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Expedición francesa de 1982-83, que cumplió la travesía Oeste-este
partiendo del Fiordo Falcón, sobre la vertiente del Océano Pacifico.

Vista de la primera travesía del sector meridional del Hielo Continental
realizada por la expedición francesa Hourcadette en 1982-83.

Travesía del sector meridional del Hielo Continental realizada por
la expedición francesa Hourcadette en 1982-83. Un miembro de esa
expedición se ejercita escalando una grieta en un momento de forzado
descanso a causa del viento.

Travesía del sector meridional del Hielo Continental realizada por
la expedición francesa Hourcadette en 1982-83. Lago formado por
agua de fusión sobre el Hielo Continental.

Escalada de entrenamiento realizada por un miembro de la expedición
Hourcadette sobre un pico helado.

Se apartan bloques de hielo que podrían dañar la embarcación durante
la navegación de acercamiento de la expedición Hourcadette al Fiordo
Falcón.

Las muy pesadas "pulkas" cargan materiales que fueron
arrastradas durante días por miembros de la expedición Hourcadette.

Una bajada esquiando en los flacos del Cerro Villarrica, durante
la expedición Hourcadette.

Expedición Hourcadette. Aliñándose, al final de la travesía, en
la región del Paine.

El austero ambiente del lago Argentino sobre la vertiente oriental
de los contrafuertes del Hielo continental. Gran parte de las cimas
visibles en la foto no han sido hasta ahora escaladas.

Andinistas de la expedición Curtabbi en subida hacia el Paso Marconi.
Se observan las inmensas grietas que defienden el acceso a los altiplanos
internos.

Vista de la subida hacia el Paso Marconi por un miembro de la expedición
Curtabbi. Sobre el fondo se nota la imponente pirámide del Cerro
Fitz Roy.

Miembro de la expedición italiana de 1986, al final de la travesía
desde el Paso del Viento a la Estancia Cristina, en las cercanías
del glaciar Upsala.

Los miembros de la expedición italiana de 1986, una de las últimas
que se desplazaron sin emplear esquíes sobre estos glaciares.

La pequeña choza de chapa metálica del Refugio Pascal en los bordes
del Glaciar Upsala.

Un miembro de la expedición italiana de 1986 ante el Cerro Murallón,
punto en el cual la serie de altiplanos del Hielo Continental torna
hacia el Oeste.

Vadeando un torrente helado a la salida del Glaciar Upsala. Dada
la violencia de la corriente, estas maniobras figura con entre las
más riesgosas en el curso de estos emprendimientos patagónicos.

La vertiente septentrional del Cerro Valtellina, escalado por la
expedición valtellinesa en el invierno de 1992.

Retorno a la actividad de los miembros de la expedición valtellinesa
en el invierno de 1992, después de las abundantes nevadas que la
bloquearon en las orillas del Fiordo Calen.

Lancha utilizada por la expedición valtellinesa para acercarse al
glaciar Jorge Montt en aguas del Océano Pacífico.

En el el centro, ligeramente sobre la derecha, al fondo, el Cerro
Murallón, que se está cubriendo de nubes, señal de una incipiente
tormenta. En primer plano, el Glaciar Upsala y el Lago Argentino.

