago fueron visitadas con menores
problemas aunque también aquí el frecuente mal tiempo patagónico
hizo que la suerte se torne necesaria para llegar a la cumbre incluso
cuando las dificultades técnicas son muy escasas.
También persisten en nuestros días algunos problemas abiertos por
el trazado de la frontera entre Chile y Argentina: un contencioso
que ya al final del Siglo XIX había estimulado la exploración geográfica
de los lugares, exploración que en este sentido no resulta concluida
aún.
Gran parte del territorio montañoso de esta amplia región está comprendida
en el Parque Nacional Argentino "Los Glaciares", instituido
en 1937.
EL NOMBRE DEL LAGO
"... en la inmensa soledad, la naturaleza que te hizo, no
te dio nombre: la voluntad humana desde hoy te llamará ¡Lago Argentino!
Que mi bautismo te sea propicio..."
Francisco P. Moreno
Con estas palabras pronunciadas el 15 de febrero de 1877 Francisco
Pascasio Moreno (1852-1919) le atribuyó al lago el nombre que perduraría
a través de la historia. El fue el primero en desplazarse sobre
el lago y ese lugar, a 45 km al Oeste de Calafate, desde donde se
adentró con el bote, fue llamado Punta Bandera, siendo justamente
izada allí, por él mismo, una bandera. Todavía hoy sigue siendo
el lugar más adecuado para el atraque de las embarcaciones.
Sin embargo el lago era ya conocido por los indios tehuelches nómades
que recorrían campos y cañadones entre el Río Santa Cruz y el territorio
de Magallanes. Es de suponer que le dieron un nombre también al
lago, nombre que sin embargo se fue perdiendo junto a gran parte
de la tradición oral de estos indios.
Los exploradores blancos que llegaron al lugar
durante la segunda mitad del Siglo XIX no lograron entender en realidad
dónde habían arribado cuando se encontraron frente al lago. Así
Fitz Roy en 1834, luego de haber remontado el curso del Río Santa
Cruz, no se dio cuenta ni siquiera de que se encontraba frente a
un lago, y desde lejos llamó a aquella amplitud simplemente "llanura
del desengaño". El marinero inglés H. G. Gardiner, quien era
integrante de la expedición organizada por Luis Piedrabuena y que
llegó al lugar en 1867, lo llamó "La Laguna del Río".
El capitán Feilberg, constatando en 1873 que desagua en el Lago
Río Santa Cruz, consideró en cambio que se trataba del Lago Viedma,
ya conocido desde 1786.
Fue la cuestión de los límites entre Chile y Argentina
lo que empujó hacia una exploración más detallada. Así, en su viaje
de exploración durante el verano de 1876/77, el perito argentino
Francisco P. Moreno avanzó por el Canal de los Témpanos para entender
la orografía de los brazos meridionales y llegó así al Brazo Rico.
En aquella ocasión bautizó al lago y le dio nombre también a la
Península Avellaneda, a los Cerros Buenos Aires y Frías y al esbelto
Cerro de Mayo que se ve desde Punta Bandera.
En el Lago Argentino penetran dos grandes penínsulas. La más silvestre
es la Península Avellaneda, lugar donde después del retiro de los
colonos que habían llegado desde Punta Bandera quedaron vacunos
que se volvieron finalmente salvajes. Sobre los costados de sus
cimas cubiertas de escombros, visitadas por el Padre De Agostini
en 1930/31, crece una floresta ya de tipo pluvial, rica en fucsias
y típica de los brazos occidentales del lago.
Al norte de la Península Avellaneda se encuentra
la angostura lacustre llamada "La Garganta" o "Puerta
del Infierno": un canal largo y ventoso, cuya navegación no
es siempre factible ni siquiera con las actuales embarcaciones,
y a través de la cual se llega al Brazo Norte del lago y a sus ramificaciones.
