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El depósito de los elementos de los italianos en la base de la Torre
Central.

La expedición italiana sobre un puente colgante, durante la fase
de acercamiento.

Las cuerdas fijas marcan el trazado de subida a la Torre Central.

Vista de la Torre Central y de la Torre Nord, desde el Oeste.

Vasco Taldo muestra la bandera italiana después de la escalada,
en prioridad absoluta, de la Torre Sud.

Descenso en rapel después de la victoria sobre la Torre Sud.

Un momento de la subida de la Torre Sud.

Las rutas de subida a las Torres del Paine vistas del lado Oeste.

Las rutas de subida a las Torres del Paine vistas del lado Este.

Una vista desde el Este de las Torres del Paine. Desde la izquierda,
Torre Sud, Torre Central y Torre Norte.

Un galpón para la preparación del pescado, en Puerto Natales, a
unas 200 millas al noroeste de Punta Arenas.

Uno de los grandes lagos que son caracteristicos de las llanuras
al pie del macizo del Paine.

Una raíz desecada, en el interior del parque del Paine.

Una vista poco conocida del trecho final de la Torre Sur, tomada
desde la Torre Central. La ruta de los italianos recorre la visible
arista.

Vista de la pared Oeste de la Torre Central sobre la que, en los
últimos años, italianos y norteamericanos abrieron vías de escalada
bellas y dificiles.

Vista aérea de la vertiente Nordeste del Paine principal.

Una vista aérea de las Torres del Paine, desde el lado oriental.

Una espléndida vista de las laderas orientales de las Torre del
Paine y del ambiente salvaje que las circunda.

Un momento de la escalada por la ruta de las "Arañas de Lecco";
abierta en 1986 sobre la Torre Central.

En la ruta de las "Arañas de Lecco"; abierta en 1986 sobre
la Torre Central, remontando los diedros perfectos.

La impresionante muralla rocosa de la Fortaleza, uno de los últimos
problemas que presenta el macizo a los montañistas.

