Gente de LECCO en la Patagónia

Tal vez a alguien le habría agradado iniciar este escrito sobre el montañismo de los oriundos de Lecco en la Patagonia con una idílica y poética descripción de esas tierras hechas por los mismos andinistas.

Por mucho que uno busque en revistas y publicaciones o por mucho que uno hable con ellos, nunca ha surgido una descripción "de la desolada pampa, de los infinitos espacios de los cuales, en el horizonte, emergen las montañas como inalcanzable espejismo, ni de los bosques, o de los lagos, o de los glaciares inconmensurables".

Al comienzo me preocupó un poco tal carencia: hubiese sido hermosa una introducción descriptiva, hecha por un "lequés" (lecchese), obtenida de viva voz de uno de ellos o, al menos, de algo escrito. Después, cuando no logré conseguir lo que deseaba, me pregunté porqué era tan difícil obtenerlo. De pronto asomó la respuesta y súbitamente comprendí cuán inútil habría sido una presentación como la deseada.

Era necesario ir a lo concreto, al núcleo de la cuestión, porque jamás los "lequeses", en cualquier montaña del mundo y, en particular, en la Patagonia, han perdido tiempo en preámbulos.

El ámbito de los sueños no cuenta para ellos o, mejor, las emociones más profundas, las soledades, los vientos irresistibles, las albas y los crepúsculos son cosas que permanecen en sus corazones, que se guardan celosamente, y que ellos no gustan conceder a los demás. Por sobre todo debe prevalecer la montaña, la pared, el problema por resolver y, en especial, este problema debe ser de dimensión excepcional, de aquellos que desafían la imaginación y la capacidad humanas. Siempre el montañismo "lequés" en la Patagonia se ha movido en estas direcciones, creando una tradición que se ha desarrollado en el tiempo, desde Carlo Mauri hasta las jóvenes generaciones contemporáneas. ¿Y cómo es que los "lequeses" tienen una predilección tan acentuada no sólo por la montaña sino por la Patagonia? ¿Cómo es que de una ciudad al borde de un lago ha nacido uno de los mayores movimientos montañistas italianos?

En Lecco no hay clubes náuticos de vela, de "wind-surf", de remo o de motociclismo, y si los hay desaparecen frente a los grupos alpinistas: "Arañas" de Lecco, Club Alpino, Grupo Gamma, CAI (Club Alpino Italiano) Belledo. Creo que buena parte de la responsabilidad de todo ello se debe tribuir a aquel muy poderoso núcleo de escaladores que se formó en torno a Riccardo Cassin en los años treinta. Fue entonces cuando los grandes éxitos de Cassin, Dell'Oro, Ratti, Vitale, Panzeri, crearon las bases de la tradición alpinística de Lecco. Además, las paredes de la cercana Grignetta y aun aquellas alrededor de la ciudad facilitaron mucho el contacto y la práctica de la escalada.

Es justamente ese espíritu de búsqueda de los grandes alpinistas de Lecco el que ahora revive en las expediciones patagónicas. Un espíritu que ha tenido su más importante muestra en la exploración y escalamiento del Cerro Murallón, montaña olvidada en el corazón del Hielo Continental, visitada por el Padre Alberto María de Agostini en el curso de una de sus innumerables exploraciones, y después caída en el olvido.

Pero de esta fascinante aventura hablaremos luego. En efecto, como dice Casimiro Ferrari, la Patagonia permite vivir una de las dimensiones más auténticas de su montañismo, sin encontrar a cada paso los obstáculos burocráticos que pondría una expedición al Himalaya. Sin deber pedir permisos, sin demasiadas pérdidas de tiempo, se puede vivir una aventura que comienza en el momento en que se pone pie en el aeropuerto de Río Gallegos.

En general, los montañistas de Lecco no son, de hecho, profesionales. Desempeñan las más diversas tareas y, para entrenarse e ir a la montaña, disponen sólo del fin de semana, de los feriados o también de las tardes de verano cuando, después del trabajo, hay aún luz para poder practicar. Y es quizás también esta dimensión no profesional la que los lleva hacia las montañas del extremo sur de América, porque allí no es importante el patrocinante y, por lo tanto, el éxito, porque allí se está solo consigo mismo y con la naturaleza, sin otros problemas de esa índole. Último elemento de atracción lo constituyen ciertamente las audaces arquitecturas graníticas que lanzan un desafío a todo andinista de clase, y, por lo tanto, a los de Lecco en primer lugar.

Comenzamos ahora nuestra historia o, por mejor decir, la de los "lequeses" en la Patagonia, pero antes quisiera señalar que en este trabajo se concederá más espacio a acciones aparentemente "menores". Este enfoque responde al hecho de que, en obras sucesivas, se tratará más específicamente de las altas cimas, como el Cerro Torre o el Fitz Roy, donde los andinistas de Lecco, en muchas ocasiones, han desempeñado principal papel.

