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Todavía no llegó la primavera en el Cordón las Parvas.

El último campamento antes de alcanzar la cumbre del San Valentin,
con la carpa protegida de las tormentas que llegan desde el Oeste.

Actualmente las avionetas facilitan la aproximación a la Laguna
San Rafael.

Empieza el amarillo del Otoño.

Aislado en el medio del bosque pluvial a orilla de la Laguna San
Rafael el viejo hotel abandonado sirve sin embargo como abrigo para
guardaparques y andinistas.

El San Valentin: la cumbre! Un logro y una suerte.

Escalando la arista cumbrera del San Valentín.

Un hermoso amanecer.

Sigue lloviendo...

Los esquíes son el medio más rápido y seguro para trasladarse sobre
el Campo de Hielo, aun para Giorgio Sacerdoti y Casimiro Ferrari
(a la derecha).

A lo lejos, en el centro, surge el Cerro Arenales. Desde el Lago
Colonia, el largo ventisquero permite el acceso a su ladera Este.

Miguel Gómez mientras está izando su campera como vela. Esta foto
de la balsa hecha con esquíes y colchonetas que navega sobre el
Lago Colonia, tomada por Shípton, aparecio en la revista inglesa
"Alpine Journal" de 1964.

Muy difícil y peligroso por este lado, el Cerro Hyades domina el
valle del Rio Soler.

Subiendo al Cerro Rodados (Cerros de Santa Ana).

Al fondo, detrás de los árboles muertos, se levanta el Cerro Cachet.

Mirando al Cerro Cachet desde más cerca. Fue subido una sola vez
por los neozelandeses.

Desde la cumbre del Cerro Rodados, mirando hacia los Cerros de Santa
Ana y, a lo lejos, las altas cumbres del tramo meridional del Hielo
Patagónico Norte.

Un incendio provocado sin querer por un poblador.

Cumbres puntiagudas esperan todavía a quienes intentarán escalarlas.

El ventisquero muy largo que del Sur-Este conduce a los cerros Pared
Norte y Pared Sur.

La pirámide cumbrera del Cerro Rodados.

Cerca de la cumbre del Cerro Lagunitas. 1.500 m más abajo, el Rio
Baker se aproxima a su delta.

