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La vertiente oriental del Sarmiento (frente Norte), fotografiada
en 1913 por el padre De Agostini.
En lo alto: la cima del Monte Buckland, de 1700 m, inmediatamente
al Este del Sarmiento. Esta cima fue alcanzada por primera vez en
1966 por una expedición italiana.
Algunos momentos de la expedición de las "Arañas" de Carlo
Mauri al Buckland. Carlo Mauri en el campamento de base.
Algunos momentos de la expedición de las "Arañas" de Carlo
Mauri al Buckland. Ferrari y Giudici en la cumbre del Buckland.
Algunos momentos de la expedición de las "Arañas" de Carlo
Mauri al Buckland. Los hombres en el día decisivo de la victoria.
Vista panorámica del campamento de base de las "Arañas de Lecco"
(expedicion de 1986).
Las carpas del Campamento Dos durante la expedición de 1986 al Sarmiento.
Una vista de los canales magallánicos desde las laderas del Sarmiento.
La expedición "Arañas" de 1986, completa.
Las "Arañas" en el Sarmiento.
Un momento de la expedición francesa de 1982, de la cual formaba
parte también Jean Marc Boivin. Los franceses, llegados con un barco
de vela al Fiordo Falcón, lograron atraversar el Hielo Continental.
La caída de una mole de hielo de un frente de glaciar que termina
en el mar.
El barco de vela de la expedición francesa se aproxima a la costa.
Se pueden notar las salpicaduras provocadas por las ráfagas de viento.
Momento de la traversía del Hielo Continental.
El bote de vela francés de la expedición de Philippe Facues en las
cercanías de un glaciar. En primo plano se notan los materiales,
listos para ser desembarcados.
El comienzo de la escalada a Cabo de Hornos, realizada por Jean
Marc Boivin del lado Sur.
Un encuadre del Cabo de Hornos, el mítico promontorio de las tempestades
y el último de los relieves montañosos de América Meridional.
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FINALMENTE, EL SARMIENTO
La decisión de intentar la conquista del Sarmiento
a lo largo de la cresta meridional fue tomada después que, luego
de una excursión explorativa, el ingeniero Decima pudo observar
este recorrido más de cerca, comprobando una cierta practicabilidad.
La última tentativa es fijada para el día 3 de marzo. Alcanzado
el Campamento Uno en el collado Sur, el 4 de marzo Maun y Maffei
efectúan un primer reconocimiento ascendiendo al Glaciar Lovisato
para localizar el mejor punto de acceso a la cresta sur.
El mal tiempo retiene después a los dos escaladores en el Campamento
Uno durante toda la jornada siguiente. "Debemos resistir
ahora (escribe Maffei); conviene esperar, aguardar el tiempo
propicio. Esto es tremendo, es duro, pero nuestra fuerza de voluntad
nos ayuda."
El 6 de marzo, apostándolo todo a la velocidad,
los montañistas efectúan una elección acertada, si bien bastante
riesgosa, elección que los llevará a la cumbre. Superado el primer
trecho pedregoso y de terreno fácil que constituye el espolón basal
de la cresta, un primer mamelón helado los obliga a efectuar un
rodeo.
A las 2 de la mañana del día 7, Maun llega a la cima del mamelón,
de nuevo sobre el filo de la cresta: "Ghe sem" (Hemos
llegado), grita a Maffei en el dialecto de Lecco. En este espacio
de cerca de treinta metros cuadrados los dos esperan que el día
traiga un poco de luz y permita así proseguir con mayor seguridad.
A las 5 de la mañana, casi sin una palabra, con rudeza y decisión,
Maun retoma el mando de la escalada. Maffei, todavía helado y entorpecido,
se halla en acción aún antes de darse cuenta.