Un miembro de la expedición biellesa (1992) se divierte esquiando
sobre las pendientes del sector centro-meridional del Hielo Continental.
Esta expedición es hasta ahora, la que, entre todas, se ha adentrado
más hacia el sur en su tentativa de travesía longitudinal
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LAND OF TEMPEST - LOS AÑOS
DE SIR ERIC SHIPTON
Seguramente una de las figuras más representativas
del montañismo y de la exploración británicos, Sir Eric Shipton,
fue durante muchos años atraído por las cumbres del Himalaya. Tan
solo después de cumplir el medio siglo se dedicó a las expediciones
patagónicas y, como él mismo dice: "Había celebrado mi quincuagésimo
cumpleaños en el Karakoram. Fue sin duda este melancólico acontecimiento
que señaló en mí la urgencia de preparar los planos definitivos
para una expedición en la Patagonia."
En 1958 Shipton realizó así una primera visita a estas tierras con
el patrocinio del Museo Británico y con sus compañeros Geoff Bratt,
John Mercer, Peter James y Peter Miles. Más tarde se unirían también
al grupo dos argentinos: Barny Dickinson y John Cotton.
La permanencia de los exploradores se prolongó
varios meses, en el curso de los cuales fueron realizadas diversas
tentativas de exploración y se recogieron numerosos datos botánicos
y geológicos. Las zonas frecuentadas fueron las del Lago Viedma,
con el glaciar homónimo, y las del Lago Argentino, con penetraciones
en la bahía Mayo, en su glaciar y en el glaciar Upsala.
Durante el reconocimiento del glaciar Viedma los ingleses lograron
también alcanzar las laderas del supuesto "Volcán Viedma",
identificado como tal por el geógrafo chileno Luis Llilboutry, pero
que en realidad resultó ser una formación montañosa carente de toda
actividad volcánica (no era otra cosa que el afloramiento rocoso
hoy conocido como Nunatak Viedma).
Entre fines de 1959 y los primeros meses de 1960
Shipton regresó a la Patagonia con la intención de dedicarse a la
caza y al definitivo reconocimiento del fantasmagórico volcán que
debía ocultarse en las regiones interiores. Siguiendo las indicaciones
de los exploradores que lo precedieron, eligió para operar la región
del Lago San Martín. Con él estaban Jack Ewer, Peter Bruchausen,
Peter y Martha Miles y W. Ellery Anderson. La exploración tuvo comienzo
el 4 de enero de 1960, y partió de la costa del brazo sur del Lago
San Martín. El 19 los ingleses habían alcanzado los bordes de la
meseta, dispuestos a internarse en ella. El tiempo favorable permitió
una óptima visión de las montañas que dominaban el Hielo Continental,
y fue observando hacia el oeste, en dirección de la cadena Pío XI,
que Shipton y sus compañeros pudieron divisar, sobre las laderas
del cerro Lautaro, una grieta de la cual salía una espesa columna
de vapor que ascendía hacia el cielo varios centenares de metros.
¡El volcán tan buscado por todos era sin duda ese!
Al día siguiente los exploradores alcanzaron las
laderas de la montaña y pudieron comprobar desde más cerca la existencia
de actividad del magma; no obstante, el mal tiempo no permitió calcular
la exacta posición geográfica del monte. Con todo, estaba ya bien
identificado.
Las anteriores experiencias patagónicas habían enriquecido hasta
tal punto la práctica del explorador británico que muy pronto decidió
organizar una ambiciosa expedición con el fin de recorrer todo el
inexplorado sector septentrional del Hielo Continental Sur. La intención
de Shipton era efectuar una travesía norte-sur que, partiendo del
glaciar Jorge Montt, llegara hasta las riberas del Lago Argentino.
Se trataba sin duda de una gran aventura, similar en muchos aspectos
a las realizadas sobre los casquetes polares por otros célebres
exploradores y con los mismos problemas y las mismas incógnitas,
pero con el agregado de las condiciones meteorológicas, que sobre
el Hielo Continental, son siempre bastante cambiantes. Como primera
medida, Shipton eligió los compañeros que consideraba más capacitados:
su compatriota Jack Ewer y los chilenos Eduardo García, excelente
montañista del Club Andino de la Universidad de Chile, y el glaciólogo
Cedomir Marangunic. Se trataba, pues, de una expedición anglo-chilena.
Los problemas por resolver para una travesía del tipo elegido eran
muchos y muy variados. Después de consultar con muchos expertos
exploradores polares sobre el mejor tipo de carpas a utilizar, la
elección recayó sobre un modelo piramidal para cuatro personas.
Muchas incógnitas le presentaba también el tipo de trineo sobre
el cual cargar los materiales. Después de muchos titubeos, por fin
fue elegido un modelo de "pulka" diseñado por Sir Vivien
Fuchs. La Fiberglass Company se ofreció a construir gratuitamente
un modelo y... "El trineo llegó a Londres poco antes de
