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El surco de la Supercanaleta, tal vez la vía más lógica y "clásica"
para alcanzar la cumbre.
Foto histórica tomada por A. Scherrer, que ilustra la desafortunada
expedición suiza que intentó escalar el pilastro este del Fitz Roy
y llegó a pocos metros de la vistoria para después verse obligada
a regresar.
Otra foto tomada por A. Scherrer, de la citada expedición suiza.
Acercamiento de las "Arañas de Lecco" al pilastro este.
Teleférico construido por las "Arañas de Lecco" para facilitar
el transporte de los materiales a la base de la pared.
Acercamiento de las "Arañas de Lecco" al pilastro este.
Una impresionante foto que ilustra el ambiente y las dificultades
que presenta el pilastro este del Fitz Roy. Estos sson los diedros
basales.
Casimiro Ferrari en la cumbre, al término de una sacrificada ascensión.
Los andinistas que, terminadas sus fatigas, se preparan para abandonar
las laderas de la montaña.
Otra imagen del la vertiente este del Fitz Roy y del pilastro norte
(a la derecha), que tomará después el nombre de quien primero lo
escaló: Renato Casarotto.
Renato Casarotto, uno de los mayores alpinistas de los años 80,
protagonista de empresas excepcionales en las montañas de todo el
mundo, muerto trágicamente al pie del K2.
La vertiente norte del Fitz Roy y, a la derecha contra el cielo,
la larga cresta seguida por Afanasieff y sus compañeros, que constituye
el camino de mayor desnivel de la montaña.
Las tempestades que a menudo se desencadenan sobre las laderas de
las montañas ponen a dura prueba la paciencia y la tenacidad de
los escaladores.
Si el tiempo es casi siempre inclemente, en compensación los dias
hermosos reservan a los escaladores visiones incomparables y casi
mágicas.
Mucho tiempo transcurre en el campamento de Río Blanco, al pie de
la vertiente este de la montaña. Esas horas sirven para recuperar
energías y para esperar que mejoren las condiciones climáticas.
EL acercamiento se lleva a cabo, a menudo, a través de grandes glaciares,
y requiere dosis notables de fuerza y de resistencia, también a
causa de las mochilas, que con frecuencia son muy pesadas.
Uno de los últimos grandes logros en el Fitz Roy es la solución
del problema del gran diedro norte, que constituye una escalada
sobre roca de máxima dificultad.
Uno de los últimos grandes logros en el Fitz Roy es la solución
del problema del gran diedro norte, que constituye una escalada
sobre roca de máxima dificultad. (II)
Esta imagen muestra en toda su grandiosidad el diedro norte, superado
por la expedición de Mariano Comense. Las dificultades señaladas
iban más allá del VII grado.

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LA SUPERCANALETA Y EL PILASTRO
ORIENTAL
Entre todas las líneas lógicas de ascensión, la Supercanaleta
era sin duda la preferible, no obstante su gran longitud y el estar
en parte expuesta a peligros objetivos.
El estrecho surco recorre por 1.800 metros la pared oeste-noroeste
y se presta a una táctica de subida basada, sobre todo, en la rapidez
de ejecución.
Esa magnífica canaleta será la ruta elegida por los argentinos
José Luis Fonrouge y Carlos Comesaña para llevar a cabo la segunda
ascensión al Fitz Roy.
La expedición, compuesta por cinco personas, se dirigió al
glaciar del Fitz Roy, mirando hacia la inmensa ladera noroeste de
la montaña, y, con un estilo extremadamente moderno y audaz, Fonrouge
y Comesaña encararon el canal.
La ascensión duró tres días entre ida y regreso, que fue efectuado
por la misma ruta, y aún hoy es la única primera escalada al Fitz
Roy cumplida sin el auxilio de cuerdas precedentemente fijadas en
varias tentativas.
El 16 de enero de 1965 los dos andinistas argentinos llegaron
a la cima.
La ascensión de la Supercanaleta constituye, a nuestro juicio,
una piedra miliar en la historia de las escaladas al Fitz Roy, tanto
por el pulcro estilo con que fue realizada como por el hecho de
que la técnica piolet traction que otorga gran rapidez al avance
sobre hielo, no era todavía conocida, y ello aumenta en mucho también
el valor del resultado técnico y deportivo conseguido. Por esta
muy lógica vía pasaron luego otras pocas cordadas, tal vez porque
es menos cómoda respecto de aquellas que se ofrecen sobre la pendiente
sudeste, o acaso porque no carece de peligros objetivos, incluso
serios.
Como demostración de cuanto se acaba de sostener, cabe recordar
ahora la hermosa realización de los californianos Chouinard, Dorworth,
Tejada Flores, Jones y Tompkins. Habiendo partido en camión de las
soleadas playas de California, el grupo, bautizado por ellos mismos
"Fun hogs" (cerdos divertidos), atravesó todo el continente
americano, para llegar, después de mil peripecias, al pie de la
tan soñada montaña.