La cresta, totalmente helada, presenta pendientes que van de 60°
a casi 90°. Maun se ve obligado a un gran uso de clavos para hielo
y a una laboriosa subida que exige bastante rato para cada largo
de cuerda. Paciente, bajo el torbellino de la nieve, Maffei - "Guaret"
para los amigos - sostiene la cuerda, la asegura y después, cuando
es su turno, sube retirando los anclajes fijados antes. Muy a menudo,
sacar estos clavos con las manos semicongeladas constituye un trabajo
ímprobo: "... otro clavo. Me arrimo, reposo un segundo,
y después trato de extraerlo. Dejo el mosquetón entre cuerda y clavo
por temor que vuele hacia abajo. Procuro enfilar la punta del piolet
en la anilla. Es una maniobra delicada. No debo dar golpes; si lo
hiciera, resbalaría a lo largo de la pared en un terrible péndulo.
¡Calma, "Guaret", debes lograrlo! Pruebo una segunda vez,
una tercera, y finalmente el clavo sale y resbala a lo largo de
la cuerda." El cansancio comienza a penetrar en los dos
montañistas, pero ellos prosiguen impertérritos: Maun, adelante,
buscando hallar el mejor camino en un infierno de niebla y viento,
sobre pendientes muy empinadas; Maffei, continuando con la extracción
de los clavos, congelándose las manos, sufriendo el frío en las
largas treguas en espera de que su compañero concluya el largo de
cuerda.
Dejamos a Maffei la tarea de narrar la llegada
a la cima. "Faltan todavía cinco metros para alcanzar a
Carlo. Cinco metros donde la pendiente llega a ser casi nula, pero
casi no me doy cuenta de este cambio. Hasta tal punto estoy fatigado
por el esfuerzo. Carlo, desconfiando de las ráfagas de viento, permanece
derecho, en pie, y con la cuerda en el hombro me está tirando. Tal
vez ha visto mis condiciones. No ando a gatas, pero creo que mi
posición es un tanto desmañada, mientras que la figura de mi compañero
se mantiene erguida."
"Juntos sobre el rellano de la cresta, tal vez ambos nos
hemos olvidado por un segundo del Sarmiento para pensar que el tremendo
obstáculo estaba ya debajo de nosotros." "Después Carlo
continúa a lo largo de la cresta, que ahora es transitable y redondeada."
¿La cresta se ha vuelto más ancha y es redonda? La cuerda está
firme, inmóvil.
- ¡Carlo!?
Un grito, no ya débil, sino fuerte, que se pierde en la niebla,
luego de haber salido de lo profundo del corazón.
- ¡Oh! ¡Estamos en la cima! a través de la niebla...
Si, es justamente la cima oriental del Sarmiento, la más tremenda
y la más fantástica cima de mi carrera de montañista."
Después de tres horas de descenso realizado gracias a los rapeles
fijados en los hongos de hielo, Maun y Maffei vuelven al mamelón
en la base de la cresta; luego remontan, ya exhaustos, el Glaciar
Lovisato y, finalmente, son recibidos en el Campamento Uno por el
mayor Ayala, por Decima y por Miguel Saavedra.
EL MONTE BUCKLAND Y LAS
"TRES EXPEDICIONES AGNOLOTTI AL SARMIENTO"
Después de De Agostini, los primeros italianos
que retornaron a estas inhóspitas regiones fueron los miembros de
una expedición guiada por Carlo Maun: Casimiro Ferrari, Giuseppe
Pirovano, Luigi Alippi, Guido Machetto y Cesare Giudici. El 18 de
enero de 1966 la expedición parte de Italia con la intención de
escalar la no hollada cima del Monte Buckland (1.700 metros), que
se halla inmediatamente al este del Sarmiento.
El 24 de enero los hombres zarpan de Punta Arenas, en procura del
punto de atraque situado en el Fiordo De Agostini. Dos días de tranquila
navegación los conducen a la Bahía Encanto, sobre cuyas riberas
está situado el Campamento de Base.