Un paraíso de aventura puede hallarse en el fondo de un valle lluvioso
y perdido, en este mundo lejano, arriba de las nubes, que ampara
nuestros sueños de andinistas.
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NUEVAS TENTATIVAS
"No conozco sobre esta tierra, ni si quiera
en el Himalaya, una región de glaciares que sea más hermosa que
estas montañas de la Patagonia Austral, azotadas por las tempestades."
Arnold Heim
Al padre de Arnold Heim, el famoso geólogo suizo Albert Heim, el
salesiano Padre De Agostini dedicó en la Patagonia un importante
cerro que, con sus 2.450 metros, cae sobre el brazo Spegazzini del
Lago Argentino. También el hijo estudió geología y, como el padre,
era apasionado del alpinismo. Pero además estaba animado por el
deseo de aventura y de conocer montañas lejanas. No llegó a ser
profesor célebre como el padre, pero por su trabajo de prospección
minera alcanzó a andar por el mundo. Siendo ciudadano de un país
neutral, pudo también viajar durante la segunda guerra mundial,
y así, en el verano de 1939-40, lo encontramos en el valle del Río
León, con el propósito de intentar la ascensión del San Valentín.
Había enviado delante de si a sus compañeros de expedición: Hermann
Hess, campeón suizo de esquí, y Wilhelm Schmitt, ambos residentes
en Osorno, y el fiel colaborador chileno de Hess, Vargas. En el
interín, hace una recorrida por el istmo de Ofqui, donde eran intensos
los trabajos para dividirlo, y después, desde Puerto Aysén, pasando
por Coyhaique, entra en la Argentina, pasa por Río Mayo y, por Perito
Moreno, que entonces se llamaba Nacimiento (sobreentendido: de Jesucristo),
llega a Chile Chico.
Con el vaporcito "Andes", de 24 toneladas,
pasando por Fachinal y Mina Silva, donde realiza algunas investigaciones
geológicas, se hace conducir a la desembocadura del Río León (indicado
todavía en el mapa de 1902 como Río de las Deltas) y alcanza a sus
compañeros en el campamento preparado en el nacimiento del Lago
León. Justamente en aquel período los incendios, superando los designios
de los pobladores, los cuales quemaban los bosques para crear praderas,
están devastando y creando angustia en todo el flanco norte del
valle, hasta el limite de las nieves. Para surcar las aguas verdes
del Río León, situado a una altura de 350 metros, sobre el cual
flotan pequeños témpanos que apenas tienden a disolverse dado que
la temperatura del agua es de sólo 3ºC, han llevado kajaks plegables.
El material es trasladado así más allá del lago y seguidamente se
establecen diversos campamentos altos. La expedición da nombres
al Cerro Mocho, al Cerro Cristal con sus dos cimas, al Cerro Tronco
con su capuchón de nieve, y al grandioso y dentado cerro que recibe
sin gracia el topónimo himalayo de Siniolchu por su semejanza con
aquella lejana montaña. Pero las conquistas de los andinistas continúan
limitadas por el persistente mal tiempo. Sólo alcanzan la cumbre
del Cerro Cachu (ca. 2.600 metros) Hess y Schmitt, el 16 de enero
de 1940. De cualquier modo, es la primera vez que unos montañistas
logran poner pie sobre los glaciares orientales del Hielo. Pero
existía una persona con la cual Heim había establecido algunos acuerdos
preliminares para esta tentativa de alcanzar el Hielo Norte y el
San Valentín, no habiéndolo invitado a participar: Federico Reichert,
quien, visto que se lo dejaba de lado, nada dijo en ese momento,
pero ideó un plan: el de ascender también él al Hielo Norte, pero
desde Ofqui. Así, la octava expedición patagónica de Reichert se
integró con el capitán Ihl, con su hermano Walter Ihl, estudiante
de medicina, y con el joven ingeniero Ernst Hoffmann. Este último
se hallaba en la extraña posición de haber sido excluido, a último
momento, del grupo de Heim. Participó también Augusto Grosse, el
explorador que en 1943 hallará el paso de unión entre Puerto Río
Tranquilo y el Seno Elefantes, lleno entonces de aquellos elefantes
marinos que le dieron nombre. Tampoco esta expedición tuvo la fortuna
de alcanzar la cima del San Valentín, pero el 14 de marzo Walter
Ihl y Ernst Hoffmann llegaron al "divortium glaciarum"
y a la "brecha del glaciar que lleva directamente al Lago Fiero".
Además, se había logrado, el 8 de marzo de 1940 - también con Reichert
-, la primera ascensión al Pico Norte, de unos 2.200 metros, desde
el cual se logra entrever el muy agrietado Glaciar Guala.
Entre tanto, sobre la otra vertiente, el tenaz
campeón de esquí Hermann Hess, había permanecido más tiempo que
sus compañeros en el valle del Río León, y emprendió una última
tentativa para alcanzar la planicie del campo de hielo. Siguiendo
una equivocada indicación de Heim, erró, por un centenar de metros,
la depresión que lo habría llevado a dicho campo de hielo.
De cualquier modo, Hess había quedado embrujado por el San Valentín
y, si bien Heim le había prometido volver para una ulterior tentativa,
quiso poner en pie inmediatamente otra expedición en el verano de
1942. Lo acompañaban otros dos óptimos esquiadores y alpinistas:
A. Alig y Georg Manni, suizos del Cantón de los Grisones, y el germano-chileno
Ernst Hoffmann. Partieron de Ofqui, atravesaron con los esquíes
el glaciar San Rafael, y, después de haber construido un pequeño
refugio de troncos que permaneció en pie durante muchos años sobre
un islote rocoso, alcanzaron el collado entre el San Valentín y
el Cuerno de Plata, a cerca de 3.000 metros. La renuncia a continuar
se debió al acostumbrado mal tiempo, pero parece que también contribuyó