LECCO

Situada en la extremidad sur del brazo oriental del Lago de Como, en el límite entre llanura y montaña, a la entrada de la importantísima Valsassina, surge la ciudad de Lecco, dominada por los inconfundibles perfiles rocosos de la Grigna al norte y del Resegone al este. Desde los tiempos mas remotos, esta ubicación ha otorgado a Lecco especial significación como puerta de acceso hacia los Alpes.

A su valor geográfico y estratégico se añade otro factor: la existencia de hierro, baritina y galena, sobre todo en la Valsassina, vía natural de transito norte/sur. Centro fortificado sobre la ruta militar que unía a Aquileia con Como, Lecco mantuvo su importancia también en época longobarda y llegó a ser sede de la Marca Septentrional (agrupamiento de juntas para la defensa de los Alpes). En toda su larga y agitada historia, la ciudad y su gente han mantenido siempre una gran laboriosidad, manifestada sobre todo en la industrialización del hierro.

Tal tradición industrial tiene orígenes muy antiguos y se ha ido afirmando cada vez mas, hasta el punto de que en el siglo XVIII era conocida como "la capital del alambre" y en el XIX ocupaba el tercer puesto en la producción de hierro (2000 toneladas de mineral, 8 altos hornos y 50 fábricas). A partir de 1850, bajo el impulso de los industriales Falck y Badoni, la ciudad fue lanzada al desarrollo con que hoy la conocemos.

EL "BIGGIO"

Nuestra historia comienza no exactamente en la Patagonia, sino en Tierra del Fuego, cuando en 1955-56, en el curso de una expedición guiada por el célebre Padre Alberto María De Agostini, el "lequés" Carlo Mauri conquistó, junto con el trentino Clemente Maffei, el Monte Sarmiento.

Un pico como el Torre requería las mejores fuerzas disponibles, y no parece casual que al año siguiente se encontraran en su base dos expediciones italianas que incluían a tres de los mejores alpinistas de por entonces. Por una parte estaba la expedición ítalo-argentina de Folco Doro Altan, que llevaba consigo a Bonatti y Mauri, y por la otra estaban los trentinos, guiados por el célebre Bruno De Tassis, que incluía a Cesare Maestri, "la araña de los Dolomitas".

La expedición Altan decidió intentar la pared oeste de la montaña, que, por su naturaleza glaciar, se presentaba en principio como más abordable. Con todo, no obstante los esfuerzos de los dos grandes escaladores, las dificultades superaron toda expectativa y bloquearon el esfuerzo a 400 metros de la cumbre.

En el curso de la expedición, sin embargo, ambos hallaron el modo de tomarse una pequeña revancha escalando el Cerro Moreno (3550 metros) y las cimas de la cadena del Cerro Adela en una bellísima travesía hacia el sud (Cerro Adela Central, 2950 metros; Cerro Adela Sur, 2869 metros; Cerro Nato, 2809 metros; Cerro Doblado o Cuerno Blanco, 2520 metros; Cerro Grande, 2804 metros, y Cerro Luca. 2790 metros) que terminó en la escalada de una cima todavía virgen bautizada por Mauri como Cerro Luca para recordar a su primogénito. Por cierto que dos meses pasados entre humedad, viento y hielo podrían ser suficientes aun para 1os mas endurecidos montañistas. Pero aquí se habla de gente de Lecco y, por lo tanto, cualquier evaluación de este tipo carece de sentido.

La experiencia de 1958 debió grabarse en Carlo Mauri, y la idea de intentar nuevamente el Cerro Torre fue acariciada durante años, hasta que fue posible volver a partir hacia la tan anhelada meta. Es ésta la primera expedición completamente "lequesa" a tierras patagónicas. Forman parte de ella Casimiro Ferrari, que estuvo con Mauri en la escalada del Monte Buckland en Tierra del Fuego (1966), Aldo Anghilen, Pierluigi Lanfranchi, Roberto Chiappa, Gianni Stefanon, Piero Ravá, Gian Felice Rocca, Giuseppe Cima y obviamente, Carlo Mauri, jefe de la expedición. Folco Doro Altan se agregaba al grupo en la Argentina. La expedición fue organizada con pasión y sacrificio poe el CAI, subsección de Belledo, para festejar el décimo aniversario de su fundación.

Muy capaces eran todos los participantes, arrastrados por un jefe carismático como Carlo Mauri, no sólo conductor sino hombre maduro y bien dispuesto, siempre sensible y consciente de los problemas y de las fatigas a las cuales cada uno se sometía con entusiasmo.

Superando las enormes dificultades de aproximación, a través del Paso del Viento, la expedición entró en el Hielo Continental y, en larga marcha, llevó al pie del Cerro Torre 1700 metros de cuerda de lilion, 200 clavos para roca y hielo, víveres, carpas y bolsas de dormir. No obstante, ya sea por las malas condiciones atmosféricas o por las dificultades que presentaba la pared de hielo, los esfuerzos de todos se frustraron a solo 200 metros de la cima. "Yo lo conocía al Cerro Torre" -dirá Mauri al regreso- "Lo había ya intentado con Bonatti en 1958. Lo he vuelto a acometer este año con mis amigos "lequeses" del CAI - Belledo. Y digo ya que lo intentaré nuevamente".

