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Desde la cumbre de la Aguja Guillaumet se pueden descubrir hacia
el Norte muchos cerros ignorados por los andinistas. Primero en
levantarse sobre el Lago Eléctrico es el Cerro XXX Aniversario,
con su larga arista cumbrera que bordea el valle del Río Eléctrico.

El brazo Nord-Este del Lago San Martín - O'Higgins está dividido
en toda su longitud por la frontera entre Chile y Argentina.

Lago San Martín - O'Higgins. Nubes de tormenta cubren las áridas
laderas superiores de la orilla argentina.

Monumento al Libertador San Martín en el porque de Río Gallegos,
capital de la Provincia de Santa Cruz.

Villa O'Higgins queda todavía un pueblo de pioneros, lejos de las
facilidades primarias que ya tienen los demás lugares de la Patagonia.

En el "Waldfriedhof" de Clavadel, cerca de Davos en los
Alpes Suizos, el gran explorador de la Patagonia encontrá su último
descanso.

El Cerro Steften al fondo y el Cerro Krüger adelante, que se levantan
sobre el agrietado Glaciar Huemules, fueron bautizados de manera
algo infeliz "Mellizos" por De Agostini. Hoy recuerdan
sus piedras los nombres de beneméritos exploradores. Pero los problemas
que los dos tuvieron entre ellos quedan detallados en la edición
castellana de la obra de Hans Steften "Viajes de exploración
y estudio en la Patagonia Occidental 1892-1902", publicada
en 1910 en Santiago de Chile.

En las altiplanicies del Hielo Patagónico Sur; así aparecen a la
expedición de Marcos Couch las fantásticas puntas del cerro que
Ilse Von Rentzell describió por primera vez y que Hugo Corbella
quiso dedicarle a esta mujer que, Alemana, emigró a la Argentina
después de la primera guerra mundial. Devino botanista, escritora,
pintora y fotografa, e integró varias expediciones de Reichert en
los Andes Centrales y Patagónicos.

Ventisquero sin nombre al Sud-Este del Cerro Krüger, donde a veces
hay que buscar el paso no por la superficie agrietada sino en las
frias y poco acogedoras entrañas azules, por los caminos del agua
de fusión.

Más allá del Glaciar Chico que baja hacia el Nord-Este al Lago San
Martín -O'Higgins, se levantan las rocosas puntas del Cerro Lliboutry,
dedicado al glaciólogo que primero dibujó mapas detallados de los
Hielos Patagónicos. Detras, la cumbre del Cerro Pirámide y a la
derecha el Cordón Gaea.

El Cordón Gaea.

El "Falso Cerro Ilse".

La expedición de Ermanno Salvaterra cruzando el Hielo Patagónico
en 1995 a la altura del Cerro Ilse.

Buscando el mejor paso para escalar el hongo cumbrero de la Gorra
Blanca.

El cordón más poderoso de la región culmina con el Cerro O 'Higgins,
que se levanta a lo lejos con sus caras Sur.

Ancho y largo, el glaciar nombrado Chico baja hacia el Nord-Este
hasta hundir su frente en el brazo Sur del lago.

Tramos de la cara Oeste del Cerro Vespignani, mirándolos desde la
subida al Cerro Milanesio.

Cerro Vespignani visto desde la aproximación a la Laguna del Desierto.

"El Gendarme" del Cerro Krüger, así bautizado por la expedición
del CAB en 1962.

"El Gendarme" del Cerro Krüger, así bautizado por la expedición
del CAB en 1962.

El Cerro O'Higgins visto desde el Sur-Oeste. Por estas caras de
hielo subieron en 1960 los que lograron llegar a su cumbre.