La Península Magallanes es en cambio fácilmente alcanzable ya que
se encuentra conectada al terreno de las terrazas de Calafate. La
vegetación es allí más escasa y un camino de ripio, abierto por
Parques Nacionales durante los años '60, recorre su pendiente Sur
y termina frente al glaciar Moreno, a 80 km de Calafate. Sus relieves
son en parte pasturas utilizadas por las estancias. Emergen de ellos
los cerros Buenos Aires y Frías, escalados por Hauthal en 1899-1900
y más tarde por Prichard en 1901, quien hizo en ellos la primera
recolección botánica sistemática y que para recordar a un botánico
llamó Burmeister a la península, nombre que luego no se confirmó.
Detengámonos un poco más en los nombres subrayando que en toda la
región el baile de los topónimos no fue un tango sino más bien un
vals. Esto provocó también alguna confusión en la atribución de
itinerarios y ascensiones y todavía es causa de varios posibles
equívocos. Si bien en lo que respecta a la ubicación sobre el terreno
es hoy en día cada vez mayor el número de personas que se mueven
dotados de GPS (Geo Positioning System) pudiendo así recibir indicaciones
vía satélite de longitud y latitud del lugar en el que se encuentran,
los topónimos permanecen sin embargo ligados a un mundo de emociones
y de historia cuyo significado va más allá de aquél de las simples
coordenadas geográficas, y que comprenden los equívocos que se deben
devanar en la confrontación de cuentos, mapas e ilustraciones de
varias épocas. En los últimos años, la mayor concurrencia al lugar
aumentó la confusión debida a nombres atribuidos sin previas investigaciones
o sin sensibilidad por la historia y la naturaleza de los lugares.
De esta forma el mismo cerro puede encontrarse con diversos nombres
en distintos mapas y estar en ambos en posiciones erradas con respecto
a la atribución original.
El historiador del Instituto de la Patagonia de Punta Arenas, Mateo
Martinic, señala que en los inicios del siglo XX resultaba vivo
por ejemplo para el Lago Argentino un topónimo empleado por los
baqueanos que transitaban el Cordón Baguales y lo llamaban "Laguna
Santa Cruz".
La denominación "Península Magallanes"
se debe en cambio al teniente Juan Tomás Rogers, científico británico
al servicio de Chile que llegó al lago en 1877 y en 1879 proveniente
del Sur y acompañado por Santiago Zamora, el más renombrado baqueano
de la región. El nombre de Zamora, legendario exponente de los solitarios
cazadores aventureros que acompañaban a los exploradores se encuentra
todavía en los viejos mapas que indican un "Paso Zamora"
cerca del Hito Número 63 sobre el Cordón Baguales.
VOLANDO SOBRE EL LAGO
En esta presentación del Lago Argentino podemos
recordar que en 1931 se truncaron trágicamente las vidas de Günther
Plüschow y Ernst Dreblow a causa de una caída en el Brazo Rico desde
una altura estimada de 600 metros. Luego de sobrevivir a la Primera
Guerra Mundial merced a las peripecias que más tarde cobraron fama,
el aviador alemán Plüschow llegó a la Patagonia con una goleta bautizada
"Feuerland" (Tierra del Fuego). Armó allí su aeroplano
transportado en piezas, un hidroavión Heinkel D-24 conocido popularmente
como "Cóndor de Plata". En 1928 realizó el primer correo
aéreo entre Punta Arenas y Ushuaia.
Plüschow había preparado una base de despegue sobre la orilla Norte
del Lago Sarmiento, en una bahía situada a 7 km de la actual entrada
al Parque Nacional chileno "Torres del Paine". Durante
los años 1993/94, luego de pacientes investigaciones, los esposos
Roehrs y Günther Jüllich encontraron los restos del campamento base
y reconstruyeron con minuciosas investigaciones la arriesgada actividad
de exploración de Plüschow en la Patagonia Austral. En Calafate,
el guía Horacio Svetaz está reconstruyendo el trágico epílogo del
último vuelo en base a los documentos argentinos de la época.