No obstante, el "Bigio" no podrá mantener su promesa ni podrá hacer realidad aquello que, según creo, ha sido uno de sus más grandes sueños. El último de una serie de infartos le fue fatal en 1982, mientras ascendía el primer tramo de la via ferrada del Pizzo d'Erna.

CARLO MAURI

Pero la cuenta con el Cerro Torre estaba sin saldar. Y ciertas cuentas deben ser pagadas a cualquier costo. Fue Ferrari, duro y al mismo tiempo flexible como los alambres de hierro que produce en su fábrica, quien se lanzó a convencer a los escépticos compañeros del Grupo "Arañas" para intentar de nuevo la pared oeste de la montaña. En 1974, para el centenario del CAI-Lecco, una nueva expedición partía hacia el Cerro Torre. Participaron en ella Casimiro Ferrari, jefe de la expedición, Pierlorenzo Aquistastapace, Gigi Alippi, Daniele Chiappa, Mario Conti, Claudio Corti, Giuseppe Lanfranconi, Pino Negri. Ernesto Lanzeri, Angelo Zoia, Sandro Liati (médico) y Mimmo Lanzetta (fotógrafo y cineoperador).

La expedición siguió las huellas de las anteriores sobre la base de la pared Oeste y esta vez, a las 17.45 del 13 de enero de 1974, los cuatro "Arañas" Ferrari, Conti, Chiappa y Negri alcanzaban la cima. Sólo cinco días de buen tiempo en casi dos meses de permanencia; el resto, tormentas, viento, nieve. A pesar de todo, los andinistas hallaron tiempo para las bromas. Memorable fue aquella que le hicieron los miembros de la expedición a Claudio Corti, quien, gracias a una convincente serie de malos consejos, muy bien concertados, se encontró, después de pocos días, sin calzoncillos de repuesto.

La clave para lograr la ascensión era segura, y, como dice Ferrari, "La tenía en el corazón antes de partir". Tal vez fue justamente esta certidumbre interior la que sostuvo andinistas durante el esfuerzo final, y la que les permitió obtener uno de los mayores logros - si no el mayor- del andinismo de aquellos años, que fue punto de llegada y final de una era.

Tal vez, por otra parte, no fue una casualidad que justamente los hombres de Lecco, responsables del nacimiento del gran alpinismo, iniciadores de un cierto tipo de andinismo, hayan concluido idealmente el ciclo cerca de cuarenta años después.

Trascurren pocos años -sólo dos- y el "patagónico" Casimiro Ferrari retorna con otra expedición, esta vez para superar el difícil y no resuelto problema del pilastro este del Fitz Roy, poderosa estructura granítica de 1500 m de altura. Además de Ferrari participan Floriano Castelnuovo, Gianni Arrigoni, Gianluigi Lanfranchi, Guerrino Cariboni, Gianni Stefanon, Vittorio Meles, Giacomo Patterini, Franco Baravalle y Amabile Valsecchi. La expedición, iniciada al viejo estilo, inclusive con la instalación de un cablecarril, fue terminada en el más perfecto estilo alpino después de cinco vivaques, el 22 de diciembre de 1976, por Ferrari y Meles. Este último, a los 43 años y con menos de diez años de experiencia como montañista, obtenía un resultado de valor absoluto.

También esta ascensión, como por desgracia ocurre a menudo, había de reclamar sus víctimas, que fueron tres. El episodio ocurrió poco antes de llegar a la cima, cuando, a causa de la rotura de una toma, el consiguiente vuelo causó el desastre: tres dientes de Ferrari fueron desplazados de su ubicación natural a causa del choque de su proprietario contra la roca. Están todavía dispersos sobre la pared, como preciosa reliquia para quien, repitiendo el camino de los "Arañas", hubiese de encontrarlos.

Pero de las empresas de los "lequeses" al Cerro Torre y al Fitz Roy habrá ocasión de hablar y discutir en las monografías específicas dedicadas a cada montaña en particular. Si bien éstas han sido las más brillantes victorias a los ojos del gran público, no hay que olvidar aquello que los "lequeses" y Ferrari han después sabido realizar en los montes patagónicos. Quizá se trate de ascensiones menos comprometidas, pero ciertamente no menos difíciles, si las valoramos sobre todo desde el punto de vista logístico. La mayor de ellas es sin duda la efectuada en 1984 por Ferrari, Carlo Aldé y Paolo Vitali sobre el espolón N.E. del cerro Murallón (2831 metros).

La historia de esta ascensión podría muy bien hallar lugar en una crónica del ochocientos: hasta tal punto la integran la aventura, el misterio, las tentativas frustradas y el espíritu deportivo.

Del Murallón se sabía poco o nada. Las únicas fotografías de la montaña aparecían en un libro del Padre De Agostini acerca de la Patagonia, editado en 1949. En una se veia la imponente montaña, con altísimas paredes rocosas, elevarse solitaria, casi inabordable en medio de la apabullante desolación del glaciar Upsala, que, con las aguas del deshielo, va a alimentar al Lago Argentino.