la partida de los bagajes. Aparecía como un extraño objeto de color
naranja en forma de ojiva; pesaba 35 libras y podía ser desmontado
en cuatro trozos que se insertaban uno en otro. Sobre el fondo tenía
dos estrechos esquíes de madera para evitar que se ladeara."
Extrañamente, aun cuando ya se lo habían planteado, los exploradores
decidieron no llevar los esquíes, y optaron por los barajones para
nieve. Finalmente, Shipton estudió también una dieta que aseguraba
alrededor de 4500 calorías diarias para cada miembro de la expedición
y que estaba compuesta por azúcar, avena (quaker), bizcochos, carne
seca, manteca, queso, leche en polvo, chocolate con ron, sopas en
polvo y papas en polvo. En total, el peso por transportar había
sido calculado en 310 kg., de los cuales 100 de materiales y 210
de provisiones y combustible.
El 10 de diciembre de 1960 el grupo, embarcado
en la fragata Covadonga de la armada chilena, zarpaba dirigiéndose
al fiordo Calen y a la bahía donde desemboca en el mar el gigantesco
glaciar Jorge Montt. Después de haber desembarcado, durante varios
días los hombres procedieron a la exploración de los alrededores
para hallar una vía fácil que permitiese el acceso a la parte superior
del glaciar y, por tanto, al mismo Hielo Continental. Una vez hallado
el camino, día tras día el material fue transportado hacia la parte
alta del glaciar Jorge Montt, y el 12 se iniciaba la aventura. Durante
un buen trecho, las condiciones de la nieve y el peso excesivo de
la "pulka" obligaron a un duro trabajo de pequeños avances
y retrocesos y a una marcha agotadora interrumpida por descansos
de cinco minutos por cada veinte de camino. El 2 de enero la expedición
alcanzó una latitud correspondiente a la del cerro O'Higgins y del
volcán Lautaro, zona bien conocida por el jefe del grupo. Desafortunadamente,
el mal tiempo impidió la vista del volcán y obligó a una prolongada
detención. El día 20, por fin, era alcanzado el islote rocoso del
Nunatak Viedma, y durante tres días la expedición lo utilizó como
campamento de base para efectuar investigaciones y relevamientos
en la zona.
El 23 de enero, retomado el camino en medio de
una furiosa ventisca, fueron alcanzadas las laderas del cerro Don
Bosco, que fue escalado al día siguiente con tiempo espléndido y
visibilidad excepcional. Poco después fue intentado también el escalamiento
del poderoso cerro Murallón, cuya cima no fue alcanzada, faltando
apenas siete metros, a causa de la violencia de una tempestad de
viento y nieve que se había levantado, imprevista y temible. Había
llegado, empero, el tiempo de concluir esa larga "vacación"
y así la expedición, penetrando por el vasto glaciar Upsala, se
dirigió hacia la estancia Cristina, a la que arribó el 30 de enero.
Ese día terminaba la empresa más emocionante y grandiosa jamás cumplida
en las tierras patagónicas y sobre el Hielo Continental Sur. La
aventura de Shipton y sus compañeros abría los horizontes para otras
interesantes exploraciones y atraía el interés de muchos hacia el
Hielo. En los dos años siguientes se organizaron diversas expediciones
conducidas, tanto en verano como en invierno, con fines geográficos,
de conocimiento o puramente montañistas.
LAS NUEVAS TENTATIVAS
Todas estas experiencias prepararon el terreno
para un nuevo y gran desafío humano en aquellas desoladas landas
de hielo. Después de que en 1961 Carlos Sonntag y Teodoro Sifuentes,
miembros de una expedición de 12 hombres, alcanzaron, en una primera
penetración invernal, el Paso de los Cinco Glaciares, se produjo
la primera tentativa, en invierno, de travesía oeste-este, organizada
por el Club Andino de Chile. Sus objetivos eran recoger experiencias
sobre como sobrevivir en una época tan negativa y en una zona tan
hostil y, de ser posible, efectuar la travesía del mismo Hielo Continental
en una región poco conocida del norte, comprendida entre el fiordo
Témpano y el Lago O'Higgins (San Martín). Formaban parte del grupo
Claudio Lucero, jefe de la expedición, César Vásquez, Esteban Siquez
y Fernando Fuentes.
Se poseen pocas noticias acerca de cómo fue conducida
esta travesía, que, de cualquier modo, concluyó con éxito y preparó
el terreno para una nueva expedición chilena, promovida esta vez
por la Asociación Universitaria de Andinismo. Inspirador y jefe
del nuevo equipo fue Eduardo García, un veterano del Hielo Continental.
Junto a él estuvo otro gran experto, Cedomir Marangunic, así como
el médico Alvaro Yañez y el capitán del ejército René Martínez.
Gracias a una embarcación de la Armada de Chile, la expedición hizo
pie en el fiordo Exmouth a fines del mes de noviembre de 1963. Después
de haber transportado los materiales sobre los bordes del altiplano,