un desacuerdo entre los participantes.
Arnold Heim, entre tanto, había hallado trabajo
como geólogo en la Argentina, y, después de dos años, se puso de
acuerdo con Hess para una nueva tentativa. En 1945 se puso en contacto
con el CAB (Club Andino de Bariloche) y organizó una expedición
con tres de sus socios: el zapatero suizo Josef Studer, el arquitecto
austríaco Heriberto Schmoll, que en 1943 había ascendido al San
Lorenzo con el Padre De Agostini, y Augusto Vallmitjana, recientemente
emigrado de Barcelona. Desde Osorno se unió a ellos Hermann Hess.
Se dirigieron nuevamente al acceso oriental, pero habían hecho construir
en Bariloche un bote de madera a remos, de un peso de 80 kg. y un
largo de 4,5 metros, para atravesar el Lago León. Hermann Hess estableció
pronto dos campamentos altos, subiendo por el Glaciar Cristal. El
19 de diciembre los cinco suben con los esquíes a la silla nevosa
situada a cerca de 2.000 metros sobre el "divortium glaciarum"
(Portezuelo León, entre Cerro Cristal y Cerro Tronco) y vivaquean
ya sobre el lado del Pacífico, cerca de un espolón de roca bajo
el Cerro Tronco. Al día siguiente continúan con los esquíes otros
4 km. y suben hacia el Norte pero luego el habitual mal tiempo los
obliga a un retorno muy azaroso por el grave peligro de aludes.
Heim tenía 64 años e intuía haber perdido la última ocasión de escalar
el San Valentín, pero, como generalmente sucede en la Patagonia,
antes de la amargura por la ocasión perdida tuvo la satisfacción
de haber retornado a casa sano y salvo. Hess y Schmoll retornaron
más tarde a recuperar el material y aprovecharon aquella ocasión
para subir del Paso Cristal al Cerro Tronco con los esquíes. Vallmitjana
fue, por el contrario, el último en atravesar el Lago León al regreso,
izando una vela improvisada. Durante algunos kilómetros el bote
fue transportado por vía terrestre, pero después Vallmitjana subió
al bote y descendió por el río crecido hasta la desembocadura.
De allí, remando 29 horas sobre el lago tempestuoso,
llegó a Chile Chico, para exclamar a su arribo -a decir verdad-
"Nunca más". Studer, que había sido campeón suizo de los
10.000 metros, llegó por su parte a Chile Chico corriendo a pie:
puso tres días y medio para recorrer 180 km., incluyendo vados,
subir por desvíos y tiempo para buscar los caballos cuando eran
indispensables para vadear.
Las narraciones detalladas de estas históricas tentativas se hallan
ya sea en la autobiografía de Reichert "En la cima de las montañas
y de la vida", ya en el libro "Sudamerika" de Heim.
Este libro, publicado en Suiza en 1953 con un hermoso despliegue
fotográfico, habría podido estimular la fantasía de los alpinistas
europeos de lengua alemana, pero pasó casi inadvertido. En aquellos
años, por lo demás, la atención del mundo internacional del montañismo
apuntaba hacia los 8.000 metros de Asia, y justamente en 1953 era
conquistada la cumbre del Everest, la montaña más alta del mundo.
EL FINAL DE LA SINFONÍA PATAGÓNICA
"Atravesar el hielo continental sin alcanzar
al paso aquella gran cumbre que lo sintetiza, es carecer de sentido
estético, es permanecer sordos a un crescendo, significa perder
el final de la sinfonía patagónica, que todavía busca su músico
inspirado". M. A. Saint-Loup
Saint-Loup es el seudónimo de un escritor, alpinista, contratado
en 1947 como consejero técnico del ejército de montaña argentino,
después de haberse aventurado por varios países. Con ojos de experto
reconoce los diversos problemas del montañismo y, comparándolo con
el Himalaya, define al San Valentín como "un pequeño Nanga
Parbat con coordinadas antárticas". Lo atrae también el problema
técnico de la ascensión y propone combinarla con la travesía del
Hielo Norte, usando kayaks desmontables y trineos finlandeses. Propone
también hacer el intento en invierno, con un raid en esquíes, contando
con un tiempo más estable y con la mayor velocidad de traslado.
Escribe eso en un libro titulado "Monts Pacifique",
aparecido en 1951, propiamente cuando los franceses miran hacia
las montañas de la Patagonia Austral y en 1952 conquistarán, con
Terray y Magnone, la difícil cumbre de roca del Fitz Roy.
Los músicos inspirados por la sinfonía del San Valentín, no obstante,
vienen de Bariloche. En el mundo del montañismo internacional hay
gran fermento en aquellos Años Cincuenta. Se tiende a montañas lejanas,
majestuosas, muy altas, difíciles, con incógnitas para su acceso,
que presentan obstáculos de clima y de elevación. La primera ascensión
del San Valentín se coloca en este contexto de grandes emprendimientos.
Asume también un valor específico propio, considerando el particular
aislamiento de los andinistas residentes en Latinoamérica, no por
cuanto atañe a las concepciones sino por la dificultad para procurarse
los equipos y por la escasez de medios financieros disponibles,
hasta para los traslados dentro del propio continente.
El 2 de diciembre de 1952 parte de Bariloche una
expedición de amigos del CAB, que, con un viejo autobús, puesto
a dura prueba en las pistas patagónicas, llega a Puerto Alsén. Después
de muchas dificultades para conseguir una embarcación, con varias
peripecias se llegó a la Laguna San Rafael, donde por entonces el
albergue estaba todavía en buen estado y custodiado por un encargado.
Las informaciones de Reichert y de Hess facilitan la elección del
itinerario y pronto los andinistas se ponen a trabajar para preparar