Ver una fotografía como esa y sentirse traspasado por el clásico rayo afectivo o "flechazo" es cosa normal, sobre todo para quien el montañismo no es ya victoria sobre un objetivo famoso y anhelado, sino búsqueda, exploración, aventura y después, si acaso, escalada. Para Casimiro Ferrari fue así. Partió para la Argentina en busca del Cerro Murallón, del que tenía sólo los datos suministrados por el Padre De Agostini. En la Patagonia encontró a Armando Aste, el muy avezado "roveretano" que venía a intentar la ruta Maestri al Cerro Torre. En la conversación que tuvieron, Ferrari le mostró la fotografía, habló del monte y, en pocas palabras -entre montañistas uno se entiende- logró entusiasmar a Aste quien dijo: "Si no estuviese ya comprometido con Cesarino Fava, también yo iría a buscar esa montaña". Así comenzó la aventura del Murallón.

En 1980 partía de Lecco la más joven expedición jamás organizada. Formaban parte de ella Marco Ballerini, Marco Della Santa, Benvenuto Laritti, Fabio Lenti, Norberto Riva, Beppe Rusconi, Vanni Spinelli, Dario Spreafico y el médico Claudio Cavenago. Casimiro, con los otros dos componentes de la expedición, Lombardini y Spreafico, se agregó al grupo un poco más tarde. La expedición fue, empero, bloqueada por las condiciones meteorológicas adversas. Con todo, Ferrari no se rindió, pues tenía una cuenta por cobrarse con el Murallón, y habría querido, por lo menos, "acariciar las paredes". Entre julio y agosto efectuó un intento invernal con Vittorio Meles y Maurizio Scaioli, pero también esta vez se vio obligado a regresar por las malas condiciones del tiempo.

Decididamente, la región del Murallón, con sus vientos muy fuertes y casi continuos, con el tiempo malo casi sin interrupción, parecía ser la Patagonia de la Patagonia, la quintaesencia de estas regiones glaciales. Pero todo esto no podía ser otra cosa que un estimulo más. Todavía una vez más, en diciembre-enero de 1982-83, el grupo Ferrari, Giuliano Maresi y Lenti fue rechazado por el mal tiempo.

Entre tanto, el Murallón parecía haberse convertido en un hermoso pretexto para quien, masticando veneno contra los "Arañas", no podía por cierto perder tal ocasión para entrar en polémicas.

Existe en la Patagonia una tradición que dice que "quien bebe mate y come calafate a esta tierra volverá". Casimiro y los suyos deben haber consumido por cierto dosis enormes para tener todavía ganas de volver allá.

Finalmente, en diciembre de 1983, una nueva expedición, con Ferrari, Vitali, Lenti, Aldé y Ballerini, del grupo "Arañas", con Don Noli y A. Banfi, de Abbiate Guazzone, partieron nuevamente para aquel que debía ser su intento decisivo.

El tiempo fue prácticamente siempre malo, pero en este caso, y en especial aquí, se puso en evidencia la experiencia patagónica y la perseverancia del indomable Ferrari.

Después que cuatro miembros de la expedición debieron retornar a Italia, Casimiro permaneció con Aldé y Vitale para jugarse la última carta. Rechazados por enésima vez por el mal tiempo, los tres ya regresaban y se habían puesto en marcha por el glaciar Upsala pensando en un triste retorno a la patria, cuando, de improviso, el tiempo mejoró. Volver a intentar, después de 70 días de asaltos frustrados, podía parecer una locura. No obstante, insistieron en probar.

El día 10 de febrero de 1984, después de una pausa para secar las vestimentas mojadas, los "Arañas" volvieron a la pared y prácticamente al estilo alpino (se emplearon aparejos sólo para los 200 metros de la difícil torre inicial, la Torre Ben), el día 13 llegaron a la cima, después de haber escalado los 1300 metros de la cresta noreste.

LA PATAGONIA, DE MODA

Entre tanto, la Patagonia se había puesto de moda entre los andinistas, quizá tambíen a causa de un lento pero perceptible mejoramiento del clima. Tal afirmación es confirmada por diversos expertos de la región, quienes recuerdan bien cuánto más inclemente era el tiempo tan solo diez años antes.

Hoy las condiciones atmosféricas se presentan netamente mas estables y permiten el logro de objetivos de altísimo nivel, antes difícilmente imaginables. En 1986 partieron de Lecco tres expediciones organizadas para conmemorar el cuadragésimo aniversario de la fundación del Grupo "Arañas". Una de ellas se dirigió a la Tierra del Fuego, y las otras dos a la Patagonia, a las Torres del Paine y a la Aguja Poincenot, en el grupo del Fitz Roy.

Hacia el Paine partieron Ballerini, Besana, Spreafico, Da Pozzo y Riva. Su objetivo era trazar una nueva ruta en la pared oeste de la Torre Central del Paine (2650 metros), de una altura de casi 1300 metros.