los hombres tomaron la dirección sudoeste-nordeste, triunfaron en
su empeño y llegaron hasta el Lago Argentino. El día 15 enero estaba
el grupo de nuevo sobre las orillas del fiordo Exmouth.
A fines de los años sesenta aparecieron también sobre el Hielo Continental
los montañistas japoneses, famosos por haberse probado en todas
las montañas del mundo, concibiendo itinerarios muy peligrosos y
dejando allí muchos muertos. En el verano de 1969 operaron sobre
el Hielo Continental dos grupos separados: uno, guiado por Chotoro
Nakasima, de la Universidad de Kioto, realizó investigaciones sobre
el glaciar Pío XI, mientras que el otro, organizado por el Rokko
Gakuin Alpine Club, llevó el propósito de realizar una travesía
oeste-este partiendo del fiordo Exmouth para llegar al glaciar Upsala.
Este último grupo estaba capitaneado por H. Sakagami.
Participaron, además, I. Ikawa, S. Iwata, M. Maekawa y K. Matsunaga.
La expedición partió de Puerto Edén y desembarcó sobre la costa
septentrional del fiordo en los primeros días de enero. El día 8
inició la larga marcha, que lo fue sin duda, ¡ pues requirió días
de camino! Tan prolongado recorrido para un trecho de "solamente"
80 kilómetros debe ser imputado a las condiciones meteorológicas
particularmente adversas que la expedición encontró a lo largo de
todo el trayecto. Los japoneses estaban provistos de esquíes y trineos,
y transportaban cerca de 600 kg. de equipos y víveres. Recorrido
el glaciar, llegaron a la vasta meseta Caupolicán y prosiguieron
hacia el este, hasta que, el día 5 de febrero, llegaron a un paso
situado entre el cordón Mariano Moreno y el cordón Risso Patrón,
que fue bautizado Paso Rokko. Después de haber escalado una de las
cimas que componen el Risso Patrón, continuaron la marcha y, siempre
azotados por ráfagas de nieve y viento, el 2 de marzo alcanzaron
la cuenca de alimentación del glaciar Upsala.
El día 7 la aventura concluía felizmente en la estancia Cristina:
a cada miembro sólo le quedaban 9 kg. de víveres y equipos. Calculando
que fueron instalados once campamentos y también teniendo en cuenta
algunos días dedicados a escalar una de las cimas del Risso Patrón,
es fácil darse cuenta de cuántos días de descanso forzado transcurrieron
en las carpas a causa del mal tiempo.
En 1971 otra expedición japonesa dirigió sus miras
hacia el inexplorado sector occidental de la parte central del Hielo
Continental Sur. Los japoneses perdieron casi un mes en Santiago
para obtener el permiso del gobierno chileno y el apoyo de la armada
de Chile. Finalmente, todos los trámites burocráticos fueron resueltos
y el grupo pudo partir con una nave de la armada. La expedición
estaba compuesta por tres hombres, Toschio Takeuchi, Takeo Tsusuki
y Takeo Yoshizawa, y era patrocinada por la Universidad de Jochi
(Tokio). Con cerca de 800 kg. de equipaje, con trineos pero sin
esquíes, los japoneses partieron del fiordo Falcón el 3 de diciembre
de 1971. Previamente había sido preparado un depósito de víveres
en el fiordo Europa, sobre la plataforma del Hielo Continental,
en las faldas de una montaña que fue llamada Cerro Jruka. Sin duda
fue una sabia elección que tomaba en cuenta la eventualidad de quedarse
con escasas provisiones en el curso de la travesía a causa de un
prolongamiento imprevisto. Es ésta la primera vez que se adopta
la técnica de los depósitos de víveres, que más tarde hallaremos
adoptada también por otras expediciones.
El terreno casi siempre llano que determina una
meseta ininterrumpida a lo largo de cerca de 90 km., permitió una
travesía bastante fácil pero, también durante esta aventura, el
mal tiempo patagónico dificultó no poco la marcha, haciendo temer
a los hombres por su vida a causa de un período de insistentes nevadas.
Finalmente, con el mejoramiento de las condiciones meteorológicas,
se elevó la moral y la travesía concluyó virtualmente el 23 de enero
cuando alcanzaron el depósito del Cerro Jruka. Para realizar estudios
y reconocimientos la expedición se detuvo en la zona hasta el día
17 de febrero, y luego retornó a Puerto Edén, de donde había partido.
La meseta recorrida fue denominada Altiplano Japón.
En 1976 se registra la primera travesía invernal longitudinal por
obra de un grupo del Club Andino de Bariloche guiado por Pedro Skvarca.
El recorrido siguió una orientación sud-norte, con ingreso por el
glaciar Upsala y salida por el Paso Marconi.
Los últimos intentos corresponden finalmente a
los neozelandeses, con dos importantes expediciones conducidas en
los años 1979-80.
Un primer grupo de montañistas neozelandeses, tomando como base
el fiordo Exmouth, en el mes de marzo de 1979 realizó numerosas
ascensiones a las cumbres vecinas, luego tres de ellos realizaron