los campamentos altos y transportar las 34 cajas que contienen víveres
y materiales. El San Valentín tiene una altura de alrededor de 4.000
metros, pero se parte del nivel del mar. Después de 9 km., a una
altura de 420 metros, se alza el campamento 1; después de otros
5 km., sobre un islote rocoso (nunatak), a 850 metros, donde en
1942 permaneció largo tiempo Hess, establecen el campo II. Están
todavía los restos del refugio construido por Hess, si bien el techo
ha caído: hasta aquí la marcha se ha desarrollado sobre un glaciar
muy agrietado. Llegados a la loma, a 1.100 metros se pueden calzar
los esquíes y todos alcanzan un islote rocoso bautizado "Lomo
largo", donde se establece el campamento III. Otro islote de
bloques graníticos alberga el campamento IV, donde arman la única
carpa buena que tienen, adquirida en Francia. De allí, llegan a
la depresión, a cerca de 3.000 metros, que había alcanzado Hess
en 1942. Desde el campamento IV la expedición prosigue toda junta,
con esquíes, hasta los 3.400 metros. Se arma el somero campamento
V en un faldeo, pasado el lugar peligroso bajo un glaciar colgante.
Faltan 1.000 metros de hielo virgen. El 18 de diciembre de 1952
parten en tres cordadas: Dinko Bertoncelj, Birger Lantschner y Tonchek
Pangerc siguen por el filo Sur-Oeste; Gregorio Ezquerra y Carlos
Sonntag suben directamente; Otto Meiling y Juan J. Neumayer comienzan
por el filo Sur-Oeste, cruzan a la derecha y concluyen por el filo
Sur-Este. A los 3.800 metros atraviesan horizontalmente unos 200
metros hasta el filo Sur-Este, donde se reúne el recorrido de todos.
El altímetro marca 4.060 metros. La victoria es
uno de los más bellos resultados del montañismo clásico latinoamericano,
ejemplar aun en la colaboración de amistad entre los andinistas
que ha señalado el empeño común.
La aventurada empresa no concluyó en la cima. El 31 de diciembre,
Meiling, Ezquerra y Emilio Hernández, que habían ayudado a transportar
cargas hasta el campamento II, parten de Ofqui con una chalupa de
Don Lincoman, con largos y pesados remos, rumbo a Puerto Aisén.
Viento en contra, chaparrones, marea y viento, lluvia torrencial:
llegan mojados y hambrientos el día 6 de enero. El rescate de los
compañeros que quedaron en la Laguna San Rafael con poquísimos víveres
se complica. No se hallan embarcaciones, por interferencia de un
capitán del puerto que quería hacer su pequeño negocio. Zarpa la
chalupa "El Gato", que se hunde a medio camino: vieron
el casco semihundido los rescatados cuando finalmente, después de
tres semanas de espera pasadas a té y quáker, se desbloquea la situación
y una lancha privada trae de regreso a todos los otros participantes
a Puerto Aisén, hambrientos pero salvos.
Hoy el recorrido entre Puerto Aisén y la Laguna
San Rafael puede realizarse también con una lujosa embarcación de
crucero. Se puede llegar directamente a la Laguna hasta con avionetas.
El itinerario de los primeros escaladores es el más lógico, simple
y directo. Ya aun hoy, cuando ya no hay que navegar con remos y
con velas improvisadas por los canales, cuando ya no es necesario
esperar durante semanas un vaporcito, mientras los equipos y los
instrumentos han alcanzado un nivel de calidad inimaginable por
entonces, la ascensión al San Valentín -aún no presentando en este
itinerario grandes dificultades técnicas- constituye todavía un
desafío que pocas veces es aceptado y menos aún con éxito.
LAS VISITAS SUCESIVAS
Casi durante veinte años, concluido el desafío
de la primera subida, no se tiene más noticias de expediciones al
San Valentín. Los primeros que se apasionaron de nuevo por la región
fueron montañistas neozelandeses, que regresaron en varias ocasiones,
permaneciendo también buen tiempo en el sitio. Por muy poco no alcanzó
la cima una expedición neozelandesa en el verano de 1969-70. Partidos
del campamento de base en el Lago León, Gordon Vickers, Ray Vickers,
Paddy Gresham y el chileno Claudio Lucero llegaron con los esquíes
hasta los 3.400 metros, para alcanzar, con mal tiempo, "un
cerro entre la ladera Norte y la cumbre". En 1972-73, la cima
fue esquiva también para una expedición militar británica, que llegó
cerca del Hombro Norte, pero que después realizó una travesía Norte-Sur
del Hielo Norte.
En 1979, otra expedición neozelandesa partió en exploración sobre
la vertiente Norte, penetrando a lo largo del curso del Río Bayo
para reconocer un posible acceso al Glaciar Circo (llamado también
Glaciar o Ventisquero Grosse). En aquella ocasión fue escalada una
cima secundaria en la confluencia entre dos valles.
En aquella expedición participó el montañista
chileno Sergio Saldivia, que en 1981 retornó al lugar con una expedición
de Coyhaique. Se estableció un campamento en la base del Glaciar
Circo y, mirando al espolón entre los dos ramales del glaciar, los
montañistas recorrieron 12 km. de hielo cubierto de detritus para
establecer el campamento I a 500 metros de altura. Siguieron después
el filo Norte hasta los 2.590 metros, con un campamento II a 1.600
metros, y armaron el campamento III ya sobre el campo de hielo,
dirigiéndose hacia el Nor-Oeste. No existe documentación de la llegada
a la cima, pero, de cualquier modo, durante el descenso Sergio Saldivia,
Juan Vargas, W. Millar y D. Vidal fueron interceptados por el mal
tiempo, y Vidal murió congelado en la grieta en la cual habían buscado
refugio durante la tormenta.
En 1983 el chileno C. Hopperdietzel intenta, con un compañero, la