Una vez establecido el Campamento Uno, después de un periodo de
tiempo adverso, la cordada Giudici-Ferrari-Alippi logra fijar 300
metros de cuerdas en la canaleta de 800 metros de altura que conduce
al collado entre la cima principal y la antecima.
A las 5:30 del 6 de febrero las cordadas Giudici-Ferrari,
Alippi-Mauri y Pirovano-Machetto parten en procura de la cima, aprovechando
las cuerdas fijadas anteriormente. Maun escribe: "Cada uno
tiene el preciso deber de esforzarse al máximo para no demorar la
subida, pero especialmente para contribuir con su presencia a la
moral de la cordada... cada uno debe ser un ejemplo de coraje y
de generosidad. Son cerca de las 10:00 cuando desembocamos, desde
el tétrico canal, al plano del collado. Aquí nos concedemos un breve
respiro, y bautizamos a este collado como 'Collado de las Arañas',
en honor de los alpinistas apodados Arañas de Lecco".
Después del collado, una primera saliente de hielo es hábilmente
superada por Giudici, y poco después una ancha grieta terminal obstruye
el acceso a la cima. El alto borde que sobresale del lado superior
de la grieta parece impedir toda posibilidad de subida; a esta comprobación
siguen algunos segundos de desaliento, pero luego reaparece en todos,
poderoso, el deseo de triunfar. Ferrari descubre una pequeña canaleta
que parece prometedora y, en efecto, se revela como clave de toda
la escalada.
"Luego de cerca de una hora, el viento nos trae una voz
alegre que grita... "De chee se pasa" ("Por aquí
se pasa.").
Nos movemos también nosotros. Parten Machetto y Pirovano, y luego
yo con Alippi. Escalamos unos 70 metros de la pequeña canaleta,
y después, bajo la saliente de la cima, iniciamos una larga travesía
hacia la derecha hasta la cresta Sud, camino por el cual en poco
tiempo alcanzamos, felices, la cumbre."
EL SARMIENTO DE GIUSEPPE
AGNOLOTTI Y SU CONQUISTA DE LA CIMA OCCIDENTAL
Con todo, es siempre el Sarmiento el que atrae
la atención de los montañistas y, particularmente, la de un escalador
turinés, Giuseppe Agnolotti, quien con esta montaña entretejerá
una historia personal que se desarrollará en el curso de tres tentativas
sucesivas, la última de las cuales será coronada finalmente por
el éxito. Seguramente para Agnolotti el Sarmiento ha constituido
un poco la montaña ideal, aquella siempre soñada por los andinistas,
aquella que sublima todas sus aspiraciones y sus ideales.
La primera expedición parte en los primeros días de noviembre de
1969 con el nombre de "Tierra del Fuego 1969". Junto al
jefe de la expedición están Luigi Barmasse y Eugenio Ferrero.
Acompañados por el italiano Franco Cattaneo, los tres llegan a Caleta
Escandallo el 8 de noviembre e instalan el Campamento de Base. El
tiempo es constantemente malo, pero, por lo demás, en estas regiones
es necesario considerar esa situación como normal.
Luchando contra la intemperie, instalan sucesivamente
el Campamento Uno en la cota de alrededor de 650 metros y el Campamento
Dos a los 1.150 metros sobre el Cerro Este.
El 16 de noviembre, vista la persistencia del mal tiempo, los montañistas
retornan al Campamento de Base y, después de haber tomado parte
en una opípara cena ofrecida en su honor a bordo de la corbeta chilena
"Lientur", regresan a tierra para esperar la ocasión propicia.
Del 23 de noviembre al 2 de diciembre las tentativas esperanzadas
se alternan con otras tantas retiradas frustrantes hasta que, considerada
vana toda tentativa, desisten definitivamente.
Pasan apenas dos años, y Agnolotti vuelve a la
carga con la expedición "Tierra del Fuego 71". También
durante esta nueva aventura el mal tiempo continúa atormentando
implacablemente a los escaladores, quienes finalmente son obligados
de nuevo a regresar sin haber podido escalar la montaña.