Chouinard y Flores eran muy expertos trepadores en roca, entre
los mejores de América del Norte. Sobre las altas paredes del Capitán,
en el Yosemite Valley, habían acumulado la experiencia y la tenacidad
suficientes para resolver cualquier problema.
Una vez más, como en la primera ascensión, eran más bien trepadores
puros antes que montañistas quienes venían a probarse en el Fitz
Roy.
Los californianos decidieron abrir una nueva ruta que siguiese
el lado izquierdo de la estrecha pared sur. Para hacer esto, una
vez alcanzada la Brecha de los Italianos, cruzaron de nuevo hacia
la izquierda, hasta una pequeña concavidad denominada "Col
del Cineasta".
Una violenta tempestad bloqueó a los hombres en sus refugios,
excavados en la nieve, durante seis días. Al final, su paciencia
resultó premiada y pudieron afrontar la ascensión.
Durante la subida fueron aplicadas todas las refinadas técnicas
y se emplearon los materiales de vanguardia preparados especialmente
para grandes escaladas sobre roca.
En treinta horas de ascensión los americanos llegaron a la
cima, abriendo la que aún hoy es la ruta más bella y clásica de
toda la montaña, y, por ello, la más reiterada si se considera que
hasta ahora se cuentan, por lo menos, una veintena de repeticiones.
La cima fue alcanzada por todos los miembros de la expedición el
20 de diciembre de 1969.
En este punto, se podría considerar resuelto el problema planteado
acerca de las rutas más fáciles o lógicas, y los andinistas, gente
siempre en busca de "algo más", no tardaron en poner sus
miras hacia las pendientes y las paredes más arduas del Chalten.
Ya durante la expedición de 1957 los franceses, como siempre
en la vanguardia y particularmente enamorados de las líneas estéticas,
habían advertido el perfecto e imponente pilastro oriental, que,
como gigantesca columna de soporte, sostiene toda la pendiente de
ese lado de la montaña.
Se trata de una de las estructuras más bellas y armónicas
que sea dado imaginar, como síntesis de belleza y potencia que se
funden allí en proporciones difícilmente hallables en otro sitio.
El pilastro desciende de la cima 1.500 metros, alargándose
progresivamente hasta tocar el glaciar subyacente.
Las primeras tentativas remontan al año 1967, cuando una expedición
francesa realizó un ensayo, pero bien pronto se desanimaron ante
las muy grandes dificultades que presentaba el granito.
Entre 1971 y 1973 se suceden dos expediciones italianas al
pilastro (Rovereto y Monza).
Los progresos alcanzados fueron, con todo, bastante reducidos:
también para el pilastro se necesitaban hombres de "Big Wall"
(gran muralla) habituados a desempeñarse durante días y días entre
las más serias dificultades.
Llegaron así al pie del pilastro los suizos H.P. Kasper y
T. Holdner, junto con otros cuatro compañeros. Ellos tenían, a no
dudarlo, sus papeles en regla para vencer. Los dos formaban parte
de una vanguardia helvética conocida como "grupo de Arosa",
que, apartándose de las convenciones normales del alpinismo helvético,
se había lanzado a un montañismo mucho más técnico y complejo.
También Kasper, como Holdner, había estado en Yosemite, en
el Capitán, donde había repetido las rutas más difíciles, entre
las cuales estaba la North América Wall, la "ruta más difícil
del mundo" (Yvon Chouinard estuvo en el grupo de los primeros
escaladores por esa vía).
Alentados por estas experiencias, profundos conocedores del
granito, los suizos se empeñaron a fondo en el pilastro y equiparon
la ruta de subida hasta doscientos metros de la cumbre. ¡Habían
llegado al limite de las grandes dificultades!
Lamentablemente, un largo periodo de mal tiempo y los muchos
días ya empleados en ascender al pilastro los obligaron a una retirada
forzosa sin haber experimentado la alegría de alcanzar la merecida
victoria que deportivamente debería serles reconocida.
LAS ARAÑAS DE LECCO
Dos años más tarde, en 1976, fue la oportunidad para las "Arañas
de Lecco", guiados por Casimiro Ferrari. La expedición, compuesta
por diez hombres, asedió prácticamente la montaña; con todo, más
que el gran despliegue de medios (hasta se construyó un teleférico
para el transporte de materiales) prevaleció la determinación de
Casimiro Ferrari.
En efecto, cuando, por defección de algunos miembros de la
expedición, ya todo parecía comprometido, Ferrari se hizo cargo
de la situación.
Llegado hasta el final de las cuerdas fijas junto con Vittorio
Meles, prosiguió en estilo alpino superando las últimas dificultades
opuestas por el pilastro, hasta alcanzar la cima el 23 de febrero.
El avance de la cordada no fue detenido ni siquiera por un
accidente acaecido a Ferrari, quien, como consecuencia de una mala
caída, perdió tres dientes a causa del violento choque contra la
roca.