también una travesía oeste-este del Hielo Continental, desde el
río Trinidad al río Eléctrico. De mayor importancia deportiva fue
la expedición guiada por Barry Mc Sweeney, que procuraba seguir
el recorrido de Shipton en 1960-61, con la ambición de adentrarse
aún más hacia el sur para completar la travesía saliendo a la región
del Paine y, si fuese posible, al fiordo Ultima Esperanza. Junto
al jefe de la expedición estaban Jaquetta Smith, la primera mujer
que iba a realizar una travesía del Hielo Continental, Paddy Gresham
y Chris Blackman. Dificultados por el mal tiempo, los cuatro marcharon
durante cerca de un mes, superaron el cerro Murallón tomando al
sudoeste y, habiendo penetrado en la meseta Italia, prosiguieron
hasta casi las proximidades del fiordo Falcón. En este punto los
neozelandeses decidieron retornar sobre sus pasos y, bordeando el
Murallón, salieron, a lo largo del glaciar Upsala, a la estancia
Cristina.
LOS PRIMEROS AÑOS OCHENTA Y LA CONTROVERTIDA
HAZAÑA DE GIULIANO GIONGO
En los años ochenta las exploraciones en el Hielo
Continental sur toman aún más una connotación deportiva, y a veces
el desafío en este territorio salvaje y desolado parece estar motivado
más que todo por la esforzada búsqueda de la pura hazaña, verdadero
objeto de culto de los así llamados "deportes de aventura"
que se han impuesto hasta casi en nuestros tiempos. En 1981-82,
desde el 10 de octubre al 31 de enero, una expedición japonesa intentó
una travesía norte-sur partiendo del glaciar Jorge Montt, pero,
a causa de las condiciones del tiempo, y sobre todo del glaciar,
tuvo que desistir.
En el verano de 1982-83 hallamos en acción a un
equipo francés compuesto por Jean Francois Coste, Thierry Leroy,
Denis Ducroz, Bernard Prudhomme, Jean Marc Boivin, Dominique Marchal
y Jean Louis Etienne, expertos alpinistas todos y veteranos de empresas
de gran aliento. Habiendo partido en un velero desde Mar del Plata,
los franceses atravesaron el estrecho de Magallanes y entraron en
el Pacífico para alcanzar luego el fiordo Falcón, con la intención
de escalar el cerro Risso Patrón. Una serie de dificultades y dos
graves accidentes ocurridos a Decroz y a Leroy obligaron a la expedición
a cambiar de planes.
El día 27 de diciembre Boivin, Prudhomme, Etienne
y Marchal iniciaron una tentativa de travesía del Hielo Continental.
No obstante el tiempo pésimo, la empresa fue llevada felizmente
a término en diez días de marcha, hasta alcanzar el Lago Argentino.
En el mismo período se esforzaba en el Hielo Continental otro grupo
de franceses, que realizó ciertamente una de las mayores hazañas
que se pudiesen todavía concebir, también por estar enriquecida
con importante significación explorativa. Estamos hablando de la
valiente expedición compuesta por Jean Louis Hourcadette, Bernard
Doligez, Roger Hemon y Marc Roquefere. Objetivo de la expedición
era recorrer todo el "campo de hielo", partiendo del fiordo
Ultima Esperanza hasta el fiordo Calvo y, per ende, de sur a norte.
Con gran dispendio de medios y de tiempo, los franceses se preocuparon
por establecer depósitos de víveres a lo largo del recorrido y,
en particular, en el lago Dickson y en los fiordos Europa y Falcón.
Si bien hubiera sido más conveniente iniciar la travesía desde los
glaciares Tyndall o Grey en la región del Paine, seguramente por
espíritu deportivo y también explorativo, el equipo decidió comenzar
propiamente donde el Hielo Continental termina en el Sur. Si se
considera que el sector comprendido entre el glaciar Tyndall y el
fiordo Ultima Esperanza asume características orográficas bastante
complejas y que nadie lo había jamás atravesado, resulta evidente
la importancia y el valor de la empresa.
Con muy pesadas cargas, transportadas sobre trineos,
y con el empleo de esquíes, los franceses iniciaron su larga marcha.
Pronto encontraron muy serias dificultades de penetración, opuestas
por las accidentadas y agrietadas lenguas del glaciar Balmaceda.
Labrándose día tras día la ruta hacia el norte en la compleja región
montañosa, desafiando las adversidades atmosféricas, el viento y
las nevadas, Hourcadette y sus compañeros lograron finalmente llegar
a la cuenca de alimentación del glaciar Tyndall, donde el terreno
se torna relativamente menos accidentado.
Gracias a un ingenioso sistema de protección contra
el viento, obtenido con los trineos y los esquíes, las carpas resistieron
algunas violentas ventiscas, pero las condiciones de supervivencia
estaban a menudo en los limites soportables. Piénsese que, después
de los primeros campamentos, todos los miembros de la expedición
prefirieron amontonarse en una única carpa para dos personas antes
que afrontar la dificultosa empresa de armar la otra, operación
a menudo casi imposible a causa de la violencia del viento. Más