Para no cruzar el imnenso playón de la Bahía Santa Lucía y sus correntosos
ríos, es mejor caminar por las laderas del Cerro Peine, donde los
ñires achaparrados marcan el límite del bosque. Más allá del lago,
las cumbres puntudas pertenecen al Cerro Alezna, mientras que los
ventisqueros con cascada de seracs a la derecha bajan hacia el valle
del Río Manso.
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Cuaderno 12
San Martin - O'Higgins
TERRITORIO OLVIDADO
"A 3.000 kilómetros al sudoeste de Buenos
Aires, a los 49º de latitud, se encuentra, en la mayor soledad,
el lago San Martín. Sólo en la época de la esquila de las ovejas,
en diciembre y enero, revive el tráfico entre su orilla oriental,
en la que existen grandes propiedades, inglesas en su mayor parte,
y el puerto de Santa Cruz". (Ilse von Rentzell, 1935)
Entre el ya también turísticamente bien conocido
grupo montañoso del Fitz Roy y del Cerro Torre y el pueblo de Villa
O'Higgins hay 100 kilómetros en línea de aire. Miden una franja
de territorio que hacia el este atraviesa cerros y mesetas precordilleranos
cada vez más esteparios mientras que hacia el oeste se halla encerrado
por altas cumbres que delimitan las solitarias extensiones del Hielo
Patagónico Sur.
Las particularidades topográficas condicionaron el destino de la
región. No sólo por la inaccesibilidad causada por la inclemente
meteorología sino por haber sido difícil en todo momento encontrar
allí una línea de frontera clara y unívoca entre Chile y Argentina.
Justamente a raíz de la complicación orográfica e hidrográfica derivan
las confusiones de los geógrafos sobre las cuales se plantearon
a su vez las interpretaciones contrastantes de los políticos.
Por estas razones el territorio abandona de vez
en cuando el olvido para aparecer en los diarios y para que así,
incluso el que no sabe bien dónde se encuentra la nombrada Laguna
del Desierto, pueda saber que por ella persisten aún fricciones
de limites a pesar de los varios arbitrajes internacionales que
se sucedieron desde hace más de un siglo. Pero es sin embargo necesario
admitir que se trata de un rompecabezas geo-topográfico, más que
político.
Es en general una de las regiones menos habitadas de la Patagonia
precordillerana donde la mayoría de las veces los intentos de poblarla
se paralizaron. Cerca de la frontera, en territorio chileno, en
el lugar denominado Desembocadura del Río Mayer, se levanta el pueblo
de Villa O'Higgins. Fue fundado en 1966 y su nombre sugerido por
Mateo Martinic, conocido historiador patagónico y en aquellos años
Intendente de la vecina provincia de Magallanes.
A Villa O'Higgins se llega por tierra y hasta el momento sólo a
caballo o a pie. La Carretera Austral que costea el Río Baker llega
hasta Puerto Yungai y, dados los obstáculos que se presentan a causa
de los acantilados rocosos, los pantanos y el lozano bosque pluvial,
se necesitarán aún varios años antes de que esta huella de penetración
alcance Villa O'Higgins. El pueblo es abastecido semanalmente por
una avioneta que llega desde Coyhaique. Pero llega cuando puede,
cuando el tiempo lo permite, porque a menudo no puede aterrizar
por el viento o por las nubes bajas. Su ruta sigue más o menos la
antigua huella de las tropillas que en cinco días de cabalgata hacia
el norte permitía llegar al pueblo de Cochrane. El paso natural,
más allá de la depresión de la Cordillera señalada por el gran recodo
del Río Mayer, no está habilitado. A pesar del avance de rudimentarias
carreteras y de providenciales puentes sobre algún río, la situación
socio-económica sigue siendo precaria y quizás destinada a cambiar
sólo el día en el cual se decida una apertura liberadora de la frontera
entre las dos Patagonias en consideración hacia los pobladores,
los viajeros, la madera y el ganado.