Un accidente tal habría inducido a muchos otros a replegarse,
pero lo dos "lequeses" estaban demasiado cerca de la victoria
para poder pensar en aflojar justo en aquel momento.
La subida total fue cumplida por Ferrari y Meles en seis días
de escalada. De esas jornadas, las más intensas por cierto fueron
las últimas dos. Cuenta Ferrari: "En la mañana del 22 hemos
atacado la pared (se trata de la pared final, es decir, de lo últimos
300 metros. N. del R.) con el propósito de llegar a la cima. Hemos
partido bastante cansados, dejando instalada la tienda del vivaque
y llevándonos detrás solamente el acolchado... Superamos 100 metros
de cuerdas fijas y afrontamos otros dos o tres largos difíciles
sin clavos a presión; atravesamos hacia la izquierda con un péndulo
cuando el granito no permite otras soluciones, y llegamos a un punto
bastante fácil, aproximadamente a 100 metros de la cumbre. Eran
las seis de la tarde y en un par de horas habríamos llegado a la
cima...
Exentos de dificultades, estábamos sobre el III° grado, no
más . De improviso, pierdo apoyo y vuelo hacia Meles, choco con
el rostro sobre la roca, me detengo sostenido por la cuerda. Siento
algo caliente: es sangre en la boca. ¡He perdido unos dientes! Pienso
que si descendiera, tal vez al día siguiente no lograría volver
a ascender. Llegados a treinta metros de la cima (eran las nueve)
apareció un banco de niebla que ciertamente nos habría hecho perder
la orientación, y así hemos vivaqueado...
El 23 de febrero, con un sol espléndido, Vittorio Meles y
luego yo, hemos tocado la cumbre."
Nuestra historia prosigue. Efectuamos un salto hacia atrás
en el tiempo, ya que, casi contemporáneamente con las primeras tentativas
sobre el pilastro oriental, los ingleses D. Nicol, E. Birch, J.
Antoine, I. Wade y G. Lee lograban superar la pared sur, entre la
ruta de los californianos y la de los franceses.
En verdad, también ellos tenían intención de escalar el pilastro,
pero las grandes dificultades de la escalada artificial los indujeron
a buscar una ruta más natural.
La hermosa conquista fue realizada el 11 de diciembre de 1972,
con todos los miembros en la cumbre. También en este caso, la victoria
se debió sobre todo a la gran perseverancia de los escaladores,
que debieron esperar durante 16 días que el mal tiempo patagónico
le diese tregua.
RENATO CASAROTTO
Después de este breve paréntesis en el tiempo, retomemos el hilo
de la narración, prosiguiendo con la cronología histórica de la
montaña.
Llegamos así a la que puede ser considerada una de las más
bellas aventuras patagónicas de todos los tiempos, y también de
la historia misma del montañismo.
Hablamos, sí, de la ascensión solitaria del alpinista de Vicenza,
Renato Casarotto, sobre el hasta entonces virgen pilastro norte.
El problema del pilastro estaba supeditado a la solución de
los planteos más bellos y lógicos. El pilastro se eleva con la armoniosa
osadía de un collado ("Col del bloque empotrado") y, después
de haber interrumpido su impulso con un escalón prosigue hasta la
cima.
Por dos veces Casarotto había intentado la empresa, pero diversas
causas habían siempre bloqueado su iniciativa.
El italiano era, con todo, un óptimo escalador solitario,
y hasta se manifestaba en su mejor forma únicamente cuando estaba
solo. Finalmente, él se resolvió por esa alternativa: la escalada
solitaria.
Por lo demás, había vencido, solitario, la pared norte del Huascaran
en los Andes peruanos; el Diedro Cozzolino en el Piccolo Mangart
durante la estación invernal; siempre en invierno había escalado
la pared oeste de la Aiguille Noire de Peterey, la sud de Punta
Guglielmina y el pilastro Freneg del Monte Blanco, en fantástica
concatenación.
Habituado a días y días de soledad en esas paredes, Casarotto
era el hombre ideal para resolver el problema del pilastro norte
del Fitz Roy.
Abandonado por los miembros de la última expedición, Casarotto
permanece al pie del Fitz Roy con su mujer Goretta e inicia su larga
lucha contra la montaña.
Sube solo y equipa la pared, para después descender a su carpa,
que ha armado un poco más abajo del desfiladero del pilastro, al
reparo de los vientos.
Antes de morir por una caída en una grieta al pie del K2,
Casarotto recordaba su ascensión en un escrito. He aquí algunos
trozos:
- "Me he vestido como un astronauta: polainas, dos pares
de pantalones, rompevientos de 'goretex', chaleco de montaña, saco
de duvet, dos gorros, guantes sin dedos, botas de escalar normales.
En todo el día he logrado subir solamente 60 metros. Nieve que entraba
bajo las ropas, viento espantoso: en verdad, alucinante".