Las Torres del Paine, vistas desde el Oeste, surgen entre los rebordes
de los Cuernos del Paine, en primer plano.
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NUEVAMENTE ASTE
Sin duda Aste había quedado muy impresionado por
la belleza de las paredes graníticas del Paine, y, tres años después
de la expedición del Club Alpino Italiano de Monza, regresa al Paine
en compañía de su amigo Franco Solina, de Brescia. Trátase de una
expedición ultraliviana, netamente anticipada a los tiempos, pues
por entonces sólo se veían grandes conjuntos, pesados y superequipados.
A la miniexpedición, bautizada "Victoria alada", se agregan
los montañistas italoargentinos Cesare Fava, Fausto Barozzi, Mario
Castellazzo, Filippo Frasson, Ignacio Sáen y Alberto Aristarain.
El objetivo primario de la expedición es la conquista de la así
llamada "Torre Innominada" o "Torre de Plata",
que no es otra que la Fortaleza, imponente estructura granítica
situada en la cabecera sud-occidental del Valle del Río Asencio,
al oeste de las Torres del Paine. Por desgracia, las dificultades
técnicas eran demasiadas, y era necesario contar con tiempo bello
y estable para poder tener alguna probabilidad de éxito. La atención
de todos se volcó así hacia las bellas torres que forman la cresta
que separa las aguas entre el valle del Río Paine y el del Río Asencio.
El 24 de enero de 1966, Solina, Fava, Frasson, Castellazzo, Sáenz
y Aste llegan a la cima de la más esbelta de las torres, similar
a un Cervino visto desde oriente. Se trata de una muy dificultosa
ascensión sobre hielo, con una inclinación media de alrededor de
55° y con un trecho terminal todavía más empinado, que lleva a la
muy grácil cumbre, bautizada Cima Andrea Oggioni.
Después de dicha cima, Frasson y Aristarain escalan,
el 12 de febrero, asimismo las cimas Rovereto, Brescia y Barozzi.
Esta última cumbre ha sido dedicada al padre de Fausto Barozzi,
Ferruccio. La cadena montañosa sobre la cual se hallan las torres
escaladas por la expedición será bautizada Cordón Victoria Alada,
en recuerdo del nombre de la misma expedición.
Dos años después, numerosas expediciones operan en la región, y
los éxitos conseguidos son muchos. Por otra parte, de nuevo parece
plantearse una vez más el desafío entre italianos e ingleses; por
una parte, los alpinistas de Bérgamo, guiados por Piero Nava; por
la otra, los ingleses, conducidos por el célebre Ian Clough. Esta
vez, empero, los objetivos de los dos grupos son diferentes, si
bien muy vecinos: los bergamascos quieren escalar el Escudo del
Paine, y los ingleses, la Fortaleza. Además de Piero Nava, formaban
parte de la expedición italiana Piero Bergamelli, Andrea Cattaneo,
Mario Curnis y Mario Dotti, muy buenos escaladores todos, con numerosas
y difíciles ascensiones en los Alpes en su activo.
La ruta de subida elegida para alcanzar la no hollada cima del Escudo
había sido localizada en la larga rampa oblicua de roca que surca
de diestra a siniestra la pared sur, la cual lleva a la cresta cimera,
que se extiende por más de un kilómetro.
El mal tiempo concede pocas treguas a los escaladores, quienes,
no obstante, en tenaz trabajo de equipo, aparejan metro a metro
la pared, que presenta también trechos friables, con dificultades
hasta de IVº grado superior y otros compactos de VIº grado. Al término
de la rampa, azotados por un viento violentísimo que casi arranca
a Curnis de las muescas, los escaladores llegan a una serie de pendientes
heladas, con una inclinación de 60°, que permiten alcanzar la ladera
y la cresta cimera. Al retornar al campamento de base después de
este último esfuerzo, en la pared hay 1.000 metros de cuerdas fijas
y 200 clavos: todo está listo para el asalto final. El 31 de enero
de 1968, Curnis y Dotti parten en procura de la cima. El tiempo
es inseguro, pero es necesario aprovechar también toda mínima oportunidad.
Velocísimos, los dos suben por las cuerdas fijas e inician el recorrido
por la larga cresta cimera. Nava escribe: "Curnis y Dotti
atacan la cresta terminal: no volverán atrás sin haber alcanzado
la cima. Hacia las diez y media se levanta un viento violentísimo.
Las dificultades del hielo y del terreno mixto -hielo y piedra-
son excepcionales: Curtis jamás vio algo similar en toda su carrera.
Al mediodía, superando enormes dificultades, alcanzan una cima.
No es la más alta, y descienden abandonando un cordel de 50 metros.
A través de canales diversos, helados y muy escarpados, y también
por una canaleta de 30 metros en extraplomo llegan a un pequeño
collado entre dos puntas: alcanzan una al azar y se encuentran medio
metro más abajo de la otra... Finalmente, a las quince, están sobre
la cúspide más alta..."
Poco días antes de la victoria italiana también los ingleses habían
conseguido el prestigioso éxito de la primera ascensión a la Fortaleza.
La ruta seguida corre a lo largo de la gran cresta sur-oeste y presenta
grandes dificultades tanto sobre la roca como sobre el hielo. A
una canaleta de hielo con inclinación de hasta 70° sigue un primer
trecho de placas compactas con dificultades de grado Vº plus, seguidas
por un grand diedro de VIº grado y A2. El tiempo fue inclemente