A Villa O'Higgins se puede llegar también navegando un lago, el
más aislado y singular de los lagos patagónicos.
EL MISTERIOSO
En medio de este territorio se extiende un lago
grande, de orillas encajonadas, rodeado por montañas y articulado
en ocho brazos comunicados entre sí. En sus lechosas aguas flotan
los témpanos caídos de los glaciares y empujados en forma caprichosa
por las tempestades. Está situado al este del eje de la Cordillera
y sin embargo su emisario, el caudaloso Río Pascua, desemboca en
el Canal Baker del Océano Pacifico.
En 1899, en la Escuela Tipográfica Salesiana de San Benigno Canavese
(Italia, cerca de Tormo), se imprimió un libro de Lino D. Carbajal,
director del Observatorio de Patagones, titulado "La Patagonia
- Estudios Generales". La obra estaba dedicada a Monseñor Giovanni
Cagliero, Vicario apostólico de la Patagonia y Pampa Central, el
mismo al cual el Padre De Agostini dedicaría un Cerro del que hablaremos
más adelante.
En dicho libro podemos leer: "Avanzando más hacia el sur encontramos
los lagos Buenos Aires y Gio hasta llegar a una serie de lagos que
se comunican entre los 48º 50' y los 5lº l0' y que adquieren diferentes
nombres como el Misterioso al norte, el Viedma en el centro y el
Argentino al sur: probablemente se comuniquen con el Pacífico conforme
la opinión de algunos viajeros".
En realidad el lago aún misterioso para historiadores y viajeros
había sido ya geográficamente descubierto en 1877 por Perito Moreno
quien, después de haber recorrido y denominado el lago Argentino,
avanzó hacia el norte y luego de una marcha de alrededor de 50 kilómetros
a través de las mesetas avistó otro lago y se expresó así: "La
civilización no le conoce aún... llamémosle lago San Martín, pues
sus aguas bañan la maciza base de los Andes, único pedestal digno
de soportar la figura heroica del gran guerrero". El lago
resultó luego dividido por una frontera política y actualmente se
llama San Martín en su parte argentina y O'Higgins en su lado chileno.
Sin embargo, estos dos héroes nacionales y contemporáneos que combatieron
por la misma causa (la de independizarse de España) se encuentran
reunidos en el triste destino de la incomprensión y del exilio.
Su recuerdo puede compartirse ciertamente sobre este lago y, dado
que es justamente el lago que caracteriza al ambiente, llamaremos
con su nombre a todo el territorio del cual queremos hablar.
LAS PRIMERAS EXPLORACIONES
Dado que por la definición de la frontera la línea
del "divortium aquarum" sostenida por Chile y la de los
cerros más altos preferida por la Argentina no coinciden para nada
en la antojadiza topografía de este territorio, las comisiones de
límites encontraron muchas más dificultades de lo previsto. Operaron
sobretodo entre 1894 y 1910. La penetración hacia el lago sobreviene
en principio por el este donde al sur del Cerro San Lorenzo la Cordillera
baja y permite varios pasos fácilmente accesibles, particularmente
a lo largo del Río Mayer. Este nombre le es atribuido en 1896 por
el naturalista J. B. Hatcher del Museo Carnegie que lo descubrió
y que quiso dedicárselo al gobernador de Santa Cruz, Edelmiro Mayer.
La huella de acceso pasaba por los aserraderos de "Tucu Tucu",
topónimo que deriva de los roedores (Ctenomys magellanicus) que
asustados emiten un sonido que da origen a su nombre; tienen un
aspecto de rata y viven en cuevas de galerías múltiples minando
así el paso de los animales por el campo.
De esto ya se lamentaba Clemente Onelli, el naturalista
que llegó al lugar en 1899 para las comisiones de los limites, cuando
se dirigió al lago San Martín siguiendo las indicaciones que encontró
en Tamel Aike escritas con carbón sobre una tabla: "Tome usted
rumbo al pico de las Vacas y cuando llegue a enfrentar el término