Atrapado por la tormenta en el curso del primer asalto, Casarotto
alcanza no obstante la cima del pilastro mismo: "En la cumbre
del pilastro he visto cuerdas fijas engrosadas hasta 15 centímetros.
Debía sacudirías, quitarles el hielo, controlar el número de hilos
que quedaban en su interior. Los yumars no los retenían".
Durante diez días el alpinista de Vicenza espera una nueva mejora
del tiempo, y, finalmente, cuando esto ocurre, él regresa al desfiladero
de la base del pilastro, reparando en que el viento ha dañado tanto
las cuerdas fijas dejadas allí que las ha tornado casi inutilizables.
"Mientras subo a lo largo de una cuerda fija veo que su extremidad
cuelga en el vacío. ¿De qué estoy colgado? Subo con cuidado, trepando
sin tirar del yumar. Llego al punto crítico. La cuerda se ha destrozado;
la ha cortado el viento haciéndola rozar continuamente contra la
roca, y, al caer, ha ido a engancharse entre una saliente y la pared.
Después el hielo la ha bloqueado". No obstante, Casarotto llega
al punto máximo alcanzado en las primeras tentativas y finalmente,
después de otro día de duro trabajo, llega a la cima. Es el 1° de
enero de 1979. Por sus características, que favorecen mucho el avance
en escalada libre, el "pilastro Casarotto" del Fitz Roy
constituye sin duda la mejor opción sobre roca entre las tres rutas
de la ladera sudoriental (rutas de los franceses, de los californianos
y de los ingleses).
La trepada se lleva a cabo a lo largo de un sistema de fisuras
paralelas que surcan todo el pilastro, y presenta dificultades de
VIIº grado y escalada artificial.
OTRAS ASCENSIONES
En 1984, los norteamericanos Kearney y Knight han subido todo el
pilastro en escalada libre, usando la artificial sólo en cuatro
ocasiones. Al año siguiente, los suizos Pedrini y Locher, en el
curso de una repetición, han abierto una amplia variante a la derecha
de la ruta original habiendo alcanzado la cumbre del pilastro pero
no la cima a causa de un incidente. Dado que la ascensión tiene
en común con la ruta original sólo los dos primeros trechos, se
puede con razón hablar de una verdadera ruta nueva que, en veintiún
tramos, llega a la cumbre del pilastro. La ruta "Chimichurri
y tortas fritas" presenta dificultades hasta el VIIIº grado
inferior.
En los mismos días en los que Casarotto escalaba la pendiente
norte de la montaña, un pequeño grupo de franceses estaba empeñado
en resolver uno de los mayores problemas planteados por el Fitz
Roy, el de lograr abrir una ruta en la roca a lo largo de la altísima
muralla occidental, que se precipita sobre el glaciar Torre en un
salto que varía entre los 1.700 y los 2.300 metros.
Los franceses orientaron su tentativa hacia la no hollada cresta
noroeste que, si bien larguísima, parecía ofrecer mayores oportunidades
de subida. Del grupo formaba parte Jean Afanassieff, astro naciente
del alpinismo francés, quien tenía en su activo numerosos y hermosos
logros sobre las montañas de todo el mundo, y que ya dos años antes
había podido superar el Fitz Roy con el norteamericano Mike Weiss.
En sólo diecinueve horas los dos habían escalado, en primera repetición,
la "Supercanaleta". Junto con Afanassieff formaban parte
de la expedición de 1979 su hermano Michel, G. Albert, J. Fabre
y G. Sourice. No obstante el tiempo pésimo, ellos lograron transportar
víveres y equipo hasta el pie de la pared.
Diez días después de su llegada el tiempo mejoró, permitiendo
el comienzo de la verdadera ascensión.
Mientras los dos hermanos conducían los difíciles largos de
cuerda, Sourice filmaba y los otros preparaban la subida con algunas
cuerdas fijas. Después de subir trescientos metros en este estilo,
se llegó al punto máximo alcanzado en precedentes tentativas de
otras expediciones.
Tres días más tarde, cuando los franceses volvieron a la pared
hallaron su carpa destruida y las cuerdas fijas casi inutilizables.
No obstante, el 24 de diciembre, con perfecto estilo alpino, retomaron
la subida y, a pesar de las grandes dificultades técnicas (Vº grado
y A2) y con el tiempo siempre desmejorando, alcanzaron la cumbre
después de vivaquear cuatro veces en la pared.
La ruta de Afanassieff y sus compañeros era también la primera
("Supercanaleta" aparte) que permitió superar la elevada
pendiente noroeste de la montaña, iniciando una nueva era para su
exploración andinística.
Algunas tentativas se habían ya efectuado en años precedentes,
pero, en general, todas se habían frustrado por el mal tiempo y
por las grandes dificultades que presentaba la imponente ladera.
Entre todas las tentativas merece ser recordada la que realizaron
en 1977 los ingleses Rob Carrington y Alan Rouse. Ambos estaban
entre los mejores montañistas anglosajones de por entonces, y, como
prueba de ello, basta tan solo referirse al estilo que adoptaron
para intentar la ascensión del Fitz Roy.