aun para los ingleses, pero, al término de la dura lucha, llegaron
a la cima Dave Nicol, John Gregory y Gordon Hibberd: era el 6 de
enero.
Corresponde también a 1968 la primera ascensión
absoluta del Cuerno Central del Paine, por obra de los escaladores
chilenos Raúl Aguilera, Eduardo García, Osvaldo Latorre y Gastón
Oyarzún. La ascensión presentó particulares dificultades en los
últimos 400 metros, poco antes de la torre cimera, en el trecho
en el cual la ruta se vuelca hacia la pendiente occidental (IVº
y Vº grado y A1).
En 1969 es también escalado el Tronio Blanco o Mellizo Este por
los checoslovacos Leos Horka y Pavel K'imza, con el chileno Gastón
Oyarzún. Siempre en el mismo año, los japoneses de la expedición
dirigida por Yoshimasa Takeuchi logran forzar una difícil ruta sobre
la cima norte del Paine Grande. Se trata de un itinerario glacial
en su mayor parte, que ya anteriormente había sido intentado dos
veces por los chilenos, en 1954 y 1955.
En 1971 se realiza la ascensión del Cerro Cota 2000 por parte de
un grupo de andinistas de la Universidad de Chile, Jorge Quinteros,
Gastón Oyarzún, Bernard Paul y José Troncoso, que tenían como meta
principal el Cerro Catedral, pero que fueron obligados a más reducidas
ambiciones por el persistente mal tiempo.
El Catedral, empero, estaba en las miras de los
andinistas, y el mismo año fue finalmente escalado por una expedición
británica compuesta por Bob Smith, Guy Lee, Bob Show, Chris Jackson,
Roger Whemell y Dave Nicol. La ruta seguida recorre la afilada arista
noroeste con dificultades de Vº grado y A2 distribuidas en 21 largos
de cuerda. También en este caso las condiciones meteorológicas no
favorecieron a los escaladores, quienes no obstante, tocaron todos
la cima. El descenso fue favorecido por algunas cuerdas fijas dejadas
para facilitar una rápida retirada y, en efecto, ellas se revelaron
providenciales. Como escribe el mismo Nicol: "... Mirando
hacia abajo resultaba evidente que si no hubiésemos dejado las cuerdas
fijas a lo largo de toda la ascensión ahora estaríamos todavía allá
colgando de los flancos de la arista como otros tantos trozos de
carnero congelado".
Siempre en el verano austral de 1971-72, opera en la región una
expedición sudafricana compuesta por Paul y Carl Fatti, Tony Dick,
Paul Andersen, Roger Fuggle, Richard Hoare y Michael Scott.
Objetivo principal del grupo es escalar la Espada, difícil cima
del circulo del Valle del Francés, que aún quedaba por ascender.
Bordeando un peligroso glaciar suspendido, los andinistas logran
fijar una carpa avanzada sobre la base de la parte vertical de la
pared oeste, donde una línea de diedros parece indicar una buena
ruta de ascenso. Usando cuerdas fijas, y en diversas tentativas,
finalmente Paul Fatti y Scott alcanzan a tocar la cima el 19 de
diciembre de 1971, seguidos tres días después por los otros, con
excepción de Andersen. Dificultad de la ruta, VIº grado y A2.
La segunda meta de los sudafricanos es la hasta entonces no hollada
cima del Cuerno Norte del Paine. También en este caso, después de
una serie de tentativas frustradas, Dick y Hoare logran alcanzar
el collado entre el Cuerno Norte y el Central, de donde pueden ver
que la torre cimera, compacta en apariencia, presenta, por el contrario,
muchas fáciles líneas de fisuras. El 30 de diciembre, todos los
montañistas, con excepción de Carl Fatti, se hallan en la cima del
Cuerno, con lo que obtienen otra prestigiosa victoria.
He aquí de nuevo a los sudafricanos en la temporada de 1973-74,
decididos a solucionar lo que constituía el mayor problema andinístico
de la región, sobre una de las paredes graníticas más grandes del
mundo.
Junto con Fatti y su mujer están: Roger Fuggle"...
que, habiendo tomado parte en la segunda ascensión 'Hammer-less'
(1) de la ruta de Nose en el Capitán (2), fue una constante fuente
de sapiencia acerca de las más avanzadas técnicas de ascensión sobre
un 'big wall' (3), Arthur Mc Garr, Mervyn Prior, Michael Scott
y Richard Smithers, estos últimos dos con sus respectivas consortes.
Dada la altura de la pared - más de 1.200 metros de granito vertical
- y el tiempo a menudo inclemente de la zona, los sudafricanos deciden
equipar toda la ruta con cuerdas fijas para facilitar tanto la retirada
como el regreso a la pared. La línea de ascenso elegida recorre
toda la magnifica pared oriental en su sector derecho, a lo largo
de una patente continuidad de grandes diedros.
Los montañistas, por parejas, dedican dos días a la escalada, para
después retornar al campamento de base y ser sustituidos por compañeros
descansados.
De este modo, los progresos son pequeños, pero seguros e ininterrumpidos,
gracias también a la capacidad de Fuggle y de Prior. A este último
le toca hallar la solución para superar el trecho que es la clave
de la ascensión, después que Fatti se ha exhibido en un espectacular
péndulo de 10 metros para asir, 400 metros sobre la base, la línea
ideal de los diedros: "... Cuando ya Richard se halla muy
distante de Paul, éste le informa que algunos clavos colocados por
él se habían salido a causa de la apertura de las hojas..."
En este punto, con los nervios a flor de piel y para nada estimulado