Este aventurero de los cielos, que quedó fascinado
por la Tierra del Fuego y por la Patagonia, sobrevoló primero los
cerros del Paine y del Lago Argentino. Se supone que quería incluso
establecerse en el lugar y también obstaculizarles a franceses y
estadounidenses las vías de los cielos patagónicos. El destino de
morir en un accidente aéreo lo mancomunó sin dudas a los demás aviadores
ligados a América Latina y a la Patagonia, aquí abajo recordados
por los cerros que les fueron dedicados en el grupo del Fitz Roy:
Guillaumet y el escritor Saint-Exupéry, ambos abatidos durante la
Segunda Guerra Mundial, y Mermoz desaparecido en 1936 con su hidroavión
"Cruz del Sur" en los tempestuosos mares junto a la Tierra
del Fuego. Más al Norte, a la memoria de Plüschow, fue dedicado
un imponente cerro de hielo en las cercanías del Lago San Martín-Higgins.
En 1937 el aviador de origen italiano Franco Bianco
llevó al padre salesiano Alberto María De Agostini (1883-1960),
gran explorador de la Patagonia austral a quien fueron dedicados
los Cuadernos Patagónicos Números 2 y 5, a realizar un recorrido
como el que había intentado Plüschow, desde Puerto Natales hasta
el Lago Argentino, con su avioneta "Saturno". En el momento
del despegue un policía le preguntó al padre si llevaba un paracaídas
quizás pensando en que fue justamente un desperfecto en el paracaídas
lo que causó la muerte de Plüschow y de su mecánico de a bordo Dreblow
cuando habiéndose roto el cable del timón del avión se lanzaron
y cayeron al lago. Pero De Agostini consideraba que a él como paracaídas
le podía bastar una reliquia de San Juan Bosco a quien invocaba
en los peligros. En todo caso el suyo fue un vuelo con feliz retorno
rico en emociones y fotografías.
De vez en cuando se ven aviadores que se adentran
sobre las extensiones del Hielo y vuelan alrededor de las montañas.
Pero también ellos, y quizás aún más que los andinistas, tienen
que lidiar con la habitual asechanza del mal tiempo. Un sobrevuelo
invernal del Hielo Patagónico Sur dando vueltas entre el Fitz Roy
y el Paine fue logrado en 1995 desde Buenos Aires por Agostino Rocca
como piloto y Sebastián Letemendía. Pensando en los vuelos de Saint-Exupéry
y en uno de sus libros, Letemendía comenta: "En 'Vuelo Nocturno'
el piloto tiene que decidir si sale de Comodoro Rivadavia hacia
Trelew a pesar de un aviso de tormenta. La diferencia es que mientras
los aviones de aquélla época eran poco más que un motor con alas,
los nuestros son muchísimo más seguros, equipados con buena radio
y navegador satelital. Lo que claramente no ha cambiado es el riesgo
implícito en la decisión de despegar: una vez que estemos en el
aire, si las nubes bajan no podemos seguir volando y si Calafate
se cierra por mal tiempo tampoco podremos volver".
Actualmente el vuelo desde el lago hacia el interior
de la cordillera es autorizado únicamente con fines especiales,
esencialmente para socorro, y esto sobre todo para preservar la
naturaleza salvaje de los lugares. Es necesario también recordar
la larga trayectoria del más capaz y valeroso de los pilotos argentinos
que en los años '80 y '90 se adentró muchas veces con un helicóptero
a través de los brazos del lago y a quien incluso algún andinista
le debe también la vida: Oscar Almirón.
GLACIAR PERITO MORENO
Este glaciar es hoy una de las mayores atracciones
que la naturaleza ofrece al turismo mundial.
Su lengua, muy agrietada en su parte media e inferior, baja desde
el Hielo Patagónico Sur y tiene alrededor de 30 km de longitud.
Su frente, sumergida en el Lago Argentino, tiene alrededor de 4
km de ancho y entre 50 y 70 metros de altura.
