|


Patagonia. En el Glaciar hacia el Monte Mayo (1931)


El Macizo del Paine y el Alto Valle del Francés


En el Altipiano Italia bajo la pared del Monte Torino (6 de febrero
de 1931)


El Cerro Gorra Blanca y el Cerro Cagliero desde el Sur.


Tierra del Fuego. El Glaciar Negri visto desde la caleta homónima.


Egidio Feruglio, Evaristo Croux y Leone Bron en el Glaciar Upsala
(Patagonia, 1931)


Patagonia. El Cerro Almirante Nieto y las Torres del Paine
desde la Laguna Azul.


Alberto De Agostini y el piloto Franco Blanco en el aeródromo de
Puerto Bories antes de emprender el vuelo sobre la cordillera (1937)
|
LA TRAVESÍA DEL
HIELO CONTINENTAL Y EL FITZ ROY
También de 1931 es la primera travesía del Hielo
Continental y de la Cordillera Patagónica Austral, cumplida asimismo
con los tres compañeros que lo habían seguido en la ascensión al
Monte Mayo. La empresa fue llevada a cabo entre el 24 de enero y
el 13 de febrero. Bastante laboriosa fue, sobre todo, la travesía
del inmenso glaciar Upsala, uno de los más extensos de la Cordillera.
Más allá de la impresionante avenida helada, en las laderas del
Monte Cono, los exploradores hallaron un oasis de verdura hasta
con algunas hayas enanas, perdidas entre las morenas y los hielos.
"Es un pequeño oasis verdegueante y florido entre la aridez
de los glaciares y de las rocas, en una espléndida posición para
establecer nuestro campamento."
Prosiguiendo la travesía, el grupo entró en un
glaciar desconocido, que fue bautizado "Bertacchi". Luego
fue descubierta una inmensa altiplanicie, que tomó el nombre de
Meseta Italia. Los cuatro alcanzaron finalmente la cima virgen del
Monte Torino, de donde contemplaron el subyacente fiordo Falcón
y la costa del Pacifico. Si bien no concluida en todos sus objetivos,
bien se puede decir que la travesía se cumplió, y el retorno se
llevó a cabo por el camino de ida.
Esta realización es una de las piedras miliares
de la historia de las exploraciones patagónicas, y solo muchos años
más tarde será repetida y completada enteramente (1955-56) expedición
de la Royal Geographic Society; H.W. Tilman y el chileno Jorge Quinteros,
desde el fiordo Calvo hasta el Lago Argentino).
Con metódica progresión, siempre en busca de nuevos horizontes,
de 1932 a 1935 el padre De Agostini visitó otras veces el macizo
del Fitz Roy, seguramente el grupo montañoso más complejo e imponente
de toda la Cordillera. En sucesivas campañas de exploración se adentró
en los valles que, de las laderas de las montañas principales, confluyen
en el Río de las Vueltas. Huésped de la estancia "Masden",
pasó Navidad al pie de la Cordillera, escuchando las narraciones
de su anfitrión, quien recordaba los tiempos en que esos lugares
eran aislados y salvajes. Y así fue como decidió establecerse allí.
Encontramos, en este breve período de descanso,
a un De Agostini hombre de Dios. Por otra parte, cuando se detenía
en las estancias, el salesiano abandonaba siempre los hábitos del
explorador y retomaba los del sacerdote, celebrando misas, consagrando
matrimonios, administrando los sacramentos o también pronunciando
tan sólo palabras de consejo o confortando los espíritus. Pero el
llamado de la naturaleza salvaje y de la investigación estaban siempre
presentes y los reposos no hacían más que dar a esos impulsos mayor
vigor. Terminadas sus funciones como sacerdote, De Agostini volvía
a ser hombre de aventura.
Ya en 1931 había podido admirar de cerca la elegante
pirámide del Fitz Roy y había recibido una vivísima impresión. "Pero
la atracción más imponente la constituye el Monte Fitz Roy ... Es
el señor de toda esta vasta región montañosa, es otro Cervino, algo
más modesto en cuanto a elevación pero no menos terrible por la
verticalidad de sus paredes y la majestuosidad de su cúspide. El
Fitz Roy es sin duda una de las montañas más bellas e imponentes
de la Cordillera Patagónica..."
En aquella primera expedición de ensayo, De Agostini
efectuó el reconocimiento del valle del Río Fitz Roy y penetró hasta
el círculo terminal, encerrado entre las muy audaces agujas del
Cerro Torre, ("que se yergue imponente al oeste, ostentando
su grácil cima, altísima, coronada por un penacho de hielo, y sus