allá del glaciar Tyndall los franceses lograron localizar un pasaje
para penetrar en el trecho superior del glaciar Grey, pero por entonces
ya habían transcurrido varios días y era necesario descender para
reabastecerse en el Lago Dickson. Gracias al descubrimiento de un
desfiladero que bautizaron Paso Montreal, el grupo logró entrar
también en el glaciar Dickson, por cuyo margen izquierdo descendieron.
Después de algunos días de reposo junto al lago, se decidió reiniciar
la marcha hacia el norte, pero ahora todas las motivaciones comenzaban
a disiparse, y, después de una breve tentativa, los franceses abandonaron
la partida luego de haber realizado también algunas ascensiones
en la región montañosa del glaciar Dickson.
Si bien el objetivo principal de la expedición
no se logró, puede hablarse de un resultado largamente positivo:
fue explorado y atravesado por primera vez el sector meridional
extremo del Hielo Continental, fueron escaladas muchas cumbres hasta
entonces no alcanzadas y se realizaron preciosas experiencias que
han de resultar útiles para las expediciones que en el futuro quieran
afrontar esta empresa. Ya el gran glaciar podía considerarse conocido
en todo rincón, pero el deseo de empresas nuevas y cada vez más
difíciles remoza el terreno y hasta lo torna campo de acción extremadamente
rico de desafíos.
En el invierno de 1985 asistimos así a la más controvertida travesía
que jamás haya sido realizada sobre esos hielos: la de Giuliano
Giongo. Escalador de valía, con numerosas hazañas en su activo sobre
los Alpes y en la Patagonia, donde escaló el Fitz Roy y, en segunda
ascensión por una ruta nueva, la Torre Egger, Giongo había decidido
intentar una travesía solitaria invernal del Hielo Continental en
sentido longitudinal. Al regreso, afirmó haber cumplido enteramente
el recorrido del inmenso glaciar. Sus explicaciones, más bien imprecisas
y a veces falseadas por un enfoque escasamente especializado y más
atenidas a lo espectacular que a los reales valores de lo emprendido,
suscitaron con todo no pocas dudas entre los conocedores del Hielo
continental y, en particular, en el gran montañista Walter Bonatti.
Diseñada una muy liviana carpa, casi más parecida
a un bolso de vivaque dotado de una embocadura que permitía la respiración
en caso de que quedara sumergida en la nieve, hallado un "sponsor"
y preparados los víveres y equipos de cerca de 35 kg. de peso, Giongo
estaba listo para la aventura. A causa de una serie de inesperados
problemas de límites, el italiano decide penetrar en el Hielo Continental
atravesando el Paso Marconi. "El 13 de julio parto a pie
y, finalmente, puedo contar con mis propias y solas fuerzas. Vivaqueo
en viejas chozas destruidas por el viento, o bajo un peñasco, supero
cascadas verticales de hielo, hasta que, a través de la cordillera,
entro en Chile... Un fuertísimo viento del sur me impele a través
del paso Hicken y el 21 de julio llego a destino, a la altura de
los Mellizos."
De aquí Giongo invierte la marcha y se dirige hacia el sur, casi
siempre dificultado por las ventiscas, que a menudo lo llevan a
condiciones en el límite de lo soportable. Nuevamente él mismo escribe:
"No he tenido tiempo de acostarme y ya estoy nuevemente
sumergido en la tempestad. La nieve se licúa al contacto con el
tejido calentado por mi cuerpo y crea la base para que otra nieve
se me acumule encima. Después de media hora debo ya usar la embocadura
para respirar, dado que mi bolsa-carpa está completamente sumergida
y el peso es tal que me aprisiona las piernas. Sólo a través de
la embocadura siento el infierno que se desencadena sobre mí. Hacia
el amanecer, coloco dentro de mi acolchado de duvet una bolsa de
celofán llena de nieve que todas las noches preparo junto a mí.
Después de dos horas, con el calor del cuerpo se forma un cieno
acuoso y entonces puedo cocinar con un notable ahorro de gas...
Cuando salgo de mi cubil y emerjo a la superficie, mirando la tierra
me parece imposible llegar a pasar la noche en estas condiciones."
No obstante, Giongo adelanta, supera el Paso de los Cinco Glaciares
y se acerca al altiplano Italia.
El día 4 de agosto el italiano llega cerca del
fiordo Andrew, en uno de los puntos más complejos del Hielo Continental,
tal vez en el más complejo de todos, y hasta entonces no recorrido
por nadie. Después de siete días de lucha con la complicadísima
orografía, Giongo alcanza finalmente a la meseta Polonia. En día
14 cae en una grieta y permanece allí durante tres jornadas. Finalmente,
trata de salir asiéndose de la cuerda a la cual está atado y que,
a su vez, está unida al trineo. Por fortuna, los patines se han
congelado solidificándose con la superficie del glaciar, y el trineo,