Como todos los glaciares también el Moreno se mueve continuamente
hacia abajo y su velocidad es de unos 2 metros por día en el medio
de la parte central y de unos 35 centímetros por día cerca de los
bordes; pero cerca de su frente, desde donde se desprenden continuamente
gigantescos paños de hielo azul, se mueve incluso hasta 5 metros
por día. Pero amén de la excepcional belleza de este espectáculo
y del paisaje, el Glaciar Moreno presenta una característica especial
que llama la atención de los glaciólogos y la curiosidad de los
visitantes. Contrariamente a la gran mayoría de los glaciares del
mundo que desde hace años se hallan en notoria regresión, el Moreno
disminuyó poco su espesor y nada su largura. Es más, su longitud
incluso aumentó y de cuando en cuando su frente atravesó todo el
lago y tocó las rocas de la Península Magallanes, creando así una
valla de hielo entre el Canal de los Témpanos y el Brazo Rico. Las
aguas de este último, alimentadas por torrentes y encontrando bloqueado
su desagüe natural, se alzaron hasta 19 metros por sobre el nivel
habitual inundando así los campos y pasturas de los colonos. En
un determinado momento la presión del agua adquiere una fuerza tal
que llega a excavar primero un túnel en el hielo para luego romper
el mismo frente. Es entonces cuando el Brazo Rico se vuelve libre
y el nivel entre las dos ramas del lago se restablece.
La primer rotura señalada luego del descubrimiento del glaciar se
registró en 1917, la segunda en 1935; se rompió de manera espectacular
en 1940, rotura precedida por una inundación desastrosa en 1939
que puso fin a varios asentamientos rurales, y de la misma manera
sucedió en 1942. Hubo otra rotura en 1947 siguiendo luego una especie
de ciclo de 2 a 4 años hasta 1988, año de la última rotura.
No queda sin embargo claro cuáles sean las causas
de este aumento de longitud del glaciar: podría ser debido a las
intensas nevadas, muy abundantes cerca de la divisoria de aguas,
como también a un fenómeno de captura de la cuenca que anteriormente
alimentaba a otro glaciar.
Francisco P. Moreno no menciona en sus escritos al glaciar que hoy
lleva su nombre. El mismo le fue atribuido por el teniente argentino
Iglesias en 1899 y se afirmó a través de los años. Los demás topónimos
tuvieron vida efímera: en 1879 Juan Tomás Rogers lo había denominado
"Francisco Vidal Gormaz"; en 1901 H. Esketh Prichard lo
llamó "Glaciar de los Témpanos". El nombre que se le quedó
un poco más de tiempo fue "Glaciar Bismarck", antes de
quedarse borrado a raíz de la derrota alemana en la primera guerra
mundial. De esto hablamos a continuación.
LA EXPLORACIÓN DEL GLACIAR MORENO
"...sólo puedo reproducir balbuceando
lo que pasa por mi alma como una vibración: es una sensación pura,
un sentimiento, por decir así, inmediato de lo infinito, eterno,
de lo divino".
Rodolfo Hauthal
El primero en explorar y estudiar el glaciar hoy llamado Moreno
fue el naturalista alemán Rodolfo Hauthal (1854-1928). De histórica
familia pero con pocos medios financieros, Hauthal se inscribió
en la facultad de teología porque era la única para la cual en aquellos
años se concedían becas.
Pero su pasión por las ciencias naturales, acompañada por su afición
a las excursiones y a las exploraciones, lo llevó a abandonar la
teología y a financiarse los estudios de ciencias naturales trabajando
como preceptor. En un principio, con la familia Von Cotta, fue a
Estrasburgo donde estudió geología y botánica; luego, la emparentada
familia Bunge lo llevó consigo a Buenos Aires donde el joven Hauthal,
por intermedio de Burmeister, conoció a Francisco P. Moreno.
Aquí es necesario subrayar cuán abierto era Moreno
para colaborar y cómo, para el progreso del conocimiento en la Argentina,
sabía valerse de investigadores extranjeros.
Moreno designó a Hauthal en 1891 como Encargado de la Sección Geología
y Mineralogía del Museo de La Plata. Para actuar en la comisión
de los límites, a la que fue incorporado como geólogo, Hauthal se
hizo también ciudadano argentino. En 1898 le fue confiada la Cátedra
de Geología y Botánica de la Universidad de La Plata.
Se realizó como explorador e investigador en zonas
aún desconocidas y fue el primero en escalar numerosos cerros, entre
los cuales el Volcán Lanin (3800 metros) en 1896 y el Nevado de
Famatina (6150 metros) en 1895. Su pasión por las montañas completaba
con riqueza de emociones su pasión científica. Del centenar de publicaciones
que escribió casi todas se refieren a la Argentina aún cuando luego
regresó a Alemania.