Eran miembros de la expedición Ezio La Boria, Rinaldo Bonino, Giuseppe
Ferrari, Fernando Martínez y Víctor Sáez; estos últimos, militares
chilenos agregados con el fin de mantener las comunicaciones radiales
con Punta Arenas. En 42 días de expedición, uno solo fue de calma:
¡el 16 de noviembre!
Estos precedentes podían haber descorazonado al más tenaz montañista
o bien desencadenar más aún el deseo de alcanzar aquella cima tan
embrujada. Agnolotti, con todo, no perdió ánimos y al año siguiente
estaba de nuevo junto a los flancos de "su" montaña.
El Campamento Uno es establecido en la base de
la cresta Nordeste del Monte Conway, en las cercanías del collado
que permite el acceso al valle helado, largo y estrecho que se extiende
a los pies de la vertiente Norte del Sarmiento.
En este punto, llamado Collado Vittore, se establece una especie
de refugio prefabricado y expresamente estudiado para la ocasión,
sin duda más confortable y seguro que las carpas normales, que a
menudo son presa de los vientos violentos, o que un helado agujero
excavado en el hielo. Se inicia aquí una larga serie de transportes
de materiales, de tormentas, de fatigas atemperadas tan sólo por
las pausas en el Campamento de Base, donde las "sabrosas
centollas con vino francés, alegría y música nos ponen a punto para
las fatigas del día siguiente."
En una jornada favorable, la cordada de punta alcanza
la cota de 1.800 metros y va colocando en su curso banderines de
señalamiento que servirán para facilitar la orientación en caso
de niebla, ya sea para la subida como para el descenso. Después
los hombres retornan al valle y se ponen a esperar un día de tiempo
favorable. Finalmente, el 14 de noviembre el tiempo se torna decididamente
hermoso. Rápidamente los montañistas parten del Campamento Uno y
remontan las inestables pendientes de la ladera Norte. Una tentativa
a lo largo de la cresta occidental concluye a 150 metros de la cima,
a causa de la excesiva inestabilidad del manto nevado que torna
peligrosa la prosecución de la empresa. El tiempo, con todo, se
mantiene estable, y los hombres pueden descender y subir de nuevo
las pendientes que llevan al collado entre las dos cimas. Desde
la cresta, alcanzan la base de la cima Oeste y, a cuarenta metros
de ésta, encuentran el camino obstruido por un gigantesco hongo
de unos 15 metros de altura, constituido por hielo poroso e inestable,
que impide proseguir.
En este punto, comprendiendo que es vana toda tentativa, los montañistas
deciden regresar, pero en todos los casos se sienten moralmente
dignos de poder afirmar que la empresa ha sido lograda. Al respecto,
escribe Agnolotti: "Más allá (del hongo de hielo, N.
de la R.), la cresta sube dulcemente hasta la cima, que se yergue
a cerca de 2210 metros: dos longitudes de cuerda que no haremos
jamás. Una victoria no completa, pero, con todo, bella y llena de
sufrimiento."
En 1986 una nueva expedición parte de Italia con
la intención de vencer finalmente también la cima Oeste de la montaña:
es una de las tres expediciones organizadas por las "Arañas
de Lecco" en ocasión del cincuentenario de la fundación del
grupo. También esta, como las otras dos, será coronada por el éxito,
y también el último obstáculo opuesto por el Sarmiento será vencido.
El equipo está compuesto por algunos veteranos, como Gigi Alippi
y Clemente Maffei, acompañados por otros valiosísimos elementos
de las Arañas: Pinuccio Castelnuovo, Lorenzo Mazzoleni, Salvatore
Panzen, Bruno Pennati, G. María Confalonien y Franco Baravalle.