ascensión saliendo de la Laguna San Rafael, pero debe renunciar
y se contenta con el Cerro Norte.
En 1985-86 alcanzan la cumbre miembros de una
expedición del CAB (de Bariloche), entre los cuales están Guillermo
Zampien y Mario Gutiérrez Burzaco. Una repetición relámpago la logra
también en diciembre de 1986 desde la Laguna San Rafael la pareja
de franceses Philippe Modéré y Nicole Mazuir: transportes en el
bosque, del 22 al 27; acercamiento al glaciar, del 28 al 30; subida
a la cima el 31; descenso y retorno a la Laguna, del 1 al 4 de enero.
Posteriormente, se tiene noticia de alguna otra tentativa que termina
trágicamente. En 1987, subiendo desde el Lago León, un andinista
argentino muere en una grieta. En 1990, desaparecen sin dejar vestigios
tres andinistas chilenos que entraron desde el Lago Bayo y que jamás
fueron hallados, no obstante los medios desplegados en su búsqueda.
Pero, ¿no se podrían encontrar condiciones meteorológicas
mejores durante el invierno austral, cuando los vientos acostumbran
disminuir un poco su intensidad? En esto, piensa en Italia el gran
andinista de Lecco, Casimiro Ferrari, que en la Patagonia ha ascendido
ya al Cerro Torre, al Fitz Roy, al Murallón, al Risso Patrón y al
San Lorenzo. El San Valentín le falta todavía, y así organiza una
expedición en 1989. Exito completo: partida desde la Laguna San
Rafael, uso de esquíes. El 7 de agosto llegan a la cumbre Casimiro
Ferrari, Giuliano Maresi, Egidio Spreafico y Carlo Buzzi, en tanto
Dino Piazza y Giorgio Sacerdoti completan el buen suceso alcanzando
el mismo día la cumbre del Cerro Fiero. La cordada de Ferrari recorre
la cresta por el centro de la pared Oeste, cuyos últimos 300 metros
presentan dificultades extremas sobre el hielo.
Estos éxitos, y las facilidades actuales para
alcanzar la Laguna San Rafael estimularon también el andinismo comercial
a atreverse con el San Valentín. Así, el 22 de enero de 1991, una
expedición franco-argentina, perfectamente organizada por Marcos
Couch con trineos, raquetas y portadores, condujo a la cumbre a
14 de sus 16 integrantes. Si leemos los correspondientes relatos
publicados en los Anuarios del CAB, notamos no obstante que entre
el dificultoso logro del CAB en 1952 y la expedición colectiva comercial
de 1991 no hay tan solo 40 años de evolución en la técnica y equipo,
sino un abismo entre dos conceptos de montañismo.
Exactamente un año después, se encontraron juntos
en la cima los andinistas chilenos Claudio Gálvez, Sergio Zarote,
Malcom Moreno y Darío Alfaro (que habían usado esquíes) y los andinistas
provenientes de Buenos Aires, Martín Schopflocher, Matías Kurtscheider,
Edgar Krautner y Tomás Núñez (que utilizaron trineos y raquetas).
En marzo de 1993 subió al San Valentín el francés llano Previtali
con tres compañeros, antes de cruzar el Hielo hacia el Sur. El 23
de octubre de 1993 llegaron a la cumbre los suizos Romolo Nottaris,
Franco Della Torre, Arturo Giovanoli, Mauro Ferrari y Gianni Caverzasio,
siete días después de haber partido de la Laguna San Rafael. Los
primeros tres prosiguieron seguidamente hacia el Sur para la travesía
del campo de hielo.
NO SÓLO EL SAN VALENTÍN
"Esta es una de las regiones más encantadoras
de la Tierra, si bien reclama de sus aficionados una cierta dosis
de estoicismo". Eric Shipton
En estas regiones encantadoras existen muchos otros cerros además
del San Valentín, varios de los cuales rivalizan con este último
en grandiosidad y se presentan también como más difíciles desde
el punto de vista técnico. Los cerros que están dispuestos a lo
largo de la costa del Pacífico y constituyen el margen Oeste del
campo de hielo alcanzan alturas de alrededor de los 1.500 metros;
los más elevados están cubiertos de casquetes de hielo y sobre la
vertiente oceánica están revestidos en gran parte por un bosque
pluvial lujuriante. Muy pocos tienen nombre y, en el conjunto, son
prácticamente desconocidos, pero no sólo bajo el aspecto del montañismo.
Hacia el Este, el margen del campo de hielo está, por el contrario,
marcado por una línea de poderosas montañas.
Algunas superan los 3.000 metros, y entre ellas se yerguen audaces
agujas acorazadas de hielo. Diversas paredes expuestas al Este muestran
dimensiones y grandiosidades dignas de los gigantes del Himalaya.
Este alineamiento puede ser dividido en tres sectores. Al Norte
está el grupo San Valentin-Cerro Hyades, en correspondencia con
los Lagos Norte, Fiero, León y Sur. Al centro, en correspondencia
de los valles del Río Soler y del Río Nef, el grupo Cerro Largo-Cerro
Cachet. Al Sur, entre el Glaciar Colonia, el Río Colonia y el curso
del Río Baker, se yergue el grupo Cerro Arenales-Cerro Pared Sur.
Bien en el medio del campo de hielo está luego un cordón menor oblicuo,
con cumbres sin nombre que alcanzan los 2.500 metros y que están
dispuestas entre el Glaciar Benito y el Cerro Arenales.
Solo una parte de estas montañas ha sido escalada
una vez; poquísimas son las cumbres visitadas dos veces. También
las travesías del campo de hielo se cuentan con los dedos y continúan
siendo un desafío no fácil de aceptar. Fuera de la conquista del
San Valentín, la historia del montañismo de esas regiones es todavía
breve. Veámosla con una mirada de conjunto, dando por descontado
que pueden haber existido expediciones silenciosas que no han dejado
vestigios de su pasaje ni siquiera en los libros o en las revistas
de andinismo. Traigamos, pues, a la memoria la figura del gran alpinista