En 1899 y en 1900 Hauthal llegó al Lago Argentino. Le dio al glaciar
el nombre del Jefe del Gobierno de Prusia, Otto Bismarck (1815-1898),
tal el topónimo que se encuentra en la bibliografía y en distintos
mapas. Pero mas importante fue el primer estudio verdadero del glaciar,
con las medidas del avance, la exploración del túnel en la masa
glaciar, el relevamiento de las morenas y de las microestructuras
de los hielos.
Puso sus estudios también a disposición de los montañistas y de
esta forma sus contribuciones científicas aparecieron en la revista
del DOaAV (Club Montañés Austro-Alemán), ilustradas por las acuarelas
del más grande pintor de los Alpes, Edward Theodore Compton (1849-1921),
nacido en Londres pero residente desde muy joven en Alemania.
También se llevaron a cabo más tarde investigaciones
científicas hechas por Quensel en 1908, por Reichert en 1914, y
luego retomadas con instrumentación moderna en los años '90, coordinadas
por el glaciólogo argentino Pedro Skvarca con la participación de
científicos japoneses. El azar quiso que justo se dirigió a Hauthal
el joven químico y naturalista alemán Federico Reichert quien ya
había alcanzado éxitos con las montañas en el Cáucaso y en los Alpes
donde había sido también un pionero del esquí. Con la mediación
de Hauthal llegó así a trabajar en Argentina que fue quien le diera
luego un impulso determinante al desarrollo del montañismo en el
país. El primero en recorrer el Glaciar Moreno fue justamente él.
EL PASAJE AL OCÉANO PACÍFICO
La suposición de que los grandes lagos al pie
de los montes de la Cordillera Austral podrían comunicarse con el
océano era difusa en el siglo XIX. Las opiniones de los viajeros
y baqueanos invitaban a verificar esta hipótesis transmitida y extraída
de algún texto de estudios sobre la Patagonia, como el del salesiano
Lino D. Carbajal, director del Observatorio de Carmen de Patagones
durante 1899.
En realidad están conectados con el Océano Pacífico sólo el lago
Buenos Aires-General Carrera, a través del Río Baker, el lago San
Martín-O'Higgins, a través del Río Pascua, y algunos lagos menores
alrededor del San Lorenzo. Fueron varios los intentos de encontrar
un pasaje desde los demás lagos, particularmente desde el Lago Argentino,
hasta los fiordos del Pacífico, pero las grandes y muy agrietadas
lenguas de hielo bloquearon también las expediciones de Hauthal
y de Erland Nordenskjöld.
La primera expedición que remontó un glaciar para atravesar la Cordillera
y llegar al Pacifico fue la de Reichert-Hicken en 1914 que se dirigía
al Glaciar Moreno.
EL "DIVORTIUM GLACIARUM"
Federico Reichert, quien se insertó rápidamente
en el ámbito de la investigación universitaria en Buenos Aires,
había concebido un plan de cinco expediciones para explorar los
Andes Patagónicos entre el San Valentín y el Paine. Para la primera
expedición, que se llevaría a cabo durante el verano de 1913/14,
logró contar con el apoyo del Ministerio de Agricultura y de la
"Comisión Flora Argentina".
Partieron cuatro personas: Reichert, geólogo; Cristóbal Hicken,
botánico; Lucien Haumann, biólogo y botánico; Juan Jörgensen, pintor.
Luego de un largo y penoso viaje desde Santa Cruz a través de la
meseta patagónica -"digna del castigo de Dios por el tiempo
que nos costó"- se hicieron llevar con un pequeño bote-motor
más allá del Canal de los Témpanos e instalaron el campamento base
en una bahía, a 2 km de la frente del glaciar, ayudados por el peón
chileno Rojas. Utilizando un bote plegable llegaron a la entrada
del bosque cerca de la frente del glaciar, "recorrido por colibríes
y papagayos", y subieron a lo largo del borde Norte del glaciar
hasta que pudieron atravesarlo con miras a un islote rocoso donde
recogieron además ejemplares de musgos, saxífragas y Nothofagus
antártica achaparrada.