El sector del Paine aparece aquí por primera vez y, en efecto, hasta la expedición de 1986 los andinistas de Lecco no lo habían tomado jamás en consideración. El grupo, consituido por magníficas y numerosas cumbres graníticas, culmina con el Paine Grande (3050 metros), situado en el margen occidental de la cadena. Esta cima es también en parte de hielo, mientras que las del sector oriental son prevalentemente rocosas, de audaces e imponentes arquitecturas. Justamente en esta parte del macizo se encuentran algunas de las más bellas y difíciles cimas de la Patagonia chilena y, entre éstas, las Torres del Paine: Norte, 2250 metros; Central, 2460 metros y Sud, 2500 metros.

La torre central es, sin duda, la más bella e imponente, con una pared oeste surcada por fisuras y diedros, directrices ideales para las modernas vías del andinismo mayor. Un equipo de muy avezados escaladores y andinistas, como el de los "lequeses", no podía dejar de superar este problema. En la cima, después de días de escalada con dificultades del VI grado al A2-A3, se reunieron todos lo miembros del grupo.

Como se dijo, la otra expedición se dirigió a la Aguja Poincenot, estructura "menor" que forma parte de la cadena del Fitz Roy y, precisamente, de aquel tramo de cresta que del Fitz Roy se prolonga hacia el sud, comprendiendo, por orden: Aguja Poincenot, 3036 metros; Aguja Innominada, 2501 metros; Aguja Saint Exupéry, 2680 metros; Aguja de la S, y Mojón Rojo. El nombre de la montaña recuerda a uno de los miembros de la expedición francesa guiada por Lionel Terray, que en 1952 conquistó el Fitz Roy. En el vado de un torrente, Poincenot perdió el equilibrio y fue arrebatado por la corriente. Pero el viento que, incesante recorre la planicie narra otra versión del hecho, murmurando que Poincenot cayó bajo las funestas iras de un nativo que lo descubrió galanteando a su mujer.

Miembros de la expedición a la aguja Poincenot eran Paolo Vitali, Daniele Bosisio, Mario Panzeri y Marco Della Santa. Vitali no requiere muchas presentaciones: baste pensar en la ascensión del Murallón. Pero también los otros eran habilisimos escaladores, a la altura de su jefe. El problema por resolver era la pared oeste de la montaña por un nuevo itinerario diferente del trazado por los ingleses Rouse y Carrington en 1977.

El grupo, con tiempo más bien inclemente, después de haber transportado el material hasta la base de la pared, iniciaba la escalada el 6 de diciembre. Al comienzo los escaladores se mantuvieron sobre el fácil espolón que delimita, a la izquierda, la gran canaleta seguida por los ingleses. Más arriba, recorrieron parte de dicha canaleta y llegaron a la base del pilastro terminal. Las condiciones climáticas que los "lequeses" hallaron fueron de tiempo bueno, pero ventoso y frío. Los últimos 700 metros de ascensión presentaron grandes dificultades sobre superficie rocosa (VI Grado y A2). La cima fue felizmente alcanzada por todos los miembros de la expedición el día 8. En su conjunto, la gran pared oeste de la Aguja Poincenot, que cae a pico sobre el glaciar del Torre, presenta un desnivel de unos 1700 metros. A esta importante ascensión se agrega después la repetición de la ruta Maestri en el Cerro Torre, efectuada por Vitali y Della Santa.

LOS ULTIMOS AÑOS

Se llega así a 1987, año en que, una vez más, actúa una expedición de Lecco en tierra patagónica. Esta vez, fiel a un ya tradicional espíritu de búsqueda, la expedición procuró una meta nueva y diversa de las acostumbradas. Su teatro de acción fue el macizo del Monte San Lorenzo, magnífica e imponente montaña de hielo y roca, la segunda de toda la Cordillera Patagónica Austral, con sus 3706 metros de altura (la cima más alta es el San Valentín, cuya cota es incierta: 4058 o 3976 metros).

La montaña fue escalada en 1943 por Alberto María De Agostini, Alessandro Henni y Eriberto Schmallo, después de festejarla durante tres años, durante los cuales el explorador escrutó todas la paredes en busca de la ruta óptima para la ascensión.

El grupo del San Lorenzo está situado en la provincia de Santa Cruz, entre los paralelos 47 y 48, y está constituido por numerosas cumbres, que aparecen como casi insignificantes frente a la cima principal. Desde la primera ascensión. la ruta de Agostini, la del glaciar de la pared este, había sido seguida sólo cuatro veces, y únicamente otra ruta fue abierta en los flancos de la montaña, que recorre la fantástica cresta del este, también de hielo. Los primeros escaladores fueron los sudafricanos de una expedición guiada por Paul Fatti en 1986.