por las noticias que provienen del compañero, Prior decide concederse
un poco de seguridad plantando aquel que será el único clavo a presión
de toda la ruta. Los pasajes difíciles se suceden cada día, y ya
las cuerdas fijas llegan tan alto sobre la pared que se tarda más
en volver a subirlas que a escalar el nuevo trecho.
Afortunadamente, justo en la mitad de ese mar vertical
de granito y a medio camino en la ruta, los escaladores hallan un
rellano tan amplio que - ... pueden aterrizar los Boeing...-. Así,
el rellano Boeing llegará a ser un óptimo campamento de base avanzado
donde poder apoyar un poco las posaderas y no estar siempre obligados
a dormir en hamacas. El 9 de enero, Fatti y Prior se hallan bajo
el cono terminal de la Torre, y el 10, mientras están todavía desayunando,
ven llegar a Fuggle y a Mc. Garr, que han iniciado el ascenso por
las cuerdas fijas desde la base a las 2:30 de la madrugada. Los
cuatro avanzan sobre terreno más fácil, pero siempre dificultoso,
y a las siete de la tarde alcanzan una punta. Con gran desánimo
de Fatti, se dan cuenta de que se hallan unos veinte metros más
abajo que otra cumbre vecina. El tiempo, con todo, está cambiando,
y a las ocho están obligados a iniciar el descenso, dejando, no
obstante, las cuerdas fijas. La larga retirada se realiza de noche,
con el riesgo de que el cansancio y la obscuridad provoquen algún
error fatal, error que se concreta en un vuelo de Prior: 15 metros,
y otros tantos a menor velocidad con el descensor que corre libremente
sobre la cuerda, hasta que se detiene a pocos metros de Fatti, habiendo
perdido el conocimiento. Por fortuna, no obstante, el daño no es
grave, y el escalador logra recuperarse de modo de poder ser bajado
bastante fácilmente por sus compañeros. La retirada continúa de
la misma manera durante toda la noche, y luego de una interminable
serie de rapeles, finalmente todos están sobre el glaciar, en la
base de la pared oriental: el 20 de enero, Scott y Prior alcanzan
el rellano Boeing y, al día siguiente, con un tiempo espléndido,
llegan finalmente a la punta máxima. La ascensión, extremadamente
audaz y en avance sobre su época, ha requerido 32 días de escalada
y ha opuesto dificultades de VIº grado y A4, con el uso de un solo
clavo a presión.
En los años 1976 y 1977 se realizan otras hermosas
ascensiones sobre las torres del Valle del Francés, y en particular,
en 1976 son nuevamente los sudafricanos Philio Stuart Dawson y David
Malcom Cheesmond quienes logran escalar la pared sudoeste de la
Máscara, en un recorrido intentado el año anterior por los ingleses
guiados por Dave Nicol. Los dos escaladores resuelven el problema
en sólo dos días, después de haber fijado algunas cuerdas en el
trecho de base de la pared. El 6 de diciembre parten para la cima,
pero son obligados a vivaquear a sólo ocho largos de cuerda de la
meta, por causa del mal tiempo. No obstante, al día siguiente, la
cima es alcanzada. La ruta se extiende cerca de veinte largos de
cuerda, dos de los cuales de VIº grado y A4.
En 1977 cabe señalar que los chilenos Gino Casassa, Claude Cognian,
Juan Pardo y Gonzalo Salamanca escalan la bella pared granítica
de la Aleta del Tiburón a lo largo de la pared oeste, caracterizada
por compactas placas graníticas.
Este primer capítulo de la historia del andinismo del Paine concluye
finalmente con la escalada de la cresta sudeste de la Fortaleza,
por parte de un fuertísimo equipo inglés compuesto por Phil Burke,
Keith Myhill y Mick Horlov. Al dar noticia de ello los ingleses,
con su habitual espíritu nacionalista, enfatizan la empresa como
la "... primera escalada tipo 'big wall' en una región llena
de similares posibilidades, pero que a menudo presenta rocas cubiertas
de hielo y tiempo inclemente". ¡Tal vez se han olvidado
de los sudafricanos, de Paul Fatti!
No obstante, la hazaña es sin duda de enorme importancia,
ya que esa vertiente de la Fortaleza era meta ambicionada por los
mejores escaladores del mundo. La ascensión fue dificultada por
el mal tiempo, hasta el punto de que Burke sufrió un serio congelamiento
en las manos; no obstante, con tenacidad y coraje los tres se abrieron
camino a lo largo de los 1.800 metros de la arista, superando muy
grandes dificultades sobre roca y hielo, distribuidas en 40 largos
de cuerda. Llegados a un largo de cuerda apenas de la terraza cimera,
fueron obligados a la retirada a causa del congelamiento de Burke
y del mal tiempo persistente. El grueso de las dificultades estaba,
empero, bajo sus pies, y sólo les quedaban unos centenares de metros
más fáciles.
(1) "Hammerless",: ascensión cumplida
sin el empleo de martillo, y, por lo tanto, asegurandose unicamente
con engastes, tipo Nuts, Excentncs, etc. Requiere mucha pericia
y experiencia.
(2) El Capitán: una de las más grandes paredes de la tierra. Se
halla en el Yosemite Valley, en California. Sobre sus paredes, altas
de cerca de 1000 m, y gracias al clima favorable, han sido trazadas
las más audaces y difíciles rutas técnicas del mundo, algunas de
las cuales, como la Early Morning Light Wall han requerido 26 días
de permanencia en la pared, sin contacto con la base. La ruta del
Nose jue la primera escalada, en 1958, y hoy es una de las grandes