Reconocieron por vez primera los distintos glaciares
afluentes del Moreno. Entre las varias depresiones que les pareció
ver sobre la "divisoria", dado el acecho del mal tiempo,
eligieron la más cercana: la situada más al Oeste-Norte-Oeste.
Reichert, Haumann y Rojas llegaron al lugar el 27 de febrero de
1914 a las cinco de la tarde pero no bajaron al fiordo que según
ellos divisaron entre las nubes y que consideraron como el San Andrés.
Mateo Martinic, revisando la descripción, puso más tarde en duda
que se tratase del San Andrés e interpretó como muy probable que
hubieran visto el Fiordo Peel. Pero Gino Buscaini, intentando una
revisión toponomástica y cartográfica más general, llega ahora a
otra conclusión, muy importante desde el punto de vista histórico.
Comparando el informe original de Reichert, acompañado de croquis
y fotografías, con la cartografía actual y sus fotografías personales,
Buscaini considera válida la siguiente conclusión.
A raíz del mal tiempo que los acechaba, Reichert dobló hacia el
Noroeste y llegó a una depresión que estimó de unos 1350 metros
(alrededor de 1530 metros en la cartografía oficial actual) y que
llamó "Portezuelo San Andrés". En la fotografía que él
mismo tomó desde este punto (punto que él suponía como el "divortium
glaciarum" interoceánico tal como también lo afirma en el epígrafe)
los cerros bien visibles ofrecen una interpretación distinta. El
Cordón dispuesto en sentido Norte-Sur que Reichert indica como "divortium
aquarum" corresponde en cambio a la alineación Cerro Dos Picos-Cerro
Fantasma del actual mapa IGM Argentino. Entonces el paso alcanzado
por Reichert conduce desde el Glaciar Moreno hasta el Glaciar Ameghino.
Aquél que él en la precisa descripción de la topografía entrevista
llama "glaciar encajonado", que dobla en dirección Noroeste
y luego Oeste, corresponde en realidad a una vinculación entre la
cuenca superior del Glaciar Ameghino y el Glaciar de Mayo, donde
en aquellos años debían verificarse intercambios de glaciares entre
las dos cuencas. Del mismo modo, la reconstituida visión panorámica
de las fotografías, confirma la nueva interpretación.
Si entonces hoy podemos considerar que la depresión
a 1850 metros aproximadamente sobre el real "divortium aquarum",
que en homenaje a aquella expedición fue llamada "Paso Reichert",
no es la que en aquel momento alcanzaron y que la expedición Reichert
no fue entonces la primera en llegar al "divortium aquarum"
entre los océanos, la que remontó el Glaciar Moreno en 1914 no deja
de ser una etapa importante y notable en la historia de las exploraciones,
no solamente por los esfuerzos y los otros resultados de la empresa
sino también por su serio planteo científico.
Además del paso, le fue luego dedicado aquí a Federico Reichert
(1878-1953), considerado el "padre del andinismo argentino",
también el Cordón a lo largo de cuya base se efectuó su recorrido
para trasladarse hasta el Glaciar Moreno.
CORDÓN REICHERT
El cordón de cerros, límite norte de la lengua
del Glaciar Moreno, es llamado Cordón Reichert. El Padre De Agostini,
cuyas exploraciones continuaban en forma sistemática desde el Sur
hacia el Norte, subió hasta la cota 1305 metros del mismo, desde
el Puesto Canario Negro, para fotografiar el Glaciar Ameghino.
En 1996 los autores subieron nuevamente ésta y más tarde otras cimas
para las cuales propusieron los siguientes nombres: "Cerro
Canario Negro" (alrededor de 1600 metros), "Punta de los
Pliegues" (1500 metros aproximadamente) por su conformación
geológica, "Cerro Hauthal" (alrededor de 1520 metros)
al cerro que se divisa desde la punta de la Península de Magallanes,
rescatando así del olvido de los andinistas al científico que empezó
con amor de andinista los estudios sobre el Glaciar Moreno, siendo
además amigo de los mismos Reichert y Moreno. Pero podemos añadir
que, en el campo de la ciencia, Hauthal es recordado también de
otras maneras: el notable geólogo argentino Angel Borrello, quien
también estudió las formaciones del Flysch en la cuenca del Lago
Argentino, le dedicó en 1966 un nuevo género de fósiles (Hauthalia
concava), agregando así una clasificación de géneros a la docena
de fósiles que llevaban ya su nombre para definir a la especie,
como la Turritella hauthali.