Casimiro Ferrari, Danilo Valsecchi, Annibale Borghetti y Maurizio Villa retomaron el itinerario, pero recorriendo integramente el filo de la cresta, esquivado en muchos puntos por los hombres de Fatti, y abriendo así en la práctica una nueva ruta. La exploración del San Lorenzo en 1987 confirmaba las grandes posibilidades abiertas al andinismo sobre esta perla de los Andes Patagónicos. Quedan aun por escalar todos los espolones rocosos y otras crestas. Hemos, pues, llegado a nuestros días, a los últimos años, período en el cual todavía Ferrari es protagonista del andinismo de esploración en la Patagonia. Con su amigo Giuliano Maresi alcanzó la cumbre del Cerro Torre el día de Año Nuevo de 1986.

Es una montaña que podría ser considerada "menor" si no fuesen necesarios dos días bien cumplidos de marcha para alcanzar sus pendientes. Este logro precede a la última exploración de Ferrari y sus compañeros, que llevará a la ascensión del Cerro Risso Patrón. Pero antes de hablar de ésta, hablaremos de otra hermosa ascensión: precisamente, de la primera realizada en invierno al Fitz Roy por lo andinistas "lequeses" Danilo Valsecchi, Paolo Crippa y Dario Spreafico.

El proyecto figuraba entre los más ambiciosos, también porque el andinismo invernal patagónico tiene pocos precedentes, que se sintetizan princialmente en la ascensión de Salvaterra, Sarchi, Caruso y Orlandi por la ruta Maestri sobre la cresta sudeste del Cerro Torre.

Al agregar una dificultad sobre otra, es necesario decir que los tres no se contentaron con aspirar a la ascensión por la vía normal, ya de por si dificultosa, sino que volcaron sus esfuerzos apuntando al increíble Pilastro Este, recorrida por la ruta de Ferrari y sus compañeros en 1976.

Habiendo partido de Italia al 17 de julio, los tres, una vez alcanzando el campamento base de Rio Blanco, efectuaron una serie de transportes de materiales a la base de la ruta.

En invierno los torrentes son menos impetuosos y las bellas damnas prefieren climas más agradables, por lo cual, dejando de lado el recuerdo de Poincenot, los andinistas podían dedicarse de lleno a la solución del problema. No obstante, un cambio de tiempo, una fuerte nevada y una avalancha frustraron el proyecto aún en sus comienzos.

El día 1 de agosto los tres ascienden al depósito de materiales, pero hallan todo cubierto por una muy gruesa capa de nieve, y de nada sirven las tentativas por recuperar los elementos. Deciden, pues, intentar volver a tomar la ruta franco-argentina que se extiende sobre la pared sud. Aunque cubierta de nieve, la pared se presenta escalable y en tres días, del 6 al 8 de agosto, los andinistas llevan a buen término esta bella empresa.

Nuestro relato acerca de lo realizado por los andinistas, de Lecco en la Patagonia concluye, por lo tanto, como ya se ha senalado, con la reciente travesia invernal del Hielo Continental de Chile a la Argentina y con la escalada del Cerro Risso Patrón. También esta espléndida aventura, como todas las recientes expediciones guiadas por Casimiro Ferrari, llevan como divisa el más auténtico espíritu de exploración.

El grupo parte de Lecco a fines de julio de 1988 y llegado a Río Gallegos, se dirige a Puerto Natales, en territorio chileno. Los miembros de la expedición son 8, a saber: Casimiro Ferrari, Giuliani Maresi, Annibale Borghetti, Carlo Buzzi, Luigi Corti, Bruno Lombardini, Luciano Spadaccini y Gigi Spreafico.

Con un barco de pesca transformado en nave de crucero, la expedición penetra en el fiordo Falcón en busca del paso que mejor permita acercarse al Cerro Risso Patrón y al Hielo Continental. Sobre la base de informaciones previas y luego de una día de exploración (los hombres, divididos en dos grupos, se aventuraron a explorar según dos itinerarios diversos), se halla una vía de acceso, muy trabajosa pero factible.

Encaminados finalmente por la ruta adecuada después de dos días, establecen un campamento ya sobre el Hielo Continental. Entre tanto, mientras un grupo de avanzada realiza una exploración preliminar, los otros transportan víveres y materiales de la nave a los campamentos avanzados.

Al cuarto día el grupo establece un campamento base en las cercanías del Risso Patrón, magnífica cima glaciar que, con sus elegantes formas, emerge del sector occidental del Hielo Continental. Para intentar alcanzar la cima parten tres -Ferrari, Lombardini y Spreafico- pero de ellos sólo Ferrari alcanzará la meta. En sólo dos días entre ascenso y descenso los andinistas retornan al campamento de base con un Casimiro Ferrari extremadamente satisfecho por esta nueva ascensión, tan bella por su forma clásica y tan intensamente sentida. Después del Risso Patrón, el grupo retoma la marcha hacia el este, sobre el interminable glaciar, y al sexto día de la partida alcanza el refugio Pascal y, de allí, la Estancia Cristina, en la ribera del Lago Argentino.