Sólo entre dos, sin preparación previa, en perfecto estilo
alpino, Carrington y Rouse prefirieron intentar la no hollada pared
oeste, la más elevada de toda la montaña, delimitada a la izquierda
por la "Supercanaleta".
En la tarde del primer día los dos habían superado toda la
parte inferior de la pared, que podría considerarse como un "zócalo",
y habían llegado al comienzo de las dificultades. Al día siguiente
la subida prosiguió en diagonal hacia la derecha, aprovechando la
línea natural sugerida por la pared, que en lo alto muestra un verdadero
sablazo en la roca, una hendidura diagonal que después tuerce para
alcanzar la parte terminal de la ruta de los californianos.
Las dificultades se tornaron, empero, un tanto excesivas para
dos hombres que querían moverse al estilo alpino y que no disponían,
por cierto, de abundante material.
Superado un muy peligroso trecho de bloques inestables, los dos
ingleses llegaron hasta la base de la gran hendidura y allí vivaquearon.
Al tercer día, el tiempo, que desmejoraba, y las grandes dificultades
técnicas los obligaron a la retirada.
Dice Carrington: "Fue una pesadilla: todos los rappels
se desviaban, y los bloques caían continuamente en el vacío. Atardecía
y mi antorcha eléctrica se había roto a causa de los golpes provocados
en la mochila durante su recuperación, cordada tras cordada.
Preparar cada punto de descenso nos demandaba una eternidad:
todas las fisuras parecían precarias y estábamos obligados a usar
clavos. Fue una cosa muy 'estresante' cerciorarse de que todos los
anclajes fuesen seguros, rogar que las cuerdas no se encajasen en
la etapa de recuperación, poner atención para no perder el preciado
descenso en "8". El mismo resultado fue obtenido por los
dos en una segunda tentativa que llevaron a cabo algunos días después.
No obstante, cuando abandonaron la pared, Rouse y Carrington eran
los hombres que habían llegado más alto, pues habían escalado dos
tercios del total. Pocos días más tarde ellos abrían una nueva ruta
en la Aguja Poincenot, y en años posteriores sus logros en los montes
del Himalaya, en particular los de Rouse, dieron que hablar. Curiosamente,
Alan Rouse perdió la vida en él, en la misma época en la cual moría
allí también Renato Casarotto.
La ruta seguida por los dos ingleses volvió a ser recorrida
y completada en 1983 por una fuerte expedición checoslovaca después
de un asedio que duró dos años.
Los checoslovacos habían llevado a cabo una primera tentativa en
el verano austral de 1981-82, pero, no obstante casi tres meses
de tentativas, no habían logrado vencer la pared. Robert Galfy,
uno de los miembros de la expedición, se expresa así: "Hemos
iniciado las operaciones el 30 de diciembre y hemos transportado
los materiales a la base de la pared. Desde ese día yo y mis compañeros
(M. Orolin, D. Bakos, Z. Brabec, V. Petrik, D. Kovac) hemos realizado
diversas tentativas, siempre frustradas por el mal tiempo. Puesto
que el descenso a lo largo de la pared oeste era peligroso a causa
de la inestabilidad de los grandes bloques graníticos, en tres ocasiones
hemos llegado a la Brecha de los Italianos para descender por la
ladera este. Tres veces, pues, hemos dado la vuelta casi completa
de la montaña para regresar al campamento base: ¡son cerca de 40
kilómetros!
El último descenso lo realizamos, con todo, a lo largo de
la pared oeste, bajo una tormenta furiosa. El 17 de febrero retornábamos
a casa. La pared Oeste continuaba sin escalar".
En 1983 Galfy regresa, decidido a no ceder. Junto a él están
otra vez Orolin, Petrik y Brabec, más tres nuevos compañeros, el
Dr. F. Kele, M. Hoholik y T. Surka.
En esta ocasión las cosas marchan un poco mejor y, en el curso
de una tentativa bastante acelerada, los checoslovacos logran conectarse
con la ruta de los californianos: la pared oeste está conquistada.
Con todo, la ética rigurosa de estos alpinistas del este obliga
a que alcancen también la cumbre. Lamentablemente, la prosecución,
aún cuando sobre un terreno ahora más fácil y conocido, resulta
de nuevo impedida por el mal tiempo. Una vez más ellos se retiran
hasta el campamento base con un sentimiento de rabia y frustración
difícilmente imaginable. A las 3:30 del 14 de enero el tiempo parece
mejorar. Del campamento base parten Galfy, Orolin y Potrik. En veinte
horas de escalada los tres alcanzan la ruta californiana y suben
un poco más para después vivaquear. Galfy recuerda nuevamente: "Si
bien estamos muy cerca de la cumbre, no quiero pensar en eso. ¡El
mal tiempo nos ha rechazado ya otras ocho veces! Ahora el tiempo
parece bueno. A cada instante me asomo de la bolsa de dormir para
escrutar el cielo."