rutas clásicas del Capitán.
(3) "Big wall": término que indica ya sea una gran pared,
de altura superior a los 500 m, ya las complejas técnicas de escalamiento
y de vivaqueo que requiere una ascensión de varios días sobre estas
murallas.
PAINE 1980-1992
El año 1982 se inicia con la importante empresa
de Alan Kearney y Bobby Knight, dos norteamericanos que se mostrarán
activos en los años siguientes también en el grupo del Fitz Roy,
con la reiteración del Cerro Torre y del pilastro Casarotto en el
Fitz Roy. Esa expedición de dos personas sobre la no hollada pared
sur de la Torre Central fue una realización en el más puro estilo
alpino. Después de tres días de difícil escalada hasta el VIº grado
y A3, ambos alcanzan la cima el 2 de enero. Se trataba de su tercera
tentativa sobre la pared, de más de 800 metros de altura. En ocasiones
anteriores fueron siempre rechazados por el mal tiempo, verdadero
denominador común de todo rincón patagónico. Los primeros diez días
de 1982 se señalan, a parte de la citada hazaña, por otras realizaciones.
Una expedición franco-chilena explora las paredes graníticas que
forman el anfiteatro del Valle del Francés. En ese orden, los franceses
efectúan la escalada de muchas cimas interesantes y poco exploradas,
como la Aleta del Tiburón, la Punta Catalina, la Hoja (primera ascensión
de la pared oeste, TD +), la Punta Quirquincho, el Cuerno Principal
y la Máscara, a lo largo de la pared Sur. Esta última puede ser
considerada la ascensión más importante y difícil realizada por
la expedición, organizada por las universidades de Grenoble y Santiago
de Chile. Después de cuatro días de escalada, con utilización de
cuerdas fijas, el grupo, formado por D. Boyrie, D. Charron, J. Comparat,
J. Pilon y A. Rebreyend alcanza la cumbre luego de haber superado
los 700 metros de pared valorados ED, prevalentemente en escalada
artificial. Al año siguiente no corresponde ninguna ascensión de
importancia, aparte de algunas reiteraciones o tentativas; por el
contrario, en 1984 sobre la Torre Sur del Paine se abre una segunda
ruta además de la de Aste. En el mes de diciembre, los sudafricanos
D. Davies, J. Gordon y el norteamericano C. Peer escalan, en primera
ascensión, la lisa e impresionante pared este de la Torre, de 900
metros de altura. La ascensión comporta numerosos trechos en escalada
artificial también muy delicada, A4, con amplia utilización de rurp,
knifeblades, hooks y dos clavos de expansión. La ruta, lamentablemente,
no es completada hasta la cumbre de la torre a causa de un incidente
ocurrido el noveno día de escalada, a pocos largos de cuerda de
la cima, sobre terreno ya más fácil. Una descarga de piedras se
abate sobre la cordada, hiriendo a un integrante, pero, por suerte,
puede efectuarse el descenso con rapeles.
Siempre en el mes de diciembre, otro grupo de sudafricanos,
J. y H. Davies, C. Lomax, realizan la ascensión de la compleja y
peligrosa pared este del Paine Grande. La pared se presenta como
un complicado laberinto de hielo, roca y terreno mixto, surcado
en el centro por un visible espolón. La ruta recorre el espolón
y presenta constantes dificultades en roca y hielo: la llegada a
la cima se produce el 9 de diciembre, después de cuatro días de
escalada. Otros tantos días fueron después necesarios para el difícil
descenso a lo largo de la pendiente oeste.
Los tres años siguientes se caracterizan por la espléndida actividad
de los montañistas italianos sobre las tres Torres del Paine, como
herencia de una tradición iniciada por Bich, Aste, Taldo y sus compañeros.
En 1985 se registra la primera ascensión solitaria de la Torre Norte,
por obra de Elio Orlandi. El fuerte alpinista trentino es un veterano
de la región patagónica y conoce las asechanzas y las condiciones
climáticas terribles que la zona puede ofrecer, después de haber
escalado cimas como el Fitz Roy, el Cerro Torre y otros menores.
Orlandi es acompañado solamente por su compañera
Nora Rigotti, y llega a la base de las Torres el 28 de diciembre.
Al día siguiente, saluda a Nora y se dirige al canal de ataque,
que lleva a la brecha entre la Torre Norte y la Torre Central. Alcanzada
velozmente la "Brecha Bich", Elio se halla en el punto
de deber decidir cuál de las dos torres escalar: "En la
duda de afrontar ésta o aquélla, me hallo bien pronto con las manos
en la fisura en extraplomo que poco más arriba supera lateralmente
el primer techo sobre la Torre Norte. Algún viejo clavo y jirones
de cordeles consumidos por el viento indican de vez en cuando el
trazado que se desenvuelve entre placas, fisuras, travesías y extraplomos.
Infaltablemente, alguna hoja oxidada me procura un susto, pero también
esto forma parte del juego y pronto lo remedio con la rabia del
martillo..."
A las 19:30 el montañista alcanza la larga cresta que lo llevará
a la cima, después de haber superado el trecho más difícil de la
ruta: "Solamente cuando alcanzo la primera terraza cómoda,
me doy cuenta de que puedo lograrlo. Las dificultades han disminuido,
y una escalada agradable y veloz parece el preludio de la satisfacción.
Un aire sutil se desprende de las morenas, mientras que la transparencia