del cordón basáltico que desde allí y por el lado sur remonta paralelo
al Río Chico, atraviese el Río Lista y suba por la quebrada... la
barranca carbonífera le dirá a usted cuál es el Río Carbón que debe
seguir hasta sus nacientes para desde allí superar el boquete de
dos mil quinientos metros y dejarse caer por el arroyo más próximo
al lago San Martín...". La fiel descripción de la huella, como
así también las indicaciones geológicas, son todavía hoy válidas.
Onelli, en el río que justamente se llama Caracoles, encontró "ammonites
grandes como ruedas de carros sobrepuestos a ricas capas de carbón
de piedra". Tanto los niveles de carbón como la presencia
de fósiles atrajeron a partir de entonces a otros geólogos hacia
las orillas orientales del lago. Realizaron allí sus búsquedas Bonarelli,
Riccardi, Feruglio, y una formación geológica del Paleozoico derivó
justamente su propio nombre de la gran ensenada lacustre de la Bahía
de la Lancha, mientras un fósil del Cretáceo fue llamado Sanmartinoceras
patagonicum.
Durante el mismo año 1899 llegó al lago el geólogo
alemán Rodolfo Hauthal quien estaba estudiando los glaciares de
la Cordillera y que con los relatos de sus viajes patagónicos entusiasmó
en 1903 al químico y geólogo alemán Federico Reichert para que emigrase
a la Argentina donde más tarde llegaría a ser profesor universitario
y "padre" del andinismo argentino. También en 1899 llegó
el geógrafo chileno Luis Riso Patrón quien se encargó de relevar
las áreas de los alrededores del lago regresando al mismo lugar
en 1902 y publicó luego el primer mapa de Chile digno de credibilidad.
En los mismos años fueron reconocidos los valles de los Ríos Bravo
y Pascua por Ricardo Mitchell y Carlos Briceño. Ellos eran colaboradores
del explorador más importante de la región que aquí nos interesa:
Hans Steffen, filósofo y científico alemán que se desempeñaba en
Santiago en el Instituto Pedagógico, contratado en 1896 por Diego
Barros Arana para la exploración de la Patagonia. Steffen realizó
nueve viajes a la Patagonia, siete de los cuales los hizo a pedido
del gobierno chileno entre los años 1892 y 1902. Los resultados
más completos de su trabajo están reunidos en su obra fundamental,
"West Patagonien", que consta de dos tomos y que fue publicada
primeramente en Chile y más tarde en Berlín, en el año 1919, después
de la primera guerra mundial.
Steffen, a quien también Padre De Agostini considera
''sin dudas el explorador más inteligente y tenaz de la Patagonia
occidental", es recordado por monumentos y calles que llevan
su nombre en varios pueblos de la Patagonia. Lo recuerda también
un glaciar que baja del Hielo Patagónico Norte, el fiordo en el
cual este desemboca, y algún otro cerro a él dedicado. El más bello
de éstos es ciertamente el Cerro Steffen que se erige más allá del
remoto Brazo Oeste del lago San Martín y de cuya conquista se hablará
más adelante.
Hay por cierto un hecho curioso: otro cerro imponente muy cercano
al Cerro Steffen fue bautizado Cerro Krüger, aunque podemos pensar
que Steffen no habría aceptado con agrado este bautismo. El mayor
historiador de andinismo de Chile, Evelio Echevarría, relata que
entre los acompañantes de Steffen se encontró otro alemán, Paul
Krüger, "quien a su regreso a Alemania escribió un libro
injurioso y plagió los mapas que el Dr. Steffen había levantado
con tanto sacrificio". El Cerro Krüger y la esbelta aguja
que lo flanquea no son todavía escalados, si bien es posible que
la aparente mala calidad de la roca tenga algo que ver con lo que
relata Echevarría.
El gran explorador patagónico fue sepultado en los Alpes Suizos,
cerca del mismo pueblito de Clavadel donde escribió la versión alemana
de "West Patagonien". Al fondo del cementerio, bajo altos
y severos alerces europeos, en la cabecera de una tumba abandonada