EL ÉXITO DE TILMAN
Después de una importante actividad de exploración
en las montañas de Africa y Asia, sobre todo en el Himalaya, Harold
William Tilman (1897-1977) deseaba conjugar vela y montañismo en
una aventura global. La primera aventura de este género que le vino
en mente fue justamente la de intentar la travesía en sentido Oeste-Este
de la Cordillera Patagónica Austral, cosa que aún nadie había logrado.
Sus ambiciones eran deportivas y no científicas, sin embargo obtuvo
el patrocinio de la Royal Geographical Society de Londres para llevar
a cabo su aventura.
Fue así que en 1954 compró un viejo cutter que bautizó "Mischief",
que significa "travesura" y lo arregló sobriamente para
en 1955 partir desde Falthmouth y finalmente llegar a Montevideo
luego de sesenta y tres días de navegación. Allí le encargó a la
Embajada Chilena la misión de encontrarle un compañero para la travesía
que pretendía llevar a cabo partiendo desde el Fiordo Peel. Cuando
Tilman llegó a Punta Arenas encontró a un joven apicultor y estudiante
de danzas que lo estaba esperando, Jorge Quinteros, quien lo acompañaría
junto a E. H. Marriott del Alpine Club británico.
Quinteros no sabía inglés y Tilman no sabía castellano, pero se
entendieron bien. El viaje por los canales desde Punta Arenas hasta
el Fiordo Peel fue difícil, y para peor lo realizaron en gran parte
a vela debido a la rotura del motor. Ya en el Golfo Peel encontraron
al mismo obstruido por témpanos y banquinas de hielo y se detuvieron
en un angosto pasaje de baja profundidad donde no confiaban poder
pasar con el "Mischief".
Los varios glaciares que bajan al fiordo parecían inabordables.
Sólo atravesando con un gomón el tramo Este, llamado Fiordo Calvo,
descubrieron uno que parecía transitable a pesar de presentar varias
cascadas de seracs.
Desembarcaron el 17 de diciembre de 1955. Después
de haber buscado en vano la manera de subir a lo largo de las paredes
hasta los bordes del glaciar, encontraron un pasaje a través del
laberinto de grietas que recorrieron varias
veces para transportar el material destinado a preparar los campamentos
altos. Mientras tanto el pobre Marriott se había roto un pie y Tilman
tuvo que seguir acompañado solamente por Quinteros.
El 13 de enero de 1956 llegaron a un collado sobre la divisoria
de aguas que llamaron "Bismarck Saddle", en referencia
al nombre originario del Glaciar Moreno. Descendiendo por el lado
Este se encontraron nuevamente sobre un glaciar muy roto y agrietado.
Fue entonces cuando deshicieron un poco de camino y por otro paso,
al que llamaron "Calvo Pass", atravesaron fácilmente a
otro tramo del Glaciar Moreno, a una altitud más elevada, y levantaron
finalmente su XI campamento sobre una roca. Desde aquí, por la orilla
derecha (Sur) del glaciar, entre morenas y espesuras, llegaron al
lago. Mientras Quinteros se detuvo en el último campamento, Tilman
bajó propiamente hasta el lago e incluso se bañó en él.
Luego regresaron sobre sus propios pasos sin encontrar varias veces
el material y los alimentos que habían dejado en los depósitos de
los campamentos anteriores. Para tratar de evitar el Glaciar Calvo,
descendieron sobre las rocas a lo largo de una cresta hasta unos
700 metros de altitud y luego bajaron con dificultad entre la espesura
y llegaron sobre la morena situada a poca distancia del mar habiendo
cumplido entre ida y vuelta alrededor de 75 km en línea de aire.