del crepúsculo proyecta sus colores sobre las mismas cadenas de
montañas nevadas del hielo continental. Son las 21:30 y tal vez
solamente ahora estoy convencido de haber iniciado esta aventura
bajo una buena estrella... Conservada y al reparo de las tormentas,
en el interior de una fisura en la cima, hallo la banderita de la
última expedición ítalochilena..." Al sobrevenir la oscuridad,
Orlandi logra no obstante descender durante algunas horas hasta
llegar a una estrecha terraza en plena pared, donde prepara un incómodo
vivaque sin los equipos que dejó en su bolso en la base de esa misma
pared. El día 30 concluye el descenso; llega a la pequeña carpa
sobre la morena y, finalmente, a la zona de los bosques.
No ha pasado siquiera un año cuando Orlandi regresa
en el grupo del Paine, esta vuelta en compañía de Ermanno Salvaterra
y Maurizio Giarolli, dos muy fuertes escaladores trentinos ya conocidos
por la primera ascensión invernal del Cerro Torre. Su meta, esta
vez, es la imponente pared oriental de la Torre Central, escalada
sólo marginalmente por los sudafricanos. Durante el primer período
de permanencia, el tiempo se mantiene siempre inestable, y el avance
sobre la pared se lleva a cabo muy lentamente a causa de la abundante
nieve que recubre las primeras placas. Solamente el 25 de octubre
los tres acometen definitivamente la pared, a pesar de que las condiciones
no son todavía óptimas. La cordada debe a menudo recurrir a la escalada
artificial (A3) donde las condiciones de la pared no permiten la
subida libre que, de cualquier modo, llega a dificultades de VIIº
grado. A las 18:45 del 31 de octubre, Orlandi, Giarolli y Salvaterra
tocan el punto más alto de la Torre Central, después de siete días
de escalada y 87 horas de efectivo trepar. La ruta es llamada "Magico
Est" y resuelve directamente el problema de la pared más alta
e impresionante de las Torre del Paine. Algunos días después, el
20 de noviembre, el tiempo se torna hermoso y los tres, en compañía
de Ginella Paganini, una fuerte escaladora de Pinzolo, parten para
intentar la primera reiteración de la ruta de Aste sobre la Torre
Sur. La ruta, abierta 23 años antes, recorre la arista norte y no
ha sido jamás repetida. El ascenso, favorecido por el buen tiempo,
se desarrolla velozmente, y en menos de un día y medio la cordada
alcanza la cima. El fuerte viento crea algún problema durante el
descenso, en razón también de la forma particular en que se halla
expuesta esa arista. Al concluir la expedición, Ginella Paganini
es la primera mujer que ha alcanzada la cima de una de las tres
torres, y ello corona el éxito de este empeño trentino.
En los mismos días, pero del otro lado de la Torre
Central, entra en acción otra expedición italiana, siempre formada
por montañistas trentinos: Fabrizio Defrancesco, Mario Manica y
Fabil Stedile. Esta vez, la meta prefijada por los tres es la vertiente
occidental de la Torre Central, a lo largo de la visible y no hollada
fisura que la surca de manera rectilínea en toda su longitud. La
Patagonia no se entrega jamás al primer golpe, y las primeras tentativas
en esa pared son dificultadas por el mal tiempo. Hacia fines de
octubre, el grupo parte para el asalto decisivo y asciende por tercera
vez en pared, utilizando las cuerdas fijas dejadas en las tentativas
precedentes. La ascensión prosigue siempre a lo largo de la fisura-diedro
y presenta trechos sumamente difíciles, ya sea en escalada libre
o artificial (VIIIº grado y A3). Narra Defrancesco: "Después
de siete días de trepar en pared estamos exhaustos: nos arden las
ingles a fuerza de descansar todo nuestro peso sobre el arnés, y
tenemos las manos desolladas por el trepar en la fisura. Hace ya
dos días que no podemos beber y estamos agotando nuestras reservas
físicas... Los largos de cuerda finales son aún muy duros y los
escalamos con un clima muy frío y ventoso..." Terminada
la fisura y el grueso de las dificultades, los tres suben velozmente
hacia la cima de la torre, a la que llegan a las 18:30 del 2 de
noviembre, exactamente dos días después de la llegada a la cumbre
de la otra expedición trentina sobre la pared oriental. La noche
inminente obliga a efectuar otro vivaque cerca de la cima, y el
descenso se efectúa al día siguiente a lo largo de 800 metros de
pared recién escalada.
Al mes siguiente, como coronamiento de ese año enteramente italiano,
tenemos la expedición de los lequeses, siempre a la Torre Central.
Marco Ballerini, Carlo Besana, Renato Da Pozzo, Norberto Riva y
Dario Spreafico ascienden a lo largo de la pared sudoeste por una
nueva ruta vecina a la Kearney-Knight. El nuevo itinerario cruza
la ruta de 1982 al comienzo y es completado en la tercera tentativa
después de cinco vivaques. Las dificultades de los 850 metros de
pared son valuadas ED con pasajes de VIº grado y A3.
Y llegamos a 1987, otro año que se inicia con empeños de italianos.
Esta vez la estación se anticipa y en el invierno austral hallamos
una pequeña expedición de dos montañistas dispuestos a escalar las
torres en la época más desfavorable. Mario Manica, que apenas ha
retornado de la ruta nueva sobre la Torre Central, cuenta esta vez
con la compañía de Luca Leonardi. Los dos montañistas llegan al