se puede encontrar todavía una sencilla tabla de madera que dice:
Dr. Phil. - Hans Steffen - 1865-1936. Pero ¿quién de entre los visitantes
sabrá a qué se refiere el gran explorador de la Patagonia?
MÁS ALLÁ DEL RÍO DE LAS VUELTAS
Antes de dirigir nuestra atención a los Cerros
de la Cordillera se puede aquí insertar una mención a la región
esteparia de las mesetas profundamente incisas por la red hidrográfica,
que se extiende al este del Río de las Vueltas. Emergen de ellas
algunos relieves, en gran parte de rocas volcánicas muy rotas, pero
que pueden revestir interés como metas invernales o bien para quien
quiera cumplir travesías a caballo a lo largo de las antiguas sendas
en los lugares habitados por guanacos. Los relieves culminan en
el monte Cangrejo (2025 m), que De Agostini definió como "soberbio
torreón rocoso pero del cual no se conocen detalles".
Una travesía por la Meseta del Quemado y por la
Meseta del Viento fue realizada por el destacado alpinista italiano
Walter Bonatti junto a dos compañeros durante el verano de 1970/71.
Recientemente el guía alpino argentino Alberto Del Castillo, siguiendo
el Río Portales, descubrió un interesante recorrido excursionístico
que cruzando dos portezuelos comunica el valle del Río de las Vueltas
con la península Maipú del lago San Martín. Se transita así a través
de los parajes del único cerro que se alza intrépido y que ya con
su nombre revela su conformación a agujas: el Cerro Astillado (1746
metros, quizás más alto). Fue escalado partiendo de la Estancia
Maipú el 22 de enero de 1985 por Armando Aste, Fabrizio De Francesco,
Mario Mánica y Mario Marisa: zócalo nordeste de 400 metros, dificultad
del II al IV grado y pared sudoeste de 300 metros, del IV hasta
el VI grado plus y A3, roca friable. Ha sido ascendida también una
punta que se eleva sobre la cresta noroeste denominada "Punta
Fiamme Oro": 100 metros, V grado.
CORDÓN GAEA
"El desfile a lo largo de la sierra Gaea
pertenece a uno de los máximos encantos del paisaje que pudiera
experimentar un conocedor de las altas montañas de distintos rincones
del mundo". (Federico Reichert)
Quien tenga la suerte de escalar las cimas de los
grupos del Fitz Roy y del Cerro Torre un día de buen tiempo podrá
ver abrirse hacia el norte, en los límites orientales del Hielo
Patagónico Sur, un vasto horizonte de hielos y cumbres ignorados
por la mayor parte de los andinistas. Más allá del valle del Río
Eléctrico surgen, en efecto, cerros poco conocidos, alguno de los
cuales tienen formas atrayentes y ofrecen también algún desafío
andinístico. Estos cerros están dispuestos en dos cordones distintos.
Al oeste, entre el Corredor Hicken y el Glaciar Chico, se sitúa
el Cordón Gaea del cual habla Ilse Von Rentzell: "Desde
nuestra altura percibíamos las vertientes orientales de fantásticas
cumbres heladas... que, en honor de la Sociedad Argentina de Estudios
Geográficos, hemos bautizado con el nombre de Gaea". A
la cumbre más alta del Cordón se le dio el nombre de Cerro Pirámide,
el que hacia el sudeste presenta un relieve menor llamado Cerro
Lliboutry en honor del gran glaciólogo de los Andes a quien se le
debe la primer cartografía general de los cerros de los Hielos Patagónicos.
Es digno de mención que este Cerro Pirámide de los andinistas, de
2700-2800 metros de altura, se encuentra más hacia el sur del indicado
con la altura de 2148 metros en los mapas.
Durante 1933, año en el cual se desarrolla la expedición
Reichert, muere en Buenos Aires el botánico Cristóbal Hicken quien
también tendría que haber participado en esta exploración: en su
recuerdo se denominó Corredor Hicken a la porción de Hielo Patagónico
al Oeste del Cordón Gaea, entre éste y el Volcán Lautaro.
Actualmente el acceso más simple al Cordón Gaea es el que se abre