y viajero inglés Eric Shipton (1907-1977), que mostró predilección
por los lugares más salvajes y remotos de la tierra. Después de
la larga -aunque todavía parcial- travesía en sentido Norte-Sur
del Hielo Patagónico Sur en 1960-61, y después de haber viajado
durante dos años por la Tierra del Fuego, Shipton había puesto los
ojos también sobre el Hielo Norte. El andinista chileno Eduardo
García, hoy profesor de educación física y montañismo para geólogos
e ingenieros forestales, había participado en la expedición japonesa
que logró en 1958 la primera y la segunda ascensión del Cerro Arenales
(3.365 metros) y convenció a Shipton para que intentara con él la
travesía del Hielo Norte. Eligieron un recorrido de Oeste a Este
para tener el viento a favor, y de allí optaron por una partida
desde la Laguna San Rafael. García se ocupó de la organización y
halló otros dos compañeros en Chile, Miguel Gómez y el geólogo Cedomir
Marangunic. La travesía duró desde el 25 de noviembre de 1963 hasta
el 6 de enero de 1964. Estaban equipados con esquíes y trineos,
y llevaban también consigo un gomón para la eventual travesía de
ríos o lagos. Al pasar; escalaron en primera ascensión el Cerro
Arco (2.992 metros) y después, en tercera ascensión, también el
Cerro Arenales, este último con particular satisfacción de García,
quien en 1958 había sido excluido por los japoneses en el final
de la primera ascensión. A causa de la reiteración del habitual
mal tiempo, deciden descender desde un collado llamado "Arenales
Col" a lo largo del Glaciar Colonia, que en lo alto está quebrado
por seracs y anchas grietas. Habiendo llegado al Lago Colonia, de
impracticables riberas rocosas, ponen en acción el zodiac. Pero,
dado que no hay lugar para todos, construyen una balsa con esquíes
y colchonetas neumáticas, izando una campera como vela. Navegan
con la balsa al arrastre 6 millas a lo largo del Lago Colonia, y
después otras 10 millas a lo largo del río homónimo. De allí pasan
al Río Baker, para llegar a Cochrane y concluir en gran estilo la
bella aventura. La travesía en sentido Norte-Sur hasta el frente
del Glaciar Steffen fue lograda en el verano de 1972-73 por tres
militares británicos. Crispin H. Agnew, Peter Breadmann y John Bank
formaban parte de una expedición militar británica de once personas
que por cinco meses acampó en la Bahía Kelly con objetivos cartográficos
y de estudio de la naturaleza, pero también con el deseo de practicar
montañismo. Dos tentativas de ascensión al San Valentín fracasaron
por el mal tiempo, pero también por el peligro de los aludes. En
febrero, con trineos y esquíes, los tres iniciaron la travesía partiendo
de un campamento armado sobre el Glaciar Andrée, rama lateral del
Glaciar Tadeo. En tres días alcanzaron a ubicarse bajo una depresión
a la altura de unos 2.200 metros, pensando superarla para descender
directamente al Glaciar Steffen. Pero, llegados al collado, los
esperaba una sorpresa desagradable: por la otra parte se abría un
abismo a pico de más de 500 metros. Descendieron así por el campo
de hielo hasta una altura de 1.000 metros, bordearon el obstáculo
pasando por zonas de seracs y largas grietas, para colocar el primer
campamento sobre roca a una altura de 1.000 metros, a 12 millas
del frente del Glaciar Steffen. Descendieron a pie a lo largo del
glaciar no cubierto de nieve, y después por su costado, y llegaron
a su frente, donde, con satisfacción, erigieron un hito. De allí
volvieron a los trineos y buscaron una vía de regreso más rápida
a la Bahía Kelly. Así descendieron por el Glaciar Benito, donde
se vieron obligados a practicar rapeles y maniobras de cuerda durante
las cuales se rompieron los trineos, y sólo después de dos días
llegaron al frente del glaciar. Pero aquello no había terminado:
los aguardaban todavía varias millas de bosque pluvial, vados de
torrentes glaciares, playas fangosas sumergidas en la marea alta.
En diecinueve días habían dado cumplimiento, además de la travesía
Norte-Sur, a una especie de periplo de la Bahía Kelly.
Por otra parte, es necesario tener en cuenta que
diversas ascensiones cumplidas en las montañas del Hielo Norte han
obligado también a recorrer una parte del campo de hielo. Esto se
debe a que los acercamientos son largos y laboriosos, y, una vez
alcanzado el campo de hielo, conviene aprovechar al máximo la permanencia
allí, moviéndose a lo largo de los recorridos llanos. Entre estas
marchas, debemos recordar las muy interesantes de la expedición
neozelandesa de 1969-70, con Paddy Gresham, Dave Launder, Bub Gunn,
John Nankervis, Ray Vickers, Alan Bibby, de la cual formaba parte
también el chileno Claudio Lucero, hoy profesor de educación física
y montañismo en la Universidad Católica de Santiago. Poco les faltó
para alcanzar la cumbre del San Valentín; luego se dirigieron hacia
el Sur y escalaron el Cuerno de Plata (3.725 metros, por la fácil
cresta Sur de nieve), el Cerro Fiero (3.415 metros, por el Norte),
el Pico Sur (3.198 metros, por la cresta Este, escarpada y con hongos
de hielo), el Cerro Mocho (2.440 metros, por la fácil pared Sur-Oeste
de nieve), el Cerro Cristal (2.745 metros, por la cresta Oeste alcanzada
desde el Norte, de hielo, difícil), el Cerro Siniolchu (2.740 metros,
por la cresta Oeste, alcanzada desde la pared Norte), el Cono Helado
(2.500 metros, por la fácil pared Este) y, para terminar la poderosa
pirámide del Hyades (3.078 metros, por la pared Norte de nieve,
fácil).