Esa vez el tiempo se mantuvo hermoso, permitiéndoles a los
tres checoslovacos alcanzar sin problemas la cima. ¡Alguno debe
haber pensado que realmente se lo habían merecido! El periodo de
montañismo de 1983-84 coincidió con la realización de otra gran
hazaña sobre la pendiente oriental del Chalten. Entre el pilastro
este y el pilastro norte se constituyó naturalmente un diedro de
dimensiones ciclópeas.
Es obvio que tal estructura no podía pasar inadvertida, y
es necesario decir también que justamente a lo largo del diedro
se desarrollaron algunas de las primeras tentativas para superar
la pared oriental.
-La línea de subida es muy lógica y segura; además, la misma
estructura del diedro permite las mayores posibilidades de ascensión,
por estar siempre fisurada.- Esto era un poco lo que los andinistas
pensaban de esa vía, pero no habían tomado en cuenta las dimensiones
del Fitz Roy; las fisuras, por lo demás, no eran sino grandes chimeneas
heladas y obstruidas por la nieve. Las posibilidades de protegerse
durante la subida eran escasas, y muy elevadas las dificultades
técnicas. Así, después de las primeras tentativas (Comesaña y Fonrouge
en 1964; los suizos en 1976, y los japoneses en 1980), vinieron
a recoger el guante los yugoslavos en 1983.
La expedición se compone de cuatro miembros: S. Klemenc, S.
Karo, F. Knez, y J. Jejlic, de los cuales los tres últimos fueron
protagonistas de otras dos grandes ascensiones en las paredes del
Cerro Torre.
El 8 de diciembre de 1983, la ruta se completa al terminar
juntándose con la de Casarotto, en la unión del pilastro norte.
Las dificultades que se señalan son de VIº grado superior y A2.
Sobre la pared sur, en cambio, les toca el turno a los andinistas
argentinos, que se distinguen por una nueva variante en dirección
a la ruta de los franceses.
El 9 y el 10 de marzo de 1984, Alberto Bendinger, Eduardo
Brenner, Marcos Coach y Pedro Friedrich comenzaron a escalar la
pared a lo largo de la ruta de los franceses, pero, después de los
primeros tres largos, prosiguieron directamente, evitando la larga
travesía hacia la derecha, en dirección al nevado triangular.
La ascensión ofrece más o menos las mismas dificultades que las
otras que se presentan en esta ladera, y si bien es reciente, tiende
a tornarse una ruta clásica, que tal vez superará, en número de
repeticiones, a la "vieja" ruta de Chouinard y sus compañeros.
Como se puede notar por la crónica de estas últimas escaladas,
a partir de la repetición de Kearney y Knight sobre el pilastro
Casarotto se inicia una búsqueda más exacerbada de la contribución
técnica. Los dos norteamericanos subieron casi totalmente en escalada
libre, usando sólo cuatro clavos para el avance directo.
Marco Pedrini y Locher cumplieron también una hazaña similar
sobre el mismo pilastro y la pared sur, ya recargada de rutas y
variantes.
Todas las pendientes de la montaña ya eran conocidas y habían
sido recorridas al menos por una ruta, con excepción de la poco
llamativa pared sudeste, comprimida entre el contrafuerte sur y
el grandioso pilastro oriental que, con su belleza, distrae la mirada
de aquel ángulo tan patente como recóndito.
En resolver el problema de esa pared pensaron los dos hermanos
españoles Miguel Angel y José Luis García Gallego, pareja extremadamente
armónica y adiestrada, siempre en procura de nuevas grandes ascensiones
sobre las laderas de todo el mundo.
Casi parece como que los dos hermanos se hubiesen aliado para
hacer imperecedero el recuerdo de sus nombres en el mundo: por ejemplo,
fueron los primeros europeos que lograron abrir una nueva ruta en
el Capitán (Mediterráneo VI; 5.10, A4).
Ya en 1982 los Gallego habían realizado una primera tentativa
junto con sus compañeros Miguel Gómez y Manuel del Castillo.
Lamentablemente, como dice el mismo Miguel Angel: "Pasamos
cuatro meses llenos de dificultades y complicaciones, que comenzaron
ya el día de la partida hacia el campamento base, cuando, a causa
de una caída de caballo, José Luis se vio obligado a regresar a
Río Gallegos para permanecer allí un mes con una pierna enyesada.
Y después... una serie infinita de infortunios y aventuras.
Manolo, sepultado vivo por una avalancha; un resbalón mío de más
de 200 metros; caídas de quebradas en los glaciares; José Luis y
Manolo, casi barridos de la pared a causa de la caída de un gran
alud desprendido de más arriba."
No obstante todas estas desventuras, los hermanos Gallego
tornaron a la Patagonia dos años más tarde con la intención de terminar
lo que habían iniciado.