El 29 de enero regresaron con el gomón al "Mischief"
y constataron que un témpano había arruinado la hélice. Para no
navegar a vela contra el viento prefirieron seguir hacia el Norte
hasta Valparaíso para así efectuar las reparaciones. Arribaron el
24 de febrero y Tilman regresó, siempre navegando, a Gran Bretaña,
lugar al que llegó un año después de su partida.
Tilman tenía entonces 59 años pero era joven física y anímicamente.
Y así fue hasta su último día: desapareció octogenario en 1977 junto
a dos jóvenes compañeros, con la pequeña embarcación a vela "En
Avant" en los mares del Sur, se supone que entre las Malvinas
y las Georgias del Sud, y nadie jamás sabrá algo de él más allá
del regreso que no se concretó.
SOBRE LAS HUELLAS DE TILMAN
Para comprender el ejemplo y la herencia de Harold
William Tilman es necesario tener presente algunos aspectos biográficos.
Era mayor del Ejército Británico y había llegado a la edad en la
cual sus colegas se retiraban del ejército para dedicarse a los
negocios, pero Tilman eligió vivir como montañista y explorador.
En Kenya se encontró con Shipton, de quien hablaremos más adelante
y quien a pesar de tener diferente personalidad realizaría similares
elecciones. En 1930 subieron juntos el Kilimanjaro (5893 metros),
atravesaron el M. Kenya y escalaron el Ruwenzori. En 1933 Tilman
atravesó el Africa en bicicleta y le propuso a Shipton seguir en
bicicleta hasta la India para escalar el Himalaya. Pero Shipton
rechazó hacer el viaje de esta manera y finalmente fueron ayudados
por la Royal Geographical Society para llegar cumplir en 1934 el
intento histórico en el bellísimo Nanda Devi, de 7820 metros, cuya
cumbre fue alcanzada en 1936 por Tilman.
Tilman y el joven Shipton fueron buenos compañeros
pesar de sus diversos modos de concebir la vida y las expediciones.
Ambos quedaron fascinados por la Patagonia merced a la aventura
global que a ellos les supo ofrecer. Pero hay más. Ambos, especialmente
Tilman, eran ya partidarios de expediciones bien organizadas pero
livianas, con un mínimo de materiales y alimentos. Y esto en épocas
en que todos los equipos eran mucho más pesados que en la actualidad.
En este sentido fueron precursores significativos, ya sea por la
aproximación ideal como por las elecciones técnicas.
Por todo esto y mucho más, sus figuras son reconocidas y cada vez
más apreciadas también por las nuevas generaciones de andinistas
patagónicos. Silas Wild, Mark Allaback, Ambros Bittner y Michael
Frank (USA) fueron los primeros en llegar (el 19 de marzo de 1996,
con esquís por la pared Oeste y el filo Norte) a la cumbre de uno
los cerros del Cordón Piedrabuena, situado al sur del Cerro Cervantes
y que domina el recorrido de Tilman, cerro hasta ahora sin nombre,
cuya altura se estima en 2721 metros en el IGM, y propusieron para
él el topónimo de Cerro Tilman.
Desde el Brazo Calvo del Fiordo Peel partió también
en 1996 el alemán Carsten von Birkhahn con dos compañeros, llegando
al Hielo a través de un breve valle en "U" con dos lagunas
y un paso más al Sur que el de Tilman. Bajó luego al Lago Argentino
pasando, como Tilman, al Sur del cerro llamado "Cabeza de Elefante"
(que corresponde al "Buttress" de Tilman), utilizando
un original trineo obtenido del kajak con el que se había movilizado
por los canales del Pacífico.
Numerosas son las cumbres todavía no escaladas
en esta zona. Sólo el Cerro Gardiner, de 2230 metros, fue escalado
a lo largo de su filo Sur el 18 de septiembre de 1993 por Alberto
Del Castillo, Paula Marechal y José Luis Fonrouge, quienes partieron
desde la vertiente Oeste del Cerro Cervantes y llegaron a la cumbre
con los esquíes puestos. Ellos mismos (y en esta misma zona) subieron
en 1994 a un cerro bautizado "Matacaballos" (de unos 1600
metros) y a otro bautizado "Morenito" (de 1450 metros
aproximadamente).
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