formidables paredes de granito...") y la impresionante
muralla noroeste del Fitz Roy.
Durante el segundo viaje a la región, el padre
salesiano se adentró en el amplio valle del Río de las Vueltas,
todavía entonces desconocido en su parte superior. Obviamente, tampoco
eran conocidos los valles tributarios, aun cuando algún occidental
los hubiese visto. En 1909 había penetrado en esos territorios un
aventurero alemán en busca de fabulosos tesoros de las minas. Ese
hombre se estableció definitivamente en la región, en un valle cuyo
topónimo recuerda su sobrenombre: en efecto, él era conocido como
Milodón, por haber sido el descubridor de la célebre gruta del Milodonte,
en la región de Última Esperanza. El hombre llevó en aquellos lugares
una vida solitaria que duró de 1913 a 1931, año de su muerte. Su
verdadero nombre era Alberto Conrad y su cadáver fue hallado en
su barraca con sus supuestos tesoros: algunos cristales de cuarzo.
En aquellos años se hablaba también de otra leyenda
viviente, un individuo que podríamos describir como una mezcla de
Robin Hood, Billy the Kid y Robinson Crusoe. Se trataba de un bandido
uruguayo, Asencio Brunel, ladrón de caballos y de rebaños, terror
de los indios tehuelches y de los primeros estancieros. Vestido
de pieles de puma, Asencio dominó, como señor indiscutido, la región,
y cumplió gestas casi legendarias, para terminar muerto por algunos
colonos en un tiroteo digno de las mejores películas del Oeste.
Retornemos, pues, al protagonista de nuestra monografía, el cual
proseguía sin pausas el reconocimiento de las montañas. Bastante
provechosa fue la expedición al valle del Río Eléctrico en busca
de una completa visión y conocimiento de las vertientes septentrionales
del Fitz Roy. Formaba parte del grupo también el guía alpino Carrel,
de la región de Aosta. El campamento de base fue instalado en el
valle, cerca de un gigantesco peñasco errático que desde ese día,
en memoria del sacerdote explorador, es conocido como Piedra del
Fraile. Construida una cabaña de troncos, a causa del mal tiempo
el grupo fue obligado a permanecer inactivo durante cerca de un
mes. Al término de la forzada espera, el retorno del buen tiempo
permitió recorrer la parte superior del valle del Río Eléctrico,
asomarse al Hielo Continental y de allí dirigirse a la ladera noroeste
de la Gorra Blanca. En el curso de la excursión, fue localizada
y descripta una nueva cadena montañosa al norte del Cerro Torre,
que fue llamada Cordón Guillermo Marconi. Se pudo además establecer
la posición geográfica de los glaciares tributarios del lago San
Martín.
LAGO SAN MARTÍN Y MONTE SAN LORENZO
Sería justamente la región del San Martín la próxima
meta de los viajes de De Agostini, quien pasó en la zona buena parte
del año 1937. Usando, como base de partida, las estancias "La
Ramona" y "Los Ventisqueros", el salesiano logró
en una primera tentativa, escalar el Monte Milanesio, óptimo punto
panorámico que se asoma a la cadena interna y a los glaciares O'Higgins
y Chico, los cuales se lanzan sobre el brazo sur del Lago San Martín.
Hemos llegado así a la última etapa de las exploraciones
de Alberto De Agostini. Dirigiéndose aún más al norte, orientó sus
esfuerzos hacia el macizo del monte que, por su altura, es el segundo
de toda la Cordillera Patagónica Austral: el Monte San Lorenzo.
Se trata de una montaña de hielo y roca, de formas audaces e imponentes,
un verdadero y real señor de la Cordillera. Toda la región del San
Lorenzo estaba prácticamente inexplorada, si se excluyen las rápidas
visitas cumplidas por los topógrafos militares argentinos y chilenos
con el propósito de definir los confines entre las dos naciones.
En 1940, terminada una segunda y veloz excursión
en la región del San Martín, De Agostini se dirigió hacia los nuevos
territorios. El trabajo se inició con la exploración y los relevamientos
geográficos y geológicos de las vertientes sud, este y norte del
San Lorenzo, de cuyos glaciares se originan el Río Lácteo, el Río
Platten y el Río Tranquilo. A propósito de la montaña se expresa
así De Agostini en su obra "Andes Patagónicos": "El