entre el valle del Río Eléctrico y Paso Marconi. Pero cuando Federico
Reichert lo reconoció con su expedición de muchas peripecias en
el verano de 1932/33, llegó hasta allí desde el lago San Martín.
Acompañaban a Reichert el médico de Bariloche Juan Neumeyer, el
botánico Arturo Donat y la pintora y naturalista Ilse von Rentzell.
El propósito de ellos era atravesar el Hielo Patagónico en aquella
latitud hacia los fiordos del Océano Pacífico. El acercamiento a
lo largo de las escarpadas orillas del lago no fue tan fácil y así
lo describe Ilse von Rentzell: "las personas debimos bordear
a pie la orilla sur del lago, lo que requirió seis días. Después
que hubimos cruzado el Brazo Sur, en bote y remando entre icebergs,
encontramos al último colono de la zona quien afortunadamente pudo
poner a nuestra disposición tantos caballos que subimos montados.
El camino llevaba en muchos sitios a través de una selva de hayas
antárticas y de prados pantanosos en los que algunas veces se hundieron
hasta el vientre, a un tiempo, tres caballos de carga".
A partir de la estancia de Luis Mansilla fueron
guiados por el peón Manuel Aguilar quien debía demostrar su valiosísimo
y generoso compañerismo. La expedición no llegó a la cumbre principal
del Cordón Gaea pero alcanzó primeramente el lado este del mismo
hasta una altura de aproximadamente 2000 metros. Seguidamente la
cresta oeste hasta una altura cercana a los 2300 metros desde donde
divisó el Glaciar Chico, antiguamente conocido con el nombre de
Schonmayer. En aquella ocasión Reichert notó además el fuerte retroceso
del Glaciar O'Higgins y también la piedra pómez pura depositada
recientemente sobre el hielo, hecho que valorizaba los testimonios
de resplandores vistos por los pobladores y referidos a un misterioso
volcán que más tarde se revelaría como el Volcán Lautaro ubicado
en el interior del Hielo Patagónico Sur. La expedición permaneció
luego, y durante largas semanas, bloqueada sobre el Hielo en medio
de la tempestad viviendo momentos dramáticos debido a las carpas
destruidas por el viento y las nevadas, pero finalmente logró llegar
a la divisoria inter-oceánica y presenciar una erupción de gas y
cenizas del Volcán Lautaro.
A la intrépida Ilse von Rentzell, la primera mujer que participó
en una expedición sobre el Hielo Patagónico, Hugo Corbella le dedicará
la puntiaguda cumbre de 2408 metros que emerge hacia el norte aislada
entre los hielos.
La misma Ilse von Rentzell la había entonces vislumbrado
con emoción: "vimos al noroeste, por vez primera, en toda
su extensión, una cadena de montañas que aún no figuraba en los
mapas. Entre esta nueva sierra, que presentaba las típicas formas
de cumbre llamadas puntiagudos, se extendía el glaciar principal
con una anchura de 40 ó 45 kilómetros".
El Cerro Pirámide fue ascendido sólo en 1972, y luego de un
intento realizado durante el año anterior, por Mariano Lynch y Javier
Sorondo del Club Andino Bariloche (CAB), quienes llegaron al lugar
por Paso Marconi y ascendieron la ladera sudeste y luego la cresta
este bajando después hacia el norte. Más tarde se supo de otra ascensión
efectuada en 1994 por la expedición de Roland Haas a través de la
empinada ladera sudoeste (500 metros) y la cresta sur. También en
esta zona, cuyo acceso para entonces se había tornado más fácil,
se cumplieron otros ascensos que no resultaron señalados. Deben
mencionarse aquí también las tres expediciones argentinas animadas
por Hugo Corbella quien en 1956 había llevado a cabo la segunda
ascensión al San Lorenzo.
Sobre las pisadas de Reichert y por haber escuchado de labios de
Ilse von Rentzell la historia de aquella aventura, se adentraron
por el Glaciar O'Higgins.
En 1957 Hugo Corbella, Frank Memelsdorf y Martín
Salomón exploraron un tramo del ventisquero Chico; en 1958 Hugo