campamento de base el 20 de junio y deciden afrontar la Torre Norte
a lo largo de la arista Sud (ruta Bich). Después del transporte
de los víveres hasta la base de la pared, la cordada ataca la arista
con condiciones inciertas de tiempo, a la espera de una mejora.
Cuentan los dos: "En la Patagonia no es
posible esperar condiciones óptimas, como en los Alpes. El tiempo
es caprichoso e inestable, imprevisible; no respeta regla alguna.
Toda previsión puede ser justa o equivocada; todo es posible. El
buen tiempo sigue al malo con frecuencia y velocidad increíbles.
Si se quiere llevar a término un proyecto, es necesario trepar con
decisión..." Bajo la furia del viento, Manica y Leonardi
logran, con todo, subir velozmente, y a las 15:30 están en la cima
de la Torre Norte. Un veloz descenso hasta el campamento de base,
y en la cabeza otros proyectos. Le toca el turno a la Torre Sur,
a lo largo de la ruta abierta por el amigo Aste. Acercarse a ella
sólo es posible con esquíes. Los dos excavan un cobijo de nieve
en la base de la pared y, al día siguiente, ascienden rápidos en
su tentativa de colocar por lo menos alguna cuerda fija. El barómetro
señala un descenso de presión, y la cordada debe retornar al campamento
de base. Dos días después se presenta el momento justo y, no obstante
el intenso frío, indicio de buen tiempo, los dos andinistas tienen
éxito en la ascensión, llevada a cabo en dos días, con un vivaque
en la base de la cima. Cuentan: "Los últimos 150 metros
son muy fáciles y los recorremos aún en la obscuridad: a las 18:15
del 11 de julio llegamos a la cima... pero no hemos terminado. No
tenemos elementos para vivaquear y debemos a la fuerza descender
a la base de la cima. En nuestra ayuda se alza una espléndida luna
llena: tres horas de descenso en compañía de un viento incesante,
y alcanzamos finalmente el vivaque de la noche precedente..."
Al día siguiente, Manica y
Leonardi concluyen el descenso y terminan su aventura
invernal.
Con la llegada del verano austral arriban en el Paine numerosas
expediciones con objetivos siempre diversos. Interesante desde el
punto de vista explorativo es la primera ascensión de la arista
sudoeste de la Torre Sur, llevada a cabo por G. Bagattoli, M. Cagol,
J. Espen y F. Leoni. La ruta supera la secuencia de tres pilastros
que forman la arista y presenta dificultades de VI° grado y A1,
en roca, con pasajes en pendiente de 65° en el hielo, sobre un trayecto
de 1450 metros. El itinerario, denominado "Largo Sueño",
ha sido llevado a término el 1º de noviembre, después de cuatro
vivaques en pared. En el mismo periodo son de señalar otras dos
primeras ascensiones femeninas sobre las Torres, la de Paula Fanton
sobre la Torre Norte, escalada con Leoni y Fruet, y, el mismo día,
la ascensión de Ginella Paganini a lo largo de la ruta Bonington-Williams
(primera reiteración) sobre la Torre Central, en compañía del experto
Ermanno Salvaterra. Para coronar otro año enteramente italiano tenemos
la ruta nueva de Gianni Caronti y Antonio Prestini, que han superado
el pilastro noroeste de la cresta sudoeste sin, con todo, alcanzar
la cima. La nueva ruta, terminada el 27 de diciembre, tiene una
longitud de 700 metros y ha sido clasificada ED, con pasajes de
VIº grado y A2.
En 1988 no se señalan primeras ascensiones de importancia
en el Grupo del Paine, pues casi todas las paredes han sido exploradas
y las torres rocosas han revelado todos sus secretos. En diciembre
de 1989 la Fortaleza es escalada a lo largo de su no hollada arista
norte. Autora de la hazaña es una expedición del Véneto guiada por
un veterano del lugar, Bruno De Doná. La ascensión ha sido efectuada
en dos días entre subida y descenso, a lo largo de la nueva ruta
que tiene 1500 metros de desarrollo, con dificultades de VIº grado
y escalada artificial. Pero la verdadera dificultad de la ascensión
ha sido el viento, especialmente fuerte en este punto, tal vez en
razón de la particular posición de la Fortaleza, que se halla detrás
de las Torres del Paine y que casi las protege de las ráfagas. En
la cima se reunieron, además de De Doná, Roberto Cazan y Fabio Dristot,
ambos de Belluno. Pero el gran problema de la Fortaleza continuaba
siendo la imponente pared oriental, a la derecha de la ruta inglesa
del 79. El objetivo era muy codiciado y había sido intentado sin
éxito por siete expediciones anteriores. Superaron el problema los
eslovenos Marko Lukic y Miha Praprotnik. Ayudados por las cuerdas
fijas dejadas por una expedición precedente, en la segunda tentativa,
los dos ascendieron, durante 23 horas ininterrumpidas de escalamiento,
con dificultades de VIIIº grado y A4, pero el mal tiempo los obligó
a la retirada. Dos semanas de espera y, después, el asalto decisivo,
que duró dos días, hasta la llegada a la cima a las 21:00 del 28
de diciembre de 1990. La nueva ruta, de una longitud de 1200 metros,
resuelve uno de los últimos grandes problemas patagónicos y ha sido
bautizada "Minuta Modrosti" (Un minuto de cordura). En
la parte explorativa, cabe señalar la experiencia de los jóvenes
de la FFME francesa, que han trazado una nueva ruta sobre la pared
oriental del desconocido Cerro Paineta ("Blue Note Memories",