macizo de San Lorenzo (3700 metros) es, después del Monte San Valentín
(4050 metros) el más elevado de la Cordillera Patagónica Austral".
No obstante la relativa facilidad de acceso (sus bases se pueden
alcanzar fácilmente ascendiendo por los valles orientales) ha permanecido
hasta hoy ignorado casi del todo en el mundo geográfico y del montañismo,
y casi nada se conocía, hasta nuestra llegada, de su estructura
y de sus interesantísimos e imponentes aspectos, y ninguno había
penetrado en su interior... El San Lorenzo, por su especial posición,
constituye el punto culminante de aquel sistema montañoso que, alejándose
del eje de la Cordillera andina, se aproxima a las mesetas orientales,
quedando circunscripto al nor-nordeste por las profundas depresiones
del Río Baker y del Lago Cochrane-Pueyrredón, y al sud por la cuenca
del Lago San Martín
Por cierto, esta cima, de formas elegantísimas,
debió sugestionar no poco al sacerdote misionero, tanto que, leyendo
su informe de la exploración, el San Lorenzo está siempre presente,
observado, admirado casi como algo sobrenatural y misterioso. Durante
el primer viaje se realizó la travesía del Valle del Río Lácteo,
"uno de los más pintorescos que yo haya conocido en la Cordillera,
no sólo porque mantiene todavía intacta la vegetación arbórea, en
forma de manchas de hayas esparcidas graciosamente aquí y allá,
casi artísticamente, sobre las laderas, sino sobre todo por la vista
del San Lorenzo, que domina todo el fondo hacia el poniente, y de
otros dos montes bastante elevados, el Penitentes (2750 metros)
al sudoeste, y el Hermoso (2100 metros) al norte, en directa continuación
del valle del Río Lácteo".
Poco tiempo después le tocó el turno al valle del
Río Platten, de pocos atractivos según De Agostini, pero, con todo,
bastante importante porque permite observar la vertiente norte del
San Lorenzo. Después de una serie de días de tiempo malo y ventoso,
por fin se tornó realidad la esperanza de poder conocer y fotografiar
el lado norte de la montaña, y los exploradores gozaron de una incomparable
vista del macizo. Por aquellos días nació probablemente el proyecto
de escalar la montaña, y con el propósito de localizar una vertiente
menos ardua, De Agostini se dirigió aún más al norte, hacia el valle
del Río Tranquilo, tributario del Río del Salto, que después desemboca
en el Pacífico. Al noroeste del macizo principal fue localizada
y descripta otra cadena montañosa, la de los montes Cochrane, pero
bastante más interesante fue el descubrimiento de que el lado noroeste
del San Lorenzo, aunque cubierto de inmensos glaciares, podía ser
escalado. Una segunda incursión en el valle del Río Tranquilo y
en la parte superior del Río del Salto confirmó que la ascensión
era factible y permitió obtener ulteriores datos documentales.
También en este caso, De Agostini se valió de la
generosa hospitalidad de los muy pocos colonos de la región, y estableció
su base cerca de la estancia "Elorragia". En sus descripciones
él no pasa por alto los detalles de la vida y del trabajo de los
estancieros, y a veces intenta ofrecer un perfil psicológico de
ellos. "Pocos son los colonos que todavía hoy viven desparramados
en estos solitarios valles andinos, tan alejados de los centros
habitados, por las dificultades de acceso debidas a la aspereza
de los caminos apenas trazados entre despeñaderos y pantanos, por
los peligrosos vados de los ríos impetuosos que tornan difícil el
abastecimiento de los víveres y la exportación de los productos
laneros de los cuales obtienen los medios para sustentarse, de modo
que las ganancias son bastante escasas y la vida dura y llena de
privaciones. No obstante estas dificultades y penurias, un profundo
afecto liga a los colonos a estos solitarios valles andinos, como
si estuviesen subyugados por un encanto misterioso. De cuando en
cuando el nostálgico recuerdo de lugares más cómodos y poblados
donde transcurrieron los primeros años de sus vidas, y el deseo
de volver a ver a parientes y amigos los induce a alejarse por algún
tiempo, pero pronto retornan con alegría a estos oasis de paz y
soledad, aburridos y fastidiados del alboroto y de las habladurías
de la sociedad".
|
|