Corbella, Antonio Costa, Eduardo Finelli y Hebe Ruiz, con esquíes,
trineos y con el invierno ya muy avanzado, con nieve, lluvia y grietas
abiertas, tuvieron que retirarse luego de llegar a los pies del
Cordón Gaea; en 1959 Hugo Corbella, Pablo Schiffini y Marcelo Costa
lograron cumplir aquello que había sido el propósito de Reichert:
la travesía hasta el Pacífico luego de haber recorrido antes también
el trayecto desde Glaciar O'Higgins hasta el Paso del Viento y el
lago Viedma de ida y de vuelta.
Siempre explorando el Hielo entró por el Glaciar
O'Higgins Eric Shipton en 1960 sin haber escalado hasta entonces
ninguna cumbre. Partió desde la pequeña estancia El Cóndor, situada
sobre la orilla del fiordo Maipú, a la que se puede acceder por
tierra.
De aquel acercamiento el gran explorador tuvo más temores de los
que experimentaba sobre las montañas: "tres veces uno de
los vehículos se empantanó en los lechos de los ríos y las últimas
tres millas de la pista consistían en una travesía terrorífica sobre
empinadas pendientes montañosas e inestables".
GORRA BLANCA - CERRO VESPIGNANI
Entre el Glaciar Chico y el Brazo Sur del lago
San Martín hacia el oeste y el Río de las Vueltas al este se extiende
un cordón con diversas ramificaciones. El cerro más notable se erige
en su límite sudoeste y se llama Gorra Blanca. Es una cúpula de
hielo con dos cumbres comunicadas por una larga cresta casi horizontal:
la norte es la principal, con 2920 metros de altura, mientras que
la sur tiene sólo 2800 metros aproximadamente y fue denominada Gorra
Blanca Sur. De la cumbre principal sobresale hacia el norte una
afilada cresta que culmina con un empinado cerro de hielo (2750
metros) erróneamente señalado como "Cerro Ilse" en el
mapa Buscaini 1986, que fue extraído del mapa efectuado por Manolo
Puente en 1962. El ascenso a la Gorra Blanca había sido ya intentado
por Padre De Agostini en 1935. La vía que hoy puede considerarse
normal, con acercamiento desde el Paso Marconi, se extiende a través
de la ladera sur hasta la marcada espalda a aproximadamente 2300
metros y luego continúa a través de la cresta oeste, larga pero
fácil, a pesar de los hongos de hielo cercanos a la cumbre que pueden
presentarse en diversas formas según las estaciones. La vista panorámica
desde la cumbre es soberbia y se trata de uno de los ascensos de
escasas dificultades técnicas más remunerativos de la región. Naturalmente
se necesita un tiempo al menos discreto como el que lograron encontrar
los argentinos Augusto Mengele del CABA y Pedro Skvarca del CAB
cuando cumplieron el primer ascenso el 12 de enero de 1964. Ellos,
sin embargo, rodearon la Gorra Sur y atacaron la cumbre principal
por el este superando en el camino la empinada pared de hielo (600
metros) con desplomadas cornisas. El segundo ascenso se realizó
sólo dos días después y lo llevó a cabo Carlos Comesaña con otros
tres compañeros del CABA. Durante casi treinta años la cumbre fue
confinada a la espera y vivió luego dos ascensos casi simultáneos
en el lapso de dos días. Pasaron luego otros veinte años hasta el
tercer ascenso realizado por Gino Buscaini y Silvia Metzeltin, el
18 de enero de 1984, quienes la ascendieron desde el sur utilizando
los esquíes hasta la espalda de la cresta oeste (aproximadamente
2300 metros) y alcanzaron la cumbre siempre por la misma cresta.
Aquí el terreno es apto para el esquí alpino y la bajada con los
esquíes desde la espalda de la cresta a través del Glaciar Marconi
es de las que se desearía que no tuvieran fin.
El 9 de enero de 1987 se verifica otro ascenso
perpetrado por los alpinistas del CAB, M. Joos y D. Rodríguez. Seguramente
otros se llevarán adelante también durante los años '90.
Regresemos al año 1964: el mismo día en el cual subieron por primera