OTROS EXPLORADORES Y MONTAÑISTAS
EN LOS CANALES MAGALLÁNICOS
El primero entre todos es sin duda el inglés Eric
Shipton, un personaje que llevaba consigo toda la carga espiritual
de los grandes exploradores y montañistas de su país. Shipton ha
explorado y conocido todas las regiones salvajes del globo, y durante
cuatro años ha navegado por los canales fueguinos en busca de regiones
montañosas inexploradas. En 1962, con Cedomir Marangunie, penetra
en la Ensenada Skyring y alcanza las orillas orientales de la Península
Muñoz Gamero. Su meta es el Monte Burney (1.768 metros), un volcán
que surge en el sector septentrional de la península y cuya última
erupción se registró en 1910. Después de ocho días, utilizando también
un bote neumático para incursionar a lo largo de un sistema de lagos
de agua dulce, los exploradores se acercan a unos veinte kilómetros
de la montaña. Dejan la embarcación para proseguir a pie, pero un
nuevo sistema de lagos les impide avanzar más. Shipton insiste en
1963, retomando el itinerario de la primera tentativa. Esta vez
alcanza las laderas del volcán pero no logra llegar a la cumbre.
El éxito le sonreirá solamente en 1973, cuando, con Peter Radcliffe
y Roger Perry, alcanzadas las orillas occidentales de la Península
Muñoz Gamero, llega a las laderas del volcán después de siete días
de marcha.
Luego de dos tentativas fracasadas a causa de los
fuertes vientos, finalmente el 10 de marzo los montañistas alcanzan
la cima.
También en la Península Muñoz Gamero operó en 1975 una expedición
norteamericana (componentes: Joseph Brennan, Dianne y Gleen Galloway,
Jack Miller, Richard Peterson, Anthony Smith, William Zauche), que
escaló el Cerro Volcán (1.500 metros), el Cerro 1º de Septiembre
(1.554 metros) y el Cerro Rhyme and Reason (ca. 1.800 metros).
Habiendo partido de Punta Arenas con una nave de 30 toneladas, a
unos 80 km. en el interior de la Ensenada Skyring dejaron, con los
equipos, víveres para cuarenta días y dos botes neumáticos a motor
que servirán para todas las recorridas cercanas. La expedición completa
en la práctica la exploración marítima de la región, recorriendo
cada fiordo y bahía del brazo de mar, y a menudo luchando con los
elementos desencadenados, que a veces hacen avanzar a los botes
neumáticos a menos de un kilómetro por hora. Además de las montañas
citadas, es de señalar una tentativa a un magnifico pico similar
al Cerviño bautizado "The Lookout". A causa de las enormes
formaciones de hielo incrustado que se mantendrán durante todo el
mes de permanencia de los norteamericanos, la subida resulta imposible.
En 1974, la montaña estaba por el contrario completamente expedita
y en piedra descubierta. Más al Norte de esta región se halla la
Península Sarmiento. En 1976, con una difícil navegación de acercamiento
en barco de vela, dos norteamericanos, Daniel Asay y Jack Miller,
penetran en el Fiordo de las Montañas, el ancho brazo de mar que
limita al Este la península, y realizan algunas ascensiones. Son
alcanzadas las cimas del Monte Thunder and Lightnig (ca. 1.994 metros)
y del Monte Three Furies (ca. 1.850 metros).
La mayor actividad del montañismo se concentra,
con todo, en la salvaje Cordillera Darwin. En 1970-71 opera en la
zona una expedición neocelandesa que asciende a una montaña reconocida
como Cerro Darwin, la segunda cumbre de Tierra del Fuego, con cerca
de 2.400 metros. Otras cumbres son después alcanzadas en los alrededores.