soportando el peso del montañista, se vuelve su anda de salvación,
que le permite salir vivo de aquella situación.
Después de unos diez días de marcha, la aventura concluye al llegar
nuevamente a la pampa argentina.
Como ya se ha señalado, las contrapuestas versiones ofrecidas por
Giongo no pasaron inadvertidas a Walter Bonatti, intransigente defensor
de un montañismo puro y riguroso. La polémica entre los dos personajes
continuó con intervenciones de uno y otro, que figuraran, en Italia,
en las páginas de la Rivista della Montagna: cada impacto es respondido
al son de coordenadas, grados de latitud y longitud, cotas, pesos,
tiempos de recorrido. De cualquier modo, Giongo Jamás logró demostrar
con hechos y pruebas su efectiva travesía completa del Hielo Continental
Sur. El definitivo cierre del episodio lo ofrece el frío, preciso
y por cierto incontrovertible veredicto que, acerca de esa aventura,
ofrecen los cónyuges Buscaini-Metzeltin en su libro "Patagonia",
donde, en la página 201, se lee: "1985 (invierno austral).
Travesía invernal (parcial) N-S, con entrada por el Paso Marconi
y salida a la Estancia Cristina, lograda por Giuliano Giongo, solo,
con esquíes y trineo".
HASTA NUESTROS DÍAS
Después de este paréntesis, que estimamos sabroso,
retomemos el tratamiento de las ulteriores tentativas que han tenido
por teatro el Hielo Continental Sur. Ahora son numerosísimos los
aventureros y los montañistas que realizan intentos sobre el vasto
glaciar, ya sea con el solo propósito de una simple travesía, ya
con fines de andinismo, y, por lo tanto, con el escalamiento de
alguna montaña. Por ejemplo, en 1985 una pequeña expedición compuesta
por Walter Bonatti, Melchiorre Foresti y Elio Sangiovanni, si bien
sin la intención de realizar tipo alguno de travesía, penetraba
en el fiordo Bernardo del Canal Becker y, alcanzada la meseta del
Hielo Continental, escalaba una de las cumbres que constituyen su
margen septentrional y que, hasta ahora, están casi inexploradas.
La cumbre, denominada Punta Giorgio Casari, fue alcanzada el 27
de noviembre de 1985.
En el verano de 1986, un nutrido grupo de montañistas italianos
realizó una travesía parcial norte-sur con ingreso por el Paso del
Viento; de allí al grupo Fitz Roy - Cerro Torre, con salida cerca
de la estancia Cristina. Formaban parte del equipo Giuseppe (Det)
Alippi, Carlo Buzzi, Luciano Bertolina, Luigi Corti, Giuliano Maresi,
Roberto Maresi, Luciano Spadaccini y Egidio Spreafico. El nutrido
grupo empleó cinco días de marcha, sin esquíes ni trineos, para
realizar el trayecto completo, del 20 al 25 de diciembre.
Al año siguiente es Casimiro Ferrari el protagonista
de una empresa sobre el Hielo Continental. De ella hemos ya tenido
ocasión de hablar ampliamente en el Cuaderno Patagónico Nº 1, dedicado
a las actuaciones de los montañistas de Lecco en la Patagonia. No
obstante, vale la pena recordar brevemente sus características.
El equipo estaba compuesto por Giuliano Maresi, Annibale Borghetti,
Carlo Buzzi, Luigi Corti, Bruno Lombardini, Luciano Spadaccini,
Gigi Spreafico y el proprio Ferrari. Habiendo entrado, con un barquito
pesquero, en el fiordo Falcón, los italianos llegan al borde del
Hielo Continental y, a través de un desfiladero alcanzan las laderas
del Cerro Risso Patrón, que escalaron. Se reanuda la travesía hacia
el este, para concluirla exitosamente en la estancia Cristina, después
de seis días de marcha efectiva, del 12 al 18 de agosto. Esta es
la primera travesía invernal en sentido transversal del Hielo Continental
Sur.
En el verano austral de 1987-88, una pequeña expedición
de Instructores Nacionales de Esquí del Club Alpino Italiano logró
cumplir una travesía norte-sur entrando por el Paso Marconi y saliendo
por la estancia Cristina, después de cinco días de marcha efectiva,
con el uso de esquíes y de pequeños trineos. Formaban parte del
grupo Antonio Curtabbi, Marino Ciresa, Franco Proserpio y Mauro
Taramelli. Durante el otoño de 1991, del 4 de abril al 5 de mayo,
un grupo de cinco montañistas, de los cuales tres argentinos, Alberto
del Castillo, Alberto Gabriel Ruiz y Marcos José Couch, y dos brasileños,
Alexandre Portela Martínez de Cavalho y José Carlos Tamayo Gegundez,
partía para intentar una travesía completa del Hielo Continental,
de norte a sur. El grupo estaba provisto de todos los elementos
posibles para facilitar la travesía y, en previsión de algún vado,
tenían también botas de goma y una canoa inflable. El acceso al
Hielo Continental fue el usual, adoptado por Shipton y sus epígonos,
pero la época elegida, el otoño, había dejado a los glaciares sin
cobertura de nieve, dejando pues al descubierto las numerosas grietas
que caracterizan las lenguas laterales de acceso y de salida de