Escalaron también la bífida Aguja Aguda (2.641
metros, por la larga y expuesta arista Sur de hielo y roca, después
de una tentativa por la pared Nor-Oeste). Partiendo del Lago León,
deslizándose sobre el campo de hielo con esquíes y trineos improvisados,
realizaron así una fundamental tarea de exploración en todo el sector
Nor-Este del Hielo Norte. En realidad, volvían a hallar sobre el
campo de hielo un clima al cual estaban bastante acostumbrados en
sus montañas de Nueva Zelandia, y se apasionaron por la región.
Habían entrevisto sus fascinantes posibilidades de aventuras andinistas
extraordinarias. Retornaron así con nuevos compañeros, y acompañados
por el chileno Rómulo Tarsetti. Actuaron durante setenta días en
las fuentes de los ríos Soler y Nef durante el verano de 1971-72,
y su éxito más significativo fue la ascensión del Cerro Cachet (2.632
metros). Fracasó la tentativa al Cerro Largo, del que sólo alcanzaron
la cumbre secundaria PLA (ca. 2.710 metros), pero fue escalada otra
cumbre al Oeste de aquél, la que lleva la sigla PCW (ca. 2.710 metros).
En 1973, otra expedición neozelandesa, partiendo del Río Cacho,
encara la larga cresta Sur-Oeste del Cerro Hyades (3.078 metros).
En esta vertiente, el Hyades aparece imponente, con largas aristas
y diversas cumbres secundarias, terrazas de hielo y cascadas de
seracs que descargan incesantemente, con un desnivel de más de 2.500
metros. Los neozelandeses llegan al filo de la arista y a un altura
de 2.700 metros, después de haber superado muros de hielo y una
difícil sucesión de seracs. Alcanzan la cumbre Tom Clarkson y Geoff
Spearpoint, en tanto que Paul Milson y Jan Thorne se detienen dos
horas antes, pero los cuatro permanecen después bloqueados en el
descenso por la tormenta, durante ocho días. Si bien dos de ellos
sufren serios congelamientos, logran descender al valle por sus
propios medios. Se trata de la primera recorrida sobre estas montañas
a lo largo de un itinerario diferente de aquel de la primera ascensión,
y mucho más difícil. También en el mismo año 1973, Clarkson y Bamford
vuelven a recorrer la arista Sur de la Aguja Aguda y efectúan la
segunda ascensión a ella.
Entre los glaciólogos que se han ocupado de investigaciones
sobre el Hielo Norte hay diversos andinistas. Así, no es de asombrar
que durante las investigaciones científicas ellos no hayan sabido
resistir a la atracción de las magnificas cumbres cerca de las cuales
trabajaban. En particular Gino Casassa, que después de realizar
estudios en Japón y en los Estados Unidos ha vuelto a Chile y trabaja
en la Universidad de Magallanes: había ya escalado el Fitz Roy en
1980, y luego en 1985-86, participó en una expedición científica
japonesa sobre el Hielo Norte. En aquella ocasión, acompañado por
Rodrigo Mujica y Bonnie Schwahn, usando esquíes de telemark, realizó
una travesía de ida y vuelta en el día desde la base del Cerro Largo
hasta el limite de las nieves sobre el Glaciar San Quintín (o Tadeo).
Si en rigor no se la puede considerar una travesía integral Este-Oeste,
porque ésta, para ser considerada tal, debería ir por lo menos de
un frente al otro de las lenguas de hielo, se trata con todo de
una grande y hermosa performance (60 km. en un día). Además, Casassa
subió a la cumbre Norte del Cerro Largo y le dio el nombre de Pico
Naranja (ca. 2.645 metros). En sus publicaciones científicas ha
recogido también datos interesantes para reconstruir la historia
de las exploraciones y del andinismo. También glaciólogos japoneses
de la Universidad de Hokkaido habían sido, en 1981-82, los primeros
en escalar la cumbre P (1.597 metros) por la cresta Sur-Oeste, situada
a 30 km. del frente del Glaciar Steffen.
Los suizos Romolo Nottaris, Franco Della Torre
y Arturo Giovanoli lograron realizar una travesía completa Norte-Sur.
Después de haber escalado el San Valentín, entre el 24 y el 31 de
octubre de 1993 prosiguieron hacia el Sur, hasta el fiordo Steffen,
y concluyeron en Caleta Tortel el recorrido iniciado en la Laguna
San Rafael el 17 de octubre, con la ayuda, por una vez, del buen
tiempo.
Sin embargo, los habían precedido en marzo del mismo año llano Previtali
y sus tres compañeros, que demoraron veintiséis días en la travesía.
LAS ESTRIBACIONES ORIENTALES
Hacia el continente, la Cordillera se alarga en
cordones montañosos transversales en dirección Oeste-Este en una
longitud de más de 20 km. Entre estos cordones, antiguos ríos han
formado los valles cuyo perfil ha sido después modelado por los
glaciares. Sus cauces son planos y anchos, cubiertos de depósitos
aluvionales y de morenas, entre los cuales los ríos actuales corren
con sinuosos meandros, corténdose a menudo el camino en terrazas
de gravas creadas por lagos ahora secos. Los ríos cambian de curso
y a veces modifican el paisaje con sus frecuentes y desastrosos
desbordes; su caudal entre noviembre y marzo es hasta cuatro veces
el del invierno. Así, aunque estos largos valles representan las
vías naturales de acceso a la Cordillera y al Hielo Norte, y si
bien vive allí algún poblador, recorrerlos puede resultar menos
simple de lo que parece a primera vista. Las cumbres de los cordones
rara vez superan los 2.000 metros, pero están en parte cubiertas
de glaciares que a menudo cuelgan de las paredes, y no pocas presentan
formas en aguja o en torre que emergen de los hielos. En su conjunto,
son poco conocidas y aún menos frecuentadas; las noticias son en
gran parte demasiado imprecisas para ubicar correctamente las cumbres