Al año 1978 corresponde una expedición escocesa que en octubre de
1977 zarpa del puerto de Granton, en las cercanías de Edimburgo,
y llega a Tierra del Fuego el 7 de febrero de 1978, habiendo atracado
en Punta Arenas. La nave utilizada es la "Eloisa", velero
de 60 pies de largo y 34 toneladas de porte, construido por el skipper
Ian Rennie y por los otros miembros de la expedición: Ian Carr,
Dick Port, William Jeffery, David Neilson, Wallace Rennie y Doug
Anderson. La zona elegida para las exploraciones es la de la parte
superior de la Ensenada Hyatt, ya investigada en 1977 por Jack Miller.
Las operaciones son conducidas partiendo de dos campamentos: el
primero, instalado sobre un glaciar al Noreste de la Ensenada Hyatt;
el segundo, sobre un cerro de cerca de 1.400 metros de cota, que
se eleva sobre el Fiordo Brookes. Durante esta etapa son escalados
dos picos hasta entonces no hollados; luego, el 2 de marzo, Anderson
y Neilson, después de haber escalado una pared de hielo de 200 metros
de altura, logran subir al único collado practicable entre aquellas
montañas, y logran obtener una visión de las regiones montañosas
más al interior. El 17 de marzo, Carr y Rennie triunfan en la escalada
de una cumbre situada sobre el lado meridional de la Ensenada Hyatt.
Dejando este brazo de mar, la expedición se allega
a la península Brunswick, cerca de Puerto Galland, atracadero usado
por el "Beagle" de Fitz Roy. También aquí se alcanza una
cima, cuya característica es la de tener la cumbre constituida por
un estrato de 20 metros de cristales de cuarzo. Para concluir esta
magnífica campaña de exploración, tres miembros de la expedición,
Nielsen, Jeffrey y Anderson, deciden intentar la travesía Oeste-Este
del Hielo Continental. Después de haber atracado en el Fiordo Exmouth,
con esquíes y un trineo liviano los tres llegan al Río Eléctrico
y al cuartel del parque del Fitz Roy. Serán encarcelados por acceder
ilegalmente al territorio argentino.
En el mismo año, una nueva exploración es conducida por los ingleses
Jain Peters, Don Sargeant, Dave Harbor y John Earlie en la región
del Monte Bove y del Monte Francés. Ayudados por la marina chilena,
los ingleses recalan en la Bahía de Yandegaia, donde hallan hospitalidad
en la estancia homónima. Con caballos y dos guías, contratados entre
los pastores locales, penetran en el valle helado que se adentra
hacia el inexplorado Glaciar Stoppani. Después de 12 kilómetros
de marcha, vista la imposibilidad de remontar directamente el frente
del glaciar a causa de las numerosísimas y enormes grietas, los
hombres son obligados a practicar el lado orográfico derecho a lo
largo de sus orillas inestables y de morenas. Después de otros tres
kilómetros, se dirigen hacia el Oeste, y alcanzan finalmente una
cuenca con un lago hasta entonces desconocido, originado por una
obstrucción de morenas, que será denominado Lago Guanaco. Establecido
el Campamento Dos en sus cercanías, los hombres penetran todavía
más hacia el Oeste con la intención de alcanzar las vertientes del
Monte Rocagli y de poder tener una vista general de la región interna
de la Cordillera Darwin. El Campamento Tres es colocado bajo una
inquietante cascada de quebradas y de aquí los montañistas parten
en busca de un paso que parece prometer el cumplimiento de su objetivo.
Sin embargo, después de un escalamiento difícil y peligroso, al
alcanzar el paso se les presenta una vertiente que se les opone
impracticable a causa de las numerosas masas de hielo suspendidas.
Al comprobarse vana la tentativa de escalar el Monte Roncagli, Earle
y sus compañeros vuelcan su atención hacia una cadena montañosa
situada más al norte. Peters y Earle logran, primeramente, alcanzar
la más oriental de las tres cimas principales, el Monte Caledonia,
de cerca de 1.500 metros. Desde esta cima se localiza un nuevo glaciar,
bautizado "Armada de Chile", que, extendiéndose de Oeste
a Este, une el Glaciar Stoppani con los Glaciares Roncagli y Cuevas.