"Naturalmente (prosigue Miguel Angel) también en 1984
se produjeron numerosos inconvenientes. Una vez vimos como un gran
bolso, que pesaba muchos kilos, desaparecía más allá de la cresta,
sobre la pendiente norte, levantado por la fuerza del viento. Otra
vez casi me transformé en una antorcha a causa de un calentador
de gas que yo estaba manipulando. Mi conjunto de nylon se prendió
fuego y yo salí de esa con serias quemaduras en las manos y en los
cabellos." Pero la mala fortuna no se limitó por cierto a castigarlos
durante la acción: baste pensar que José Luis, inmediatamente después
de la partida, padeció una presunta hepatitis que retuvo a ambos
hermanos en la Argentina por más de un mes, mientras pasaban de
un médico a otro.
Este comienzo habría descorazonado a cualquiera, pero no ciertamente
a los Gallego, que ya estaban como blindados contra todas las adversidades,
aun las más extrañas e improbables.
Partidos en enero de España, sólo en febrero logran llegar
a ver la anhelada meta.
Ayudados por el amigo Luis Herrero, un arquitecto sin experiencia
alguna de andinismo, los dos hermanos transportan en material hasta
la base de la pared. ¡Tienen equipos suficientes para soportar hasta
un mes entero en pared sin necesidad de retornar al campamento base!
Para ganar tiempo y evitar la primera y muy peligrosa parte
de la ascensión, muy expuesta a la caída de nieve y piedras, y,
por los demás, ya superada en la tentativa de 1982, los montañistas
deciden hacer un rodeo y retomar su ruta pasando a través de la
Brecha de los Italianos y la larga cornisa nevada que se halla en
la base de la ruta argentina y francesa y que se prolonga a la derecha
en la pared sudeste.
El recurso es óptimo pero, no obstante, siempre peligroso
a causa de la inclinación de la pendiente nevada que cubre la cornisa,
y también del mal tiempo y de las continuas nevadas.
Al final la gran paciencia recibe su premio: un inesperado
período de seis días de buen tiempo permite a los hermanos alcanzar
con seguridad la pared y, valiéndose de las cuerdas fijas preparadas
en diversas tentativas, ganar rápidamente altura. Al término de
las cuerdas fijas, ellos prosiguen al estilo alpino y se encuentran
en la cima, estrechados en un abrazo también para resistir el fuerte
viento. Es el 20 de marzo de 1984. La solución del problema planteado
por la pared sudeste cierra idealmente un ciclo histórico para abrir
otro que, como hemos ya señalado, había ya tenido sus primeras manifestaciones.
Todas las laderas de la montaña estaban exploradas; ahora
los andinistas que hubiesen deseado hacer algo nuevo sobre el Chalten
habrían debido desviar su atención hacia las estructuras particulares
que caracterizan las paredes.
Aristas y diedros constituyen el terreno más adecuado para estas
rutas "menores".
En el verano austral de 1984 entran en acción los fuertes
alpinistas del este europeo, que en los años '80 constituyeron el
núcleo de arrastre de todo el alpinismo internacional gracias a
una infinita serie de excepcionales hazañas sobre las montañas del
todo el mundo.
Es el turno de los polacos, quienes, tal vez por primera vez,
se ponen a prueba en el Fitz Roy, habiendo preferido en general
las grandes ascensiones en el Himalaya.
La meta elegida es la oscura pared norte, en el punto en el
cual muestra un señalado e inmenso diedro-chimenea formado por el
pilastro Casarotto a la izquierda y por la cresta noroeste e la
derecha.
La ascensión de los polacos es una de las que podemos definir
como afortunadas. Después de haber instalado el campamento base
en la Piedra del Fraile, establecen un campamento avanzado al pie
de la pared. En sólo doce días logran liquidar el problema. De esos
días, los últimos ocho han sido dedicados a la tentativa final,
coronada con el éxito. El 24 de diciembre, P. Lutynski, W. Burzybski,
M. Falco Sasal, M. Kochanczak y J. Kozaczkiewicz alcanzan la cima
y, dos días después, están de retorno en el campamento base. La
ruta de los polacos se conecta con la de Casarotto a la altura de
la concavidad del pilastro norte.
El inusitado buen tiempo que en los años 1983, 1984 y 1985
prevaleció en la región favoreció esta hermosa conquista. El primer
éxito de 1985 es la nueva ruta yugoslava sobre la pared sur. De
ella no se conocen detalles. Debería estar situada entre la ruta
inglesa y la argentina. Escaladores: B. Biscak, R. Fabian, M. Lenarcic
(entre el 21 y el 23 de diciembre).
Entre 1985 y 1986 actúa también sobre las murallas del norte
del Fitz Roy la expedición italiana organizada reuniendo las fuerza
de los Clubes Alpinos de Mariano Comense, Florencia y Sección XXX
de Octubre de Trieste. Los componentes son todos instructores nacionales
del Club Alpino Italiano: C. Bartolini y M. Boni de Florencia; M.