vez la Gorra Blanca, Skvarca y Mengele atravesaron también el altiplano
glacial que a través de la Gorra se prolonga por casi 3 kilómetros
hacia el noreste y alcanzaron el Cerro Cagliero (2570 m). Lo enfrentaron
por la pared sudoeste que estaba frente a ellos, en un primer momento
sobre roca y luego unos 200 metros sobre hielo hasta la cresta que,
muy expuesta y con una antecima que hay que rodear, conduce al hongo
de la cumbre. Vieron más abajo, hacia el sur, un magnifico torreón
de roca y hielo. Lo quisieron llamar Torre Pangerc en recuerdo del
escalador trágicamente desaparecido en el Paine diez años antes
pero no lo escalaron por el advenimiento de la tormenta que los
obligó a retornar.
El Cerro Cagliero se muestra imponente también
desde el Río de las Vueltas. Entre la pared norte y el poderoso
pilar del ángulo noreste se encuentra encerrado un estrecho glaciar
suspendido. Desde el Valle del Puesto fue efectuado un ascenso por
parte de Pedro Lüthi, Roberto Lara, Roberto Savalza y Flavio Resachi
en 1993. El Padre De Agostini se había adentrado en el Valle Cóndor
para efectuar un reconocimiento de la Gorra Blanca por el este.
Escaló una montaña panorámica ("Loma del Diablo") y bautizó
con el nombre de Monseñor Giovanni Cagliero, cardinal salesiano
de la Patagonia, al cerro que luego subirían Mengele y Skvarca.
Bautizó también al Cerro Vespignani, de aproximadamente 2200 metros,
que se extiende asimétricamente más hacia el norte y expone ventisqueros
de pendientes no muy escarpadas pero con muchas grietas hacia el
este, sobre la Laguna del Desierto, mientras precipita al oeste
con repulsivas paredes rocosas. Ha sido alcanzado en 1968 por Cesarino
Fava y Boris Kambic, "sin encontrar dificultades técnicas"
mientras una cumbre sur fue escalada en 1992 por Horacio Bresba
quien desdichadamente moriría en el Fitz Roy poco después.
Se puede aún recordar, aunque no sea posible reconstruir los detalles
que, en febrero de 1937 y luego del fallido intento al Fitz Roy,
los italianos Ettore Castiglioni y Leo Dubosc, desde el Campo Base
del Fitz Roy, "hicieron una cabalgata hasta el lago San Martín
reconociendo valles y lagos en parte inexplorados".
Adentrándose por el Valle de los Toros, desde el cual desciende
un río con soberbias cascadas, es posible rodear por el oeste el
Cerro Vespignani y avecinarse a otros cerros sin nombre, y entre
ellos, también al Cerro Milanesio. De Agostini subió y bautizó a
este último en 1937 pero escalándolo por el lago O'Higgins, a través
de la ladera Norte, y acompañado por Carlo Cassera, Amedeo Zampien
y el carguero chileno Vidal. Se sabe de otro ascenso a este cerro
llevado a cabo por Jorge Lemos de Calafate con algunos compañeros.
Estos cerros son hoy en día más accesibles gracias
a la carretera que une el pueblo de Chaltén con la Laguna del Desierto.
Transitando por esta carretera, en la desembocadura del valle del
Río Eléctrico, se alza amenazante un cerro que con sus ruinosas
paredes de roca volcánica constituye todo el alto costado de dicho
valle. Es el Cerro XXX Aniversario que con su nombre recuerda el
300 aniversario de la fundación del Club Andino Bariloche creado
en 1931. Surge al término de una ramificación del cordón que parte
de la Gorra Blanca Sur para formar el Cerro Neumeyer. Ha sido escalado
varias veces y la vía más simple pasa por los empinados ventisqueros
de la pared sur que conducen al paso cercano a la antecima este.
Un itinerario fácil, muy largo pero excepcionalmente panorámico,
es la travesía integral de su cresta, de oeste a este, partiendo
desde las mesetas glaciales en la base del Cerro Neumeyer para bajar
luego desde los ventisqueros en el valle del Río Eléctrico (Gino
Buscaini, Silvia Metzeltin, 3-4 de febrero de 1981).
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