la meseta. De tal modo, la marcha fue inicialmente bastante lenta,
al menos hasta que el quinteto alcanzó el altiplano. Aquí los esquíes
y los trineos, si bien sobrecargados, rindieron el servicio requerido
y la marcha se hizo más expedita.
El 4 de abril el equipo parte, pues, del glaciar
Jorge Montt con dirección sur, con la esperanza de interrumpir la
marcha sólo en la región del Paine o en el fiordo Ultima Esperanza.
Para triunfar en el intento habían sido preparados también depósitos
de víveres y materiales a lo largo del recorrido, pero ellos no
fueron después alcanzados. Además de los antedichos equipos, había
víveres para quince días y raciones especiales para las dos semanas
de travesía previstas para el altiplano, antes de alcanzar el primer
depósito de víveres. Después de 31 días de marcha, señalados por
momentos de alegría y otros de frustración y fatiga, los cinco habían
recorrido 145 kilómetros. La llegada anticipada del invierno con
un largo período de fuerte mal tiempo obligaba ya a los cinco valientes
exploradores a salir del infierno blanco a través del Paso del Viento.
Escribe al respecto Tamayo: "... Son días taciturnos, entre
porteos y balances. ¿Qué ha sido esta historia? ¿Qué ha significado?
El invierno vino adelantado y la nieve lo cubre todo a ambos lados
del Paso del Viento. ¿Dónde está ese verde esperado? Será que la
Patagonia viste un sudario blanco?..."
Nuestra exposición concluye con las últimas dos expediciones que
han intentado la travesía norte-sur del Hielo Continental: la invernal
de cuatro montañistas italianos de la provincia de Sondrio y la
llegada pocos meses después, también con alpinistas italianos, de
Biella.
El primer grupo estaba compuesto por los guías
alpinos Giuseppe Miotti y Maurizio Folini, y por otros dos montañistas
muy expertos con los esquíes, Dario Mura y Gianni Rovedatti. La
estrategia de la expedición era la de moverse extremadamente livianos
y, con ello, con la mayor velocidad posible, confiando para ello
muchísimo en la buena estrella de un período de buen tiempo. Probablemente,
si omitimos a Giongo, fue la expedición más alivianada que hasta
ahora haya intentado la travesía norte-sur, con solamente 64 kg.
de bagaje por persona y, seguramente este factor ha sido el determinante
del fracaso, a causa de un prolongado período de mal tiempo que
oprimió a los montañistas ya sobre los bordes del fiordo Calen.
Ocho días de nevadas y mal tiempo continuo impidieron respetar todos
los programas de marcha que, por el motivo antedicho, eran calculados
con precisión. Al ver esfumarse la posibilidad de una tentativa
seria, los montañistas, en previsión de un futuro retorno, decidieron
abandonar el plan, y en solo cinco días de buen tiempo que tuvieron
lograron escalar una cumbre antes no hollada que domina el glaciar
Jorge Montt y que fue bautizada Cerro Valtellina.
Los muchachos de Biella, los guías alpinos Paolo
Cavagnetto y Alberto Guelpa y los alpinistas Joel Blumemberg y Paolo
Falco, fortalecidos por una experiencia exitosa precedente en Tierra
de Baffin, tenían todas las cartas en regla para triunfar finalmente
en su empeño. Partieron los de Biella el día 4 de noviembre de 1992,
también ellos de las orillas del fiordo Calen, con esquíes y trineos
y alrededor de 100 kg. de bagajes y lograron, también favorecidos
por un prolongado período de buen tiempo, alcanzar, en 27 días de
marcha, el punto más meridional jamás alcanzado, correspondiente
a la posición aproximada del Fiordo Andrew. Para poder hallar un
pasaje que les abriese la puerta hacia el sur, los montañistas recorrieron
durante otros nueve días la zona del Monte Majo, intentando cruzar
diversos pasos que, todos, se revelaron impracticables. Finalmente,
un último paso resultó factible y les permitió descender a la Laguna
Escondida, donde, el 9 de diciembre, decidieron interrumpir la tentativa.
Con la breve historia de esta expedición concluye por ahora la narración
de las aventuras humanas sobre las desoladas extensiones del Hielo
Continental Sur. El desafío más simple que por ahora se formula
sigue siendo el de completar una travesía longitudinal, pero con
una pizca de fantasía las perspectivas que esta región ofrece a
los montañistas y exploradores son aún tantas que durante años oiremos
hablar de nuevas empresas sobre estos vastos altiplanos helados.
De cualquier modo, el acceso a las vastas extensiones del Hielo
Continental ha sido abierto, y numerosas son las breves expediciones
al alcance de los buenos andinistas, como, por ejemplo, la emprendida
por el argentino Rubén Bresba y sus compañeros que, a comienzos
de 1993, realizó la travesía del Paso Marconi al Paso del Viento.
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