El propósito ha sido realizado entre el 12 y el 18 de agosto y constituye, en forma absoluta, la primera travesía invernal del Hielo Continental en sentido oeste-este. En verano, la travesía fue cumplida por un grupo de japoneses que partieron más al norte, para llegar igualmente a la Estancia Cristina. El Cerro Risso Patrón nunca había sido escalado y su misma existencia era poco conocida, si bien el Padre De Agostini lo había ya señalado en sus muy cuidadas cartas topográficas de la región.

Fue durante una anterior travesía del Hielo Continental, desde la Estancia Fitz Roy a la Estancia Cristina, llevada a cabo por Maresi y sus compañeros, cuando, gracias a que aclaró, pudieron admirar la silueta de la montaña. De aquí al intento de alcanzar la cima en la primera ocasión, el paso fue breve.

La falta de dotes mediúmnicas, de clarividencia y de premonición no nos permite ver más allá en la historia tan llena de venturas de los montañistas de Lecco en la Patagonia. Una cosa es, sin embargo, segura: el camino abierto por Mauri, Ferrari y otros será recorrido también en el futuro por las jóvenes generaciones, porque esta tierra, tan distinta del acogedor paisaje del Lario, ejerce sobre los hombres de Lecco una fascinanción particular, dado que aquí es todavía posible vivir una aventura en total libertad y, como dice Giuliano Maresi, "sentir la respiración de la naturaleza".

ANDES PATAGONICOS

La Cordillera Patagónica Austral se extiende, en línea de confines entre Chile y la Argentina, desde el paralelo 46 al 54 de latitud Sur. La localización geográfica de estos montes en las cercanías del Círculo Polar Antártico y la notable proximidad entre los océanos Pacifico y Atlántico, separados por pocos cientos de kilómetros, han hecho que esta región fuese rápidamente conocida entre los montañistas de todo el mundo, que parecen incitados por las persistentes mala condiciones del tiempo y por los muy fuertes vientos que la baten de continuo.

Al este de la cadena se extiende una planicie ilimitada. Grandes lagos, alimentados por los glaciares que descienden de los montes, caracterizan al limite entre llanura y cordillera. Al este hay una angosta faja de tierra perteneciente a Chile, donde, en profundos fiordos, el Océano Pacifico se acerca a las montañas y glaciares que le aportan sus aguas. De norte a sur, toda la Cordillera es atravesada por una inmensa capa de hielo que hace parecer a la región un pedazo de la Antártida. Justamente, este aspecto ha suscitado la denominación de "Hielo Continental". La gran superficie helada se inicia sobre el paralelo 46, un centenar de kilómetros al sur de la pequeña población de Puerto Aysen.

Las cumbres más altas de la cadena se hallan en este sector y son: el Cerro San Valentín (cota incierta, 4058 o 3976 m) y el San Lorenzo (3706 m). Al sur del fiordo Calen (48° 15' latitud sur) se extiende el Hielo Continental Sur, que tiene proporciones todavía más grandes y majestuosas y genera, sobre la vertiente argentina, los grandes lagos San Martín, Viedma y Argentino. Justamente entre estas dos grandes cuencas, volcadas hacia la gran llanura de los Hielos, se extiende la parte más conocida y majestuosa de la Cordillera. Aquí surgen las imponentes arquitecturas graníticas del Cerro Torre, del Fitz Roy y del Cerro Murallón.

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El Cerro Torre, símbolo del andinismo "leques" en la Patagonia. Los intentos por alcanzar la cima comenzaron en 1958, pero las enormes dificultades que presentaba la pared glaciar postergaron el éxito durante mucho tiempo, hasta el día de Año Nuevo de 1986. Al fondo, la torre Egger.

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Lecco.

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Foto del libro "Los cien años del CAI Lecco"

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Giuseppe Ongania, Antonio Facetti y Alfredo Redaelli (aiguille Méridionale d'Arves, 1898). Estas imágenes reflejan bien la gran pasión de los "lequeses" por la montaña. Desde sus comienzos, el CAI Lecco fue rico fermentario de hazañas alpinas y excursiones sociales. presa, a través de sus elementos mas activos, los máximos valores del montañismo italiano.

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Nueva luz aportó Riccardo Cassin; sus empresas motivaron el nacimiento del grupo "Arañas de Lecco", cuyos componentes hallaron en las cercanas paredes de la Grignetta el terreno más apto para prepararse.

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RICCARDO CASSIN Y EL GRUPO "ARAÑAS" Sin duda el mejor alpinista de los anos ´30 y uno de los más grandes en sentido absoluto, Riccardo Cassin es una leyenda viviente. Friulano de origen, pero establecido en Lecco, superó tres grandes desafíos de los Alpes en esos años: la pared NE del Pizzo Radile, la pared N de la Cima ovest de Lavaredo y el espolón Walker de la pared N de las Grandes Jorasses. En 1946 ideó y fundó el célebre grupo "Arañas de Lecco", que todavía hoy expresa, a través de sus elementos mas activos, los máximos valores del montañismo italiano.

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El Cerro Murallón, imponente bastión granítico, representa, en cierto sentido, el logro del gran sueño patagónico de los andinistas de Lecco. La ascensión de su cresta NE (en el centro de la foto) requirió enormes esfuerzos y sacrificios.