800 metros, VIIIº grado y A3). Al comienzo del mismo año se llevó
a cabo una subida a la Torre Central a lo largo de la arista noroeste,
apenas a la izquierda de la ruta italiana del 86. Autores de esta
ascensión han sido los norteamericanos Jay Smith y Scott Cosgrove,
quienes procuraron subir, en lo posible, en escalada libre. La Patagonia,
con todo, poco concede a refinamientos, y a lo largo de la nueva
ruta la cordada debe recurrir a difícil escalada artificial. El
itinerario es denominado "Wild, Wild West" y queda completado
el 7 de enero de 1990, con dificultades de VIIIº grado y A3. Por
otra parte, en el mes de enero de 1991 se cumplió la actuación de
otras dos expediciones sobre la Torre Central del Paine. Los españoles
J. Lazcano y K. de Pablos han trazado un nuevo itinerario a lo largo
de la pared oeste, después de dos meses de preparación y equipamiento.
La cima ha sido alcanzada el 27 de enero, después de haber superado
900 metros con dificultades de hasta VIIIº grado y A3. En el mismo
mes entra en acción, esta vez sobre la pared oriental, un fuertísimo
equipo alemán que incluye nombres de gran predicamento, como Wolfgang
Gullich, Kurt Albert, Bernd Arnold, Peter Dittrich y Norbert Baetz.
El grupo subdivide sus tareas, y la primera cordada - Arnold y Albert
- alcanza la cima el 23 de enero siguiendo una espléndida línea
a la derecha de la ruta de Giarolli, Orlandiy Salvaterra. El 27
de enero también el segundo grupo alcanza la cima después de haber
superado la ruta casi enteramente en escalada libre. Gullich cuenta:
"... se inicia de pronto el rotpunkt. Las paredes fueron
secadas por el viento caliente de la noche. Los pasajes que en los
días y en las semanas anteriores demandaban horas y horas, ahora
los superamos, jugando, en poco minutos. Me encuentro en un verdadero
éxtasis de escalamiento. Conseguimos superar el enorme techo en
la tercera tentativa...". Es la primera vez que en la Patagonia
-y no sólo allí - han sido superados pasajes de hasta 7c (IXº grado,
y la nueva ruta, "Riders on the storm", constituye una
evolución, lograda ya sea por la capacidad de Gullich (uno de los
mejores escaladores del mundo), ya por las favorables condiciones
climáticas de aquel día.
La temporada siguiente en el Grupo del Paine es
una de las más importantes por el número de expediciones que allí
se da cita y por las ascensiones efectuadas. Siempre sobre la pared
este de la Torre Central se abren dos rutas nuevas. La primera,
a la derecha del pilastro sud, se llama "La ballena de los
vientos", y ha sido abierta por Sebastián de la Cruz (argentino),
Erik Brand, Steve Hayward (norteamericanos), José Carlos Tamayo
y J. Lazcano (españoles). La ruta, completada el 24 de noviembre
de 1991, tiene 1.000 metros de longitud, con dificultades máximas
de VIIº grado y A3 + (ED +). Sobre el pilastro a la derecha de la
ruta "Riders on the storm" tenemos otra ruta nueva, que
retoma una tentativa precedente (¿española?), emprendida por los
ingleses Noel Craine, Paul Pritchard, Sean Smith y Simon Yates.
Las cordadas han establecido 1.000 metros de cuerdas fijas antes
de vencer la pared, el 16 de enero de 1992, después de 25 días de
escalamiento. "El regalo del Mowana" - 1.200 metros es
evaluada ABO - (VIIºgrado, A4 y terreno mixto difícil). También
el famoso escalador suizo Michel Piola ha visitado estas torres
graníticas y ha dejado su marca sobre dos nuevos itinerarios. En
compañía de Vincent Sprungli ha ascendido la pared oriental de la
Torre Sud, ya precedentemente escalada en 1985, pero sin llegar
a la cima. La nueva ruta, "Dans l'oeil du cyclone" pasa
a la derecha del viejo itinerario y recorre enteramente la pared
muy compacta, que ha requerido cinco días de escalada. El 28 de
enero los dos están en la cima (ED + , VIIº grado y A4). Un último
logro de Piola y Sprungli es el espolón occidental de la Torre Norte,
ascensión relativamente breve, realizada en un día bajo una tempestad
de viento particularmente fuerte ("La última esperanza",
500 metros, TD + , VIIº grado y A2). Pero no se ha concluido. La
pared oriental, no hollada y desconocida, del Cerro Catedral, es
tomada por asalto por dos expediciones, una italiana (Fabio Leoni,
Paola Fanton, Mario Manica y Danny Zampiccoli) y una norteamericana
(John Catto, Charles Flower, Peter Gallagher y Messagre Kewdel).
Los norteamericanos eligen la línea central de la pared, de 850
metros de altura, y abren allí "La escoba de Dios", VIIº
grado y A4, para llegar a la cima el 26 de enero. Los italianos,
por su parte, subirán más a la izquierda, a lo largo de un pilastro
más compacto. El 2 de febrero, después de nueve días, en total,
de escalada, llevan a término "El vuelo del cóndor", ED,
VIIº grado y A3.
Las rutas de la estación 1991-1992 cierran por ahora la historia
del Paine, grupo montañoso que ha puesto a prueba a numerosos y
avezados andinistas dispuestos a medirse con las terribles condiciones
patagónicas. Pero esa historia, por cierto, no ha terminado aquí,
porque los problemas existen siempre, y nuevas paredes y aristas
pueden ser descubiertas por montañistas de buen ojo e intuición.
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