Sterni y M. Petronio de Trieste; A. Pozzi de Mariano Comense, y
M. Rontini de Borgo S. Lorenzo.
Objetivo declarado es el escalamiento de la pendiente norte en
su parte central, tomando como línea directriz de la ascensión el
grandioso diedro que la surca en el centro.
Se trata sin duda de una presa codiciada y de gran dificultad
mas los componentes de la expedición son todos óptimos escaladores
y alpinistas, y, por lo tanto, con los papeles potencialmente en
regla para triunfar.
También la expedición de los italianos sufre numerosas demoras
y lentitudes debidas a un extravío en la entrega de la carga expedida
por vía marítima. No obstante ello, unos quince días después de
la partida de Italia (si bien parte del material, comprendidas las
botas de montaña, se halla en Nueva Delhi) se inicia el transporte
de los equipos disponibles hacia la base de la pared.
En un hermoso artículo sobre esa expedición, aparecido en
la revista Alp, Pozzi y Spinelli cuentan con simplicidad y eficacia
los estados de ánimo de los componentes y las jornadas más importantes
del recorrido.
En la base de la pared, como es ya costumbre en la Patagonia,
se excavan tres grutas en la nieve que servirán de refugio a los
montañistas que se turnan en la subida.
Se prefiere, por motivos obvios, emplear el estilo "Himalaya"
de subida, que prevé la preparación de la pared con cuerda fijas.
Dice Pozzi: "Mirando de frente la verdad de la pendiente
norte, nos concedemos un escaso veinte por ciento de posibilidades
de éxito.
En el ánimo, liberado de la preocupación de perder la reputación
en caso de desistir, queda todo el sitio para la determinación .
. .Nuestras cartas de crédito alpinístico nos dan derecho a iniciar
el encuentro en el centro del ring". Un primer periodo de buen
tiempo permite una rápida progresión a lo largo de las lisas placas
de la base, y en cuatro días es alcanzada la gran cornisa que se
halla exactamente en la mitad de la pared y que muere en la base
del diedro elegido para la continuación. La cornisa es larguísima
y cómoda. Allí se establece un campamento avanzado que, dado su
confort, tomará el nombre de Grand Hotel.
El 15 de enero, Barbolini, Rontini y Boni acometen el gran
diedro. Será un trabajo duro, que les demanda dos días y será también
la obra maestra de Marco Sterni, quien, con sus 21 años, es el más
joven del grupo. Con perseverancia, manteniendo siempre el comando
de la cordada, Marco resolverá el problema pasando en escalada libre
y suscitando la admiración de los otros, que le dedicarán el diedro:
Diedro de Marco.
El día 17 el grupo parte de nuevo para el asalto final, y
hacia la tarde, mientras se prepara una inminente tempestad, alcanza
la cresta noroeste, a cerca de cincuenta metros de la cima que,
no obstante, no podrá ser hollada a causa del viento.
Nuestra historia del Chalten está por concluir. Resta aún recordar
otros tipos de hazañas del montañismo como las ascensiones solitarias,
las invernales y las escaladas femeninas.
En el primer grupo se había distinguido, imbatible, Renato
Casarotto. Con todo, debemos recordar que en 1985 se produce la
primera ascensión solitaria por la ruta de los californianos, realizada
por el francés Ives Astier, quien concluye la hazaña en sólo 12horas.
Más veloz que él será el austríaco Thomas Bubendorfer, que, en el
mes de enero de 1986 emplea, para el mismo itinerario, tan solo
7 horas y 30 minutos.
El 27julio de 1986 los argentinos treparon en primera ascensión
invernal a la Supercanaleta pero desafortunadamente no lograron
llegar a la cima. La primera ascensión invernal absoluta a la cumbre,
pues, es de los alpinistas "lequeses", que la llevaron
a término en los días 6-8 de agosto de 1988 (ver Cuaderno patagónico
nº 1).
La ascensión de los alpinistas argentinos fue particularmente
notable, llevada a cabo en estilo perfecto y con máxima velocidad
permitida por el fuerte viento y por el mal tiempo. No obstante,
ninguno de los dos llevó consigo la bolsa de dormir, para sentirse
más livianos y ser, por lo tanto, más veloces.
Lamentablemente, Eduardo Brenner, autor de numerosas y bellas
hazañas y elemento de distinción del andinismo argentino, desapareció
a causa del vuelco de una canoa durante la bajada del Río de las
Vueltas.
Por lo que respecta a las ascensiones femeninas, por ahora
parece que las efectuadas son sólo dos. En 1978, una cordada sudafricana
de tres miembros alcanzaba la cima por la ruta californiana. De
ese grupo formaba parte Romy Drunshke, con su marido Eckhard y Jerry
Linke.
En noviembre de 1987, Silvia Fitz Patrick realizó la segunda
ascensión femenina en cordada con Eduardo Brenner. ¡Es de señalar
que para Silvia esa era su segunda ascensión patagónica!
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