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Mapa de la zona del Murallón, Fitz Roy y Cerro Torre.

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Carlos Mauri

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A la derecha, una foto tomada por Carlo Mauri durante el intento de escalar el Cerro Torre, en 1970. En el paso de la Esperanza, Casimiro Ferrari, junto a su tienda a la espera de que el buen tiempo permita lanzar un decisivo ataque a la cumbre.

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Los integrantes de la expedición CAI Belledo al Cerro Torre. A partir de la izquierda: Giuseppe Cima, Gianfelice Rocca, Gianni Stefanon, Piero Rava, Roberto Chiappa, Gianluigi Lanfranchi, Casimiro Ferrari, Pierlorenzo Acquistapace y Carlo Mauri.

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Momentos patagónicos vividos por los hombres de la expedición de 1970. Vadeando un río.

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Momentos patagónicos vividos por los hombres de la expedición de 1970. Preparando un asado.

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Una foto tomada durante la expedición del CAI Belledo de 1970. Vista desde la pared Oeste del Cerro Torre hacia el hielo Continental y sus montañas.

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Foto que ilustra un momento de la expedición del CAI Lecco de 1972. El camino Oeste del Cerro Torre es largo y fatigoso. Los caballos y luego los trineos serán de gran ayuda para los hombres de la expedición.

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Foto que ilustra un momento de la expedición del CAI Lecco de 1972. El camino Oeste del Cerro Torre es largo y fatigoso. Los caballos y luego los trineos serán de gran ayuda para los hombres de la expedición.

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Un momento de la ascensión hacia la cima, que también esta vez se negará. A espaldas de los escaladores, una de las típicas formaciones glaciares causadas por la condensación del aire húmedo oceánico que casi diariamente se esparce sobre estos montes.

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Aires de cima. Finalmente, un momento de buen tiempo sorprende a los escaladores ocupados en las formaciones glaciares de la cumbre. Jamás ninguno habla superado dificultades similares sobre hielo.

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Una vista a la ascensión al Pilar Este del Fitz Roy. Según Casimiro Ferrari, era técnicamente una escalada mucho más difícil que la del lado Oeste del Cerro Torre, pero no tan peligrosa y pavorosa.

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Ascensión al Cerro Torre. Refleja junto a la ascencion al Fitz Roy, dos excepcionales resultados alcanzados por los hombres de Lecco en los montes de la Patagonia. Antes de ellos, pocos habían logrado éxitos en tal tipo de empresas.

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Momento de la ascensión al Murallón: la cima, finalmente alcanzada.

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Ascensión invernal al Fitz Roy.

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La cima de la Aguja Poincenot, alcanzada por la expedición de Vitali y sus compañeros después de haber superado el Pilar Oeste. En el fondo, en un día insólitamente bello y límpido, se distingue el Cerro Norte; a su izquierda, casi en contraste, la tranquila mole del Cerro Adela.

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Una foto captada durante la reiteración de la ruta Maestri en la cresta SE del Cerro Torre, llevada a cabo por Vitali y Della Santa después de la ascensión a la Aguja Poincenot.

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Mapa que ilustra la cadena del Fitz Roy - Cerro Torre y el Hielo Continental.

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Una sugestiva fotografía que ilustra la ascensión invernal al Fitz Roy de Valsecchi, Spreafico, y Paolo Crippa, llevada a cabo en julio de 1988.

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Un tramo de la cresta Este del Monte San Lorenzo que da claramente una idea del ambiente en el cual se desenvolvía la expedición. En la foto aparece el sector que precede a la torre final.

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En la cresta Este del Monte San Lorenzo, en un momento de clásico mal tiempo patagónico.

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Un momento "acuático" de la expedición al Cerro Risso Patrón. Después de haber entrado en el fiordo Falcón con un barco de pesca, comienza el transporte a tierra de víveres y materiales.

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Momento "acuático" de la expedición al Cerro Risso Patrón. Después de haber entrado en el fiordo Falcón con un barco de pesca, comienza el transporte a tierra de víveres y materiales.

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Casimiro Ferrari en la expedición a la conquista del Cerro Risso Patrón.

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La expedición de Casimiro Ferrari ya en acción sobre el Hielo Continental.

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El rescate de un hombre caído en una grieta durante la ascensión al Cerro Risso Patrón.

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La silueta del Cerro Risso Patrón, montaña vista hasta ahora por pocos andinistas en el mundo. En espléndido aislamiento, sus paredes rípidas esperan todavía que alguien las escale.

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La expedición de Casimiro Ferrari al Hielo Continental. Esta imagen podría ser objeto de una estampa alpina de fines del ´70, y en cambio ha sido captada en 1988. Ello confirma que, salvo el teatro de acción, poco ha cambiado en estas exploraciones.

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La ascensión de Ferrari y sus compañeros al Cerro Risso Patrón.

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Una vista desde el Este del Fitz Roy y del Cerro Torre.

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La pampa argentina, cerca de los montes de la Patagonia

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