A causa de un pequeño accidente, Earle no podrá ya alcanzar las
cimas más occidentales del grupo, que serán logradas por los otros
miembros de la expedición en difíciles escalamientos sobre una nieve
traidora.Esas cimas serán bautizadas "Gemini".
Antes de abandonar la región, Sergeant y Harber
logran finalmente alcanzar también la extrema punta oriental de
la cadena explorada, a la que denominan "Pico Sentinel".
Concluyamos esta breve e incompleta visión panorámica con algunos
interesantes empeños, como la travesía del Hielo Continental cumplida
por los franceses en 1982. La expedición parte de Mar del Plata
con un barco de vela guiado por el skipper Philippe Facues. Superado
el Estrecho de Magallanes, los franceses entran en el Fiordo Falcón
y el 27 de diciembre Jean Marc Boivin, Dominique Marchal, Bernard
Prud'homme y Jean Louis Etienne atraviesan el Hielo Continental
y alcanzan la casa del Parque Fitz Roy después de diez días de marcha.
Luego Boivin, uno de los más célebres alpinistas franceses, sobre
todo por sus veloces ascensiones a las más difíciles paredes alpinas,
regresa al Cabo de Hornos y escala la difícil pared Sud.
En el año 1983 se lleva a cabo una bellísima empresa por parte de
ocho estudiantes de la Universidad Austral de Punta Arenas, que,
en el mes de febrero, efectúan la primera travesía de Norte a Sur
de la Cordillera Darwin. La expedición, provista de cuatro trineos
y víveres para veinte días, parte de la Ensenada del Almirantazgo
y llega con felicidad a Puerto Williams, después de haber recorrido
un glaciar inexplorado y de haber hallado los restos de un antiguo
desastre aéreo.
Muy particular e interesante es también la hazaña cumplida
en 1984 por los galeses Alan Hughes y Paul de Mengel. Ambos deciden
explorar los canales magallánicos transladándose en kayaks. A través
del Canal Magdalena y el Fiordo de Agostini, llegan a las orillas
orientales del Monte Sarmiento, para intentar sin éxito su escalamiento.
Después de haber alcanzado dos cimas menores en el fondo del fiordo,
regresan a Puerto del Hambre, de donde habían partido.
En 1976 se registra la exploración de los montes
del Valle de Lapataia, sector oriental extremo de la Cordillera
Darwin y su limite orográfico. Los neocelandeses Sue Parkes y James
Jenkins triunfan en la ascensión de tres cimas situadas alrededor
de cinco kilómetros al Sudoeste del Cerro Della Vedova, entre el
Valle de Lapataia y el Glaciar Stoppani. Otra cumbre es alcanzada
cerca del Cerro Svea.
En 1990 se lleva a cabo con éxito la largamente esperada e intentada
primera ascensión al Monte Roncagli (ca. 2.300 metros) en la Cordillera
Darwin, por parte de la expedición británica de David Hillerbrandt,
Julian Mathias y John Mothersele. Señalemos finalmente la exploración
conducida por una expedición mixta americana y canadiense compuesta
por T.J. Thomas, Doug Krause, Steve Gayner y Brad Broblesky. Los
cuatro eligen como meta la inexplorada isla Hoste, extrema prolongación
meridional del continente americano, situada al Sud del Canal de
Beagle y el Este de la Bahía Cook. Las operaciones se desarrollan
obstaculizadas por el tiempo siempre pésimo. Con todo, algunas cimas
son alcanzadas con felicidad: la primera es el Monte Pfigliano,
de 1.120 metros, y la segunda el Monte Clove o Yamala Rakur, que,
según dijeron los escaladores, con sus 1.300 metros de altura, es
la más elevada cumbre del archipiélago circunstante y la mayor en
los confines de la cadena andina antes de que ésta se sumerja en
el océano para después volver a aflorar con las montañas de la península
antártica.
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