que han sido escaladas, y seguramente han existido expediciones
de las cuales nada se ha sabido. Procuramos aquí trazar en líneas
generales un cuadro de estos interesantes -y poco tenidos en cuenta-
grupos de montañas.
I - Cordón Las Parvas: entre Río Bayo-Río Tranquilo al Norte
y Río Claro-Río Delta del León de Oeste a Sur. Cumbres redondeadas,
aristas panorámicas, alturas 1.700 -1.800 metros, en parte terreno
para esquí de travesía (diversas ascensiones de Gino Buscaini y
Silvia Metzeltin en octubre de 1993 y en marzo de 1994, desde el
Río Bayo).
II - Grupo Cerro Helbling: entre Río Bayo al Norte y Río
León al Sur. El Cerro Helbling (2.500 metros, probablemente el P.
1.962 metros) fue escalado por Hermann Joos y Peter Bruchausen del
CABA (Buenos Aires) en enero de 1959. En aquella ocasión, también
los mismos montañistas intentaron la ascensión del Hyades. El Cerro
P. 1.918 metros "Tres Puntas" ha sido escalado por la
vertiente Sur, en sus dos cumbres laterales, por Hernán Calvis y
Andrés Sanhuesa, de Coyhaique, en marzo de 1990.
III- Grupo Cerro La Torre: entre Río León al Norte y Río
El Canal al Sur. Tal vez el Cerro La Torre corresponde al Cerro
Diablo Negro mencionado por A. Heim, quien sin embargo en diciembre
de 1945 escaló el Cerro Poblete (1.800 metros), con su cúpula de
hielo sobre el granito que surge de las pizarras. De la Laguna Cachorro,
por el filo Este, evitando los seracs de la pared Sur, suben al
Cerro Leones (ca. 2.000 metros) Hernán Calvis y Andrés Sanhuesa
en marzo de 1990. El italiano Luciano Moretti, en noviembre de 1989,
escala un cerro, tal vez el Diablo Negro (ca. 2.200 metros) o uno
cercano, evitando su pared Nor-Este cortada en extraplomo y ascendiendo
por una loma más fácil.
IV - Cordón Contreras: entre el Río El Canal al Norte, el
Río Soler y el Lago Plomo al Sur. Cerros con elegantes agujas terminales,
que emergen de los glaciares de las laderas con algunos grupos de
seracs que llegan a lamer el bosque. En febrero de 1973 los neozelandeses
Dave Bamford, Tom Clarkson y lan Thorne escalan el Cerro P. 2.545
metros desde el Lago Plomo e intentan el almenado Cerro Campamento
(2.320 metros), dispuesto en herradura. Ascienden a una primera
torre, pero renuncian a la principal.
V - Cordón Soler: entre el Río Soler al Norte y el Río Nef
al Sur. Cumbres redondeadas que alcanzan también los 2.000 metros,
con restos de hielo y vertientes en despeñadero.
VI - Grupo Tres Picos: entre el Río Nef al Norte y el Río
Colonia al Sur. En 1942, el Padre De Agostini renuncia a escalar
el Tres Picos, pero efectúa algunas ascensiones panorámicas en los
alrededores.
VII- Grupo Desfiladero - Caña Brava: entre el Río Colonia
al Norte, el Río Baker y el Río Ventisquero al Sur. Cerros "Josen"
y "Torta" en las fuentes del Río Claro: fueron escalados
por Peter Hartmann, de Coyhaique, y sus compañeros, en febrero de
1991.
LOS CERROS DE SANTA ANA
Proponemos denominar así, apoyados en el único
topónimo significativo que aparece en los mapas, el de "Laguna
Santa Ana", a la región montañosa que se extiende por cerca
de 1.200 km2 hacia el Sur entre las últimas estribaciones del campo
de hielo, más alía de los ríos Huemules y Ventisquero, y el Río
Baker. Sobre el bosque pluvial y los mallines, separados por valles
encajonados y altos círculos rocosos, se extienden cordones con
un centenar de cerros con los casquetes de las cumbres cubiertos
de hielo, seracs colgantes sobre las paredes y las amplias cornisas
de nieve que se asoman al vacío, unidos por largas crestas onduladas
y sinuosas. Alcanzan los 2.000 metros, pero en una gran proporción
sus altitudes están comprendidas entre los 1.300 y los 1.600 metros.
En toda la región, las cumbres que llevan un nombre en los mapas
son dos: Cerro Las Heras (o Cerro Huillin), 1.428 metros, y Cerro
Rodados, 1.674 metros. Este último, como su cima Sur-Este, de cerca
de 1.670 metros, otras cumbres menores y una cumbre aislada P. 1.745
metros, bautizada "Cerro Lagunitas" en homenaje a las
numerosas y bellísimas lagunas engastadas entre esos cerros, han
sido escalados por Gino Buscaini y Silvia Metzeltin en octubre de
1993.
RESERVA DE AVENTURA SILENCIOSA
Los lugares de los cuales habéis leído esta sumaria
introducción conservan aún para los montañistas ese sabor de inexplorado
que ya ha desaparecido de los mapas, y con él, el encanto del auténtico
montañismo de aventura. Tantas cumbres, tantas estupendas y gigantescas
paredes, no han sido ni siquiera holladas. El ambiente salvaje,
solitario, el clima difícil, el escaso conocimiento, las han naturalmente
preservado, y ahora compete a los andinistas mantener este precioso
capital con una frecuentación responsable. Estos cerros, estas regiones,
no tienen, por lo demás, esas características que impulsan a todos
a intentarlo. Por el contrario, muchos hallarán apropiadas las palabras
del historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna, quien describió
con tintas sombrías estos lugares, inhóspitos según él: "Un
pedazo de océano petrificado, estéril, inservible, solitario, callado
y maldito... la verdadera imagen del infierno". Es verdad
que las impresiones de los andinistas pueden también ser infernales
cuando ellos son presa del viento huracanado, de la lluvia torrencial
y de las tormentas de nieve. Con todo, es siempre un paraíso en
sus sueños, y a veces llega a serlo también en la realidad.
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